Lección 9 - MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

Texto clave: Juan 17:17-21.

Enseña a tu clase a:

Bosquejo de la lección:

I. Saber: Entender los principios de la unidad

II. Sentir: Preservar la unidad

III. Hacer: Practicar la unidad

Resumen: Cuando respondemos a las invitaciones del Espíritu Santo y permitimos que Jesús sea tanto nuestro Salvador como nuestro Señor, las actitudes de orgullo e importancia autoinflada dan lugar a la humildad y la sumisión. La Palabra de Dios se convierte en nuestro guía, y el servicio y la testificación se vuelven nuestra pasión. La unidad es producto de corazones convertidos, anclados en la Palabra de Dios y entregados al servicio de Cristo.

Ciclo de aprendizaje

Textos destacados: Efesios 1:22, 23 ( CB ) ; 2:19-22.

Concepto clave para el crecimiento espiritual: Una de las funciones más importantes del Espíritu Santo es dar testimonio de Jesús y glorificarlo (Juan 15:26; 16:14). El Espíritu Santo nos convence de pecado, nos impresiona con la necesidad de un Salvador y nos revela los encantos inigualables de Cristo hacia nosotros. Es por medio del Espíritu Santo que somos atraídos a Cristo. Es por el poder del Espíritu Santo que nuestro corazón es transformado, y es por medio del Espíritu Santo que somos guiados al cuerpo de Cristo, la iglesia. En su gran oración intercesora registrada en Juan 17, Cristo oró fervientemente por la unidad de su iglesia.
Unidos a Cristo, la cabeza de la iglesia, estaremos unidos por el mismo Espíritu el uno con el otro. Así como los miembros del cuerpo están unidos en una unión indivisible, los miembros del cuerpo de Cristo están unidos por medio del Espíritu Santo, formando la iglesia de Cristo. El uso que Pablo hace del cuerpo como una metáfora de la iglesia es una ilustración poderosa de la unidad que Cristo desea que su pueblo tenga.

{{1: ¡Motiva!}

Solo para los maestros: Las dos ilustraciones favoritas del apóstol Pablo para la iglesia (el cuerpo y un edificio) hablan vívidamente de la unidad cercana de los creyentes. Por medio del Espíritu Santo, “ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor” (Efe. 2:19-21). Piensa en una iglesia gloriosa de piedra con cada bloque cincelado a mano encajando perfectamente con el siguiente. O piensa en las pirámides, construidas con piedras enormes, muchas de ellas de entre dos toneladas, y dos toneladas y media. Cada bloque encaja tan perfectamente con el siguiente que ni siquiera puedes pasar una hoja del papel más fino entre ellos. Pablo describe a la iglesia de Dios como un edificio con Cristo como la Piedra angular, tan unido, tan guiado por el Espíritu, que no hay nada que divida a los miembros. Cada uno cumple su papel alegre y humildemente. Todos están unidos el uno con el otro por medio del Espíritu Santo en el templo de verdad eterna de Dios. Juntos, dan gloria a Dios y testifican de la belleza de su verdad.

Diálogo inicial: En el libro de Efesios, el apóstol Pablo utiliza dos de sus metáforas favoritas para describir la unidad de la iglesia de Cristo: el cuerpo humano y un templo glorioso. ¿Por qué piensas que Pablo eligió estos dos símbolos? ¿Qué tiene el cuerpo humano que tan claramente comunica unidad? Piensa en las diferentes funciones del cuerpo. El cerebro, el corazón, los pulmones y el estómago, todos tienen funciones diferentes. Los ojos ciertamente son diferentes de los oídos y la nariz. Los pies tienen una función decididamente diferente de las manos. Si el cuerpo como metáfora ilustra más la diferencia que la igualdad, ¿de qué manera nos ayuda esa distinción a entender el concepto de la unidad? ¿Cómo podemos estar unidos siendo diferentes? ¿Cuál es la diferencia entre unidad y uniformidad?

Preguntas para dialogar:

{{2: ¡Explora!} •

Solo para los maestros: Aunque el bautismo es un símbolo de unión con Cristo en su muerte, entierro y resurrección, es también un símbolo de unión con la iglesia de Cristo (Hech. 2:41; 1 Cor. 12:13). En el momento del bautismo, el Espíritu Santo da poder y capacita a los creyentes para su ministerio en la iglesia de Cristo (Hech. 2:38, 39). Unidos con Cristo por medio del bautismo, estamos unidos el uno al otro por medio del Espíritu Santo en el cuerpo de Cristo. Somos bautizados en Cristo, la Cabeza, y la iglesia, su cuerpo. Así como el cuerpo está compuesto por miembros variados que tienen funciones diferentes pero que contribuyen al bienestar del cuerpo entero, así también la iglesia está compuesta por diferentes miembros que, con sus dones individuales, contribuyen a la salud y a la vida de la iglesia.
El bautismo es un elemento unificador. Acepta a personas de todos los contextos culturales, de toda etnia y lengua, para una relación estrecha con el Cristo viviente y con su iglesia.

Comentario de la Biblia

I. Unidad en la iglesia
(Repasa, con tu clase, Hech. 2:41-47; 1 Cor. 12:13.)

El libro de Hechos es uno de los más apasionantes de toda la Biblia. Aparentemente contra todo pronóstico, la iglesia del Nuevo Testamento explotó en crecimiento. De un pequeño grupo de creyentes neófitos en Hechos 1, creció hasta convertirse en una fuerza poderosa en el Imperio Romano. Tres mil personas se sumaron a la iglesia en Pentecostés (Hech. 2:41). El registro indica que otros cinco mil hombres (4:4), además de mujeres y niños, fueron bautizados poco tiempo después de este bautismo inicial. Hechos 6 añade que “crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente” (6:7).

Esta proclamación poderosa del evangelio creó una fuerte reacción por parte de las autoridades romanas, pero incluso la persecución no detuvo el crecimiento de la iglesia. “Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio” (Hech. 8:4). Hubo crecimiento transcultural. Cornelio, un centurión Romano, fue bautizado con toda su familia; un oficial del Gobierno etíope aceptó a Cristo; Lidia, una mujer comerciante de Tiatira, fue bautizada en Filipos; y un carcelero romano aceptó el evangelio. Se plantaron iglesias que se multiplicaron a lo largo y ancho del mundo mediterráneo (9:31).

¿Qué propició este rápido crecimiento? ¿Qué elementos utilizó el Espíritu Santo para unir a la iglesia de tal manera que el mundo entero fuera impactado? Hechos 2 revela algunos aspectos profundos acerca de la unidad de la iglesia primitiva. Nota cuidadosamente estos principios en el versículo 42: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”.

Estos creyentes del Nuevo Testamento estaban unidos en su fe en la verdad de las Escrituras. La doctrina es un elemento unificador de la iglesia de Cristo. También estaban unidos en comunión, oración y adoración. El Espíritu Santo nos guía a la unidad cuando oramos juntos, adoramos juntos y disfrutamos la confraternización social mutua. Esta unidad en Cristo, en la doctrina y en comunión unos con otros llevó a un compromiso con la misión y el servicio. Elena de White comparte este pensamiento: “Ya no estaban sus esperanzas cifradas en la grandeza mundanal. Eran ‘unánimes’, ‘de un corazón y un alma’ (Hech. 2:46; 4:32). Cristo llenaba sus pensamientos; su objeto era el adelantamiento de su Reino. En mente y carácter, habían llegado a ser como su Maestro, y los hombres ‘conocían que habían estado con Jesús’ (4:13)” (HAp 37).

Considera: La iglesia del Nuevo Testamento explotó en crecimiento porque estos primeros creyentes estaban completamente comprometidos con Cristo, unidos en los puntos esenciales de la doctrina bíblica y enfocados en la misión de Dios de ganar a los perdidos. Una organización eclesiástica común los unificaba. El conflicto dio lugar a la conquista, y la animosidad personal dio lugar a una visión apasionada de salvar a los perdidos. ¿Qué principios nos puede enseñar el Espíritu Santo a partir de la unidad de la iglesia primitiva, que pueden marcar una diferencia en la iglesia hoy? ¿De qué manera cada uno de nosotros y nuestras iglesias locales podemos beneficiarnos al aplicar los principios de unidad que hemos descubierto en la lección de esta semana?

{{3: ¡Aplica!}

Solo para los maestros: Guía a tu clase en un diálogo práctico acerca de cómo podemos lograr mejor la unidad en una iglesia local. Con personas de diferentes contextos, diferentes puntos de vista y diferentes maneras de ver las cosas, ¿de qué manera una congregación local puede tener verdadera unidad bíblica? ¿De qué manera se aplican a nuestros días los elementos de unidad, tal como se describen en el libro de Hechos? Comenta con tu clase el papel de cada uno de estos cinco principios fundamentales de la unidad: (1) la dirección del Espíritu Santo; (2) un compromiso con Cristo; (3) fidelidad a las Escrituras; (4) comunión social; y (5) una pasión por la testificación y el servicio.

Preguntas de aplicación:

{{4: ¡Crea!}

• Solo para los maestros: El Espíritu Santo es un unificador, no un divisor. Cuando la iglesia está dividida por conflictos y peleas, no es por obra del Espíritu Santo. La Palabra inspirada de Dios es el fundamente de toda unidad.
Cuando los individuos se levantan con posiciones teológicas extremas que no están firmemente arraigadas en la Palabra, lo cual trae división a la iglesia, podemos tener la seguridad de que el Espíritu Santo no los está guiando. El Espíritu Santo guía a la convicción del pecado personal, lleva a un deber personal, fomenta la unidad, ilumina las Escrituras e inspira nuestra testificación a un mundo perdido.

Actividades: