CAPÍTULO 3
EL GRAN CONFLICTO Y LOS PATRIARCAS

La rápida intensificación de la rebelión contra Dios fue dramática. Primero, su surgimiento en la misma sala del Trono del cielo, por parte de uno de los cuatro ángeles más encumbrados, que planificó reemplazar a Dios; y al fallar ese plan, su deseo de deteriorar el ámbito de Dios tanto como le fuera posible. Luego, el reclutamiento de la naciente raza humana, y una demostración de cómo un incidente, aparentemente insignificante, puede tener efectos de tan trascendente alcance. Al proseguir la narración bíblica, vemos cómo se esparce el Gran Conflicto y se diversifica, en las historias de Caín y Abel, Noé, Abraham, Jacob y Esaú, y José y sus hermanos.
En estos informes, notamos cómo la adoración llega a ser el catalizador para el conflicto y la muerte, y cómo las familias continúan con los fracasos de generaciones previas, facilitando la rápida difusión del dolor y el caos. También, vemos los resultados finales de la rebelión en contra de Dios: el enmarañar todo lo que Dios había establecido, y la reversión y destrucción total de la creación, por medio de un diluvio universal.
También llega a ser clara la manera en que Dios afronta estos desafíos. En un rito aparentemente extraño, descrito en Génesis 15, Dios demuestra su disposición a tomar las consecuencias de la rebelión sobre sí mismo, y promete pagar el precio para resolverla. También, vemos la fidelidad de Dios actuando junto con familias e individuos y a favor de ellos, a pesar de sus muchas fallas, para darles esperanza y un futuro no merecido.

LA REBELIÓN SE INTENSIFICA

El asesinato de Abel, cometido por Caín, muestra cuán rápidamente la rebelión de Adán y de Eva enraizó en la experiencia humana. También revela cómo los motivos de orgullo y de importancia propia que inspiraron la rebelión de Satanás llegaron a formar una parte natural de la rebelión humana contra Dios. Como Jesús la describe: “Y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio” (Juan 8:44).
La descripción del nacimiento de los dos primeros niños es muy breve, y los eventos que llevan al primer homicidio ocurren muy rápidamente. El anuncio extático de Eva al nacer su primer hijo puede ser tomado de dos maneras. El hebreo afirma literalmente que Eva “adquirió varón", ya sea “por voluntad de Jehová” o que ella “adquirió un varón, el Señor”. La segunda posibilidad sugiere que Eva consideraba que ese hijo varón sería el Redentor que les fuera prometido (Génesis 3:15).
Sin embargo, la triste realidad fue que él se convirtió en un emisario del diablo, no de Dios (1 Juan 3:2; Judas 11). Reprendido Caín por el “sacrificio más excelente” de Abel (Hebreos 11:4), su ira genera una reacción de Dios (Génesis 4:5-7); pero desdeña los intentos de gracia y de reconciliación del Señor, y atrae a su hermano al campo, para matarlo. Nunca escuchamos lo que Abel tenía para decir en esa conversación. Es como si nunca hubiera existido; su vida fue tan breve y aparentemente, sin sentido. De hecho, el nombre “Abel” viene de una raíz que significa falta de sentido, o calidad de ser nada, un soplo de viento, un vapor. Es la misma palabra usada en el libro de Eclesiastés que se traduce por “vanidad”.
Cuando Dios confronta a Adán por su rebelión, éste ofrece una débil excusa: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí” (Génesis 3:10). La actitud de Caín cuando Dios lo desafía es más confrontadora; y “se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante” (4:5). Cuando le preguntó dónde estaba Abel, la respuesta es cínica, rebelde y engañosa (versículo 9). En lugar de ofrecer una excusa débil, como Adán, Caín sencillamente mintió y dijo que no sabía dónde estaba su hermano. En respuesta, Dios le dice a Caín que puede oír la sangre de su hermano que clama por justicia (versículo 10), de modo que hay otra escena de juicio, y Caín recibe su sentencia. Así como al tierra fue maldita por causa de Adán (3:17, 18), esta sufre más aún como resultado del crimen de Caín. Caín será exiliado (literalmente, “maldito”, Génesis 4:11) de la tierra y ya no será productiva, no devolverá su fuerza (versículo 12).
Con el nacimiento de Set, el optimismo volvió a aparecer. El nombre Set proviene de la palabra que significa poner, conceder, y es el mismo término usado para describir al Libertador que se “pone” en el lugar para aplastar la cabeza del mal (3:15). En un paralelo adicional a Génesis 3:15, Eva describe a su nuevo hijo como “la simiente” para reemplazar a Abel. Durante el tiempo de Set, la raza humana desmoralizada comienza otra vez a “invocar el nombre de Jehová” (4:26).

