Lección 7 - MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

exto clave: Filipenses 2:3-5.

Enseña a tu clase a:

Bosquejo de la lección:

I. Saber: Mezclarse con un propósito

II. Sentir: Tocar corazones

III. Hacer: Preocupación y cuidado en acción

Resumen: Las personas se mezclan con otros por muchas razones diferentes: interacción social, para vender cosas, para edificar redes que pueden usar para diferentes agendas. Los cristianos se mezclan porque quieren dar amor, y porque se interesan y preocupan genuinamente por la gente y quieren lo mejor para ella.

Ciclo de aprendizaje

Texto destacado: Filipenses 2:3-5.

Concepto clave para el crecimiento espiritual: El factor clave por considerar cuando nos mezclamos con la gente es nuestro propósito. Elena de White dice que el Salvador se mezclaba con la gente “como quien deseaba hacerles bien” (MC 102). Si nos mezclamos con ella con otro propósito, llegamos a ser uno más de la muchedumbre. Pero los cristianos han sido llamados para ser más que eso: para ir al mundo con la perspectiva de la compasión y el amor.

{{ 1: ¡Motiva!}

• Solo para los maestros: En la clase de hoy, aprovecha la oportunidad para concentrarte profundamente en el ejemplo de Jesús: su compasión, su amor, su preocupación y su interés. Analiza con tu clase formas prácticas de seguir su ejemplo en la actualidad. Diálogo inicial: La expresión “fatiga de compasión” se refiere a un proceso por el cual, con el tiempo, el nivel de compasión de la gente disminuye. Para las personas que se dedican al cuidado de la salud y la obra social, esta idea tiene una definición clínica específica. Pero, ha llegado a referirse a la forma en que la gente en general puede llegar a estar endurecida a las necesidades de otros, y levanta barreras antes imágenes de personas que están en la pobreza o en crisis. Las organizaciones de ayuda humanitaria, que dependen de donaciones para hacer su obra, constantemente buscan maneras para tocar los corazones de la gente con el fin de ayudarlas a responder a necesidades. Sin embargo, hay peligro de que, en respuesta, la gente pueda llegar a perder la sensibilidad y deje de ver las imágenes del sufrimiento. El apóstol Santiago escribe: “Supongamos que un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse y carecen del alimento diario, y uno de ustedes les dice: ‘Que les vaya bien; abríguense y coman hasta saciarse’, pero no les da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso?” (Sant. 2:15, 16, NVI). ¿Podría estar él refiriéndose a un ejemplo temprano de ‘fatiga de compasión’? Elena de White dice que los miembros de la iglesia de Dios deben seguir en las pisadas de Jesús: “Con corazones llenos de simpatía y compasión, han de ministrar a los que necesitan ayuda y comunicar a los pecadores el conocimiento del amor del Salvador. Semejante trabajo requiere empeñoso esfuerzo, pero produce una rica recompensa. Los que se dedican a él con sinceridad de propósito verán almas ganadas para el Salvador, porque la influencia que acompaña al cumplimiento práctico de la comisión divina es irresistible” (HAp 91).

Preguntas para reflexionar:

{{ 2: ¡Explora!}

Solo para los maestros: A veces, como adventistas, hemos enfatizado el mantenernos separados del mundo, hasta el punto en que nos ha impedido ser la sal y la luz en nuestras comunidades. Aprovecha la oportunidad de explorar con tu clase el llamado de Cristo a vivir con un propósito: ser sus manos, sus pies y su voz en alcanzar a la gente con su amor, mostrando en forma práctica que deseamos su bien.

