CAPÍTULO 1
EL APOSTOL PABLO Y SU CARTA A LOS GÁLATAS

Las palabras iniciales de Gálatas son como un tiro de cañón, cuya andanada se extenderá a lo largo de los seis capítulos de la carta de Pablo.
El apóstol no anda divagando en su saludo. No pierde tiempo en felicitar las virtudes de sus lectores, como lo hace en Romanos 1:8, 1 Corintios 1:4, y en la mayoría de sus otras epístolas.
Por lo contrario, salta directamente a los problemas inmediatos: su autoridad y su evangelio. Y tiene excelentes razones para hacerlo. Tanto sus credenciales como su mensaje han sido desafiados.
Como resultado, necesita dejar las cosas en claro. No solo él es un apóstol, sino además su llamado vino directamente de Jesucristo y de Dios el Padre (Gál. 1:1). Esta afirmación establece el escenario para una vigorosa presentación de lo que podría, con razón, llamarse evangelios en conflicto.

¿POR QUÉ ESCRIBIÓ PABLO LA EPÍSTOLA A LOS GÁLATAS?

A fin de comprender el libro de Gálatas, es importante comprender la crisis que provocó la ardiente respuesta del apóstol. Pablo había predicado previamente el evangelio en Galacia, y una cantidad de personas habían respondido a él con entusiasmo (4:13, 14; 1:9). Además de aceptar el evangelio como lo presentó Pablo, los creyentes gálatas también habían recibido el Espíritu de Dios, quien había realizado milagros entre ellos (Gál. 3:2,3,5). Habían tenido una experiencia cristiana genuina.
Pero, algún tiempo después de que Pablo estableciera el evangelio en Galacia, ciertos cristianos de origen judío habían llegado y enseñado que los conversos gentiles del apóstol debían ser circuncidados y pertenecer al pueblo judío, a fin de recibir las bendiciones plenas de Dios (2:12-14; 5:2; 6:12, 13). En el proceso de hacer tales afirmaciones, los maestros cristianos judíos habían declarado que ellos tenían el respaldo de la iglesia de Jerusalén, y habían hasta pretendido, aparentemente, tener la autoridad de los apóstoles originales para apoyar sus enseñanzas. Y esos apóstoles, declaraban ellos, poseían una autoridad superior a la de Pablo, una persona que llegó más tarde y que nunca había conocido personalmente a Jesús en la Tierra. Como resultado, la misión de los maestros venidos de Jerusalén socavaba tanto la autoridad de Pablo como su teología.
El apóstol no se quedó sentado ante este ataque. Su Carta a los Gálatas es su respuesta apasionada a lo que él consideraba como una crisis de primera magnitud. El propósito de su epístola era corregir el informe acerca de su autoridad apostólica y la naturaleza del evangelio.

UNA MIRADA A LA CARTA

Lo primero que hay que notar es su estructura, que es bastante directa. Después de una introducción (1:1-10), los seis capítulos de la carta pueden ser estructurados en tres secciones bien definidas. C. K. Barrett, apropiadamente, las identifica como historia, teología y ética. "El primer paso de Pablo al tratar con la agitada situación en sus iglesias de Galacia", observa Barrett, "es poner en orden el registro del pasado; hasta que no se haya hecho esto, no hay esperanza de asegurar el futuro".1 De esta manera, los dos primeros capítulos tratan con la historia.

Pero la historia no es un fin en sí mismo. Después de tratar acerca del pasado, avanza a la teología en los capítulos 3 y 4, al plantear la comprensión adecuada sobre la que debe descansar el futuro. Pero, aun una buena teología no es su meta final. En los capítulos 5 y 6, culmina su carta con la ética. Para Pablo, pensar bien siempre lleva a vivir bien. En la Epístola a los Gálatas, la "teología de la libertad" de Pablo conduce directamente a una "ética de obligación".2

Un segundo elemento para examinar al considerar la carta son sus receptores. Aquí se ha desarrollado una lucha en el pensamiento erudito, porque "Galacia" significa dos cosas diferentes. Primero, la región del Asia Menor central norte (hoy Turquía), que era la cuna de los gálatas étnicos. Segundo, la provincia romana de Galacia, que se extendía desde la Galacia étnica al norte, a través del Asia Menor central, para incluir ciudades sureñas tales como Iconio, Listra y Derbe. La evidencia favorece la teoría de la región sur, o provincia romana, ya que el libro de los Hechos claramente refleja el ministerio de Pablo a las ciudades sureñas, pero no hace ninguna referencia de predicación en el norte (ver Hech. 13,14). La buena noticia es que el resultado del argumento "tiene poco, si algún efecto, en la interpretación de los temas principales de la carta".3