LA TIERRA SE CORROMPE

Inmediatamente después de la muerte de Abel, la narración bíblica describe la descendencia de Caín. A pesar de la aparente rebelión de Caín en contra de Dios, y en su desánimo por causa del castigo por asesinar a su hermano (4:13,14), sus descendientes son destacados por los avances espectaculares en el manejo de ganado (versículo 20), las artes creativas (versículo 21) y la industria (versículo 22). Esta es una manifiesta evidencia de la gracia de Dios. Él no solo otorgó habilidades notables a sus seguidores, sino también compartió con los que están contra él la habilidad creativa, como un reflejo de su propio poder creativo.
Siguiendo a la descripción de la línea de Caín, se bosqueja el registro genealógico hasta Noé. Cuando nació Noé, su padre, Lamec, “llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos aliviará [“dará descanso”, NVI], de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo” (Génesis 5:29).El nombre Noé (en hebreo, Nuaj ), proviene de la raíz verbal que significa “descansar”, y suena parecida a la palabra para “alivio” ( najam), de modo que parece una conexión intencional entre las dos. Lamec tenía grandes esperanzas de que su hijo Noé fuese quien traería alivio para la gente en su tiempo.
La línea de Caín (mencionada en Génesis 4) y la línea de Adán y Set (capítulo 5) se encuentran al comienzo del capítulo 6. Algunos comentadores ven esto como una descripción de ángeles caídos que tienen sexo con mujeres humanas, para producir una raza de gigantes y de héroes militares. Pero la clave para comprender este pasaje es el hecho de que la historia del diluvio está “incrustada dentro de la genealogía Setita, que no se completa hasta la noticia de la muerte de Noé (9:29)”. 1 En otras palabras, hablar de ángeles caídos en medio de la reunión de las historias de las familias de Set y de Caín no es adecuado en el contexto del pasaje más amplio, y está fuera de lugar. Es el resultado de que estas dos familias se casan en forma cruzada lo que produce una “declinación moral" y “una comunidad de maldad sin precedentes”, 2 descritas en los versículos 5 al 7. Es importante recordar que el contexto trata de la rebelión humana y su castigo, y no de ángeles. Además, Jesús dijo específicamente que los ángeles (que son seres espirituales, Hebreos 1:7) no se casan ni se dan en casamiento (Mateo 22:30).

