CAPÍTULO 10 (Mateo 21, 22)
JERUSALÉN

“La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo” (Mateo 21:42) urante mil años, los hijos de Israel habían estado esperando la llegada de un mesías humano, el hijo de David.
Habían transcurrido mil años desde que Salomón, el hijo de David, recién ungido con perfume de nardo, subió a un borrico y cabalgó hasta Jerusalén, mientras el pueblo gritaba: “ ¡Hoshana lo-Ben David!” (¡Hosanna al Hijo de David!). “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”.
Cuando el trono de David se desocupó y la gente perdió la esperanza de que la monarquía davídica pudiera ser restaurada, Dios les envió palabras de ánimo por medio de los profetas. “De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; haré temblar a todas las naciones; vendrá el Deseado de todas las naciones” (Hageo 2:6, 7). “¡Alégrate mucho, hija de Sión! ¡Da voces de júbilo, hija de Jerusalén! Mira que tu rey vendrá a ti, justo y salvador, pero humilde, cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna” (Zacarías 9:9).
Entonces, un domingo de primavera, la profecía dio paso a la realidad.
“Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, diciéndoles: ‘Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y en seguida hallaréis una asna atada y un pollino con ella. Desatadla, y traédmelos. Y si alguien os dice algo, contestadle: “El Señor los necesita” ’ ” (Mateo 21:1-3).

LO MÁS AMARGO DE LO DULCE

Fue uno de los momentos más alegres de la historia, pero también uno de los más tristes.
Mientras estaba sentado en el pollino, Jesús miraba a Jerusalén. Lucas nos dice que empezó a hablar, pero de repente se calló. No tenía deseos continuar hablando. “Cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró por ella, diciendo: ‘¡Si también tú conocieras, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Pero ahora está encubierto a tus ojos’ ” (Lucas 19:41, 42).
La oración de Jesús empieza en un sentido y luego, en cierto modo, se desvía por otro. Parece estar diciendo: “¿Para qué decirte lo que te dará la paz? Si de todos modos, no lo puedes ver”.
Jesús no está hablando a individuos sino a una comunidad entera, al pueblo escogido que vivía en Jerusalén: “Si tú, Jerusalén, conocieras, a lo menos, lo que es para tu paz”. Hay algunos juegos de palabras aquí. La palabra “paz” forma parte de Jerusalén. Las palabras saiem, shalem, shalom, significan paz. Jeru (yeru ) puede significar “tú verás”. Así que Yeru-shalom significa: Tú verás la paz. Pero de acuerdo con Jesús, Jerusalén no vio la paz “por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación ’ (Lucas 19:44).
¿Por qué la gente de Jerusalén no fue capaz de reconocer la verdadera paz? ¿Cuál fue su problema? ¿Radicó en que eran tan conservadores, tan legalistas, que no pudieron aceptar la gracia de Dios? ¿O había algo más que les impedía ver con claridad?
Es cierto que hubo legalismo en Israel. Había más de cinco mil fariseos tratando de implementar reformas sin gracia ni amor.
Pero en la misma Jerusalén, el mayor problema no era el legalismo, sino el secularismo, el materialismo, el mundo. Años antes, el sacerdocio y el ministerio del templo habían sido secuestrados por gente secular, políticos hambrientos de poder, cuyo único interés en la religión era lo que podían sacar de ella.

LOS SADUCEOS SECULARES

Los saduceos, el grupo más secular de todos, estaban más interesados en el dinero y en el poder que en cualquier otra cosa. Ellos negaban la resurrección de los muertos, la existencia de los ángeles y rechazaban la mayor parte de las Escrituras, básicamente todo lo no había sido escrito por Moisés. Aunque los saduceos eran los responsables de ofrecer los sacrificios, les importaba menos el templo que el nuevo gimnasio que se estaba construyendo. Mucho tiempo atrás, el autor de 2 Macabeos escribió “que los sacerdotes ya no tenían interés alguno por el servicio del altar. Despreciando el templo y descuidando los sacrificios, se apresuraban a tomar parte en... lanzar el disco”. 1
¿Puede usted imaginar a sacerdotes apresurándose a terminar con sus deberes del templo para ir a lanzar el disco en el gimnasio? Goodman dice que los judíos “querían adoptar y tomar prestado de la cultura griega todo lo que les gustaba, mientras despreciaban a los griegos”. 2 Aunque Jerusalén pretendía dar una apariencia de religiosidad, en realidad, había llegado a ser muy parecida a Roma.
Esta es la razón por la que Jesús, por segunda vez (la primera se registra en Juan 2), limpió el templo. En lugar de abandonar la fe en la que ya no creían, los saduceos trataron de arrastrar la fe con ellos. Lo único que les interesaba de la religión era el poder y la codicia, y lo que podían sacar de ella. De hecho, cuando el templo fue destruido en el año 70 d. C., la secta de los saduceos también desapareció.
Jesús no debatió mucho con los saduceos. Ellos no eran investigadores sinceros. Cuando sarcásticamente le preguntaron: “En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer?” (Mateo 22:28), Jesús, tras percibir su falsedad, les dijo que estaban muy equivocados, y se marchó.
El problema no eran las preguntas; Jesús podía manejar las preguntas. Él respondía las preguntas. El problema eran las preguntas sin fe, sin oración, sin la comprensión de que las cosas espirituales se disciernen espiritualmente. Jesús le dijo a los saduceos: “Erráis, ignorando las Escrituréis y el poder de Dios” (versículo 29).
El ejemplo de Jesús es útil para saber cómo hacer frente a los modernos saduceos de hoy, los que:

En lugar de entablar discusiones infructuosas con los que no conocen “ni las Escrituras ni el poder de Dios” (versículo 29) nosotros, como lo hizo Jesús, deberíamos sencillamente alejarnos.
Una de las últimas parábolas de Jesús, la parábola de los labradores malvados (ver Mateo 21:33-42), fue dirigida a los saduceos: una historia de corazones endurecidos y de rechazo hacia los profetas (las Escrituras) y, finalmente, el rechazo al Hijo de Dios. “La piedra que desecharon los edificadores”, dijo Jesús, “ha venido a ser cabeza del ángulo... El que caiga sobre esta piedra será quebrantado, y sobre quien ella caiga será desmenuzado” (Mateo 21:42, 44).Todo esto encerraba una advertencia final: es mejor ser quebrantado que desmenuzado.
Elena de White escribió:

“Al citar la profecía de la piedra rechazada [Salmo 118:22, 23], Cristo se refirió a un acontecimiento verídico de la historia de Israel. El incidente estaba relacionado con la edificación del primer templo... Cuando se levantó el templo de Salomón, las inmensas piedras usadas para los muros y el fundamento habían sido preparadas por completo en la cantera. De allí se las traía al lugar de la edificación, y no había necesidad de usar herramientas con ellas; lo único que tenían que hacer los obreros era colocarlas en su lugar. Se había traído una piedra de un tamaño poco común y de una forma peculiar para ser usada en el fundamento; pero los obreros no podían encontrar lugar para ella, y no querían aceptarla. Era una molestia para ellos mientras quedaba abandonada en el camino. Por mucho tiempo, permaneció rechazada. Pero cuando los edificadores llegaron al fundamento de la esquina, buscaron mucho tiempo una piedra de suficiente tamaño y fortaleza, y de la forma apropiada para ocupar ese lugar y soportar el gran peso que había de descansar sobre ella... Pero al fin la atención de los edificadores se dirigió a la piedra que por tanto tiempo rechazada... La piedra fue aceptada, se la llevó a la posición asignada y se encontró que ocupaba exactamente el lugar”. 3

