Lección 2 - MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

Textos clave: Mateo 3:2; 4:17.
Enseña a tu clase a:

Bosquejo de la lección

I. Saber: La misión prinBcipal de Juan y de Jesús


II. Sentir: El poder y el impulso del mensaje de Juan y de Jesús

III. Hacer: Aceptar el llamado al discipulado


A. El discipulado involucra dejar y adherirse. ¿Qué deja una persona? ¿A qué se adhiere? ¿Cuáles son los pasos en la experiencia que testifican de este proceso? B. ¿Qué significa ser pescador de hombres en términos de experiencia interior y de responsabilidades externas?

Resumen: Mateo 3 y 4 presentan el arrepentimiento, la vida victoriosa y el discipulado como rasgos esenciales del Reino de Dios. ¿Cómo ves la vinculación entre estos conceptos?

Texto destacado: Mateo 3:2; 4:17.


Concepto clave para el crecimiento espiritual: La frase “reino de los cielos”, o su variante “reino de Dios”, aparece 106 veces en los evangelios: 49 veces en Mateo, 16 veces en Marcos, 38 en Lucas, y 3 en Juan. Sin duda, es el tema central de las enseñanzas de Jesús. Siempre que se menciona “reino” con referencia al ministerio de Jesús, hay un sentido de novedad. Lo nuevo es que por causa de la encarnación de Jesús y su muerte en la cruz se ha asegurado, por un lado, la redención de la humanidad del pecado (Juan 3:16) y, por el otro, la destrucción total del diablo y de sus ángeles (Mat. 25:41). La salvación del pecado y la eliminación del mal están aseguradas en el mensaje del Rey, de su Reino. Por ello, el Reino de que habló Jesús se describe a menudo en dos frases poderosas: Reino de gracia, y Reino de gloria. “El Reino de la gracia de Dios se está estableciendo, a medida que ahora, día tras día, los corazones que estaban llenos de pecado y rebelión se someten a la soberanía de su amor. Pero el establecimiento completo del Reino de su gloria no se producirá hasta la segunda venida de Cristo a este mundo” (DMJ 93).


{ 1: ¡Motiva!}


Solo para los maestros: La lección de esta semana presenta cinco elementos espiritualmente dinámicos y esenciales en la vida cristiana: arrepentimiento; Reino de los cielos; bautismo por agua, Espíritu y fuego; victoria sobre Satanás; y ser “pescadores de hombres”. Asegúrate de que tu clase comprenda el significado de cada uno de estos conceptos, y de qué modo son indispensables para la fe y la vida cristiana.
Diálogo inicial: El arrepentimiento es un pilar que divide las actitudes, las prioridades y la dirección de la vida de una persona con la claridad de una fecha a.C. y una d.C.: antes de venir a Cristo (a.C.) y después de ir a Cristo (d.C.). Cristo es así el gran divisor, el nuevo definidor, el nuevo Señor de la vida. Dirige a la clase en un análisis de lo que esto implica en forma práctica.
Pregunta para dialogar: Tanto Juan el Bautista como Jesús comenzaron sus ministerios con un llamado al arrepentimiento. Compara y contrasta las ideas de Juan y de Jesús.


{ 2: ¡Explora!}


Solo para los maestros: Isaías fue el primero en profetizar que el precursor prepararía el “camino a Jehová” (Isa. 40:3) para la llegada del Mesías.
Malaquías (4:5) retomó el tema y predijo que un precursor con el espíritu de Elías precedería el día del Señor. Después de cuatrocientos años, se rompió el silencio profético, y Juan el Bautista surgió en “el desierto de Judea” (Mat. 3:1). Mateo identifica a este precursor con Juan, con quien comienza la lección de esta semana. ¿De qué modo preparó Juan el camino para el Mesías? ¿Cómo se presentó al Mesías ante el mundo? ¿De qué forma comenzó su ministerio el Mesías?

Comentario de la Biblia


I. Preparación para el Mesías (Repasa, con tu clase, Mat. 3:1-12.)


Juan es el cumplimiento de la profecía de Isaías de la “voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor” (Mat. 3:3). El Rey está a punto de venir. Se necesitaba preparar su camino a los corazones humanos. ¿De qué forma pensaba Juan lograr esto? Él llamó al arrepentimiento. La palabra griega para “arrepentirse” significa “cambiar de mente”, un cambio de dirección, un cambio de vida. Juan demandó que sus oyentes cambiaran radicalmente el ámbito espiritual y moral de sus vidas, y volvieran a Dios. Denunció el pecado en todas partes y en cualquier forma: sea en Herodes, cuya vida estuvo señalada por asesinato, adulterio y saqueo; o en los fariseos, que igualaban la justicia con rutinas religiosas; o en la gente común, que se enorgullecía de ser hijos de Abraham. El Bautista calificó como “generación de víboras” (Mat. 3:7) a quienes esperaban la aprobación de Dios por su cargo, su riqueza, su poder o su ascendencia. Él llamó a tener una vida que pudiera afrontar la prueba del Juicio. Juan habló del Juicio (Mat. 3:10-12) en términos gráficos de certeza: el hacha para derribar “todo árbol que no da buen fruto”; el “aventador” para echar a volar la paja; la limpieza asegurada por la trilla; la reunión del “trigo en el granero”; y la quema de la paja (Mat. 3:10-12). Él habló del Reino venidero. La cercanía del Reino exigía una respuesta inmediata de sus oyentes. Con arrepentimiento del pecado, no había tiempo que perder. La formación del Reino no permite demoras, pero esperaba solo que estemos listos, seamos bautizados, y contados como dignos del Reino.

Considera: Algunos eruditos judíos ven nueve normas de una vida arrepentida, en Isaías 1:16 y 17: “Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda”. Comparte por qué estás de acuerdo o no con ellos.

II. Presentación del Mesías (Repasa, con tu clase, Mat. 3:13-17; 4:1-11.)

Dos grandes eventos, el ungimiento bautismal y la victoria sobre Satanás, presentan al Mesías. “Jesús vino de Galilea... para ser bautizado”. El bautismo de Jesús no ha de verse como el proceso de “arrepentíos y bautícese”, sino que fue bautizado para mostrar que el Hijo de Dios se había identificado plenamente con los seres humanos a quienes vino para salvar. Jesús no tuvo pecado de ninguna manera, pero eso no significaba que él no se identificó con los pecadores o no podía hacerlo. Por ello, Elena de White escribió: “Jesús no recibió el bautismo como confesión de culpabilidad propia. Se identificó con los pecadores, dando los pasos que debemos dar, y haciendo la obra que debemos hacer” (DTG 85). El bautismo de Jesús también debe considerarse por lo que fue: la cita celestial con la Tierra, durante la cual el Padre puso su insignia personal sobre el Hijo y el Espíritu descendió a fin de equipar al Hijo para la ardua tarea que le esperaba. El bautismo abrió el camino para que el Mesías pusiera sus ojos sobre la Cruz distante, y pisara él solo el sendero del sufrimiento y la redención, con la seguridad de que era realmente el Rey mesiánico y el Siervo sufriente. El bautismo de Jesús también es una afirmación de que la Trinidad en conjunto está involucrada en el plan de Redención.

Considera: El bautismo de Juan era de agua (Luc. 3:14-18). Pero el Bautista predijo que aquel que vendría después de él “os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Luc. 3:16). ¿Qué entiendes por el bautismo de fuego (compara con Mal. 3:1-3)?

III. El Mesías comienza su ministerio (Repasa, con tu clase, Mat. 4:12-22.)


La partida de Jesús al desierto tenía un enfoque preciso: estar solo, comunicarse con su Padre mediante el ayuno y la oración, meditar en el por qué y el cómo de su misión venidera, y hacer planes para el equipo misionero que estaba por organizar. Tal momento de buscar claridad es precisamente el momento que el diablo eligió para seducirlo, “tentarlo”, y llevar a Jesús, si era posible, a apartarse del plan redentor preordenado por Dios: la Cruz. La estrategia de Satanás fue desviar a Jesús de la misión al tratar de hacerlo dudar de su condición de Hijo, probando su confianza en el amor de su Padre, y con la oferta de recuperar el planeta perdido sin la Cruz. Jesús venció cada una de las tentaciones confiando en el poder de la Palabra: una lección que podemos ignorar solo con gran peligro. El secreto de la vida victoriosa de Jesús también puede ser nuestra arma contra el enemigo (Efe. 6:17). Él, el dador de la Palabra, vivió por la Palabra. También podemos hacerlo nosotros. Una dependencia absoluta y una confianza total en Dios constituyen una vida que no puede ser sacudida por falta de pan, la atracción del poder, o la nefasta incredulidad, edificada sobre la burla de que el Reino de Dios es solo una fantasía.

Pregunta para dialogar: La tentación en sí misma y por sí misma no es pecado. En el sentido bíblico, la tentación tiene el potencial de afirmar la posibilidad de la santidad. Ser tentado es una cosa; caer en pecado es otra. ¿Dónde reside nuestra seguridad? Mediten sobre esto.

{ 3: ¡Aplica!}


• Solo para el maestro: Repasa Mateo 3:13 al 17, y 4:1 al 11. El primer pasaje es una afirmación sólida y positiva de la Persona y la misión de Jesús, mostrando que la Deidad entera está involucrada en la misión redentora de Jesús. El segundo es un asalto, una entrada sigilosa de dudas, un intento de desviar a Jesús de su misión. Ahora analiza con la clase las siguientes preguntas:
Preguntas para reflexionar: 1. ¿Qué lecciones puedes obtener de estos dos pasajes que pueden aplicarse a tus luchas espirituales personales? 2. Recuerda una experiencia en la que por un momento viviste con la certeza absoluta de que Dios te guiaba, y en el siguiente temiste el ataque de Satanás. ¿De qué manera tratas con tales situaciones?

{ 4: ¡Crea!}


• Solo para los maestros: Ser tentado no es pecar, pero ceder a la tentación sí lo es. La vida está llena de tentaciones: engañar a tu cónyuge; tomar un atajo para alcanzar cierto objetivo, sabiendo que ese camino afecta a otra persona en forma grave; ignorar o comprometer las expectativas de nuestro lugar de trabajo; o descuidar deliberadamente nuestra relación con Dios o su iglesia. Analiza estas situaciones posibles.


Actividad: Pide a los miembros de tu clase que escriban, en forma anónima, la clase de tentaciones que más afrontan, y de qué forma manejan tales situaciones. Anima a cada persona a encontrar un pasaje bíblico que pueda responder a tales dificultades. Reúne las notas, y mézclalas. Entrega a cada miembro una nota para que la lea en voz alta y comparta lo que él puede aprender de las luchas que otros afrontan. Una alternativa para hacer esta actividad sin escribir nada es invitar a los miembros de la clase a compartir qué tentaciones sienten ellos que afectan más a los cristianos. Luego invítalos a compartir soluciones bíblicas que ofrezcan esperanza el confrontar estas dificultades.