EL DILUVIO

El diluvio acaeció como resultado directo de la corrupción universal, cuando “todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente al mal” (Génesis 6:5) y “la tierra estaba llena de violencia” (versículo 11). También, enfatiza el impacto de la rebelión comenzada junto al árbol y la seriedad del propósito fundamental de Satanás en el Gran Conflicto: destruir todo lo que Dios había hecho. Todo lo que Dios separó durante el proceso de la creación ahora se volvió a reunir: la luz y las tinieblas, las aguas de arriba y las aguas de abajo, el mar y la tierra seca, el día y la noche, los peces del mar, las aves del aire, y toda criatura viviente que se movía sobre la tierra. “Fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas” (7:11). Todo lo creado que estaba fuera del arca se combinó para formar una mezcla oscura y tormentosa. La Tierra volvió a estar desordenada y vacía, mientras “el nivel del agua subió más de siete metros por encima de las montañas” (versículo 20, NVI).
Dios separó a Noé (hombre justo y perfecto) de la gente de su tiempo, cuya maldad era grande y cuyo pensamiento era solamente hacia el mal, la corrupción y la violencia (comparar 6:8, 9 y versículos 5,11-13). Cuando Noé terminó de construir el arca, Dios separó a un grupo pequeño de personas, aves y animales terrestres, y los puso bajo la seguridad del barco, de modo que pudieran sobrevivir a lo que se venía, y formar la base de una nueva creación.
La descripción del Espíritu Santo contendiendo con los corazones de la gente (Génesis 6:3) es informativa en dos niveles. Primero , muestra la paciencia de Dios: la salvación de la raza humana es un proceso lento y deliberado, que pasa por una tragedia horrenda antes de que la redención llegue a culminarse. Segundo, demuestra el valor humano. Dios no está dispuesto a que ninguno perezca, sino que se propone que todos lleguen al arrepentimiento (2 Pedro 3:9); aun las personéis más “desesperanzadas”. La tragedia es que la mayoría de la gente rechazará los esfuerzos del Salvador de redimirla.
Un aspecto fascinante de la historia del diluvio es la descripción de la destrucción; literalmente, el “raer” toda vida (ver Génesis 7:4). Cuando se usa en otras partes, esta expresión describe las acciones del Redentor por perdonar los pecados (ver Deuteronomio 9:14; Isaías 25:8; 43:25; Salmo 51:1). Este es un recordativo intenso de que todas esas acciones horribles realizadas por los déspotas y los guerreros –genocidios, tráfico de seres humanos y otros crímenes de lesa humanidad, acciones que reflejan los valores del que es “homicida desde el principio” (Juan 8:44) – deben llegar un día a su fin (y lo hará), y que la tierra será limpiada para siempre de tales prácticas. También es un recordativo de que el Gran Conflicto no tiene un final abierto, y que Dios, en su momento, intervendrá y concluirá con todo el mal y los sufrimientos.

