Lección 11 - MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

Texto clave: Apocalipsis 3:20.

Enseña a tu clase a:

Bosquejo de la lección:

I. Saber: Golpear a la puerta

II. Sentir: Experimentar la salvación

III. Hacer: Compartir la salvación

Resumen: La etapa final en el método de ministerio de Jesús resulta de los otros cuatro pasos. Sin embargo, no podemos dar por sentada esta etapa, esperando que suceda por sí misma. Necesitamos pedir a Dios, en oración, que nos dé oportunidades para pedir a las personas que lo sigan.

Ciclo de aprendizaje

Texto destacado: Apocalipsis 3:20.

Concepto clave para el crecimiento espiritual: El paso final del método de Cristo, pedir a las personas que lo sigan, es un paso vital que debe darse con amor y cuidado. Este paso surge de los otros cuatro pasos: mezclarse, manifestar simpatía, ministrar a la gente en sus necesidades y ganar su confianza. Pero necesita oración y planificación cuidadosas.

{{ 1: ¡Motiva!}

• Solo para los maestros: Dialoga en tu clase acerca de cómo esta etapa final del método de Cristo no tiene que ver con una técnica o una fórmula correcta. Necesita planificación y oración, pero pedir a las personas que sigan a Jesús debería fluir naturalmente, luego de haber seguido fielmente las otras etapas del método. Nunca puede ser algo forzado.

Diálogo inicial: El apóstol Juan pinta a Jesús golpeando a la puerta y diciendo: “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo” (Apoc. 3:20). En la capilla del Keble College, Oxford, cuelga una famosa pintura del artista británico Holman Hunt que ilustra este versículo. Aparece Jesús golpeando a una puerta que no tiene manija, con una lámpara en la otra. No hay manija exterior: la única manera de abrirla es si la persona que está adentro elige hacerlo. Cuando Jesús pide a la gente que lo siga, no fuerza su entrada. Él golpea, invita y deja con cada persona la decisión. Dios nos invita a la salvación. Él no trata de engañar, halagar, sobornar o forzar. La culminación del Apocalipsis describe al Dios que invita: “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apoc. 22:17). El agua de la vida es gratuita para todo “el que quiera”. A menudo tenemos la idea de que debemos “convertir” a las personas, en lugar de dejar esa tarea al Espíritu Santo. Tratamos diferentes métodos para abrir las puertas de los corazones de la gente. Hablamos de “cuñas de entrada”, una metáfora acerca de maneras atrayentes de abrir el camino para que la gente acepte a Jesús. Pero no es introducir esas cuñas entre la puerta y el marco, tomar un martillo, y abrir la puerta a la fuerza. Nuestro llamado es a que nos unamos a Cristo golpeando las puertas, invitando a la gente a abrir su vida a él. Nuestro llamado es a orar para que el Espíritu Santo toque las emociones y los intelectos de la gente, para que se abran a su amor. Jesús mismo estaba tan interesado en abrir puertas que hasta dijo: “Yo soy la puerta” (Juan 10:7).

Considera: Si la conversión es obra del Espíritu Santo, entonces, ¿qué podemos hacer para ayudar y animar a la gente a que siga a Jesús?

{{ 2: ¡Explora!}

• Solo para los maestros: Jesús pasó mucho tiempo atendiendo las necesidades físicas de la gente, pero su propósito final era conducir a la gente a aceptarlo como Señor y Salvador. Analiza con tu clase la manera en que podemos seguir su ejemplo y encontrar el equilibrio adecuado en nuestra misión actual.

Comentario de la Biblia

I. Publicanos y pecadores
(Repasa, con tu clase, Luc. 19:1-10.)

La historia de Zaqueo sucede al acercarse el fin del viaje de Jesús a Jerusalén. Es una escena casi cómica: un hombre noble, rico y orgulloso hace algo indecoroso. Este hombre bajito corre hacia delante de la multitud para ver a Jesús. Sin duda la gente solo había visto a Zaqueo caminar lleno de orgullo, con la cabeza bien alta. Los zaqueos de los tiempos bíblicos nunca corrían, pues eso estaba debajo de su dignidad. Pero allí está él, corriendo, y sin duda los chicos del pueblo se ríen de él.
Pero a Zaqueo no le importa; está desesperado por ver quién es Jesús. Él había estado adorando cosas toda la vida. Tenía abundancia de cosas: una casa grande, una abultada cuenta bancaria, mucha ropa, y una vida vacía. Necesita a Jesús y trepa a un sicómoro. Abajo, en medio del polvo asfixiante y de la multitud apiñada, Jesús demuestra que su misión constante es “buscar y salvar” a los perdidos (Luc. 19:10). Camina hacia el árbol adonde Zaqueo acaba de treparse, mira hacia arriba (tal vez nunca antes alguien había hecho eso) y dice: “Tengo que quedarme hoy en tu casa” (Luc. 19:5, NVI).
Al ir a la casa del cobrador de impuestos, Jesús se burla de la ley judía y se vuelve ritualmente impuro. Pero esto no estorba su misión.

