CAPÍTULO 2
CRISIS EN EL EDEN
Es difícil para nosotros imaginarnos la belleza original de la creación. Las criaturas y los procesos de la naturaleza, interrelacionados en perfecta armonía, fueron algo muy diferente de la realidad que nos es tan familiar. Pablo habla de que la tierra un día “será libertada de la esclavitud de corrupción” y la decadencia (Romanos 8:21), comparando su condición con alguien que necesita ser redimido por el Salvador. Esto indica cuán estrechamente la humanidad está vinculada con el resto de la creación.
Dios caminó y habló con nuestros primeros padres; pero ese privilegio terminó en la prueba de su fidelidad en aquel árbol. Desde entonces, existe una lucha continua, que sería un paralelo de las tentaciones junto al árbol –preguntas maliciosas, contradicciones directas a la Palabra hablada de Dios y una abundancia de “soluciones” humanas–, diseñadas con el fin de difamar el carácter de Dios, destruir a cada individuo y destruir la creación, que una vez había sido perfecta.
Con el rechazo de los límites que Dios había establecido para la seguridad y el sostén de la raza, ningún límite sería seguro; lo que significa que nadie estaría seguro. La Tierra y sus habitantes estaban ahora a merced no solo de los poderes espirituales en lugares elevados (Efesios 6:12), sino también de las fuerzas de la naturaleza. Dios no los abandonó, pero les prometió, en cambio, redimirlos, a ellos y a su mundo contaminado. Pero el costo de su redención sería inmenso. “Adán había sido rey de los seres inferiores, y mientras permaneció fiel a Dios toda la naturaleza reconoció su gobierno. Pero cuando pecó, perdió su derecho al dominio. El espíritu de rebelión, al cual él mismo había dado entrada, se extendió a toda la creación animal. De ese modo, no solo la vida del hombre, sino la naturaleza de las bestias, los árboles del bosque, el pasto del campo, hasta el aire que respiraba, hablaban de la triste lección del conocimiento del mal”. 1

UNA CREACIÓN PERFECTA

Después de cada etapa de la creación, Dios declaró que su obra era buena. La luz (Génesis 1:4); la tierra seca y el mar (versículo 10); las plantas que dan semillas y los árboles que dan frutos (versículo 12); el sol, la luna y las estrellas (versículo 18); los mares llenos de peces, los cielos plenos de aves (versículo 21); las bestias, el ganado y los animales que se arrastran (versículo 25); todos fueron declarados buenos. Las siete repeticiones de la frase “y vio Dios que era bueno” enfatizan la perfección y la belleza original de la creación. La aprobación satisfecha de Dios al final del proceso, cuando repasó todo, lo llevó a exclamar que todo era “bueno en gran manera" (versículo 31).
Dios entonces bendijo a las criaturas del mar y a las aves, y las animó, diciendo: “Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra” (versículo 22). También bendijo a Adán y a Eva, con un estímulo similar: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra” (versículo 28). Al hacerlo, Dios confirmaba su intención original para la raza humana de que señorearan “en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra” (versículo 26). Esta intención se repitió, indicando su importancia (versículo 28). Aquí vemos un destello de la importancia de ser creados a la imagen de Dios. El Creador invitó a nuestros primeros padres a ser corregentes con él en sostener y cuidar del mundo creado. Por esto, el Nuevo Testamento habla de nosotros como “herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Romanos 8:17), recordando que es Cristo quien, en última instancia, “sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” (Hebreos 1:3).
Después de la bendición de todas las criaturas, y la bendición de Adán y de Eva, la tercera bendición de Dios fue para el sábado (Génesis 2:3). Aquí encontramos una confirmación adicional de que Dios puso un valor inmensurable en los seres humanos. El sábado llegó a ser un don para las relaciones de calidad –con Dios y con las personas–, hecho especialmente para su deleite (Marcos 2:27). Jesús enfatizó aún más el valor humano en el Sermón del Monte: “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” (Mateo 6:26). Dejó bien en claro que las personas son muy especiales. Este elevado concepto de la humanidad está en marcado contraste con los conceptos religiosos prevalentes en el tiempo en que Moisés escribiera el Génesis. En la historia babilónica de la creación ( Enuma Elish ), los seres humanos fueron creados de la sangre de un dios asesinado, y el único propósito de que llegaran a la existencia era hacer más fácil la vida de los dioses: gente creada con el objeto de ser esclavos de los dioses para hacer las tareas serviles.
Entretanto, los egipcios creían que la gente llegó a existir a partir de las lágrimas de gozo de un antiguo dios, que sintió alivio al encontrar a sus dos hijos perdidos. En otras palabras, para estas culturas, la creación de la humanidad no fue un evento planificado, sino que una vez que aparecieron en escena los seres creados, estos podían servir a los dioses o a los faraones. En contraste, el informe bíblico confronta estas ideas de que los seres humanos existían solo para el beneficio de dioses o gobernantes opresivos, con el hecho de que Dios les confiere el dominio sobre la creación, clara evidencia de haber sido creados a su imagen.