La maldición de la higuera está muy relacionada con la purificación del templo. De hecho, el Evangelio de Marcos intercala la purificación del templo dentro del relato de la higuera. Robert H. Stein comenta: “Así como una higuera (un símbolo de Israel bien conocido del Antiguo Testamento) que no da frutos fue juzgada, así también el templo, que representaba al judaísmo oficial, fue juzgado porque no daba frutos”. 4
Elena de White señala: “No era tiempo de higos maduros, excepto en ciertas localidades; y acerca de las tierras altas que rodean a Jerusalén.se podía decir con acierto: ‘No era tiempo de higos’. Pero en el huerto al cual Jesús se acercó había un árbol que parecía más adelantado que los demás. Estaba ya cubierto de hojas. Es natural en la higuera que aparezcan los frutos antes que se abran las hojas. Por lo tanto, este árbol cubierto de hojas prometía frutos bien desarrollados. Pero su apariencia era engañosa. Al revisar sus ramas, desde la más baja hasta la más alta, Jesús no ‘halló sino hojas’. No era sino engañoso follaje, nada más. “Cristo pronunció una maldición agostadora. ‘Nunca más coma nadie fruto de ti para siempre’, dijo...La maldición de la higuera era una parábola llevada a los hechos. Ese árbol estéril, que desplegaba su follaje ostentoso a la vista de Cristo, era un símbolo de la nación judía”. 5

LOS FARISEOS PIADOSOS

Los saduceos, el grupo más secular de todos, estaban más interesados en el dinero y en el poder que en cualquier otra cosa. Ellos negaban la resurrección En contraste con los saduceos, Jesús dedicó mucho tiempo a los fariseos. Pasó horas dialogando con ellos. Comió en sus casas. Tarde en la noche sondeó las profundidades del agua y del Espíritu con un fariseo. Un día le confiaría a un fariseo, Saulo de Tarso, el evangelio a los gentiles. Teológicamente, Jesús tenía más en común con los fariseos que con cualquier otro grupo. Él sabía que ellos podrían ser muy útiles para el reino si su humildad y amor alguna vez llegara a ser como su celo. Constantemente les rogaba que entraran por completo al reino de Dios.
En la parábola de la fiesta de bodas (Mateo 22:1-14), tanto los “buenos” como los “malos” acuden a la fiesta. Tanto los “buenos” como los “malos" son invitados a vestirse con las vestiduras limpias provistas por el anfitrión. Esas vestiduras eran una representación de la justicia de Cristo; por lo tanto, todos las necesitaban, “buenos” y “malos” por igual. Pero uno de los invitados rehusó ponerse la vestimenta, pues decidió que su ropa estaba limpia.
Al darse cuenta del mensaje de la parábola, de que su propia arrogancia les impedía recibir la gracia de Cristo, los fariseos se ofendieron y lanzaron una serie de preguntas difíciles para atrapar a Jesús; las respuestas de Cristo los dejaron asombrados.
Cuando le preguntaron a Jesús sobre el pago de los impuestos a César, él respondió: “Dad, pues a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (versículo 21). Cuando le preguntaron cuál era el mandamiento más grande, él contestó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente’. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas” (versículos 37-40). ¿Qué más podía decir? Fue la respuesta perfecta. Marcos incluso hace constar que uno de los escribas felicitó a Jesús: “Bien, Maestro” (Marcos 12:32). Era una agradable calma antes de la tormenta que se avecinaba.

