CAPÍTULO 4
LOS JUECES AFRONTAN CRISIS
En el Gran Conflicto, Satanás continuamente trata de destruir al pueblo de Dios. En el capítulo anterior, esto significó la destrucción de familias; pero Dios demostró su disposición a actuar con las familias más disfuncionales, para dar salvación y un futuro. En este capítulo, veremos a Satanás que intenta destruir a la nación elegida (Israel), al alejar la lealtad de la gente del Dios Todopoderoso, que los había librado milagrosamente de la esclavitud, a los dioses de la fertilidad, más “sofisticados” y “atrayentes", de las naciones vecinas. En un giro dramático, Dios permite que estas naciones invadan a Israel por causa de su infidelidad hacia él, y como resultado de resultar conquistadores, promovieron su religión entre la población local.
Es importante notar que, en el tiempo de los jueces, las semillas de la rebelión -sembradas junto al árbol en el Jardín- se habían esparcido y habían desarrollado gruesas y fuertes raíces, y la gente ahora tenía dificultades para distinguir entre el camino verdadero para relacionarse con Dios, y el falso. El libro de los Jueces observa cuatro veces: “En aquellos días no había rey en Israel” (Jueces 17:6; 18:1; 19:1 y 21:25). A esta declaración le sigue, en la primera referencia y en la última, la frase adicional: “Cada uno hacía lo que bien le parecía”. Al rechazar a Dios como su Conductor, quedaron a merced de los ejércitos invasores, y su nación se contaminaba con la anarquía; no obstante, Dios demostró repetidamente que todavía estaba dispuesto a actuar con su pueblo, y a redimirlos de situaciones aparentemente abrumadoras.
En la lucha por la lealtad entre el Dios del cielo (y su pueblo) y el dios de la tierra Baal (y su pueblo), la contienda era sobre qué deidad era responsable por proveer la lluvia. Por cuanto la prosperidad de la nación obedecía a su producción de alimentos, que a su vez dependía de la cantidad correcta de lluvia, las pretensiones de la adoración a Baal llegaron a ser muy atrayentes. Se lo veía como el dios de las tormentas, responsable por enviar la lluvia. Si Baal daba fertilidad a los campos, entonces la abundancia de vegetación podría producir una cantidad de rebaños y de cosechas rebosantes, enriqueciendo a los agricultores y a todos los que dependían de la tierra; que en ese tiempo de la historia era la mayoría de la gente. De este modo, Baal, y no el Dios del cielo.se consideraba como el sustentador de la vida y el proveedor de riqueza. Esto estaba en contraste directo con la certeza de que Dios era la verdadera Fuente de su riqueza (Deuteronomio 8:18).
En contraste.se creía que la contribución de Baal a la fertilidad del suelo debía ser forzada mediante diversos actos de adoración. “Sus seguidores a menudo creían que los actos sexuales realizados en su templo aumentarían las habilidades sexuales de Baal, y de este modo contribuirían a su obra de fertilidad aumentada”. 1 De este modo, la implicación de esto es que los principales valores promovidos por la adoración de Baal se centraban en el dinero y el sexo.
La adoración de Baal, por lo tanto, llegó a ser popular en todo el antiguo Cercano Oriente bajo numerosos nombres. Baal, popular en Canaán, era adorado en Babilonia como Bel (otro título dado al dios Marduk), 2 y más tarde por los griegos como Zeus y por los romanos como Júpiter. 3 Sin embargo, los excesos sexuales necesarios para asegurar la prosperidad de sus seguidores implicaban devaluar la vida humana. Los demás seres humanos eran considerados como herramientas para el enriquecimiento personal, de modo que la vida humana se devaluó. Las personas eran objetos para los poderosos, quienes las usaban para su gratificación y enriquecimiento personal; actitud mucho más peligrosa cuando era acompañada por fervor religioso.
Tal vez, esta es la razón por la que los antiguos profetas de Dios tronaron en forma tan consistente contra todas las formas de idolatría. Estaban preocupados porque se pisoteaba y se abusaba de los más vulnerables de la sociedad, los huérfanos y las viudas (por ejemplo, Isaías 10:2; Ezequiel 22:7; Malaquías 3:5). Para ver cómo se desarrollaba esta lucha espiritual, nos concentraremos en cuatro de los personajes principales del libro de los Jueces: Débora, Gedeón, Sansón y Samuel, y añadiremos la historia de Rut, quien vivió en ese período.