Considera: ¿Qué barreras podríamos tener que se interpongan en el camino de pedir a la gente que siga a Jesús? ¿Qué podemos hacer para deshacernos de ellas?

II. Buscar y salvar
(Repasa, con tu clase, Luc. 19:10.)

En la historia de Zaqueo, Jesús se presenta como Aquel que busca a los perdidos. Este es un tema que satura los evangelios, pero en esta historia y otras Lucas da un énfasis especial: Jesús busca a los marginados, los desechados.
En sus palabras finales a Zaqueo, Jesús señala de nuevo el propósito de su ministerio sobre la Tierra: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Luc. 19:10). En el capítulo 15, vemos a Jesús presentado como el Pastor que deja sus 99 ovejas para buscar y salvar la que se perdió (Luc. 15:3-7). Y, en todas las Escrituras, el rol del pastor se usa para describir la misión de alcanzar a los perdidos, preocuparse por ellos y alimentar “el rebaño”.
En Ezequiel, Dios reprende a los “pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos” y pregunta: ¿No apacientan los pastores a los rebaños?” (Eze. 34:2). Luego añade: “No fortalecisteis las débiles, no curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, ni volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia” (vers. 4).
John Milton, autor de Paradise Lost [El Paraíso perdido], basa en esta imagen su poema Lysidas, donde censura a los pastores espirituales que no hacen su tarea: “Las ovejas hambrientas esperan, y no son alimentadas”.
En contraste, Dios dice: “Yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré [...]. Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada, vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil” (Eze. 34:11, 16).
Jesús también contó la historia de la oveja y el redil, donde los ladrones vienen a hurtar y matar a las ovejas. En contraste, él dice: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10).

Considera: ¿De qué maneras estamos actuando como pastores, cuando pedimos a la gente que siga a Jesús? ¿Qué lecciones, acerca de cómo hacer esto, podemos aprender del ejemplo del Buen Pastor?

{{ 3: ¡Aplica!}

Solo para los maestros: El vínculo, en el método de Cristo, entre ganar la confianza y pedir a la gente que lo siga es natural, pero no sucede por accidente. Analiza con los miembros de la clase maneras para pasar de uno a otro de estos pasos. Además, enfatiza que nuestro amor y nuestra preocupación por la gente nunca debería estar condicionados a que acepten a Jesús o lleguen a ser miembros de la iglesia.

Actividad: Como adventistas familiarizados con el tema del Gran Conflicto, sabemos que la gente tiene libertad de elección y puede rechazar la invitación de Jesús. Hace más de cien años, el Dr. David Paulson, fundador del Hospital y Sanatorio Hinsdale, en Chicago, escribió:
“El hombre que solo está interesado en aquellos que cree que pueden llegar a ser miembros de la iglesia como resultado de su ministerio encontrará cada vez menos posibilidades para la obra misionera; porque él, gradualmente, desarrolla en los otros un espíritu de desconfianza y sospecha, que cierra cada vez más las puertas contra él; mientras que, por otro lado, el obrero que ha permitido que las necesidades de la humanidad toquen su corazón tratará de beneficiar a los ‘nueve leprosos’ aun si sabe perfectamente bien que nunca se unirán a su iglesia”.

Preguntas para reflexionar:

{{ 4: ¡Crea!}

• Solo para los maestros: En esta actividad, anima a los miembros de la clase a considerar el paso final del método de ministerio de Cristo y las formas más efectivas de ponerlo en práctica. Es muy fácil hablar acerca de ello, pero ¿cómo hacemos, exactamente, el pedido para que sigan a Jesús?

Actividad: Lleva a la clase fotos o dibujos de los siguientes elementos. (Donde puedas hacerlo, lleva los elementos mismos. Si no puedes llevar dibujos o fotos ni los elementos, lleva la lista. Siéntete libre de añadir otros elementos a la lista.)
1. Una caña de pescar.
2. Un imán
3. Una red
4. Un anzuelo
5. Un megáfono
6. Una soga
7. Una alfombrita de Bienvenida
8. Un martillo

Analiza cada elemento como símbolo de un método para pedir a la gente que siga a Jesús. ¿Qué sugiere cada símbolo? ¿Cuáles son los puntos fuertes de cada método simbolizado? ¿Cuáles son sus debilidades?
Anima a los miembros de la clase a sugerir otros símbolos del modo en que podemos hacer mejor el llamado a seguir a Jesús.