http://www.escuelasabatica.cl/2016/tri2/imagenes/tapa.gifCAPÍTULO 6 (Mateo 12)
EL VERDADERO DESCANSO
“Está permitido hacer bien en sábado” (Mateo 12:12)


Imagine que usted se encuentra con un amigo, David, en una reunión de antiguos compañeros de secundaria. Unos años antes, David se había casado con Estefanía, y usted le pide que le cuente sobre ella. Y él le dice lo siguiente:
“Oh, me encanta estar casado con Estefanía. Y sobre todo, disfruto celebrar su cumpleaños, porque hacerlo es una verdadera bendición. Todo el año espero con expectación la celebración del cumpleaños de Estefanía. Es una ocasión en la que puedo dejar todo lo que estoy haciendo y enfocarme en el cumpleaños de Estefanía. En el cumpleaños de Estefanía tengo la oportunidad de salir a cenar, de comer pastel de cumpleaños y helado, de ver un montón de amigos y, lo mejor de todo, puedo dejar de trabajar porque es el cumpleaños de Estefanía. El cumpleaños de Estefanía significa tanto para mí que ese día elevo una oración especial: ‘Gracias, Dios, por el cumpleaños de Estefanía’ ”.
¿Cómo se sentiría usted con la respuesta de David? ¿Qué es lo que le falta a su conmovedor testimonio sobre el cumpleaños de Estefanía? ¡Estefanía!

OTRO CUMPLEAÑOS

Ningún grupo religioso, ni siquiera los judíos, tiene más gente que guarda el sábado como día reposo que los adventistas del séptimo día. Tenemos el verdadero privilegio de ser los abanderados del descanso sabático. Guardar el sábado es, en cierto sentido, como celebrar el cumpleaños de la creación de nuestro mundo.
Sin embargo, por más especial que sea el sábado para nosotros, hemos de evitar que se convierta en otro “cumpleaños de Estefanía”. Al igual que los fariseos, nosotros podemos llegar a estar demasiado centrados en el sábado y no centrarnos lo suficiente en el Señor del sábado. Después de todo, considere cuál de las siguientes oraciones escuchamos más en nuestras iglesias: 1) Gracias, Dios, por el sábado, o 2) Gracias, Dios, por Jesús.
No es casualidad que poco antes de dos relatos sobre Jesús y el sábado (en Mateo 12), encontramos estas palabras: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30).
La invitación de Jesús no podía ser más encantadora: “Venid a mí”. Jesús es el novio que mira a su novia, el padre amoroso que ayuda a sus hijos en su regazo, el amigo que está ahí cuando más lo necesitamos. Jesús nos ama. Él nos ama.Quiere lo mejor para nosotros.
¿Qué quiere decir Jesús cuando afirma que nos dará descanso? ¿Se refiere a la pereza? Por supuesto que no. El Señor tiene una norma más elevada para nosotros; lo vimos en su Sermón del Monte. Pero una relación con él no tiene la intención de desgastarnos. Su yugo es fácil, y ligera su carga. Siempre fue así. Somos nosotros los que convertimos un yugo ligero en uno pesado, una bendición en una carga.
En la época de Jesús, el sábado llegó a ser un mandamiento gravoso. Mientras que las generaciones anteriores de judíos habían descuidado el sábado, lo que condujo, en parte, a su deportación a Babilonia, una nueva generación estaba resuelta a no volver a permitir que eso sucediera otra vez. De hecho, los fariseos creían que si Israel guardaba dos sábados seguidos, el Mesías vendría. Por desgracia, los fariseos perdieron de vista el bosque por los árboles.
“Al apartarse los judíos de Dios, y dejar de apropiarse la justicia de Cristo por la fe, el sábado perdió su significado para ellos. Satanás estaba tratando de exaltarse a sí mismo, y de apartar a los hombres de Cristo, y obró para pervertir el sábado, porque es la señal del poder de Cristo. Los dirigentes judíos cumplían la voluntad de Satanás rodeando de requisitos pesados el día de reposo de Dios. En los días de Cristo, el sábado había quedado tan pervertido, que su observancia reflejaba el carácter de hombres egoístas y arbitrarios, más bien que el carácter del amante Padre celestial’’. 1 La obsesión de los fariseos con la adecuada observancia del sábado generó debates interminables:

Debate 1: Si una gallina ponía un huevo en sábado, ¿estaba bien comérselo? La opinión de la mayoría de los fariseos era que si la gallina era una gallina ponedora, entonces no estaba bien comerse un huevo puesto en sábado, porque la gallina estaba trabajando. Sin embargo, si la gallina no era una gallina ponedora, si era solo una gallina normal, entonces estaba bien comerse el huevo, porque ese no era el trabajo principal de la gallina. ¡También se sugería que uno podía comer un huevo puesto en sábado por una gallina ponedora, siempre y cuando uno matara más tarde a la gallina por quebrantar el sábado!

