CAPÍTULO 9
LA IGLESIA, EL ESPIRITU Y EL FIN

La visita del Papa a los Estados Unidos en septiembre de 2015 generó muchísima atención, y no pocos momentos notables.
Vimos al jefe del Vaticano, el único jefe, tanto del Estado como religioso, oficialmente reconocido en el mundo, hablando a una audiencia de extasiados legisladores estadounidenses.
Para mi asombro, presenciamos cómo los cuatro jueces de la Suprema Corte no solo estuvieron presentes, sino también se unieron a la fuerte ovación que brindaron los legisladores al papa Francisco. Los jueces nunca antes habían aplaudido a un orador en el Congreso; ni siquiera a los presidentes. Observamos cómo John Boehner, presidente de la cámara de Representantes y artífice de la invitación al Papa, lloró sin reservas y sin esconderlo, para que todos lo vieran, por la emoción que sintió en ese momento histórico. Escuchamos a los principales medios de comunicación -muy a menudo fríos, si no burlones, hacia todo lo religioso, y hacia los líderes religiosos- competir entre sí para alabar a este "Papa del pueblo". Algo parecido ocurrió al día siguiente, cuando el papa Francisco habló ante un auditorio repleto con los líderes mundiales en las Naciones Unidas, en Nueva York.
El papa Francisco había tomado por asalto al mundo. Pagando su propia cuenta de alojamiento; lavando los pies de delincuentes juveniles, incluyendo a mujeres musulmanas; rehusándose a condenar a los homosexuales; abrazando a per sonas con enfermedades horribles, este hombre de la América Latina había ganado el corazón de millones. En una pared cerca de la Basílica de San Pedro, hay una pintura del pontífice como Súperman en sotana.1

LAS TRES RANAS

Los adventistas del séptimo día siempre hemos esperado que este día llegara. La Biblia previo este fenómeno, cuando Juan escribió que "se maravilló toda la tierra en pos de la bestia [...] y adoraron a la bestia" (Apoc. 13:3, 4). Esta bestia, por supuesto, ha sido identificada por los eruditos bíblicos desde los días anteriores a la Reforma, y durante ella, como el sistema religioso romano y su pontífice religioso, pero solo paralelo a la voluntad de Dios, no debajo de ella.2 En el capítulo 16 de Apocalipsis, la bestia se une al dragón y al falso profeta en una batalla final -llamada Armagedón- contra las fuerzas de Dios.3 "Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso [...] en el lugar que en hebreo se llama Armagedón" (Apoc.16:13, 14, 16).
Sabemos que el dragón es Satanás (12:9) y, específicamente, el espiritismo. Ya hemos identificado a la bestia. Y el falso profeta es el protestantismo apóstata, un sistema protestante de iglesias que pretenden hablar la Palabra de Dios, pero en cambio han hablado falsedades, llegando a ser un "falso profeta".
¿Quiénes son esos espíritus inmundos semejantes a ranas? Antes de entrar en eso, note el versículo anterior. "El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Eufrates; y el agua de ese se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente" (Apoc. 16:12). Esto es como un eco de la historia de la conquista de Babilonia en 539 a.C., cuando el jefe del ejército medopersa, Ciro, construyó 360 canales para desaguar el Éufrates, e impedir así la vida en la ciudad de Babilonia (Isa. 44:27-45; Jer. 51:36, 37). "Jesús, el Rey de reyes, viene, y el apoyo político dado al poder opositor de la bestia está llegando a un punto muy bajo, simbolizado por el secamiento del Éufrates".4