UNA PRUEBA DE FE Y CONFIANZA

Era importante que Dios pusiera límites a la creación, a fin de proporcionar lugares seguros para la habitación de las diversas formas de vida. Cuando estos límites se desdibujaron, el pecado y la destrucción obtuvieron un lugar de entrada. “En el mismo principio de la existencia del hombre se le puso freno al egoísmo, la pasión fatal que motivó la caída de Satanás. El árbol del conocimiento, que estaba cerca del árbol de la vida, en el centro del huerto, había de probar la obediencia, la fe y el amor de nuestros primeros padres”. 2
En medio de este huerto especialmente plantado en Edén (separado del resto de los bosques y las praderas del mundo) había dos árboles singulares: el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal (Génesis 2:9). El fruto del segundo árbol no debía ser comido; de otro modo, habría severas consecuencias (versículo 17).
Sin embargo, una de las criaturas, originalmente puesta bajo el dominio de Adán y de Eva, estaba ahora desafiando el mandato de Dios, y la lealtad de Adán y de Eva al Creador. La criatura instigó a nuestros primeros padres a saborear el fruto prohibido y así llegar a ser semejantes a Dios (3:1-5). Elena de White, usando las imágenes de comer la fruta prohibida, advierte cuán insensato es que la gente ceda. “Muchos están angustiados. Están oprimidos por el sufrimiento, la necesidad, la incredulidad y el desaliento. Se hallan afligidos por enfermedades de toda clase, tanto del cuerpo como del alma. Anhelan hallar solaz para sus penas, y Satanás los tienta a buscarlo en las concupiscencias y los placeres que conducen a la ruina y a la muerte. Les ofrece las manzanas de Sodoma, que se tornarán ceniza en sus labios”. 3

LA SERPIENTE EN EL ÁRBOL

La narración del Génesis nos presenta a una serpiente que se describe como “astuta” (Génesis 3:1), engañosa (versículo 13) y “maldita” (versículo 14). Las serpientes son posteriormente asociadas con el éxodo, primero en demostraciones de poder de Aarón sobre los magos del faraón (Éxodo 7:912), luego en respuesta al rechazo de Israel de la providencia de Dios (Números 21:5-9). En esta última historia, hallamos un claro eco de lo que sucedió en el Jardín del Edén. Mientras estaba en el desierto, la gente se quejó por la comida; en el Edén, Eva fue conducida a dudar de que el alimento que Dios les había proporcionado fuera suficiente. La serpiente le hizo creer que si añadía algo prohibido a su dieta de alguna manera llegaría a ser más sofisticada y a ser una mejor persona (Génesis 3:5). Esta fue la primera indicación de la rebelión humana.
Las primeras palabras pronunciadas por la serpiente fueron de cinismo y duda: “¿Conque Dios os ha dicho realmente...” (ver Génesis 3:1). A esto siguió una cita deliberadamente distorsionada de lo que Dios había dicho: “...que no comieran de ningún árbol del jardín?” (versículo 1, NVI). El original hebreo es ambiguo, y podría significar que no podían comer de ningún árbol, o que no podían comer de todo árbol. La manera en que Eva respondió sugiere que la serpiente implicaba que Dios les había prohibido comer de ningún árbol. Esto chocó a Eva, y quedó atónita y confundida.
En su respuesta, Eva añadió un detalle que Dios no había dado: “Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis” (3:2, 3). La afirmación original de Dios fue realmente: “De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (2:16, 17); no dijo nada acerca de tocarlo. Entonces, confrontando a Adán y a Eva después de haber comido del fruto prohibido, Dios repitió la afirmación: “¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comer?” (3:11). El hecho de que la serpiente estaba en el árbol tocando la fruta y seguía viviendo, hacía que su declaración fuera creíble, al mismo tiempo que las afirmaciones de Eva no parecían creíbles.
El ataque de Satanás entonces llegó a ser abrumador, con una embestida directa a la autoridad de Dios: “No moriréis” (versículo 4). Antes de que Eva tuviera la oportunidad de recuperarse de este atrevido ataque, Satanás añadió un punto adicional: “Sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (versículo 5). El tentador hizo que pareciera no solamente que Dios era deshonesto, sino además que escondía algo bueno de Adán y de Eva.