Debate 2: ¿Era aceptable mirarse en un espejo en sábado? La respuesta: No, porque si uno veía una cana podía verse tentado a arrancarla, y esto sería segar.

Debate 3: Si la casa se incendiaba en sábado, ¿estaba bien que uno sacara su ropa? Solo se podía sacar una muda de ropa. Sin embargo, si uno se vestía con la muda de ropa, entonces podía sacar otra muda de ropa.

Por cierto, si la casa se incendiaba, no era aceptable pedirle a un gentil que apagara el fuego, pero si el gentil estaba apagando el fuego de todos modos, entonces no era pecado.

Debate 4: ¿Estaba bien escupir en sábado? (presuntamente hecha por un adolescente judío). Se podía escupir sobre una roca en sábado, pero no se podía escupir en el piso, porque eso sería hacer barro o argamasa.
Cosas como estas eran las que predominaban en la época de Jesús. Esas increíbles rigideces arruinaban completamente el propósito original del sábado como un día para descansar del trabajo, un día para adorar a Dios y compartir con otros creyentes, un día en el que los niños sabían que sus padres tendrían más tiempo para ellos.
El sábado se había convertido en cualquier cosa menos en algo reparador.

ACUSANDO AL SEÑOR DEL SÁBADO

“En aquel tiempo iba Jesús por los sembrados un sábado. Sus discípulos sintieron hambre y comenzaron a arrancar espigas y a comer. Los fariseos, al verlo, le dijeron: ‘Tus discípulos hacen lo que no está permitido hacer en sábado’” (Mateo 12:1, 2).
Los fariseos decían que al rozar el grano en sus manos, los discípulos estaban, técnicamente, trillando, y eso era un trabajo prohibido en sábado.
Mientras que la mayoría de nosotros no le hubiera prestado atención a los fariseos, Jesús les respondió llamando su atención a ejemplos que ellos conocían bien. Primero les contó cuando David, que era un prófugo en ese momento, tomó el pan del tabernáculo que solo podían comer los sacerdotes. En esa ocasión, satisfacer el hambre de David y de sus hombres era más importante que un ritual del templo. De la misma manera, razonó Jesús, el hambre de sus discípulos se hallaba por encima de las normas sabáticas que los hombres habían inventado.
Nuestro Señor citó también el trabajo de los sacerdotes en el templo en el día sábado. En sábado era lícito que los sacerdotes cumplieran con su ministerio. De igual manera, en sábado los discípulos de Jesús podían realizar su obra, porque ¡Cristo era mayor que el templo!
“Saliendo de allí, fue a la sinagoga de ellos. Y había allí uno que tenía seca una mano. Para poder acusar a Jesús, le preguntaron: ‘¿Está permitido sanar en sábado?’.
“Él les dijo: ‘¿Qué hombre entre vosotros, si tiene una oveja y esta se le cae en un hoyo, en sábado, no le echa mano y la saca? Pero, ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, está permitido hacer el bien en sábado’ ” (versículos 9-12).