Comentario de la Biblia

I. Mezclarse con un propósito
(Repasa, con tu clase, Mat. 23:37; Luc. 15:1, 2; 1 Cor. 5:9, 10, 12.)

En Mateo 23:37, Jesús exclama desde lo profundo de su corazón: “¡Jerusalén, Jerusalén!” Y es la voz de un Amante rechazado. Él amó al pueblo de esta ciudad y a la nación que representaba. Usa la metáfora de una gallina que junta a sus pollos debajo de sus alas, para describir cómo trató de reunir a su pueblo. Y, sin embargo, este le volvió las espaldas. A través de su ministerio, Jesús mostró su amor de maneras tangibles. Se puede ver en las comidas en que participó. En muchas culturas actuales, el acto físico de comer con alguien es sumamente importante. Ciertamente, en los tiempos bíblicos, compartir una comida era un símbolo de aprobación mutua, y una ocasión de formar amistades y vínculos sociales más sólidos. Lucas hace muchas referencias a comer juntos y ubica muchas de sus escenas junto a las mesas de la comida (ver, p. ej., Luc. 5:27-32; 7:36-50; 9:10-17; 11:37-52; 14:1-24; 22:14-38; 24:28-32). Los líderes religiosos criticaron severamente a Jesús por comer con pecadores: “Este a los pecadores recibe, y con ellos come” (Luc. 15:2). Por supuesto, las leyes de kósher impedían que los judíos observantes comieran con los gentiles. Pero el problema principal de los líderes religiosos con Jesús no era que comiera o su compañerismo con los gentiles, sino con los judíos pecadores. Fue un choque para ellos ver la forma en que Jesús se asoció con los cobradores de impuestos o publicanos, las prostitutas, y otros. Y sin embargo, Jesús mostró, repetidamente, que la razón misma de haber venido a la Tierra era alcanzar a sus hijos y a sus hijas que habían perdido el rumbo en el pecado. Los seguidores de Jesús deberían evitar ponerse, innecesariamente, en el camino de la tentación. Pero esto no quiere decir que los cristianos deban apartarse en una burbuja religiosa separada. Pareciera como si Pablo, a mitad de su primera carta a los Corintios, de repente haya temido que no hubiera sido suficientemente claro y que sus lectores pudieran haberlo entendido mal. Así que, escribió: “Por carta ya les he dicho que no se relacionen con personas inmorales. Por supuesto, no me refería a la gente inmoral de este mundo, ni a los avaros, estafadores o idólatras. En tal caso, tendrían ustedes que salirse de este mundo. [...] ¿Acaso me toca a mí juzgar a los de afuera?” (1 Cor. 5:9, 10, 12, NVI). Aquí Pablo afirma que su consejo era solo acerca de mezclarse con personas dentro de la iglesia que ejercían una influencia dañina, y no debía tomarse esto para prohibirles mezclarse con las personas de fuera de la iglesia. Considera: A veces ponemos el foco en los peligros de mezclarse con los no creyentes. Analiza con tu clase los peligros de no mezclarse con los no creyentes. Esto puede incluir el mirar solo hacia adentro y perder nuestro sentido de misión en favor del mundo que no conoce a Jesús. ¿Cuáles son algunos otros peligros de no mezclarse?

II. Deseando el bien
(Repasa, con tu clase, Mat. 5:43-47.)

Moisés instruyó a los israelitas: “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová” (Lev. 19:18). Este era un buen consejo, pero la referencia a “los hijos de tu pueblo” dejaba espacio para racionalizar: “Amaré a mi prójimo –uno de mi pueblo–, pero seguiré odiando a mi enemigo”. Siglos más tarde, Jesús aclaró las cosas. Repite el mismo tema del deber hacia nuestro prójimo (Mar. 12:31; Mat. 22:39), pero lo lleva un paso más adelante. Primero, no deja lugar para que definamos “prójimo” en forma demasiado estrecha, como “solo nuestro pueblo”. En la historia del buen samaritano, por ejemplo, Jesús deja claro que la palabra “prójimo” abarca incluso a los “extranjeros” y enemigos, gente de la que hemos sido alienados (Luc. 10:25-37). Y, por las dudas de que ese mensaje no fuera suficientemente claro, lo desarrolla: “Ama a tus enemigos” (Mat 5:44). Considera: Sabemos intelectualmente que debemos desear el bien de otros, aun de personas que son nuestros “enemigos” y de aquellos que en forma natural no nos gustan. Pero ¿cómo podemos hacer esto cuando no sentimos ganas de desear su bien, y menos amarlos?

{{ 3: ¡Aplica!}

• Solo para los maestros: Aunque se mantuvieron fieles a sus creencias y herencia, Daniel y sus tres amigos llegaron a participar activamente en los asuntos civiles y políticos de Babilonia. Daniel muestra que él deseaba el bien de diversos reyes de Babilonia, interpretándoles sus sueños y llevándoles mensajes de Dios. Y, sin duda, el trabajo administrativo de Daniel y sus amigos demostró ser una bendición en Babilonia.

Preguntas para reflexionar:

{{ 4: ¡Crea!}

Solo para los maestros: En la clase, plantea el tema de la lección en forma tangible: un plan real para el trabajo con la comunidad, que muestre a la gente que deseamos su bien. Anima a los miembros de la clase a orar y a ser creativos mientras realizan esta actividad. Actividad: Invita a la clase a imaginar que su iglesia tiene todos los recursos necesarios: finanzas, tiempo, personal. ¿Cuál sería su estrategia misional? Dependiendo del tamaño de tu clase, divídela en grupos de dos o tres personas, o queden juntos como clase. Donde sea posible, reparte papeles para que los miembros puedan tomar notas. Invita a los miembros de la clase a trabajar juntos y preparar un plan de dos años para alcanzar a su comunidad, que refleje el tema de la lección de esta semana. Obviamente, no puede ser demasiado detallado, pero debería ser un bosquejo general. ¿Cómo sería? ¿Qué pasos grandes lo constituirían? ¿Quiénes participarían? Después de quince minutos, invita a toda la clase a reunirse para compartir los planes y analizarlos. En conclusión, recuerda a los miembros de la clase que, aunque la iglesia no tiene recursos ilimitados, Dios los tiene. Él bendecirá los planes que se formen en armonía con su voluntad.