EL CENTRO DEL IMPACTO

La tentación junto al árbol desafiaba directamente el estatus no solo de Dios como Proveedor máximo de todas las necesidades humanas, sino también el estatus de Adán y de Eva. Dios declaró que habían sido creados a imagen de Dios y a su semejanza (Génesis 1:26); pero el tentador sugirió que si ellos comían del fruto prohibido serían “como Dios” (3:5). Tal vez Eva olvidó, en la confusión del momento, que ella y Adán ya eran como Dios. Habían sido creados a su imagen (1:26, 27).
Además, si Eva aceptaba el razonamiento del tentador, estaría de hecho rechazando la providencia de Dios. Él les había dado un hogar (el Jardín del Edén), una familia (el uno al otro), una carrera privilegiada (cuidar del mundo creado) y todo su alimento (1:29). La serpiente sugirió que estas cosas no eran suficientes, y les ofreció algo más allá de las provisiones de Dios; en realidad estaba sugiriendo que Dios estaba escondiendo algo de ellos, que merecían y debían tener. Hasta sugirió que sus ojos se abrirían, dándoles un conocimiento tanto del bien como del mal (3:5).
Pareciera que los sentidos de Eva quedaron apabullados. Ella vio que el fruto era “bueno”, “de buen aspecto” y “deseable” (versículo 6). Parecía bueno, olía bien.se sentía bien, la descripción de él sonaba bien, y prometía tener buen sabor. Esto no es ninguna sorpresa, ya que Dios hizo todo al principio bueno, y muy bueno. 4 La tentación de Eva nos recuerda que solo porque algo se sienta muy bien no lo hace correcto. También nos recuerda que el tentador, y cualquier criatura por medio de la cual esté hablando, es simplemente un ser creado, incapaz de proporcionar la plenitud del Creador.
En esta historia no escuchamos más de la serpiente. Habiendo logrado su engaño, ya no necesitaba quedarse allí ni cuidar de Adán y Eva, por lo tanto, los abandonó. Esta es una evidencia sólida de que Satanás de ninguna manera está interesado en nuestro bienestar y felicidad a largo plazo, sino en nuestro sufrimiento y destrucción.
El tema clave aquí es el rechazo de Dios como Proveedor de las necesidades humanas, reemplazándolas con soluciones ideadas por el hombre. La elección de Adán y de Eva significaba que Dios ya no era necesario para asegurar el bienestar de la raza humana. Desde ese momento, está integrada en el ADN humano la idea de que nos tenemos que arreglar solos. El problema es que no hemos elegido sabiamente, al ignorar las cosas mejores y siendo atraídos por “lo que no es pan” y “lo que no sacia” (Isaías 55:2).
Cierta vez, cuando Jesús se dirigió a las multitudes les aseguró: “No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?” (Mateo 6:25). No necesitamos estar ansiosos por nuestra comida o nuestro vestido, porque el mismo Dios que alimenta a las aves y adorna el campo con flores promete alimentarnos y vestirnos (versículos 26-34).