LA PREGUNTA DE CRISTO

Ahora era el turno de Jesús para preguntar. ‘“¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo?’. Le dijeron: ‘De David’. Él les dijo: ‘¿Cómo, pues, David, en el Espíritu lo llama ‘Señor’, diciendo: ‘Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Pues si David lo llama ‘Señor’, ¿cómo es su hijo?’ ” (versículos 42-45).
Jesús estaba citando el Salmo 110, un salmo que los judíos consideraban mesiánico. Debido a que este era un salmo “de David”, y el mesías esperado sería un hijo de David, Jesús estaba preguntando por qué el mismo rey David se referiría al mesías como “mi señor”. Como dijo Jesús: Si David llama a ese personaje “señor”, ¿cómo podía ese “señor” ser su hijo?
Al tratar de explicar ese cambio, algunos comentaristas cristianos han llevado las cosas demasiado lejos. Ellos han interpretado incorrectamente el Salmo 110:1: “Jehová [Yahveh] dijo a mi Señor [adonai ]:‘Siéntate a mi diestra’ ’’, explicando que Dios el Padre está hablando a Dios el Hijo. Si bien es cierto que el primer “Señor” que se menciona aquí es, de hecho, Yahveh, el segundo “Señor/señor” es probablemente un personaje humano. El término hebreo para este segundo personaje es adon , que puede referirse a un señor humano o a un Señor divino; pero cada vez que adon aparece con el adjetivo posesivo “mi” en las Escrituras hebreas, a menudo se refiere a un señor humano (ver, por ejemplo, 1 Samuel 29:8; Éxodo 21:5; Génesis 18:12). Así que es demasiado ambicioso para los cristianos afirmar que el versículo 1 del Salmo 110 demuestra la existencia de Dios el Padre y Dios el Hijo.
Hay sin embargo, otro “Señor” en este salmo. Se encuentra en el versículo 5, sentado a la diestra de alguien. Es el Señor adonai (aquí no está el adjetivo posesivo “mi”). Pero, ¿a la diestra de quién está sentado adonai ? Basados en el versículo 1, parece que este personaje está sentado a la diestra de Yahveh,6 porque en el versículo 1 Yahveh llama a un personaje (“mi señor”) para que se siente a su diestra. Sí, pero ¿no acabamos de decir que “mi señor” se refiere a un señor humano? ¿Cómo puede haber un señor humano a la diestra de Yahveh en el versículo 1, y un Señor divino a la diestra de Yahveh en el versículo 5? ¿Cómo puede un personaje ser humano y divino al mismo tiempo?
La revelación es sorprendente: es la naturaleza humana de “mi señor” en el versículo 1 la que establece la culminación cósmica, la naturaleza divina de ese mismo “Señor” en el versículo 5. El mesías no es solo de la Tierra, es de los cielos; no es solo el hijo del hombre.es el Hijo de Dios. No es solo del linaje de David.es la raíz de Isaí (ver Apocalipsis 22:16; Romanos 15:12). Este era el punto que Jesús estaba enfatizando. Y eso estaba a punto de hacer que lo mataran.


1 Martin Goodman, Rome and Jerusalem: The Clash of Ancient Civilizations (Nueva York: Vintage Books, 2008), p. 105.
2 Ibíd., p. 101.
3 Elena de White, El Deseado de todas las gentes (Bs.As.: ACES, 2008), cap.65, pp. 548, 549.
4 Robert H. Stein, Jesus the Messiah. A Survey of the Life of Christ (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1996), p. 182.
5 White, El Deseado de todas las gentes, cap. 64, p. 534.
6 Algunos han sugerido que, en el versículo 5, adonai se sienta a la diestra de un señor humano, lo que significa que pasamos de un ser humano a la diestra de Yahveh en el versículo 1 al divino Señor Adonai a la diestra de un ser humano en el versículo 5. De hecho, existen casos en los que el Señor Yahveh, pero no el Señor Adonai, se describe estando a la diestra de un ser humano: Salmo 16:8; 109:31; 121:5.) Si bien esto es posible, hay que preguntarse: ¿Cambiaron de asientos estos personajes? Si es así, ¿por qué? Además, si el “Señor” (Yahveh) del versículo 1 es el mismo personaje que el “Señor" (Adonai) del versículo 5 (¿a quién se describe como el “Señor" que aplastará reyes y juzgará las naciones? [versículos 5, 6]) ¿Beberá el Señor (Yahveh) también del arroyo en el camino? (versículo 7) Parecería más sensato que el señor humano (adoni) invitado a sentarse a la diestra de Yahveh en el versículo 1 sea también el Señor divino (adonai) a la diestra de Yahveh en el versículo 5.