DÉBORA

En la historia de Débora encontramos un ejemplo del sufrimiento del pueblo de Dios bajo la opresión, y afrontando situaciones imposibles. Los personajes principales en la historia son Débora, profetisa y jueza; Barac, cuyo nombre significa “relámpago”, y quien algunos eruditos creen que pudo ser el esposo de Débora; Jabín, rey de Canaán; Sisara, jefe de su ejército; Heber, de la descendencia de Jetro, el suegro de Moisés (Números 10:29), pero que se había aliado con el enemigo; y la heroína de la historiada esposa de Heber, Jael (cuyo nombre significa “Jehová es Dios”).
La amenaza de la batalla proviene de un pueblo que adoraba a Baal. Aparentemente, la práctica de la adoración de Baal resultaba muy atrayente, de modo que todas las batallas descritas en el libro de Jueces incluyen agua y lluvias. Sin embargo, cada caso demuestra claramente que Baal era impotente y que Dios era quien realmente controlaba el clima. En la historia de Débora, se nos presentan primero las cosas imposibles de esta historia: un dirigente militar débil que enfrenta una derrota abrumadora, y una mujer que dirige a un ejército débil hacia la victoria contra enemigos vastamente superiores en número
Sin embargo, lo importante es la naturaleza de la batalla. Débora –descrita como profetisa y jueza– asegura a Barac que la batalla será de Dios. Se usan dos verbos para describir cómo lograría Dios eso: él “atraerá” a Sisara (la palabra sugiere atrapar peces en una red) al arroyo de Cisón, donde lo “entregará” en manos de Barac (Jueces 4:7). El canto de gratitud de Débora después de la batalla revela algunos de los detalles de cómo se resolvió el conflicto. Los carros de Sisara se atascaron en los estrechos pasos cercanos al arroyo de Cisón, por causa de una lluvia torrencial. Los cielos y las nubes “destilaron” [“derramaron”, NVI] agua, y los montes “temblaron” [“se licuaron”, BJ], produciendo un torrente repentino que arrastró a muchos soldados enemigos (5:4, 5, 21). El resto trató de escapar a pie, incluyendo a Sisara; pero fueron totalmente derrotados (4:16), y el pueblo de Dios quedó liberado. La ironía es que una tormenta con lluvia fue lo que derrotó a los seguidores del dios de las tormentas (Baal).
El homicidio del general casi pareciera un detalle incidental en esta trama. Pero realmente enfatiza el hecho de que, a pesar de que el mal a menudo aparece como imparable, aquí vemos que Dios elige a las personas más improbables (dos mujeres) para revertir una derrota certera en una victoria convincente. Esta victoria tiene la intención de infundir valor para Dios a cada seguidor individual, en cualquier situación que afronte; no importa cuán grande sea el potencial de constituirse en desastre, sabemos que Dios es capaz de volver la situación en una victoria definitiva. La victoria final de Dios es la gran belleza del tema del Gran Conflicto.

GEDEÓN

Después del éxito militar de Débora, la tierra gozó de paz durante cuarenta años; pero entonces volvieron a estar en manos de los opresores. Los madianitas, también seguidores del dios de las tormentas, habían estado haciendo correrías por el país, destruyendo todas las plantaciones nuevas y robando el ganado, al parecer sin oposición (Jueces 6:3-5). Israel quedó muy empobrecido y clamó al Señor (versículos 6, 7).Los dioses de moda, que habían adoptado de las naciones circundantes, no cuidaban de ellos como Dios lo había hecho anteriormente.
Gedeón no es el héroe total que pudimos haber considerado cuando éramos niños. Cuando la repentina aparición de un ángel lo interrumpe, suena como si Gedeón fuera un comandante experto, algo que Gedeón mismo encuentra difícil de aceptar. Aunque la respuesta de Gedeón suena piadosa (vers. 15), su fe es débil y rehúsa actuar a menos que viera una señal (versículo 17). Para su crédito, él actúa, aun cuando su primera respuesta a lo que el ángel le pide se hace de noche y sin ser visto por nadie (versículo 27).
Cuando los hombres de su ciudad descubrieron a la mañana siguiente que su altar y la imagen de Baal habían sido profanados, exigieron que Gedeón fuera muerto (versículos 28-30). El padre de Gedeón argumenta que Baal “contienda por sí mismo” (versículo 31); lo cual es un desarrollo dramático en la historia, ya que el padre de Gedeón originalmente había construido el altar y la imagen.
El siguiente paso es un desafío mayor para Gedeón. “El Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón” (versículo 34), y tocó una trompeta para reunir tropas, pero todavía estaba inseguro de que Dios pudiera liberar a su pueblo, de modo que decidió pedir otra señal a Dios. Que el vellón debía estar mojado (versículo 37) o seco (versículo 39) es un triste indicio de que Gedeón estaba más en armonía con Baal, que proveía la humedad para el suelo, que con el Dios de Israel. Es importante que Gedeón sea el único de los jueces a quien Dios habla directa y extensamente, animándolo sobre que él sería quien salvaría a su pueblo (Jueces 6:12, 14, 16; 7:7, 9). No obstante, Gedeón está más interesado en las señales. Además, solo cuando escucha a uno de los soldados adoradores de Baal relatar su sueño a sus colegas, indicando la certera derrota de su ejército, Gedeón finalmente cree en lo que Dios había dicho (7:15).
La historia de Gedeón es, en realidad, la “bisagra” del libro. 4 Los jueces antes de él representaron influencias positivas importantes; pero de Gedeón en adelante, Dios usa jueces a pesar de su posición personal. Después de derrotar a un enorme ejército enemigo, el pueblo pide a Gedeón que sea rey sobre ellos, pero él se rehúsa (8:22, 23). Esto parece bueno, hasta que examinamos cuidadosamente lo que sigue. Reunió pendientes de oro de la gente e hizo un efod para la adoración de Baal (versículos 24-27). Tuvo setenta hijos (versículo 30), el mismo número que el rey Acab (2 Reyes 10:1), adorador de Baal. Llamó Abimelec a uno de sus hijos (Jueces 9:1), que significa “Mi padre es rey”, y a quien el pueblo de Siquem hizo rey después de la muerte de Gedeón (8:33; 9:6).
El hecho de que Dios eligiera a Gedeón es una declaración sencilla de que él actúa con el material que encuentra a mano. A pesar de los fracasos de Gedeón, y del mal abrumador que amenazaba a la tierra, el pueblo recibió una demostración clara de que el Dios del cielo está todavía en su Trono, y que la guerra contra el mal todavía se pelea y se gana, y el pueblo de Dios todavía es liberado de la severa opresión.

SANSÓN

Las líneas de la batalla entre el bien y el mal son evidente y realmente borrosas, en la historia de Sansón. Comenzó su vida de manera impresionante, cuando el Angel de Jehová anunció a su futura madre que sería nazareo desde su nacimiento (Jueces 13:3,4). El “Ángel de Jehová” apareció a solo otra mujer para anunciar el nacimiento de un hijo, y eso fue a la fugitiva sierva de Sara, Agar (Génesis 16:11).Este es un raro acto divino, que muestra la importante, y tal vez enigmática, naturaleza del hijo que nacería. (El ángel que visita a Ana, a Elizabeth y a María no es calificado como “el Ángel de Jehová”.)
Los votos de nazareo podían ser tomados por un período limitado o para toda la vida (Números 6:1-5). Parece que Samuel también fue un nazareo, ya que su madre prometió no cortarle nunca el cabello (1 Samuel 1:11). Se instruyó a la madre de Sansón que no bebiera alcohol o comiera alimentos prohibidos (Jueces 13:4, 13, 14; ver también Levítico 11). Cuando nació el bebé, se indicó que nunca se le debía cortar el cabello, pues sería nazareo hasta el día que muriera (Jueces 13:7).
A pesar de los votos de separación en consagración a Dios, Sansón siguió a la multitud, descuidando a Dios y siguiendo sus pasiones ilícitas. Así como la nación abandonó a Dios “prostituyéndose” con otros dioses ( cf. Levítico 20:5), Sansón pareció igualmente interesado en pasar su tiempo con mujeres filisteas. En contraste con José, quien huyó de la tentación (Génesis 39:7-13), parece que Sansón corrió hacia la tentación (Jueces 14:1, 2; 16:1). Tal vez, esta sea la razón de que el Ángel de Jehová dijera a sus padres que el muchacho apenas “comenzará a salvar a Israel de mano de los filisteos” (Jueces 13:5); no sería una liberación clara y contundente, como vimos en el caso de Débora y los otros jueces tempranos.
Sin embargo, como la Biblia nos da algunos atisbos detrás de escena, descubrimos que Dios estaba usando las crisis personales de Sansón para procurar una “ocasión contra los filisteos” (14:4). El énfasis aquí no es que Sansón estaba encerrado en una suerte en la que no tenía nada que decir, sino que Dios toma a la gente donde está y le da oportunidades, aun con los pobres estilos de vida que eligen, para ser canales de bendiciones de Dios para otros.
Sansón “liberó” a sus conciudadanos mayormente como una respuesta airada a la forma en que lo trataron los filisteos. Primero mató a treinta hombres y llevó su ropa a la fiesta de su boda, para pagar una deuda (versículo 19). Luego, destruyó sus cosechas cuando su esposa fue dada a su mejor amigo (14:20; 15:4, 5). Más tarde, Sansón mató a muchos como venganza contra los filisteos por haber matado a su esposa y al padre de ella (19:7, 8). Cuando los filisteos trataron de vengar de esta acción (versículos 9, 10), él mató a mil de ellos con una quijada de asno (versículos 14, 15). Finalmente, derribó el templo terminando con su vida y la de tres mil personas, porque ellos le habían quitado los ojos (16:21, 28, 30).
La historia de Sansón es un ejemplo asombroso de la gracia de Dios, y de cómo él está dispuesto a actuar con los que no están dispuestos. En lugar de añadir a la cuenta del mal, Dios obró por medio de las debilidades de Sansón para traer liberación a su pueblo, de modo que al fin, Sansón pudiera ser recordado por el bien que hizo, con la observación específica de que su debilidad fue transformada en fortaleza (Hebreos 11:32-34).

RUT

El eje de la historia de Rut no son enormes ejércitos que amenazaban al pueblo de Dios sino, más bien, una familia, casi moribunda, que revivió y fue rescatada de la tierra del enemigo. Los dioses de la fertilidad y de la lluvia habían sido juzgados y hallados faltos; no habían sido capaces de producir lluvia, de modo que la tierra estaba asolada por el hambre. La historia de Rut relaciona el tema del Gran Conflicto con un nivel personal, al describir las consecuencias cuando la gente del pacto abandona a Dios (Deuteronomio 28:48; 32:24). El pecado y la rebelión contra Dios habían reducido la tierra en la que una vez fluyeran leche y miel, a un terreno cubierto de polvo. Pero el libro de Rut describe la gracia de Dios cuando “visitó” la tierra y le devolvió la vida, al “darles pan” (Rut 1:6).
La belleza de la historia, en medio de la tragedia indecible de la familia, es que Rut, una extranjera, criada en la adoración de deidades paganas, llega a la convicción de que no dejará a su suegra, Noemí, sino que la acompañará de regreso a su país natal, y a su pueblo, Belén, que significa “Casa de pan”. Al afirmar la estrecha relación que gozaba con su suegra, y su posterior decisión de permanecer con ella, Rut se identificó completamente con el pueblo de Dios y con la adoración de Dios. Es irónico que mientras el pueblo de Israel era atraído por los dioses de la fertilidad de las naciones circundantes, Rut, la Moabita, fuera atraída al Dios de Israel. Esto es notable, a la luz de la prohibición en los escritos de Moisés de que una moabita pudiera entrar “en la congregación de Jehová; ni hasta la décima generación no entrarán en la congregación de Jehová” (Deuteronomio 23:3).
Al regresar ambas mujeres a Belén, encontraron una comunidad que las alimentó y las apoyó en los momentos en que eran más débiles y vulnerables. Rut encontró favor en los ojos de su patria de adopción, no solo a los ojos de Booz (Rut 2:10), sino también en las personas que la conocieron (versículo 11). E1 día de su boda, con toda la comunidad reunida, la asamblea de los testigos bendijo a Rut, comparándola con las grandes mujeres de la historia de Israel (4:11, 12). Ellos no pudieron haber sabido cuán profètica fue esa bendición. Rut, viuda superviviente de una tragedia familiar angustiosa, una vez miembro de una sociedad que hizo guerra contra el pueblo de Dios durante siglos, ahora llegó a ser una parte integral de la comunidad del pueblo de Dios, al ser una antepasada del Mesías (versículos 13, 17). Es significativo que dos mujeres de origen cuestionable llegaran a ser antepasadas del Mesías: Rahab, la ramera, fue la madre de Booz, y el hijo que Rut engendró fue Obed, el padre de Isaí, quien fue el padre del rey David (Mateo 1:5). Otra vez, Dios demuestra que en el cuadro más amplio del Gran Conflicto, él es capaz de alistar a cualquiera para extender las fronteras de su Reino, aun a los despreciados y desechados.