LA PROMESA DEL PACTO A ABRAHÁN

Unos trescientos años después del diluvio, (o unos 1.300 años, según la numeración de la Septuaginta, versión griega del Antiguo Testamento de la que Jesús extraía sus citas), nació Abram, el mayor de los tres hijos de Taré (Génesis 11:27). Los dos hijos mayores se casaron (versículos 28, 29), y el tercero murió (versículo 31), de modo que Taré decidió llevar a su familia a Canaán, tal vez para comenzar de nuevo. Solo habían viajado la mitad del trayecto cuando Taré decidió que ya era suficientemente lejos, y la familia se estableció en Harán. Harán era un puesto de avanzada de la civilización súmera, 3 y Ur, una de sus ciudades principales. Era una cultura muy avanzada, siendo la primera registrada en la historia que desarrolló ideas éticas, religiosas, sociales, políticas y filosóficas, 4 y la primera cultura en desarrollar un alfabeto para registrar sus conocimientos.
Cuando Dios aparece a Abram y le pide que viaje a Canaán, no es con la promesa de comodidades culturales, sino lo opuesto: sencillamente, a “la tierra que te mostraré” (Génesis 12:1). Es interesante notar que justo antes de que Esteban fuera muerto por los líderes religiosos, repasa la historia de Israel y destaca que Dios llamó a Abram mientras todavía estaba en Ur, no en Harán (Hechos 7:2,3). El llamado de Dios esperaba que Abram dejara a su padre, su pueblo y su cultura, realizando un corte total de la idolatría que aún afectaba a la casa de su padre (comparar con Génesis 31:19). Si Abram debía ser el personaje central de una narración del Gran Conflicto, necesitaba separarse de un pueblo rebelde y emprender un nuevo comienzo.
El problema era que Sarai, la esposa de Abram, no podía tener hijos (11:30), de modo que la promesa que Dios hizo a Abram habrá sido grandemente atesorada: “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré” (12:2). En ese tiempo, Abram tenía unos 75 años (versículo 4). Unos diez años más tarde, Dios le repitió su promesa (13:16). Algún tiempo después, Dios le apareció otra vez; para ese tiempo, estaba finalizando la década de los ochenta años. Esta vez, Dios le habla en lenguaje militar, tal vez reflejando los éxitos militares recientes, bosquejados en el capítulo anterior (capítulo 14): “Yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande” (Génesis 15:1).
Abram pone a un lado el saludo, y se pregunta por qué todavía no tenía hijos; e imagina que su mayordomo extranjero deberá ser su heredero. Dios elimina esta posibilidad, pidiendo a Abram que saliera y contara las estrellas. Cuando oye esto, presumimos que debió de ser de noche, pero el sol se pone más tarde, en el relato (versículo 12), y la oscuridad cae todavía más tarde (versículo 17). Por lo tanto, todavía era de día cuando Dios pide a Abram que cuente las estrellas, de modo que pueda hacerse una noción de cuántos serían sus descendientes (versículo 5).
La lección que Dios quiere enseñarle es profunda. Las estrellas están siempre en el cielo, pero no son visibles a los ojos humanos durante el día. Abram se da cuenta de que no puede ver las estrellas ni a ninguno de sus futuros descendientes, pero así como ciertamente las estrellas aparecerán de noche, tan ciertamente la promesa de descendientes que Dios le comunicara un día llegaría a ser visible. Ni los descendientes de Abram ni las estrellas en el cielo diurno eran visibles a los ojos humanos, pero el ojo de la fe puede ver ambos claramente. Con renovada esperanza y fe, Abram cree en las promesas de Dios, y le es contado como justicia (versículo 6).
Además de los descendientes, Dios promete a Abram la tierra. Cuando le pregunta a Dios: “¿Cómo lo sabré, Señor?, Dios le pide que traiga una ternera de tres años, una cabra de tres años y un carnero de tres años, una tórtola y un palomino. Estos debían ser muertos, cortados por el medio, y las dos mitades puestas en el suelo, a poca distancia entre las dos filas. Esta extraña ceremonia era realmente parte de un antiguo tratado de acuerdo diseñado para mostrar cuán serio sería si un rey más débil solicitaba una alianza con un rey poderoso y quebraba el tratado. 5 Una manera de realizarlo era matar un animal, cortarlo por el medio, poner las dos mitades en el suelo frente a frente, y caminar entre las piezas. Esta era una manera pública de declarar que si el rey más débil quebrantaba el tratado, podía esperar acabar como las piezas del animal en el suelo (comparar con Jeremías 34:18-20).
Sin embargo, en vez de que Abram caminara entre las piezas, vemos una columna de humo y fuego, símbolo de la presencia de Dios durante el Éxodo. Por lo tanto, no es el “pequeño rey”, Abram, quien hace este juramento solemne, sino el Rey súper poderoso, Dios, quien ofrece asumir la responsabilidad final por la rebelión humana. Si Abram y sus descendientes alguna vez quebraran el tratado (pacto), entonces Dios mismo sería cortado en pedazos, moriría para pagar la penalidad. El Calvario está aquí claramente previsto ya en el tiempo de Abram.

