Lección 7 - MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

Texto clave: Mateo 14:33.

Enseña a tu clase a:

Bosquejo de la lección:


I. Saber: Jesús es el Hijo de Dios y el Señor de todo

II. Sentir: Experimentar la suficiencia de Cristo

III. Hacer: Compartir a Jesús con otros

Resumen: Jesús es el Hijo de Dios y el Señor de todo. Él es totalmente suficiente para atender cada necesidad humana. Teniendo en cuenta eso, nuestra vista debería estar fija en él, y nuestro blanco debería ser aferrarnos a él en todo tiempo y a cualquier costo.

Ciclo de aprendizaje

Texto destacado: Mateo 14:12.


Concepto clave para el crecimiento espiritual: La muerte de Juan el Bautista dejó a sus discípulos en desesperación y desánimo. El camino por delante parecía oscuro y sombrío; los discípulos de Juan hicieron lo único que era posible: “fueron y dieron las nuevas a Jesús” (Mat. 14:12). Cuando la vida parece sin esperanza, cuando la soledad está por ser nuestra compañera perpetua, cuando la traición salta de lugares inesperados, cuando la muerte se cierne sobre nosotros, o cuando las cuotas de las hipotecas amenazan con perder la propiedad, ¿qué puede hacer uno? Nuestra lección nos recuerda: ve a Jesús. Comparte con él las buenas noticias y las malas. La vida encuentra posibilidades ilimitadas cuando va a aquel que es la Fuente de toda vida.


1 ¡Motiva!

• Solo para los maestros: Mateo 14:1 al 12 nos presenta una historia trágica que es desalmada y ruda. Repasa con la clase la manera en que los personajes de esta historia revelan el trágico aspecto de la vida: desde la pureza máxima hasta la declinación más baja del pecado. Primero, allí está Juan el Bautista, el profeta intrépido que llamó al pecado por su verdadero nombre. Luego, Herodes Antipas, que perdió todo sentido de moralidad y dignidad humanas, y sedujo a la esposa de su hermano para que se uniera a él en pecado. Tercero, está Herodías, que sacrificó tanto el sentido de moralidad como el de la dignidad de la maternidad ante el altar de la lujuria. Finalmente, está Salomé, quien llegó a ser una pieza en un juego malvado.

Preguntas para dialogar:

2: ¡Explora!


• Solo para los maestros
: “Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios” (Mat. 14:33). Esta adoración y confesión muestra que los discípulos estaban comenzando a comprender a la Persona divina y la misión de Jesús. Nuestra lección nos invita a encontrarnos con Jesús como el Señor de todo, como el Hijo de Dios, como aquel que derriba las murallas.

Comentario de la Biblia

I. Jesús, Señor de todo
(Repasa, con tu clase, Mat. 14:13-21; 15:32-38.)


Detrás de los milagros de la alimentación de los cinco mil y de los cuatro mil vemos la compasión de Jesús hacia las muchedumbres (Mat. 14:14; 15:32). La palabra griega para compasión denota una emoción que impulsa a la persona a actuar desde la profundidad más íntima del ser. Aparece trece veces más en los evangelios, todas ellas relacionadas con el ministerio de Jesús (Mat. 9:36; 14:14;
15:32; 18:27, 33; 20:34; Mar. 1:41; 5:19; 6:34; 8:2; 9:22; Luc. 7:13; 10:33; 15:20). En Jesús, la compasión no es lástima pasiva, sino amor activo que alcanza a alimentar a los hambrientos, cuidar de los enfermos, sanar a los quebrantados de corazón y aun resucitar a los muertos. En cada necesidad humana, Jesús veía una oportunidad de ayudar para que la gente viera que Dios es amor, que Dios los cuidaba, y que se puede uno acercar a Dios: a diferencia de la cultura griega, donde los dioses permanecían inmutables y no los podía mover ninguna necesidad humana. Los milagros de alimentación muestran que la predicación de la Palabra no anula la preocupación por las necesidades humanas. Pero esta preocupación no debe hacer que el evangelio sea una revolución social en la que las necesidades del cuerpo tienen prioridad sobre los imperativos del alma. Jesús sabía bien que“no solo de pan vivirá el hombre” (Mat. 4:4), pero también era sensible al hecho de que el pan es esencial para la vida: él “mandó a la gente” (Mat. 14:19) que se recostara y la sirvió. La narración de Juan 6 destaca el hermoso punto de que así como el cuerpo no puede vivir sin pan, el alma tampoco puede vivir sin Cristo, el Pan de vida (vers. 35).
Otro hecho importante acerca de los dos milagros de alimentación es que los más de cinco mil eran judíos en camino a la Pascua en Jerusalén, y los más de cuatro mil eran gentiles en la región de Decápolis. No debemos perder el punto: el ministerio de Jesús fue inclusivo: se preocupaba tanto por los judíos como por los gentiles. Él es el Señor de todos, en quien emerge la nueva humanidad sin ningún muro de separación entre sí (Efe. 2:14, 15).


Preguntas para dialogar:


II. Jesús, el Hijo de Dios
(Repasa, con tu clase, Mat. 14:22-33.)


Cuando el mar está agitado y el barco es sacudido, la vida llega a ser una lucha, y el temor nos abruma. Pero Jesús siempre está allí para ayudar y salvar. Y Jesús les dio a sus discípulos una fórmula triple para sostener su fe: “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” (Mat. 14:27). Entre la orden de ser valiente y no temer, está la persona de Jesús: “Yo soy”. En griego es egó eimi, “Yo soy”: el nombre por el cual se afirmó a menudo la autorrevelación de Dios. Con el gran YO SOY a nuestro lado, la zarza ardiendo no se consume, el Pan de Vida satisface todas nuestras necesidades, la Luz del Mundo nos mantiene alejados de las tinieblas, la Puerta
nos asegura la entrada al Reino, el Buen Pastor provee nuestra seguridad eterna y somos injertados en la Vid verdadera (Éxo. 3:2-15; Juan 6:35; 8:12; 9:5; 10:9, 11; 11:25; 15:1). Y Cristo nos dice tan ciertamente como lo dijo a los discípulos en esa noche tormentosa: “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!”
Seguir el sendero del discipulado sin temor requiere que los ojos de los discípulos estén fijos en el YO SOY. Pero Pedro vaciló. Sus ojos se apartaron de Jesús y vio las olas que levantaba el vendaval, “tuvo miedo”, y comenzó a hundirse. No obstante, Pedro gritó: “¡Señor, sálvame!” Ese clamor nunca queda sin respuesta.


Pregunta para dialogar:

Pedro a menudo habló y actuó impulsivamente. Y no obstante, incluso en el fracaso, él sabía dónde ir para alcanzar ayuda. Repasa algunos de aquellos momentos en la vida de Pedro, y analiza qué significa Hebreos 12:2 en la vida real.


III. Jesús: Derriba los muros
(Repasa, con tu clase, Mat. 15:21-31.)

Mucho antes de que Jesús comisionara a sus discípulos: “Id [...] y haced discípulos a todas las naciones” (Mat. 28:19), él mismo salió por primera vez del territorio judío y entró en Sirofenicia. Por medio de este encuentro con la mujer cananea, mostró que su evangelio cubre a la raza humana entera.
La mujer se acercó a Jesús pidiendo la curación de su hija poseída por el demonio. Con todas las posibilidades que estaban en contra de ella (era mujer, gentil, hablando a un judío), se acercó a Jesús con las únicas herramientas que tenía: no en su mano, sino en su corazón. Primero, ella amaba a su hija. En las culturas griega y romana, las niñas no eran consideradas una ventaja. Una hija poseída por el demonio era aún peor. No obstante, esta madre mostró que cada hijo –muchacho o niña, sano o enfermo, perspicaz o torpe− es un don precioso del Creador. En su búsqueda de una cura, la madre fue al lugar correcto: a Jesús.
Segundo, ella tenía fe. Identificó a Jesús como Señor, y como el Hijo de David: fe suficiente para arrojar sus cargas a los pies del Mesías. Pero la respuesta de Jesús pareció dura: “No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos” (Mat. 15:26). Entonces vino la firmeza de las oraciones basadas en la fe, ya grabada mucho tiempo antes en ese encuentro de toda la noche: “No te dejaré, si no me bendices” (Gén. 32:26). La mujer cananea hace su propio clamor “de Jacob”:
“Gracias, Señor, por no tratarme como al perro vagabundo de la calle, sino como a un kunárion, una mascota de los niños de la casa. Permíteme ser un kunárion. No pido pan, sino solo las migas”.
Jesús saludó esa humilde petición como un acto de gran fe. Y la fe trae victoria. Ese movimiento, desde el amor hasta la fe y a la curación, dio un mensaje convincente para las generaciones siguientes: en Cristo, no hay este ni oeste.


Pregunta para dialogar:


¿Qué barreras ves en tu iglesia o en tu comunidad que necesitan ser penetradas
a fin de difundir el ministerio del evangelio?


3: ¡Aplica!


Solo para los maestros: Lee lo siguiente a la clase, y luego dialoguen sobre la pregunta que sigue: “La mayor necesidad del mundo es la de hombres [...] hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos” (Ed 57).


Pregunta para reflexionar:


En este mundo de componendas, de medias verdades y pecado abierto, no diferente de los tiempos de Juan el Bautista y Herodes, ¿cómo puede atenderse esta “mayor necesidad del mundo”?


4: ¡Crea!


Solo para los maestros: Una lección importante que aprendimos esta semana es el amor y la total suficiencia de Cristo.

Actividad: En tu comunidad debe de haber muchos que tienen necesidad: hambrientos, emocionalmente exhaustos, solitarios, enfermos, etc. Pide a tu clase que identifique algunos que tienen tales necesidades, y preparen un plan para atenderlas.

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