CINCO PALABRAS FUNDAMENTALES

Al restaurar el entendimiento de la gente sobre el verdadero propósito del sábado, un día para la renovación espiritual y física, Jesús usó un versículo importante de las Escrituras hebreas.
En Mateo 12:7, declaró: “Si supierais qué significa: ‘Misericordia quiero y no sacrificios’, no condenaríais a los inocentes”. Esta no era la primera vez que Jesús utilizaba esas palabras. En Mateo 9:10-13, cuando Jesús cenó en la casa de Mateo, en respuesta a la crítica de los fariseos por compartir con publícanos y “pecadores”, también dijo: “Misericordia quiero y no sacrificios”. Consideremos el trasfondo de estas cinco palabras y las implicaciones para los episodios del sábado en Mateo 12.
Las palabras “Misericordia quiero y no sacrificios”, que se encuentran en Oseas 6:6, recuerdan un tema primordial del Antiguo Testamento: a Dios le repugna el ritual vacío. Constantemente los autores bíblicos se expresaron sobre ese asunto.
En Isaías 1:11-13,16, 17 leemos:
“¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de grasa de animales gordos; no quiero sangre de bueyes ni de ovejas ni de machos cabríos. ¿Quién pide esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para pisotear mis atrios? No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación. Luna nueva, sábado y el convocar asambleas... quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos, dejad de hacer lo malo, aprended a hacer el bien, buscad el derecho, socorred al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda”.
Jeremías va en la misma dirección: “Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré habitar en este lugar. No fieis en palabras de mentira, diciendo: ‘¡Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este!’ ” (Jeremías 7:3, 4).
Una y otra vez a lo largo del Antiguo Testamento, Dios se lamenta de la proporción de sacrificio con relación a la misericordia entre su pueblo. Haciendo caso omiso de los mandatos que desafiaban sus zonas de confort, los judíos se apegaron a la rutina y al ritual. “Muchos de ellos consideraban los sacrificios de una manera muy semejante a la forma en que miraban sus sacrificios los paganos: como dones por cuyo medio podían propiciar a la Divinidad", escribió Elena de White. 2
Pero como sus profetas advirtieron en repetidas ocasiones, Dios quería algo más.
“¿Con qué me presentaré ante Jehová y adoraré al Dios Altísimo?”, escribió Miqueas. “¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año?... Hombre, él te ha declarado lo que es bueno, lo que pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:6, 8).
Zacarías añadió: “Así habló Jehová de los ejércitos: ‘Juzgad conforme a la verdad; haced misericordia y piedad cada cual con su hermano’ ’’ (Zacarías 7:9).
Es evidente que el Dios del Antiguo Testamento valora la misericordia más que las ofrendas de animales, el sacrificio en su sentido más literal. Pero ¿qué tiene que ver “misericordia quiero y no sacrificios” con estas dos escenas en Mateo? Después de todo, ni siquiera se mencionan las ofrendas de animales.
Jesús aplica aquí “sacrificio” a los rituales vacíos de su época. “Sacrificio”, explica el Comentario bíblico adventista del séptimo día, “representa las formas de la religión, que tienen la desventurada tendencia de eclipsar la religión práctica...Cristo dijo que de nada valían las formas de la religión sin el espíritu vitalizador de ella”. 3
Eugene Peterson amablemente parafrasea “misericordia quiero y no sacrificios” de la siguiente manera: “Busco misericordia, no religión” (Mateo 9:13). Lo que más desea Jesús es la misericordia (en hebreo, hesed ), amor a Dios y amor al prójimo. Estos fueron, son y siempre serán los dos mandatos” (Mateo 22:40).
El error de los fariseos radicó en que concentraban toda su atención en reglamentos creados por los hombres. Trataron de santificar el sábado, pero no usaban esa santidad para comulgar mejor con el Señor del sábado. Trataron de mantener sus mentes y estómagos puros, pero no usaron esa pureza para ministrar mejor a los impuros que les rodeaban. Se centraron tanto en lo “que no se podía hacer” que nunca encontraron tiempo para lo “sí se podía hacer”.
Jesús quiere que todos entendamos que el propósito de la santidad, de no pecar.es que amemos a Dios y amemos a nuestro prójimo.

DISTURBIOS DURANTE EL DÍA DE REPOSO

Hay muchos cristianos que dicen que los relatos sabáticos de los Evangelios son evidencia de que Jesús, en lugar de reformar el sábado, lo estaba aboliendo. De ser así, ¿por qué los Evangelios, que se escribieron varias décadas después de la muerte del Señor, incluyeron tanto material e instrucción acerca del sábado? Si el sábado ya no era relevante, entonces ¿por qué incluir esos relatos? Incluso Marcos, escrito en gran parte para los gentiles, contiene varios relatos relacionados con el día de reposo.
Jesús no abolió el sábado; él lo restauró, lo libró de las pesadas cargas que los judíos se habían inventado. Cientos de años después de los relatos evangélicos, los cristianos seguían descansando y adorando en sábado. El historiador del siglo Y Sócrates Escolástico, escribió: “Casi todas las iglesias, por todo el mundo, celebran los sagrados misterios en el sábado de cada semana; sin embargo, los cristianos de Alejandría y de Roma, a causa de una antigua tradición, han dejado de hacerlo”. 4
Algunos sectores de la iglesia cristiana empezaron a distanciarse del sábado para francamente distanciarse de los judíos.
Así como el descanso de la salvación de Dios y el descanso sabático coexistieron en el Antiguo Testamento, continuaron coexistiendo en el Nuevo Testamento. Aunque el sábado, como cualquier otra cosa, puede ser distorsionado por los creyentes, hemos de tener presente que dicho día de descanso fue establecido para que tengamos comunión con el Señor del sábado, Jesucristo. Hoy en día, cuando tanto judíos como cristianos se formulan preguntas sinceras acerca de sus respectivas creencias, la Iglesia Adventista del Séptimo Día se identifica como una comunidad de fe judeocristiana. Nosotros somos capaces de reunir a ambos grupos en la fe que Jesús describió tan memorablemente en Mateo 13:52: “Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante aun padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas”.

