Lección 4 - MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

Texto clave: Mateo 21:16

"Y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?"

Enseña a tu clase a:


Bosquejo de la lección:

  1. Sentir: La tierna consideración de Jesús por los niños
    1. ¿De qué modo se corresponde la imagen que tienes de Jesús con tu actitud en el trato con los niños?
    2. ¿Cómo te consideran los niños con quienes te relacionas? ¿Qué saben acerca de Dios, como resultado de su trato contigo?
  2. Hacer: Reflejar el amor de Jesús para con sus discípulos más jóvenes
    1. ¿En qué aspectos será diferente tu vida esta semana, como resultado de ver a los niños como los ve Jesús?
    2. ¿Con niños de qué edades te sientes más cómodo para trabajar? ¿Por qué?

Resumen: Cuanto más temprano podamos adiestrar discípulos para Cris­to, tanto mejor. Pero, algunas veces, en lugar de cultivar su talento y entu­siasmo cuando son jóvenes, les decimos: "Vuelve cuando seas mayor". Y esto es un error.



{ 2: ¡Explora!}
• Solo para los maestros: No todos somos padres, pero todos fuimos niños una vez. Y aunque los padres son los principales responsables por el desa­rrollo emocional, físico y espiritual de sus hijos, todavía hay mucho que nosotros, como parte del grupo de apoyo, podemos hacer para asegurarnos de que los niños en nuestras iglesias y comunidades estén expuestos al amor de Dios y a los principios cristianos.
Comentario de la Biblia

(Repasa, con tu clase, Deut. 6:4-9.)
El grandioso mandato para los judíos de incontables generaciones se resume en este pasaje llamado Shemá, que significa el imperativo "¡Oíd!"
Israel recibió la orden no solo de recordar y observar todos los antiguos principios de su fe, sino también de enseñar esos principios a sus hijos. Por supuesto, esa comunicación ocurría verbalmente, pero también debía darse con el ejemplo: "estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes" (Deut. 6:7).
Considera: La infancia es una época de descubrimientos. Los niños apren­den lo que es peligroso y lo que es seguro. Observan a sus padres y a otros adultos pidiendo información en la que puedan confiar. Esto no solo sucede en la escuela, en la iglesia u en otras ocasiones de instrucción formal; tam­bién ocurre en meriendas en un parque, en caminatas, andando en auto, en eventos deportivos, etc. Si eres un adulto y está presente un niño, tú eres un mentor. Serás probado. Los niños decidirán que pueden confiar en Dios, si encuentran que pueden confiar en ti. ¿Qué modelos en tu niñez y juventud te convencieron de que podías confiar en Dios? ¿A qué niños o jóvenes pudiste ayudar a decidirse por Cristo y por su Reino? ¿Cómo lo hiciste?

(Repasa, con tu clase, Mat. 9:18-26; Mar. 7:24-30; Luc. 9:37-43, Juan 4:46-54.)
No hay nada más definitivo que la muerte. Y nada más trágico que el hecho de que un niño muera antes de crecer y de desarrollar su personalidad, sus talentos y su potencial. Esto hace que estos milagros sean tan importantes. Jesús no solo estaba restaurando a un miembro de la familia; también, estaba restaurando todas las esperanzas y los sueños que los padres tenían para sus hijos.
Más allá de esto, Jesús concedía, a estos niños, un don que recordarían por el resto de su vida: la oportunidad de saber que habían sido salvados con el propósito de crecer para honrar a Dios y usar sus talentos para su gloria.
Considera: Cualquiera que haya tenido contacto con niños sabe que, bajo ese exterior inocente, reside un potencial inimaginable. Claro, ahora son tími­dos y bruscos; pero, dentro de quince o veinte años, estarán en una universidad o seminario, o controlando algún avión supersónico, desarrollando sitios en Internet o sentados a la mesa de noticias de una cadena de televisión. ¿De qué modo muestra tu congregación su elevada consideración por sus niños y jóvenes? ¿Es suficiente lo que hacen? Explica tu idea. ¿Qué relatos de éxitos puedes narrar de niños y jóvenes que asistieron a tu escuela de iglesia o a tu Escuela Sabática?
III. El menor de ellos
(Repasa, con tu clase, Mat. 18:1-7.)
Una de las razones por las que Jesús defendió a los niños es que, a menudo, no tienen quién los defienda. Por supuesto, tienen padres, abuelos, maestros y mentores; sin embargo, frecuentemente escuchamos (demasiado tarde) de alguno que se descarrió y formó hábitos peligrosos.
Algunas veces, pareciera que el diablo apuntara sus armas más poderosas en contra de nuestros niños y jóvenes. ¿Hay alguna forma de fortalecerlos contra estas tentaciones mundanas?
Preguntas para dialogar:

{ 3: ¡Aplica!}
• Solo para los maestros: Es fácil hablar en abstracto acerca de disci­pular a los niños; ¿quién discutiría eso? Pero, llevar a los miembros de tu clase a comprender cómo actuar es la diferencia entre la teoría y la práctica.
Aplicación a la vida: Todos sabemos, por la Biblia y por experiencia per­sonal, que la niñez es el mejor momento para alcanzar a las personas con el evangelio y prepararlas para ser discípulos. Esa es la premisa de esta promesa bíblica: "Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abando­nará" (Prov. 22:6, NVI). Esta promesa no es solo para los padres: es también para cada adulto que quiere mantener a los niños y los jóvenes ocupados en la iglesia y conectados con Jesucristo.

{ 4: ¡Crea!}
• Solo para los maestros: De tanto en tanto, los grupos de la Escuela Sabática han encontrado útil adoptar algún tipo de proyecto de extensión o de apoyo, como manera de orientarse en una actividad que los miembros puedan hacer. ¿Qué ministerio específico en favor de los niños de tu iglesia estaría tu clase dispuesta a intentar?
Actividad: Realiza un torbellino de ideas, para logar una lista de treinta ideas que tu clase de Escuela Sabática estaría dispuesta a aplicar para beneficiar a los niños en tu iglesia o ser sus mentores. Escribe las ideas en una hoja de papel o una pizarra, sin hacer comentarios. A menudo, los buenos planes se generan a partir de ideas "malas" o "medio cocinadas"; por ello, anima a todos a participar. Y recuerda: estos deben ser proyectos en los que la clase pueda participar en grupo. Algunas que tal vez aparezcan son:

Sean espontáneos e imaginativos, y podrán dar a los niños de la iglesia algo que recordar.

Luego, si el Señor no vino durante los próximos cuarenta años, los niños de tu iglesia, ya adultos, recordarán a ustedes como quienes los mantuvieron conectados a Cristo.



Ciclo de aprendizaje


Texto destacado: Juan 17:20, 21
Concepto clave para el crecimiento espiritual: La oración es un ingrediente esencial en la vida del discipulado. Involucra mucho más que solo "obtener respuestas".


{ 1: ¡Motiva!}

  1. Solo para los maestros: La mayoría de las personas entiende mal muchas cosas acerca de la oración. La consideran como si fuera una especie de fórmula mágica, que "fuerza" a Dios a hacer lo que le pedimos. Otros creen que, si no reciben lo que piden, no están orando lo suficiente o que su experiencia espiritual es deficiente. Esta lección muestra que una oración contestada no se relaciona con la condición espiritual de las personas. Muchas personas piadosas oran, sin recibir respuestas a sus oraciones.

Actividad/diálogo inicial: Pide a cada miembro de la clase que descri­ba sus recuerdos más tempranos con la oración. Esas experiencias pueden incluir: oraciones sencillas ("Ahora me voy a dormir..."), algunas respuestas notables a la oración, o remitirse a alguna crisis en la que las oraciones pare­cían ser ignoradas. Asegúrate de que haya un ambiente en que las personas puedan compartir francamente sus experiencias, tanto de fe como de duda.
{ 2: ¡Explora!}

  1. Solo para los maestros: Es fácil simplificar la experiencia de la ora­ción, y dar la impresión de que Dios "siempre" hace esto o "nunca" hace aquello. En realidad, la oración es una de las actividades divinas más misteriosas de nuestra experiencia. Debemos orar siempre; pero debemos evitar darnos demasiado crédito por lo que sucede cuando oramos.