SAMUEL

Samuel constituye el punto de transición entre los jueces y los reyes. Como lo describe Pablo en su sermón en la sinagoga de Antioquía de Pisidia, “como por cuatrocientos cincuenta años, [Dios] les dio jueces hasta el profeta Samuel” (Hechos 13:20). Esto hace que, efectivamente, Samuel fuera el último de los jueces y el primero de los profetas. Samuel es criado en un hogar con un tema familiar en el Antiguo Testamento: la rivalidad entre dos esposas de un marido, una de las cuales no tiene hijos. El motivo del Gran Conflicto aparece en la narración de Samuel en forma más personal que la amenaza obvia al orden creado o un enorme ejército en la frontera listo para aniquilar al pueblo de Dios. Esta vez, la controversia se concentra en los dos hijos de Eli, el sumo sacerdote, a quienes la Biblia describe como malvados, inútiles y buenos para nada (1 Samuel 2:12; literalmente, “hijos de Belial”). Engañaban a los adoradores quitándoles sus ofrendas (versículos 13-16), y seducían a las mujeres que estaban en el Santuario para adorar (versículo 22); acciones más en armonía con los valores de la adoración de Baal. Dios advirtió al anciano sacerdote Eli que si continuaba permitiendo que sus hijos ministraran y siguieran en su mal camino, entonces Dios mismo los reemplazaría (versículos 27, 30, 34, 35).
Samuel aparece en marcado contraste con los hijos de Eli, y fue el portavoz de Dios en la reprensión al anciano sacerdote, por su indulgencia con sus hijos (1 Samuel 3:17, 18). Es trágico que los pecados de los hijos de Eli fueran tan flagrantes y públicos que aun un niño pequeño lo notara. Poco después, durante una invasión filistea, los dos hijos de Eli fueron muertos, los filisteos capturaron el arca de Dios, y Eli, de 98 años, murió cuando oyó la noticia (1 Samuel 4:14-18).
Algún tiempo más tarde, Samuel desafió a la gente a que pusieran a un lado sus dioses extranjeros y volvieran a Dios, de modo que pudieran ser liberados de los filisteos (1 Samuel 7:1-6). Hubo un ataque final por parte de los filisteos, que Dios transformó en una gran victoria para su pueblo al producir una tormenta eléctrica espectacular que asustó al enemigo (versículos 8-12). Se restableció la paz (versículo 13), y los israelitas recuperaron todos los territorios que habían perdido ante los filisteos (versículo 14). Samuel pasó el resto de su vida recorriendo la tierra, manteniendo la ley y el orden (versículos 15-17). También se cree que él comenzó las así llamadas “Escuelas de los profetas”, incluyendo las de Betel, Gilgal y Rama, 5 tal vez en conjunción con su visita anual a esos lugares (versículo 16).
Desafortunadamente, ya que Samuel no había tenido un modelo paterno fuerte cuando crecía, cuando tuvo hijos propios pareciera haber repetido los errores del anciano sacerdote Eli. Los hijos de Samuel fueron conocidos por recibir sobornos y pervertir la justicia (1 Samuel 8:3). Esto llegó a ser el catalizador para la intranquilidad nacional, que culminó cuando los ancianos de la nación se acercaron a Samuel y pidieron un rey que los gobernara, ya que no había un sucesor aparente para el anciano profeta (versículos 4, 5). A pesar del dolor de Samuel por el pensamiento de ser rechazado por la gente, Dios aseguró a Samuel que al desear un rey como lo tenían las naciones circundantes, el pueblo no estaba rechazando a su profeta, sino a Dios (versículos 6, 7).


Referencias
1 Winfried Corduan, “Baal”, en John D. Barry et al., eds., The Lexham Bible Dictionary (Bellingham, WA: Lexham Press, 2014).
2 D.J. Wiseman, “Bel”, en D. R. W. Wood et al., New Bible Dictionary (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1996), p. 127.
3 Walter A. Elwell y Barry J. Beitzel, Baker Encyclopedia of the Bible (Grand Rapids, MI: Baker, 1988), p. 1252.
4 Se ha demostrado que el libro de Jueces constituye un quiasmo, en el que la narración de Gedeón está en el centro. Ver J. Paul Tanner, “The Gideon Narrative as the Focal Point of Judges”, Bibliotheca Sacra (Abril-junio de 1992), pp. 149, 150.
5 Elwell y Beitzel, Baker Encyclopedia of the Bible, p. 1890