¿UN PECADO QUE NO PUEDE SER PERDONADO?

Al acusar a Jesús como transgresor del sábado, los fariseos tomaron una postura mucho más radical: rechazar a Jesús completamente.
Después de las controversias sobre el sábado, Jesús salió y sanó a un endemoniado que era ciego y mudo. Cuando se les pidió a los fariseos que dieran su opinión del milagro, presos del pánico dijeron: “Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios” (Mateo 12:24). Beelzebú era otro nombre para Satanás.
Jesús respondió no a la defensiva, sino con una juiciosa advertencia: “Cualquiera que diga alguna palabra contra el Hijo del hombre, será perdonado; pero el que hable contra el Espíritu Santo, no será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (versículo 32). Marcos añade una explicación más detallada: “Es que ellos habían dicho: ‘Tiene espíritu impuro’” (Marcos 3:30).
¿Qué quiso decir Jesús en ese pasaje? En términos generales, estaba diciendo: “Tengan mucho cuidado de decir que algo no es de Dios, cuando es de Dios”. Este es un principio primordial al relacionarnos con otros creyentes de otras confesiones. Que ellos no puedan entender una verdad bíblica, como la del sábado, no significa que no sean seguidores de Cristo. Todos nosotros vamos creciendo en nuestra comprensión de las Escrituras.
¿Quiere decir esto que hemos cometido un “pecado imperdonable” cuando denigramos a otros cristianos? No, claro que no. Incluso, Jesús dijo que hasta lo que digamos en contra de él, nos será perdonado. La verdad es que no hay nada en el mundo que Cristo no pueda perdonar si nosotros estamos dispuestos a recibir su perdón. ¿Por qué? Porque sin la ayuda del Espíritu Santo no podríamos ni siquiera desear ser perdonados, y si uno tiene el Espíritu Santo, ello quiere decir no hemos rechazado al Espíritu Santo.
Entonces, ¿cuál es el pecado que no puede ser perdonado? Es este: rechazar la sangre de Jesús, el Hijo de Dios. Como lo explica Hebreos 10:26-29, “no queda más sacrificio por los pecados” cuando pisoteamos “al Hijo de Dios”, cuando declaramos que no necesitamos un Salvador. Esto suena bastante lógico. Si rechazamos la sangre de Cristo que cubre nuestros pecados, entonces el pecado permanece en nosotros.
Hay otra manera de entender este asunto. Tras la muerte y la resurrección de Cristo, muchos sacerdotes se convirtieron en creyentes y viajaron a Pella, al este del río Jordán. Sin embargo, con el paso del tiempo, algunos de ellos vacilaron en su fe, volvieron al templo en Jerusalén y comenzaron sacrificar animales. De eso modo, una vez más, rechazaron el sacrificio perfecto de Cristo. Por lo tanto, no quedaba sacrificio sus pecados. La Carta a los Hebreos, que tal vez fue destinada a gente como esos sacerdotes, les advirtió de que aceptaran de nuevo “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).
La doctrina del pecado imperdonable ha preocupado a muchos. Nosotros no tenemos que preocuparnos. Si hemos aceptado a Cristo como nuestro Salvador, él nos protegerá.


1 Elena de White, El Deseado de todas las gentes (Bs. As.: ACES, 2008), cap. 29, p. 250.
2 Ibíd., cap. 11, p. 86.
3 (Bs. As.: ACES, 1995), tomo 5, p. 359.
4 Socrates Scholasticus,“The Authors views respecting the celebration of Easter, Baptism, Fasting, Marriage, the Eucharist, and other ecclesiastical rites”, The Ecclesiastical History (Nueva York: The Christian Literature Company, 1891), t. 2, p. 132