Comentario de la Biblia


I. La oración de un hombre justo
(Repasa, con tu clase, Dan. 9:2-19.)

Entre los aspectos interesantes de la oración de Daniel, están los siguientes: Primero, Daniel oró en primera persona del plural: "hemos" (nosotros). Esto es importante, porque cuando oramos por otros, frecuentemente no nos identificamos con ellos. Pero, Daniel oró: "Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas" (Dan. 9:5, la cursiva fue
añadida). Aun cuando Daniel es uno de los pocos personajes bíblicos del cual no se escribió algo negativo, él se identificó con su pueblo, que era culpable de todas las cosas que mencionó. Cuando Daniel oró, no buscó echar la culpa sobre "ellos"; en cambio, usó la primera persona del plural: "nosotros". Se identificó plenamente con su pueblo.
Después de que Daniel confiesa su pecado y el de su pueblo, exalta a Dios con palabras que reconocen su poder majestuoso. Daniel usa términos como "grande"; "digno de ser temido" (vers. 4); "tuya es [...] la justicia" (vers. 7); "misericordia"; y "perdonar" (vers. 9). En otras palabras, después de confesar sus limitaciones y las del pueblo, Daniel reconoce que su única esperanza está en la misericordia y el perdón de un Dios grande y justo.
El pedido de Daniel es sencillo y al punto: "Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo" (vers. 19). Daniel no presume de decir a Dios qué debe hacer; solo le pide que actúe en favor de su pueblo.
Considera: Aunque se nos enseña a orar sincera y persistentemente, la oración de Daniel nos recuerda que debemos confiar en que Dios actuará en nuestro favor de la manera en que mejor se ajuste a sus propósitos, no a los nuestros. ¿Qué otros ejemplos de oración efectiva y poderosa puedes recor­dar de la Biblia? ¿Has orado alguna vez como oró Daniel? Si es así, ¿cuál fue el resultado?


II. Orad sin cesar
(Repasa, con tu clase, Mar. 1:35.)

El ejemplo de Jesús de levantarse para orar cuando todavía era oscuro, sumado al registro de que a menudo pasaba noches enteras orando, ha llevado a algunos a suponer que Dios, de alguna manera, es honrado si sacrificamos sueño en favor de una vida de oración más insistente.
Pero, en ninguna parte (con la excepción del Jardín de Getsemaní) dio Jesús la impresión de que hay virtud en orar en lugar de dormir.
Sin duda, todos podemos recordar situaciones en las que nos sentimos tan abrumados por circunstancias que estaban más allá de nuestro control que dormir, y aun comer, era prácticamente imposible. Además, aunque nuestras cargas nos impedían dormir, nuestra única esperanza es aferrarnos de Dios, como Jacob, orando: "No te dejaré, si no me bendices" (Gén. 32:26).
La larga lucha de Jacob con el ángel y las oscuras horas de la experiencia de Jesús en Getsemaní, nos enseñan el valor de la persistencia y la perseve­rancia en la oración.
Considera: La oración, tanto como la salvación, tiene que ver con la fe, no con las obras. No oramos para "torcerle el brazo a Dios", a fin de que nos dé lo que le pedimos, sino porque no podemos hacer ninguna otra cosa (¿adónde iríamos?) ¿Cuándo encontramos más difícil orar? ¿Cómo superas esta dificul­tad? Define la oración, terminando la sentencia: "Para mí, la oración es..."

III. Orar sin respuestas
(Repasa, con tu clase, 2 Cor. 12:7-10; Luc. 22:39-44.)


Tristemente, demasiados cristianos, cuando confiesan que parece que no obtienen respuesta a sus oraciones, reciben la información de que no tienen suficiente fe o de que han estado orando de la manera "equivocada". Es decir, si tuvieran más fe o si oraran correctamente, Dios estaría "obligado" a respon­der a sus oraciones.
Aunque esta teoría suena plausible, en realidad, la oración no opera de este modo. Oramos a un Dios omnisapiente y amante, pero no podemos confiar en que pedimos lo correcto, o aun en saber qué sea lo correcto.
Considera al apóstol Pablo: él menciona un "aguijón en mi carne, un men­sajero de Satanás que me abofetee" (2 Cor. 12:7). Nadie acusaría a Pablo de no tener fe; no obstante, por mucho que él oró buscando alivio, Dios permitió que su pedido no tuviera respuesta; o, por lo menos, así parecía.
Con el beneficio de ver hacia atrás, Pablo fue capaz de admitir que Dios sabía lo que hacía. "Me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad" (vers. 9). Y Pablo pudo concluir: "Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades [...] porque cuando soy débil, entonces soy fuerte" (vers. 9, 10).
Otro ejemplo de una oración que, aparentemente, no obtuvo respuesta es la de Jesús en el Getsemaní (Luc. 22:39-44). Con el peso de los pecados del mundo entero sobre sus hombros, nadie culparía a Jesús por rogar al Padre que le quitara la carga de encima. (Se podría alegar que el Padre se la quitó, pero solo después de que Cristo obtuvo la victoria sobre el pecado por medio de su muerte y resurrección.)
En cambio, Jesús se inclinó ante la perfecta voluntad de su Padre, y permitió que se cumpliera en él tal y como lo demandaba el plan de salvación. Aunque Jesús tenía "suficiente fe" como para librarse de una muerte certera, también tenía "suficiente fe" para seguir adelante, y desempeñar su parte en la salvación de la humanidad.
Considera: ¿Qué requiere más fe: conseguir lo que queremos cuando ora­mos o, después de presentar nuestro caso delante de un Dios amante, acep­tar lo que ofrece sobre la base de su perfecta voluntad? Analiza tu respuesta.


Preguntas para dialogar:

    1. ¿Preferirías adorar a un Dios a quien pudieras convencer a fin de que responda a tus oraciones, sin importar nada? ¿O preferirías creer en un Dios que contesta las oraciones de tal manera que, algunas veces, solo se podrán explicar y entender en la eternidad? Analiza esto.
    2. ¿Qué personaje bíblico, texto, promesa, etc. ha tenido mayor influencia en tu comprensión de la oración como una disciplina espiritual? ¿Por qué?

{ 3: ¡Aplica!}

  1. Solo para los maestros: El tema de la oración no solo es complejo, sino también tiene el potencial de ser una fuente de culpabilidad. Aunque algunas personas siempre están listas para contar un incidente acerca de alguna respuesta increíble a la oración, para otros, una respuesta real y viva a la oración es poco usual. Por esta razón, el tema tiene que ser presentado con gran sensibilidad y cuidado.

Aplicación a la vida: Cuando Pablo recomendó a los santos en Tesa- lónica: "Orad sin cesar" (2 Tes. 5:17), no quiso decirles que tenían que per­manecer todo el tiempo sobre sus rodillas, sino que sus corazones y mentes siempre deberían estar en una actitud de oración.
Actividad: Invita a cada miembro de la clase a compartir experiencias de lugares y maneras no tradicionales por las cuales encontraron que podían orar "sin cesar".

    1. Dicho de manera sencilla, la oración es comunicación: tanto hablar como escuchar. ¿Cuándo te habló Dios? ¿Qué te dijo?
    2. ¿Cómo sabes que estás orando "bien"?

{ 4: ¡Crea!}

  1. Solo para los maestros: El éxito en la vida de oración no tiene nada que ver con cuántas "respuestas" recibiste, o lo que recibiste como resultado de orar. El éxito se mide más por cuán bien te has comunicado con Dios, tanto al hablar como al escuchar.

Actividad: Reparte pedazos de papel. Pide a cada miembro de la clase que evalúe su vida de oración en una escala de 1 a 10 (siendo 10 la nota más ele­vada), y que la anoten en el papel sin mostrarla a nadie. Que cada uno doble el papel y lo ponga en una bolsita.
Mezcla los papeles. Luego, sácalos uno por uno, leyendo el número, sin hacer comentarios. Después de que hayas leído todos los números, termina la clase con una oración, pidiendo que cada persona experimente a Dios de una manera nueva, como resultado de su vida individual de oración. (También, puedes pedir a cada miembro de la clase que contemple en silencio su propia vida de oración, y medite en qué mejoras les gustaría experimentar en ella. Por ej., más oración, una fe más profunda, etc.). Luego, concluye la clase con una oración, pidiendo al Señor una vida de oración más significativa para cada miembro.