SE VUELVE PERSONAL

Con el encuentro junto al árbol, aprendemos un aspecto vital del Gran Conflicto: el impacto global de un evento aparentemente insignificante. Otros ejemplos de esto incluyen a Moisés cuando golpeó la roca, lo que le impidió entrar en la Tierra Prometida (Números 20:8-12); y a Uza, que extendió su mano para sujetar el arca del pacto y cayó muerto (2 Samuel 6:6, 7). Siendo que vemos solo un cuadro muy pequeño de la acción, a veces nos resulta difícil realizar la conexión entre la acción y la consecuencia. Lo que sabemos es que Dios originalmente hizo todo perfecto, pero la rebelión y un sentido de atrevida independencia no solamente dejaron alterada a la humanidad, sino a toda la creación. Las relaciones estaban ahora fracturadas por la falta de transparencia (cuando Adán y Eva se escondieron), la culpabilidad (Adán culpó a Eva, y Eva a la serpiente), el temor (por ejemplo, a las criaturas silvestres: la serpiente), y un medioambiente hostil (espinas y cardos).
Sin embargo, el primer paso en el proceso de restauración y reconciliación era que Dios afrontara las excusas que habían dado Adán y Eva. Antes de que Dios pudiera redimirlos, ellos necesitaban admitir la responsabilidad por lo que habían hecho, así que, Dios explicó cuidadosamente los resultados de sus acciones individuales. Primero se dirigió a la serpiente. “Por cuanto hiciste esto, maldita serás” (Génesis 3:14), despreciada por hombres y bestias. La mayor preocupación de la serpiente fue que un día un descendiente de la mujer aplastaría su cabeza (versículo 15). Cuando se dirigió a Eva, Dios le anticipó que experimentaría dolor con sus hijos y con su esposo (versículo 16).
No solo el dar a luz a los hijos sería doloroso y difícil, sino también lo sería su relación con su esposo. El sentido de la frase “tu deseo será para tu marido” puede deducirse de otros dos versículos en el Antiguo Testamento que usan la misma palabra “deseo”. Cuando Dios expresó el juicio sobre Caín por matar a su hermano, le advirtió que el pecado es como un animal salvaje listo para caer sobre su presa, en su “deseo” de obtener su próximo almuerzo (Génesis 4:7); y Dios sugirió a Caín que él se “enseñoree” de su mal deseo. (Note que las dos palabras que están registradas en Génesis 3:16, “deseo” y “enseñorearse”, también aparecen aquí). La siguiente vez que aparece la palabra “deseo” es en el canto de amor de Salomón (Cantares 7:10), un cuadro de armonía íntima perfecta que actúa sobre varias áreas de una relación mutuamente satisfactoria. Por lo tanto, la palabra describe un vínculo emocional, en conductas ya sean adjetivas o manipuladoras, o en una relación mutua enriquecedora. Génesis 3:16 parece sugerir una mezcla de estos dos elementos. Eva anhelaría una intimidad emocional con Adán, que le parecería adictiva o manipuladora, pero en respuesta él tendería a dominarla. Note que esta condición fracturada no era una ordenanza de la creación, sino que sobrevino como resultado del pecado.
En cuanto a las consecuencias para Adán, serían una relación fracturada con el suelo; en lugar de centrarse en las relaciones interpersonales, como recibiera Eva. Ya no trabajaría más en un jardín paradisíaco, sino en un medioambiente de espinas y cardos, y con traspiración y trabajo duro hasta el día que muriera (versículos 17-19).
El acto de Dios de confrontar con juicio a quienes habían hecho mal, fue el primer paso en su redención. Note que la iniciativa parte de Dios. Si dependiera de Adán y de Eva, todavía estarían escondidos entre los arbustos. Aceptar la responsabilidad por su error era vital; pero eso en sí mismo era insuficiente para reconciliarlos con Dios. Nuevamente Dios toma la iniciativa, y provee de un sacrificio animal (Génesis 3:21). Un animal los había introducido en el pecado, la pérdida y las relaciones fracturadas, y había enredado a la raza humana en la gran lucha entre el bien y el mal; y sería un animal (un cordero) que le señalaría hacia adelante, al Libertador, que sería victorioso sobre el mal. Solo él podría restaurar las relaciones quebradas, traer reconciliación con Dios, y hacer que el futuro fuera tan brillante como lo fue el primer día en el Edén.
Adán y Eva perdieron su posición como soberanos de la Tierra, y ahora dependía de esta (y de sus inocentes criaturas), y el uno del otro, como nunca antes. Fueron expulsados del Jardín (versículo 24), y querubines se apostaron a su entrada, para impedir su acceso al árbol de la vida (versículo 25). Sin embargo, en esta lúgubre descripción hay un destello de esperanza. En las Escrituras, los querubines solo se encuentran junto al trono de Dios; además, los querubines situados sobre la tapa del arca del pacto son una representación terrenal de la realidad celestial (Éxodo 25:18). En los Salmos, se describe a Dios morando “entre querubines" (Salmo 80:1); y cuando el rey Ezequías oró pidiendo la liberación de las huestes asirias, ruega: “Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, solo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra” (Isaías 37:16). De modo que al poner querubines a la entrada del Edén, Dios indicaba a Adán y a Eva que todavía tenían acceso al trono del universo; pero de allí en adelante sería de una manera diferente.


Referencias