De mayores consecuencias son las discusiones acerca de la fecha de composición del libro. El problema central aquí es tratar de alinear las visitas de Pablo a Jerusalén, en las secciones autobiográficas de Gálatas, con la presentación de Lucas en Hechos. El aspecto más importante en la discusión es que no encontramos en Gálatas ninguna mención al Concilio de Jerusalén, de Hechos 15. Eso es especialmente significativo, porque el concilio de Hechos 15 se convocó con el objeto de fijar una regla investida de autoridad acerca de si los gentiles necesitaban practicar la circuncisión y vivir de acuerdo con el "rito de Moisés" (vers. 1). La decisión del Concilio fue un rotundo "No" respecto de ambos aspectos (vers. 19-21). De este modo, como señala León Morris, "no es fácil ver por qué Pablo hubiera omitido toda referencia al Concilio en su carta, si este ya había ocurrido, porque [...] le hubiera dado un apoyo espléndido. Específicamente, es difícil ver por qué hubiera dejado de citar los decretos del Concilio que se referían directamente al tema de la circuncisión (Hech. 15:19-21). Sus adversarios en Galacia estaban alegando claramente que Pedro (entre otras personas) estaba en favor de circuncidar a los nuevos cristianos, una posición diferente de la del Concilio, de que los conversos gentiles no necesitaban ser circuncidados. La conclusión obvia es que el Concilio no había ocurrido aún".4

Ubicando el concilio de Hechos 15 después de haberse escrito Gálatas, tiene lógica, ya que la iglesia llamó al Concilio para atender precisamente a los problemas que Pablo enfrentaba en Galacia. Eso significaría que la Carta de Pablo a los Gálatas debió haber sido uno de sus primeros escritos (si no el primero). Suponiendo que tuvo su encuentro camino a Damasco por el año 34 d.C., su referencia a subir a Jerusalén después de catorce años (Gál. 2:1) nos lleva al año 48 d.C., aproximadamente. Eso dataría la escritura de Gálatas muy probablemente en los últimos años de la década de los años '40 o en los primeros años de la década de los '50.

TEMAS PRINCIPALES EN EL LIBRO DE GÁLATAS

Gálatas tiene cuatro temas teológicos principales. Los primeros dos capítulos tratan del problema de la autoridad; los siguientes dos, de la salvación; y los últimos dos, de la santidad. En el transcurso de los seis capítulos está la importancia suprema de la unidad del pueblo de Dios.

1. Autoridad apostólica. La autoridad es un problema fundamental en Gálatas. ¿Cómo podrían los gálatas resolver los problemas teológicos que los enfrentaban? Por un lado, estaba la autoridad apostólica de Pablo. Por el otro, estaba la autoridad de los maestros cristianos de origen judío (los judaizantes), que pretendían tener detrás de sí el apoyo y el prestigio de la iglesia de Jerusalén, y aun (más dudosamente) el de los apóstoles originales. Ambos lados parecían tener buenas credenciales, y estaban representados por personas rectas y persuasivas. ¿A quién debían escuchar los creyentes gálatas?

La respuesta de Pablo fue afirmar su propia autoridad apostólica. Mientras que los judaizantes se jactaban de una autoridad eclesiástica que provenía de la iglesia de Jerusalén, Pablo argumenta que tanto su mensaje como su misión se originaban no en la iglesia, sino en Cristo mismo. Pablo plantea su respuesta en Gálatas 1 y 2, en los cuales afirma que sus credenciales no provienen de ningún grupo de personas en Jerusalén, sino directamente de Cristo.

John Stott observa que, "consciente de su autoridad apostólica, Pablo espera que los gálatas la acepten. Ellos habían hecho esto en el primer viaje misionero, recibiéndolo 'como a un ángel de Dios, como a Cristo Jesús' ([Gálatas] 4:14). [...] El mensaje original, que él les había predicado ([Gálatas] 1:8) y que ellos habían recibido [Gálatas] 1:9), había de ser normativo. Si alguno predicara un evangelio contrario a este, por augusto que fuera ese personaje, 'sea anatema' ",5

En su argumento, Pablo plantea un principio que existirá hasta el fin del tiempo: debemos probar todas las enseñanzas con el mensaje apostólico presentado en la Biblia. Elena de White reflexionó sobre esa misma percepción, cuando escribió que "la Biblia es la única regla de fe y doctrina".6

2. La salvación en Cristo. El hecho de que los judaizantes estuvieran predicando "otro evangelio" -y este, pervertido-, exasperaba particularmente al apóstol. Para él, había solo un evangelio. En su Carta a los Gálatas enfatizará dos de sus aspectos principales.

Uno es la cruz de Cristo. En su introducción, indica que Jesús "se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo" (Gál. 1:4). Más allá de eso, "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)" (3:13).

Pablo describe su propio ministerio como presentación del Cristo crucificado antes sus oyentes (vers. 1); y afirmaba que nunca se había jactado sino "en la cruz de nuestro Señor Jesucristo" (6:14, NVI). En el centro mismo de su experiencia estaba "el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (2:20).

El segundo aspecto principal del evangelio, de acuerdo con Pablo en Gálatas, es la justiñcación por la fe en el Cristo que murió por los pecados. La fe es el medio por el cual las personas se apropian de las bendiciones del sacrificio de Cristo en la Cruz. Tal fe une a los creyentes con Cristo, por medio del cual ellos reciben la justificación (vers. 16), el don del Espíritu Santo y la adopción según la promesa del pacto abrahámico (3:26-4:7).

En contraste con la validez de la fe para hacernos justos ante Dios en Gálatas, está la Ley. La fe, en vez de la Ley, es la que proporciona el único camino para que una persona sea justificada. Después de todo, "por las obras de la ley nadie será justificado [...] pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo" (2:16, 21).

Creer, más bien que el hacer, es la única base de justificación, en Gálatas. Y el objeto de ese creer es el Cristo que murió en la cruz por cada persona. Una función de la Ley es condenar a todos los que no guardan su totalidad (Gál. 3:10). Otra función es conducir al pueblo de Dios a Cristo, de modo que puedan ser justificados por fe (vers. 9-24). La Ley tiene funciones importantes, pero no es el agente de la salvación.

3. Santidad. Aun cuando la justificación viene por medio de la fe aparte de las obras de la Ley, eso no significa que los cristianos están libres de pasar por alto la Ley. O, como dice Pablo, "no uséis la libertad como ocasión para la carne" (5:13). Por el contrario, la fe "actúa por el amor", que es el corazón y el resumen de la Ley (vers. 6, 14 NVI). Aquellos que están libres en Cristo evitarán las obras de la carne (adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatrías, celos, iras, etc. [5:19-21]). "Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos" (vers. 24).

En lugar de las obras de la carne, los cristianos permitirán que Dios desarrolle en ellos el fruto del Espíritu Santo: "amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza" (vers. 22, 23). Han de vivir como el pueblo santo de Dios. Y la santidad caracterizará sus relaciones con los demás (5:13-15; 5:25-6:10).

4. La unidad del pueblo de Dios. Walter Hansen está en lo cierto cuando escribe que, "en Gálatas, Pablo desarrolla su argumento en favor de la justificación por la fe a fin de corregir un problema social: los creyentes gentiles han sido excluidos del compañerismo con los creyentes judíos porque no observaban la Ley. Pablo demuestra que la justificación por fe significa que los creyentes gentiles están incluidos dentro del pueblo de Dios; sobre la base de esta doctrina, los creyentes gentiles tienen el derecho de comer a la misma mesa con los creyentes judíos (Gál. 2:11-16).

"Pablo usa la historia del Antiguo Testamento de la fe Abraham para mostrar que la fe en Dios es la señal de pertenecer a la familia de Abraham. La conclusión de su argumento basado en las Escrituras, en Gálatas 3, declara la unidad y la igualdad de todos en Cristo: 'Ya no hay judío ni griego no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús' ",7

La unidad del pueblo de Dios trasciende el tiempo, la raza y otras divisiones, y es un tema principal en Gálatas. La fe une a los individuos con el pueblo de Dios tanto en el pasado como en el presente.

¿POR QUÉ HOY ES IMPORTANTE GÁLATAS?

Gálatas es perpetuamente relevante porque trata con problemas centrales de la fe cristiana a lo largo de la historia. Uno de los problemas perennes es el de la autoridad. Los creyentes, en cada época, deben decidir acerca del fundamento en la toma de decisiones teológicas. ¿Quién, o qué cosa, determina lo que debe creerse? ¿Es la "iglesia", la tradición, la Escritura, o alguna otra forma de autoridad? La respuesta sólida de Gálatas es que cada enseñanza debe ser probada por la enseñanza de los apóstoles de Cristo. "En realidad", observa John Stott, "esta es la única clase de sucesión apostólica que podemos aceptar: no una línea de obispos que llega hasta los apóstoles y que pretenden ser sus sucesores [...] sino la lealtad a la doctrina apostólica del Nuevo Testamento. La enseñanza de los apóstoles, ahora preservada en forma permanente en el Nuevo Testamento, ha de regular las creencias y las prácticas de la iglesia en cada generación", incluyendo la nuestra.8

Un segundo tema de relevancia continua es el plan de salvación, la mayor necesidad de cada persona en cada generación. Junto con el libro de Romanos, Gálatas constituye el tratamiento más intenso acerca del tema. En ambos libros, el apóstol afirma con fuerza que la justificación es por gracia sola, por medio de la fe (Gál. 2:16; Rom. 1:16). Pero también señala en ambos que la obediencia a la gran ley de amor de Dios es la respuesta natural al don de la salvación (Gál. 5:1-6:10; Rom. 1:5; 6:1-14; 13:8-10; 16:26). De este modo, Pablo mantiene un equilibrio consistente entre la gracia salvadora y nuestra respuesta a ella.

La falta de tal equilibrio ha llevado repetidamente a crisis a lo largo de la historia cristiana. Por un lado, están aquellos que se centran tanto en la gracia que descuidan la respuesta de obediencia. Por otro lado, están los que están tan preocupados por la obediencia que la confunden con el camino a la justificación. El equilibrio cuidadosamente integrado entre el evangelio y la Ley, la fe y las obras, hace que Gálatas sea un documento tan importante para los creyentes del siglo XXI.

Un tercer ítem vital para los creyentes de hoy es la preocupación de Pablo por la unidad. La iglesia siempre afronta divisiones potenciales, por causa de raza, género, economía, y problemas marginales teológicos y de estilo de vida. Su mensaje es que necesitamos evitar concentrarnos en lo accesorio, y que las diferencias étnicas y otras no deben significar nada para los que son uno en Cristo por medio de la fe (Gál. 3:26-29). Como señala G. Walter Hansen: "Si una iglesia no defiende en la práctica la igualdad y la unidad de todos en Cristo, comunica implícitamente que la justificación no es por fe sino por raza, nivel social o alguna otra norma".9

Un cuarto punto de relevancia es que Gálatas eleva la Ley de Dios como centrada en el amor (Gál. 5:14, 22; cf. Rom. 13:8-10; Mat. 22:37-39). Como la mayoría de las congregaciones actuales, las que estaban en Galacia tenían su porción de diferencias. No obstante, a pesar de los problemas, el libro de Gálatas enfatiza el hecho de que "el amor que cumple la Ley es el amor activo en medio de la disensión, el orgullo y la envidia ([Gál.] 5:14, 15, 26).10 No es accidental que en Gálatas Pablo enumere el primer aspecto del fruto del Espíritu como el amor (vers. 22). Ese preciso atributo es el que más necesitamos actualmente.

Por último, Gálatas tiene lecciones misiológicas, que la iglesia todavía necesita aprender al avanzar hacia culturas y grupos raciales nuevos. Las organizaciones que envían misioneros, demasiado a menudo, procuran convertir al "estadounidensismo" o a algún otro "ismo", al llevar la gente a Cristo. Pero una de las grandes lecciones de Gálatas (y de Hechos y varias otras epístolas de Pablo) es que es importante distinguir entre el corazón del evangelio y el bagaje cultural de quienes lo presentan.


1C. K. Barrett, Freedom and Obligation: A Study ofthe Epistle to the Galatians (Fi)adelfia, PA: Westminster, 1985), p. 3. 2Ibíd.

:iG. Walter Hansen, Galatians (Downers Grove, IL: InterVarsity, 1994), p. 16.

4 León Morris, Galatians: Paul's Charter of Christian Freedom (Downers Grove, IL: InterVarsity, 1996), p. 21.

5 John R. W. Stott, The Message of Galatians: Only One Way (Downers Grove, IL: InterVarsity, 1968), p. 186.

"Elena de White, "The Valué of Bible Study", Review and Herald (17 de julio de 1888), p. 449.

7 Hansen, Galatians. p. 25.

8 Stott, The Message of Galatians, p. 187. 'Hansen, Galatians, p. 25.

"'Charles B. Cousar, Galatians (Louisville, KY: John Knox, 1982), p. 11.