Lección 4 - MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

Texto clave:

Mateo 9:1-8.

Enseña a tu clase a:

Bosquejo de la lección:

I. Saber: Encontrarse con Jesús, quien recompensa tu fe

II. Sentir: Experimentar el poder y la autoridad de Jesús

III. Hacer: Confiar en Jesús y servirlo

Resumen: El poder y la autoridad de Jesús como el Mesías se usaron para servir y elevar a la humanidad. Su Reino es inclusivo. Todo el que vino a él fue recibido con amor, y se sintió incluido en su gracia salvadora. El resultado fue admiración: ¿Quién puede ser Jesús (Mat. 8:27)?

Ciclo de aprendizaje

Texto destacado: Mateo 9:6.

Concepto clave para el crecimiento espiritual: Mateo 9:1 al 8 cuenta de un paralítico que no tenía esperanza de caminar alguna vez. Pero sus amigos creían todo lo que oyeron acerca de Jesús durante su ministerio en Galilea. Un día, cuando Jesús regresó a Capernaum, su fe entró en acción. Llevaron a su amigo paralítico a la presencia y el poder de Jesús. Ellos realizaron un maravilloso ejercicio de fe (Mar. 2:4), y como la casa estaba demasiado llena, los amigos subieron e hicieron un boquete en el techo y “bajaron el lecho en que yacía el paralítico”. Su fe recibió una respuesta instantánea: el perdón del pecado y la curación del cuerpo. Lo mejor que la amistad cristiana puede hacer es llevar a la persona que tiene necesidad a Jesús, el mayor amigo de todos.

{{ 1: ¡Motiva!}

Diálogo inicial: Cuando Jesús le dijo al paralítico que tuviera buen ánimo, le aseguró dos cosas: sus pecados eran perdonados; y su salud, restaurada. ¿Por qué Jesús preguntó: “¿Qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda?” (Mat. 9:5)?

{{ 2: ¡Explora!}

• Solo para los maestros: A través de los años, el leprosario relacionado con el Colegio Médico Cristiano en Vellore, India, fue pionero en varias empresas, incluyendo la cirugía de reconstrucción, para dar esperanza a miles de leprosos. Otra actividad fue la creación de sandalias negras, hechas de neumáticos de aviones, que a modo de almohadillas ayudaban a hacer menos doloroso el caminar. Ese buen invento pronto se volvió un medio de ostracismo social. Esas sandalias identificaban a los leprosos, con lo que los restaurantes locales y otros lugares para comer rehusaron servir a centenares de esos hombres y mujeres desafortunados. Preocupados por el escándalo que generaban estas sandalias, médicos, enfermeros, maestros y estudiantes del Colegio Médico Cristiano comenzaron a usar esas sandalias negras, confundiendo a los dueños de los restaurantes. El boicot finalmente terminó, y las sandalias llegaron a ser símbolos de amor cristiano. Nuestra lección trata de cómo se ocupó Cristo de los menos afortunados. Notaremos tres incidentes: tocar al intocable, incluir al excluido, librar al cautivo.

Comentario de la Biblia

I. Tocar al intocable
(Repasa, con tu clase, Mat. 8:1-4.)

“Inmundo, inmundo” era el clamor que se exigía que los leprosos exclamaran a fin de que los transeúntes se mantuvieran a distancia. La decadencia y la deformidad física, el ostracismo social y el aislamiento de la comunidad hacían de los leprosos muertos vivientes. Eran los intocables de la sociedad. Según la ley rabínica, debían mantenerse alejados de cualquier otro ser humano por lo menos a un metro ochenta (seis pies). Romper ese límite era volverse inmundo, y se requerían rigurosas ceremonias de purificación, supervisadas por un sacerdote. La historia presenta este marco de fondo. El leproso sabía que Jesús podía sanarlo, pero ¿cómo cruzaría la distancia que los separaba? Un metro ochenta era la distancia prohibitiva, que un leproso no podía cruzar para llegar a la sanidad. Pero la fe del leproso cruzó ese espacio, y a su clamor llegó la respuesta instantánea: “Quiero; sé limpio” (Mat. 8:3).
La historia no es solo el caso de un leproso que buscaba sanidad, sino también representa a una raza pecadora sin ningún medio para encontrar descanso, paz y redención. El pecado crea la mayor intocabilidad: es la lepra del alma, donde el yo más íntimo se encuentra pudriéndose, y la ternura se vuelve una roca áspera y fría; la visión de lo más noble se vuelve altanería, y orgullo y autocentrismo. “Todos pecaron”, dice el apóstol Pablo (Rom. 3:23). De este modo, todos somos leprosos espirituales, intocables. La historia de Jesús tocando al leproso nos da esperanza a todos. Él cruzó no un metro ochenta, sino el vasto golfo entre el cielo y la Tierra, y vino a nuestro planeta a tocarnos a todos. El toque de Jesús, disponible libremente para cada uno de nosotros, tiene el poder de perdonar los peores pecados, de producir la curación donde hay descomposición y sacarnos de la muerte del pecado al abrazo del amor de Dios.

Considera: “La obra de Cristo al purificar al leproso de su terrible enfermedad es una ilustración de su obra de limpiar el alma de pecado” (DTG 231).

II. Incluir a los excluidos
(Repasa, con tu clase, Mat. 8:5-13.)

La historia del comandante romano que se acercó a Jesús para que sanara a su esclavo a punto de morir revela cuatro grandes verdades. Primera, el centurión, que llevaba el sello de César en Capernaum, mostró que el poder y la autoridad no deben cegar nuestros ojos al valor y la dignidad de un ser humano, aun si esa persona es un esclavo. La ley romana consideraba a un esclavo como si fuera una herramienta de trabajo, para ser abandonada cuando ya no se pudiera usar más, pero el centurión trascendió esa cultura deformada. Segunda, la gracia divina por medio de Jesús estaba disponible para el centurión y el siervo: ambos gentiles en medio de la cultura judía, apenas un peldaño por encima del leproso a quien Jesús recién había sanado. La puerta hacia Jesús siempre está abierta y no se cierra para nadie, sea gentil o esclavo.
Lo que el mundo pecador excluye está incluido en el mundo nuevo que Jesús crea. Tercera, un sentimiento de indignidad ante la gracia divina es la clave para experimentar el poder de esa gracia. El centurión expresó que no era digno de que Jesús entrara en su hogar, y exclamó: “Solamente di la palabra, y mi criado sanará” (Mat. 8:8). Cuarta, el poder de Jesús, entonces como ahora, debe ser identificado, no necesariamente por su presencia física, sino por la fe en su Palabra. El centurión tenía esa clase de fe, y Jesús “se maravilló” [“se asombró”, NVI], y le dijo que volviera a casa para ver la respuesta a su fe extraordinaria.

Considera: La expresión “se maravilló” se usa dos veces en los evangelios. La primera es esta, en el contexto de la fe del centurión. La segunda, en Marcos 6:6, en la que Jesús “estaba asombrado” de la incredulidad de la gente de Nazaret, que los llevó a rechazarlo. Considerando esto, ¿de qué manera entiendes la reacción de Jesús ante la fe del centurión: “Ni aun en Israel he hallado tanta fe” (Mat. 8:10)? Y ¿cómo entiendes el veredicto mesiánico en los versículos 11 y 12?

III. Liberar a los cautivos
(Repasa, con tu clase, Mat. 8:28-34.)

Mientras que Mateo habla de dos hombres poseídos por demonios, Marcos (5:1-20) y Lucas (8:26-29) mencionan solo uno. Esto no es una discrepancia; los últimos dos escritores parecen concentrarse en el hombre que habló. Lo importante es que la posesión demoníaca es real, y la única seguridad contra Satanás es permanecer en Cristo. El alma que está anclada en Cristo y sus promesas resistirá “al diablo, y huirá de vosotros” (Sant. 4:7). En lugar de regocijarse por la curación del endemoniado, “toda la ciudad salió” y “le rogaron” a Jesús que se fuera de allí (Mat. 8:34). Esa reacción proviene de los gentiles. Pero Juan presenta el caso del Jesús rechazado en forma aún más fuerte: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11).
¿Por qué Cristo es la persona no deseada por un amplio segmento de la humanidad? Su presencia perturba la rutina y la comodidad, y lleva ante el juicio divino lo que la humanidad considera normal. Donde él está, el pecado no tiene asiento; la injusticia no puede mantenerse en pie; la dominación centrada en el yo debe ceder a la hermandad; los ojos cegados por el color, la raza, la casta o el sexo deben sufrir una cirugía de cataratas; y el amor, la misericordia y la justicia deben marcar cada rincón de la vida humana. Cristo es el Gran Perturbador. “¿Por qué nos atormentas? Déjanos solos” es el clamor de aquellos que viven en las zonas de comodidad de la vida fácil y el silencio del cementerio. Pero bienaventurados son aquellos que abren las puertas e invitan al Cristo crucificado a entrar, y le permiten cenar con ellos (Apoc. 3:20). 52 Lección 4 // Material auxiliar para el maestro

Pregunta para dialogar: En la rutina de la vida diaria, ocupada con numerosos detalles para la supervivencia, recuerden casos en los que le dijeron a Jesús que los dejara solos, o tal vez lo hicieron esperar un tiempo. ¿Cuáles son formas imperceptibles en que podemos mantener a Cristo alejado de nosotros?

{{ 3: ¡Aplica!}

Solo para los maestros: Considera una característica común de las tres curaciones de esta lección: según la ley judía, el leproso era inmundo por causa de su enfermedad; el siervo del centurión era inmundo porque era gentil; y los hombres endemoniados eran inmundos porque eran gentiles, poseídos por demonios y vivían en un cementerio. De este modo, la impureza es una característica común en los tres milagros. Pregunta para reflexionar: ¿Quiénes son hoy los “inmundos” o “impuros”, y cómo podemos ministrarlos?

{{ 4: ¡Crea!}

• Solo para los maestros: El centurión romano le dijo a Jesús: “Solamente di la palabra, y mi criado sanará” (Mat. 8:8). La confianza en la Palabra de Dios es nuestro recurso inmediato para la victoria. Sea resistir al pecado, huir de la tentación, o buscar sanidad, dirígete a la Palabra. Hay poder en ella. Aunque no podemos ver a Dios cara a cara, tenemos acceso a él mediante su Palabra y la oración. Aquel que dijo y fue hecho en la Creación, todavía está en nuestro medio. Su Palabra y su poder están con nosotros. Actividad: Pide a los miembros de la clase que comenten un caso en sus vidas, o una historia que oyeron sobre el modo en que la Palabra de Dios trajo una vida nueva. Invítalos a compartirlos con el resto de la clase.