JACOB Y ESAÚ

La historia de cómo Jacob, con un ardid, quitó a Esaú la bendición paterna y la primogenitura, ilustra adicionalmente la enredada naturaleza del pueblo de Dios, que se ajusta a los planes de Dios a su manera. Tal vez, el ejemplo más obvio de hermanos menores que reciben la primogenitura es José: sus dos hijos reciben una porción cada uno cuando Jacob bendijo a sus hijos en su lecho de muerte (Génesis 48:5; 49:26). Entonces, Jacob le dio la bendición mayor al menor de aquellos (versículos 10-20).
La forma en que Esaú perdió su primogenitura fue doble: primero, al considerar su apetito inmediato de mayor importancia que su herencia futura (25:29-34); engaño de su hermano mediante. Luego, la trama que urdieron la madre y su hermano menor para preparar una rápida comida de primogenitura de los rebaños, en lugar de hacerla con el producto de la caza, como Isaac le había pedido a Esaú que hiciera (27:2-10). Ambos pagaron un alto precio por estos eventos. Primero, Esaú perdió más que la primogenitura ese día en que la “vendió”. Desde la perspectiva del Nuevo Testamento, Esaú había cruzado una línea que lo asociaba con los inmorales y los impíos. (Hebreos 12:16, 17). Segundo, tanto Rebeca como Jacob sufrieron una angustia indecible, como resultado de su engaño. Cuando Rebeca envió a Jacob a la casa del hermano de ella para salvarlo, pensó que sería por “algunos días” (Génesis 27:44); pero terminaron siendo veinte años; ella murió durante ese período y ya nunca volvió a ver a su amado Jacob. En un giro extraño, todos esos años de servicio por su amada Raquel le parecieron a Jacob “pocos días” (29:20), la misma cantidad de tiempo que Rebeca pensó que él estaría alejado de ella.
Este incidente ilustra cuán paciente es Dios con la humanidad con quien tiene que trabajar. Dios escogió actuar por medio de familias humanas, pero los riesgos que esta estrategia involucra harían que un ser menor eligiera una manera más sencilla. Sin embargo, parece que al comprometerse él mismo con Abram, en realidad Dios se había comprometido a actuar mediante las flaquezas de las familias humanas, para acabar finalmente con el problema del mal.

JOSÉ Y SUS HERMANOS

La sorpresa de la historia de José es que un niño malcriado y favorito del padre, grandemente despreciado por sus hermanos, pudiera realmente terminar como héroe de la familia. La jactanciosa repetición de sus sueños (Génesis 37:5-11) produjo odio y envidia, que terminaron primero en un intento de asesinato (vers. 19,20), y luego en su venta a mercaderes de esclavos (versículos 26-28). Ninguno de ellos se daba cuenta de cómo Dios usaría esta situación para salvarlos a todos. Esto ilustra otra vez cómo actúa Dios con las familias, aun en medio de sus peores momentos, para iniciar una serie de eventos que finalmente traerían su salvación.
José maduró rápidamente. Al viajar a cierta distancia de la casa de su padre, pudo elegir renunciar a todo y amargarse por las injusticias de la vida, o podía elegir depositar su fe inmadura en el Dios de su padre. Afortunadamente para todos los involucrados, José eligió esta última opción. Más tarde, José miraría hacia atrás y vería el propósito de Dios en todo esto (45:4-1l). Pero tendría muchos años de soledad y de dificultades delante de él todavía.
Esto demuestra la naturaleza leve de la dependencia que Dios tiene de las familias humanas para realizar sus propósitos. El Mesías había de venir de aquella descendencia familiar, de modo que si José, un adolescente aparentemente irresponsable, fracasaba, ¿qué pasaría? El tema de los elegidos de Dios que afrontan situaciones aparentemente imposibles que casi los destruyen, es un tema familiar en el desenvolvimiento del Gran Conflicto. Y la razón de que no fallen no se basa sobre la fortaleza sobrehumana (y la fidelidad), sino sobre Aquel que hizo un trato de nunca abandonarlos ni desampararlos (Deuteronomio 31:6, 8; Josué 1:5; 1 Reyes 8:57; 1 Crónicas 28:20; Hebreos 13:5); Aquel que hizo el pacto de estar con su pueblo hasta el final del tiempo.