Como el apoyo sociopolítico llega a no estar disponible, salen las "ranas". Estas "ranas" son "espíritus de demonios, que hacen señales [milagros], y van a los reyes de la tierra en todo el mundo" (Apoc. 16:14). Así, lo que el mundo puede esperar al final del tiempo es la aparición de grandes milagros realizados por estas tres instituciones: el espiritismo, el romanismo y el falso protestantismo (apóstata). La presencia de milagros dará un poder de persuasión en favor de esa así llamada falsa trinidad. Pero lo interesante será ver cómo ocurre esto. Para esto, necesitamos un poco de historia.
La última vez que vimos ranas en la Biblia, en relación con un milagro, fue durante las diez plagas de Egipto. Cuando Dios, por medio de Moisés, hizo el milagro de que la vara de Aarón se volviera una serpiente, los magos egipcios duplicaron el hecho, aunque perdieron sus varas en el proceso (Éxo. 7:8-12). Cuando Moisés convirtió el agua del Nilo en sangre, los encargados de la magia negra hicieron lo mismo (vers. 15-22). Cuando Moisés ordenó que vinieran ranas del río, y literalmente cubrieron toda la tierra, los magos egipcios replicaron el milagro (Éxo. 8:1-7). Pero ellos no pudieron hacer que se retiraran (vers. 8). Desde ese momento en adelante, la magia negra ya no funcionó. Hasta allí, Dios permitió que llegaran las habilidades milagrosas de Satanás.
¿Por qué Satanás haría surgir "ranas" al final del tiempo? Tal vez porque él todavía deplora su incapacidad de detener el poder de Dios en una tierra -Egipto-, que él mismo gobernaba. Ahora, él busca una segunda oportunidad. Y esta vez, está seguro de que alcanzará sus objetivos. Después de todo, él tuvo más de 3.500 años para pensar en ello. Las "ranas" de Apocalipsis 16 no son reales, sino símbolos de otra cosa, ya que se nos dice que estos espíritus son "a manera de" ranas (vers. 13). El denominador común en estas "ranas" es el hecho de que cada una de ellas sale de la boca de alguien. Los egipcios tenían una diosa llamada Higit, una diosa de la fertilidad, simbolizada por una rana. De este modo, para los egipcios, las ranas representaban fertilidad, parecido a algo que sucede hoy, ya que muchos consideran a los conejos como símbolos de fertilidad. Así, en los últimos días, Satanás usará estos descendientes impíos, armados con milagros, para ir cabeza a cabeza contra el remanente de Dios, en la batalla de Armagedón (Apoc. 12:17; 16:13,16).
Ranas, bocas y milagros. En tiempos antiguos, las ranas simbolizaban espíritus engañosos, por su sonoro croar sin sentido.5 Los judíos del tiempo de Cristo asociaban las ranas con los charlatanes.6 Probablemente, ya sabe hacia dónde nos dirigimos ahora. El denominador común de la impía trinidad en el tiempo del fin es ¡su lenguaje milagroso e igualmente falsol Por este medio, Satanás procurará engañar a todo el mundo.
Piense en esto. En Génesis l i j o s enemigos de Dios se unieron para edificar una torre hasta el cielo, que luego se llegó a llamar Babel. ¿De qué modo respondió Dios? "Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero" (vers. 6, 7). La preocupación de Dios no era su capacidad de construir una torre alta, o de evitar un diluvio universal futuro.
Su preocupación era que eran uno y, como tales, no tenían otra alternativa que ir de lo malo a lo peor. Y ¿qué los unió? Su lenguaje, el hecho de que todos podían entenderse. Que Dios haya desbaratado ese único lenguaje debió haber frustrado profundamente los planes de Satanás de un orden mundial único. Ahora, al final del tiempo, tiene su oportunidad otra vez. Pero, en lugar de llevar a la población mundial a aprender un idioma -una imposibilidad, en vista de los miles de idiomas que se hablan en el mundo hoy-, lo hace por medio del lenguaje milagroso, la glosolalia.

EL MOVIMIENTO ECUMÉNICO

Todos los que están en el movimiento carismático creen que lo más importante en la religión no es la afinidad teológica, sino la experiencia religiosa. Todos concuerdan en que los cristianos nunca podrían, por ejemplo, unirse en todos los puntos de doctrina; pero si aceptan el lenguaje milagroso como una señal divina del Espíritu, eso los hará ser uno en Cristo. Walter J. Hollenweger es, tal vez, la mayor autoridad sobre el movimiento carismático. Escribió, no hace mucho, algo que los adventistas deberíamos considerar seriamente.
"La singularidad de la renovación carismática [está] en el hecho de que por primera vez desde la Reforma ha surgido una base ecuménica que cruzó las fronteras entre los evangélicos y los católicos. Eso es realmente de gran significación. La base de este enfoque ecuménico es el hecho de que los cristianos han descubierto una experiencia común, que está en el corazón de su espiritualidad, y esto a pesar de sus diversas teologías e interpretaciones de esta experiencia".7
Cecil Robeck hijo ha observado que los historiadores religiosos recordarán el siglo XX porque dio origen a dos grandes movimientos: el Pentecostal/Carismático y el Ecuménico.8 Los expertos dirían que el Movimiento Ecuménico comenzó con una reunión en 1910 en Edimburgo, Escocia, llamada la Conferencia Misionera Mundial. Esta llevó a la visión de una unión visible de la iglesia cristiana en el mundo. En 1948, se estableció el Concilio Mundial de Iglesias. En 1961, este movimiento, inicialmente protestante, aceptó la inclusión de la Iglesia Ortodoxa Oriental y las iglesias pentecostales, así como observadores católico-romanos. El famoso Concilio Vaticano II, una serie de congresos católicos desde 1962 hasta 1965, tuvo la intención de modernizar la iglesia, y por primera vez llamaron a los protestantes "hermanos en el Señor". AI final del Concilio Vaticano II, el Papa y el patriarca principal de la Iglesia Ortodoxa Oriental rescindieron sus mutuas excomuniones confesionales que se habían originado en 1054.9 Desde entonces, han seguido los diálogos multilaterales entre las diferentes confesiones, llevando a innumerables acuerdos entre las iglesias cristianas. El Papa católico y el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa tuvieron su primer encuentro cara a cara en febrero de 2016, algo que no había ocurrido en mil años.
Los acuerdos de comprensión mutua probablemente sean lo más lejos que las distintas confesiones vayan, oficialmente, para procurar una unión visible. Pero esto no impactará a los feligreses en sus bancos. Lo que más probablemente produzca una unión verdadera de iglesias es la combinación de un líder global ampliamente respetado y de una experiencia espiritual bien afirmada.
Y esa fórmula ya existe. El 20 de febrero de 2014, el obispo episcopal Tony Palmer se reunió con centenares de ministros pentecostales, bajo la conducción de Kenneth Copeland. Él trajo un mensaje ¡nada menos que del Papa católico! Recordó a la audiencia que la Iglesia Católica y la Luterana habían firmado un acuerdo de unidad en 1999; por lo tanto, "si no hay más protestas, ¿cómo puede haber iglesia 'protestante'?", exclamó. A lo que siguió un aplauso estruendoso de los ministros. Les mostró un mensaje en video del papa Francisco, rogándoles terminar con la separación de las distintas confesiones. El Papa aludió a la historia de José y de sus hermanos separados, como una ilustración de lo que las comuniones católicas y protestantes deberían hacer. Al final de su cálida apelación, los pastores pentecostales se pusieron en pie para dar al Papa y a su emisario una ovación extraordinaria. Copeland estaba emocionado. Oró, y luego habló en lenguas, grabando un mensaje para devolver al Papa: "Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe".10
También esto estaba predicho. "Los protestantes consideran hoy al romanismo con más favor que años atrás [...]. Está ganando terreno la opinión de que, al fin y al cabo, en los puntos vitales, las divergencias no son tan grandes como se suponía, y que unas pequeñas concesiones de su parte los pondrían en mejor inteligencia con Roma".11 Y la triple unión entre la Iglesia Romana (la bestia), las iglesias protestantes (el falso profeta) y el espiritismo (vía los milagros alimentados por el movimiento carismático) también fue predicha:
"Merced a los dos errores capitales, el de la inmortalidad del alma y el de la santidad del domingo, Satanás prenderá a los hombres en sus redes. Mientras aquel forma la base del espiriLA tismo, este crea un lazo de simpatía con Roma. Los protestantes de los Estados Unidos serán los primeros en tender las manos a través de un doble abismo al espiritismo y al poder romano; y bajo la influencia de esta triple alianza, ese país marchará en las huellas de Roma, pisoteando los derechos de la conciencia".12

UNIÓN REAL

La unión que es posible en la iglesia solo es posible por medio de la obra del Espíritu Santo en la vida de la gente. La verdadera unión solo puede ser de adentro hacia aíuera. Es una obra de desarrollo del carácter, no una espiritualidad externa. Pablo oró por los efesios: "Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones" (Efe. 3:16,17). Luego, añadió que esta obra es del Espíritu de Dios, que llevará a la iglesia "a la unidad de la fe" (4:13). En su oración sumosacerdotal en el Huerto de Getsemaní, Jesús pidió al Padre varías cosas. Pidió ser glorificado, para poder dar vida eterna a otros (Juan 17:1-3). Luego, oró por sus discípulos (vers. 9). Pidió a Dios que los guardara (vers. 11).
Pidió que pudieran compartir su gozo (vers. 13). Pidió que ellos fueran guardados del mal (vers. 15). Pidió que fueran santificados (vers. 17). También pidió en favor de los conversos de ellos (vers. 20). Luego, pidió que el mundo pudiera conocer que el Padre lo había enviado y que los amaba (vers. 23), y que sus seguidores pudieran finalmente tener el privilegio de estar con él en gloria (vers. 24). Entretanto, pidió morar en ellos (vers. 26).
Ocho pedidos específicos por sus discípulos; ninguno de ellos repetido, excepto uno. El pedido adicional que Jesús planteó al Padre era que sus seguidores fueran unidos. "Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros" (vers. 11). Luego, otra vez, "para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros" (vers. 21). Y otra vez, "para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad" (vers. 22, 23).
Tres veces oró Jesús porque su iglesia pareciera ser una. Pero, a diferencia de su pedido repetido tres veces de evitar la copa de sangre (Mat. 26:39-44), él sabía que el Padre otorgaría este pedido.

Referencias: