CAPÍTULO 8

HIJOS DE ABRAHAM Y HEREDEROS DE LIBERTAD
(GÁL. 3:26-4:11)

Y sí vosotros sois de Cristo ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa" (Gál. 3:29).

"Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a ñn de que recibiésemos la adopción de hijos" (Gál. 4:4, 5).

Gálatas 3:23 a 29, en un sentido, es la culminación del argumento acerca de cuando Pedro quebró la mesa del compañerismo con los creyentes gentiles allá, en Gálatas 2:12. Parte de la respuesta de Pablo a Pedro fue su argumento de que la fe en vez de la Ley justificaba tanto a judíos como a gentiles. De este modo, ellos pertenecían a la misma comunidad de fe, y deberían comer de la misma mesa, a pesar de las distinciones históricas que los había separado unos de otros. En el capítulo 3, Pablo expande el tema. Su argumento alcanzará su culminación en los versículos 26 al 29, en los que concluye que para los cristianos no hay distinciones raciales o sociales, porque Dios ha rescatado a todos del pecado de la misma manera: por medio de la fe en Cristo.

UNIDOS POR MEDIO DE LA FE EN CRISTO (GÁL. 3:26-29)

El versículo 26 comienza a llevar el argumento de Pablo un paso gigante hacia adelante, cuando afirma que todos llegaron a ser "hijos de Dios, por la fe" en Cristo Jesús. Aquí hay una idea verdaderamente radical para la mentalidad judía. En el pensamiento judío, los hijos de Dios eran los descendientes literales de Abraham, aquellos que tenían la Promesa y guardaban la Ley. La circuncisión era la señal externa de ser un hijo de Dios. Pero ahora, los gentiles, afirma Pablo, son hijos de Dios por la fe.

La posición de Pablo en el versículo 26 también contradice mucho del pensamiento moderno, que afirma que todos los seres humanos son hijos de Dios. La Biblia declara que él creó a todos, pero no aplica la paternidad universal de Dios a toda la humanidad; por lo contrario, sus hijos son aquellos que tienen fe en Cristo. En esa enseñanza Pablo concuerda con Juan, que afirmó que "a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne ni de voluntad de varón, sino de Dios" (Juan 1:12, 13; cf. Juan 3:5, 7; Rom. 8:14-17).

Gálatas 3:27 vincula el rito del bautismo con llegar a la fe en Cristo, cuando afirma que "todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos". Es importante reconocer que el apóstol no está alegando que llegamos a ser hijos de Dios por medio del bautismo. Después de todo, afirma Stott, "es inconcebible que Pablo ahora sustituyera el bautismo en lugar de la circuncisión, y enseñara que estamos en Cristo por el bautismo". El apóstol claramente hace de la fe el medio de nuestra unión con Cristo [...]. La fe asegura la unión; el bautismo significa eso externa y visiblemente".1

En los versículos 28 y 29, Pablo conduce al lector a la cumbre del argumento que comenzó con el quebrantamiento de la mesa del compañerismo entre judíos y gentiles en Gálatas 2:12. Sobre la base del hecho de que todos -tanto judíos como gentiles- son justificados por la fe sola, sin las obras de la ley (ver el vers. 16), Pablo asevera que "no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos de la promesa" (vers. 28).

De un solo golpe, Pablo borra para los creyentes las grandes divisiones sociales de raza, rango y género en la iglesia. Él no quiere decir que ya no existen distinciones sino, más bien, que estas ya no importan, en el sentido de que ya no crean barreras de compañerismo entre los creyentes. Para los judíos, la enseñanza de Pablo era especialmente revolucionaria porque revertía los sentimientos de la oración ofrecida diariamente por los varones judíos, en la que agradecían a Dios porque no los había hecho gentiles, o esclavos, o una mujer. "El argumento de Pablo", nos recuerda G. Walter Hansen, "es que los gentiles no han de llegar a ser judíos para participar plenamente en la vida y el ministerio de la iglesia".2

Muchos, en la iglesia del siglo XXI, encontrarán que la enseñanza de Pablo es tan amenazadora como fue la de los judaizantes de antaño. Después de todo, nota Bruce, "no se implican más restricciones en la igualación que hace Pablo de la condición de varón o mujer en Cristo que en su igualación de judíos y gentiles, o la de esclavos y libres. Si en la vida ordinaria la existencia en Cristo se manifiesta abiertamente en el compañerismo en la iglesia, entonces, si un gentil puede ejercer un liderazgo espiritual en la iglesia tan libremente como un judío, o un esclavo tan libremente como un ciudadano, ¿por qué no una mujer tan libremente como un hombre?"3 Las implicaciones de la lógica de Pablo para la iglesia son realmente amplias. Las ramificaciones sociales de la salvación por gracia no se detienen ante la frontera entre judíos y gentiles.

En el versículo 29, Pablo vuelve al tema de la promesa que lo había ocupado en los versículos 6 al 9 y 15 al 18. Nunca estuvo lejos de su pensamiento que Dios prometió a Abraham que los gentiles (es decir, las naciones) serían benditos por medio del patriarca (vers. 8; Gén. 12:3) y que había sido contado como justo por causa de su fe, más bien que por sus obras (Gál. 3:6; Gén. 15:6; cf. Rom. 4). Los verdaderos herederos de la promesa de Dios a Abraham, sus verdaderos descendientes, son aquellos que tienen fe en Cristo, antes que aquellos que solo tienen una relación de sangre.

HEREDEROS Y MIEMBROS DE LA FAMILIA DE DIOS (GÁL 4:1-7)

El versículo 1, en un sentido, es la continuación del último versículo del capítulo 3, con su conclusión de que "si sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa". La palabra que une los dos pasajes es "herederos".

El apóstol tiene un propósito especial en esa vinculación. El capítulo 3 terminó con el elevado estatus de aquellos que aceptaron a Cristo por fe. Ya no están más bajo esclavitud, para ganar su propio camino por medio de la Ley. Habiendo aceptado el don de Dios, llegaron a ser miembros de la familia de Dios.

Pero una amenaza asecha aquí, que entonces estaba afectando a los cristianos en Galacia. En una palabra, corrían el peligro de apostatar de su experiencia de fe y volverse a alguna forma de procurar ganar su justificación; precisamente lo que los judaizantes estaban procurando imponerles.

Frente a ese peligro, en Gálatas 4:1 al 11 Pablo sigue una línea de lógica que alega que "someterse ahora [después de haber aceptado la justificación de Cristo por fe] al gobierno de la Ley era volver el reloj hacia atrás [...] y así volver a un estatus más limitado e innecesariamente restringido ante Dios".'1

Para alcanzar su propósito, el apóstol presenta su argumento en dos etapas: 1) Una recapitulación en los versículos 1 al 7 de la sección final de Gálatas 3:23 al 29, en la que las personas cambiaron, de estar bajo la custodia de la Ley, a ser hijos plenos de Dios y herederos de la promesa de Dios. 2) Una advertencia, en los versículos 8 al 11, de no volverse a "los débiles y pobres rudimentos" según los cuales habían vivido antes de su conversión (vers. 9).

Los versículos 1 al 7 emplean un enfoque que Pablo usa más de una vez (ver, p. ej, Efe. 2:1-10). Comienza con la desalentadora condición previa de sus lectores, y concluye con sus privilegios actuales como pueblo en Cristo. Une las dos partes con un "más ahora", expresión de transición que destaca el contraste.

Gálatas 4:1 al 3 describe a los creyentes en términos de su minoridad. Pablo nota que ellos son verdaderamente herederos de la promesa, pero que todavía no tienen plenos derechos. Los versículos 1 y 2 pintan el cuadro de un hombre que había muerto, pero había dejado un testamento legando su propiedad a su hijo, que era menor, con la provisión de que el muchacho estuviera bajo un tutor hasta que llegara a cierta edad predeterminada. Hasta ese tiempo, sus tutores se harían cargo de toda su vida, y unos administradores tendrían a su cargo la responsabilidad, más limitada, de supervisar sus asuntos de negocios.

Pablo argumenta que es esa misma condición la que tenía la gente antes de que encontrara a Cristo: "Éramos menores, estábamos esclavizados por los principios de este mundo" (vers. 3, NVI). La palabra griega traducida como "principios" (o "rudimentos") es importante, y aparece de nuevo en el versículo 9, donde desempeña un papel clave en la apelación de Pablo a sus lectores gálatas.

El hecho sorprendente del pasaje, destaca Charles Cousar, es que "Pablo iguala la vida bajo la Ley con la esclavitud a 'los espíritus elementales del universo' ".5 El apóstol, aparentemente, creía que volver al antiguo sistema judío, con su circuncisión y calendario cúltico (ver el vers. 10), era equivalente a volver al paganismo, en términos de sus resultados restrictivos. Ambos sistemas eran falsos porque ambos eran menos que el camino de la fe, el único camino para ser justos ante Dios.

El versículo 4 comienza lo que H. D. McDonald llama "uno de los decisivos 'peros' de la Escritura".6 Ese "pero" señala un nuevo comienzo con la llegada de Jesús. Los versículos 4 y 5 están repletos de significado. Primero, la venida de Jesús no fue incidental: Dios estaba trabajando para cumplir sus propósitos en la historia del mundo. "Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo" (BJ). La frase "la plenitud de los tiempos" no aparece en ninguna otra parte del Nuevo Testamento, pero encontramos un paralelo cercano en Marcos 1:14 y 15, que informa que "Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentios y creed en el evangelio". Daniel 9:24 al 27 ha conservado profecías de tiempo que nos ayudan a captar el significado de "la plenitud de los tiempos". Analizando las 70 semanas de años, el pasaje indica el tiempo para la venida del "Mesías, Príncipe", para "expiar la culpa, para instaurar justicia eterna" (BJ).

Gálatas 4:4 nos cuenta no solo que Jesús fue enviado en el momento correcto, sino también que llegó a ser plenamente humano ("nacido de mujer") en la encarnación, y que nació judío ("nacido bajo la ley"), en armonía con las profecías del Antiguo Testamento relacionadas con el hecho de que el Mesías vendría por medio de la línea de Abraham y de David (ver Mat. 1:1).

Gálatas 4:5 sigue, diciéndonos que Cristo hará dos cosas para quienes lo aceptan. Primera, que "redimiese a los que estaban bajo la ley". Redimir es un término del mercado; significa comprar. Pablo usa la palabra cuando habla de que Cristo pagó el precio para liberar a las personas de la esclavitud del pecado. El precio, por supuesto, fue su sacrificio en el Calvario, donde "Cristo nos redimió de la maldición de la ley", llegando a ser maldición por nosotros en la Cruz (Gál. 3:13). La segunda cosa que Cristo hizo fue adoptar a aquellos que habían sido redimidos de la maldición de una ley quebrantada (Gál. 4:5). Notamos antes que la gente es adoptada en la familia de Dios cuando acepta el don de Cristo para ellos por la fe (ver Gál. 3:26; Juan 1:12, 13; Rom. 8:14-17).

Aun cuando Pablo ha cambiado su metáfora de ser niño a ser adulto (Gál. 4:1-3) a la de una persona que es adoptada, en los versículos 5 al 7, su significado es claro y consistente. Por medio de Cristo somos hechos libres, ganamos nuestros derechos plenos y llegamos a ser una parte de la familia de Dios en el sentido más pleno. Y, maravilla de maravillas, todo eso es un don que recibimos por la fe. En el preciso momento en que aceptamos el sacrificio de Cristo, nos encontramos adoptados en la familia de Dios.

VOLVER ATRÁS (GÁL 4:8-11).

En los versículos 4 al 7, Pablo subraya la dignidad de los conversos gálatas como hijos de Dios y herederos de la promesa de Abraham. Ahora, en los versículos 8 al 11, avanza a su fracaso en vivir a la altura de su estatus celestial.

En el versículo 8 y la primera parte del 9, sin embargo, el apóstol una vez más contrasta su anterior vida con la presente. Anteriormente, señala él, ellos habían servido como esclavos a dioses falsos, pero ahora habían llegado a conocer al Dios verdadero. Esto es bueno, y de eso se trata la misión de Pablo: rescatar personas del engaño, la ignorancia espiritual y la esclavitud, y capacitarlas para llegar a conocer a Dios el Padre, más bien que a alguien o algo que temer.

Él enmarca tanto el versículo 8 como el 9 en términos de conocimiento. Los gálatas habían avanzado de no conocer a Dios a conocerlo. Pero Pablo añade un giro extraño a las palabras: "O más bien, siendo conocidos por Dios" (vers. 9). La implicación es que la iniciativa de la salvación es de Dios. Nosotros, como humanos, no ganamos la salvación por llegar a tener más conocimiento. Más bien, es Dios quien nos conoce, y también nos busca, y envía al Hijo para rescatarnos de nuestra condición como esclavos (vers. 4,9). El hecho de que Dios tome la iniciativa en el plan de salvación es un tema que está en toda la Biblia (ver, p. ej., Gén. 3:9; Luc. 15:4, 8; 19:10). Esas son buenas noticias. Y, como se notó antes, también era bueno que los conversos gálatas hubieran respondido positivamente a la iniciativa divina y se hubiesen vuelto de la religión falsa.

Eso nos lleva al "mas" aseverativo en Gálatas 4:9. Ellos habían comenzado en el camino correcto, mas ahora estaban comenzando a ir a la deriva, en la dirección equivocada. Como resultado, Pablo les pregunta cómo es que "os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos". Además, pregunta si quieren llegar a ser otra vez esclavos. Para Pablo, volver al antiguo sistema judío como pretendían los judaizantes, con su circuncisión y calendario cúltico, era equivalente a volver al paganismo, en términos de sus resultados como esclavitud.

La naturaleza débil y empobrecida del enfoque pagano de la religión, probablemente, no les era difícil de advertir a los conversos gálatas del apóstol. Pero pudieron haber tenido dificultad en entender que las leyes judías tuvieran las mismas características; especialmente siendo que los judaizantes, que impulsaban la Ley, parecían tan sinceros al venir a predicar "otro evangelio" (Gál. 1:6).

Pero Pablo no haría componendas aquí. Para él, la confianza en las ceremonias y la ley judía para llegar a ser justos ante Dios estaba tan equivocada como adorar dioses falsos (Gál. 4:8); ni tampoco les daba alguna esperanza real, porque ambos caminos eran débiles y empobrecidos (vers. 9).

No obstante, era hacia esa ley judía impotente que los judaizantes procuraban conducir a los conversos gálatas de Pablo. Si ellos querían ser justos ante Dios, proseguía el argumento, ellos debían añadir la observancia de la Ley a su fe. Habiendo dado el primer paso, el paso de la fe, ahora tomarían el segundo paso y se pondrían en armonía con las formas judías, a fin de poder ser hijos legítimos de Abraham. Esta ruta, insistían los judaizantes, era el camino del progreso.

¡De ninguna manera!, exclamó Pablo. Volverse a los "débiles y pobres rudimentos" solo los llevaría de regreso a la esclavitud (vers. 9). Estarían progresando... hacia atrás.

El versículo 10 arroja luz sobre algunas prácticas concretas en las que los gálatas estaban entrando, cuando les dice: "Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años". Sam Williams nota que la "referencia [de Pablo] presumiblemente es a momentos especiales de adoración y celebración según el calendario cúltico del judaismo".7

Aun si no podemos saber con certeza absoluta qué quiso decir el apóstol con "días, meses, tiempo y años", es probable que con "días" indicara los siete sábados ceremoniales anuales (tales como la Pascua y el Día de la Expiación) bosquejados en Levítico 23; que "meses" se refiriera a la celebración cúltica vinculada a los eventos cúlticos en el ciclo mensual recurrente; que "los tiempos" aludiera a los eventos estacionales cúlticos de más de un día de duración; y que "años" involucrara de algún modo los años sabáticos recurrentes y los años del jubileo.

Algunos irían más allá de los períodos de tiempo ceremoniales, para incluir los sábados semanales en la lista de Pablo. Pero eso no es evidente del pasaje mismo, o de textos paralelos en otras epístolas de Pablo, tales como Colosenses 2:16 y 17. De hecho, ese texto proporciona un argumento importante en contra de la inclusión del sábado semanal, porque pretende que las nuevas lunas y los sábados en cuestión eran "sombra de lo que ha de venir". Todos los períodos de tiempo ceremoniales en el calendario judío señalaban hacia la venida de Jesús (eran una "sombra de las cosas que están por venir" (NVI); pero el sábado semanal señalaba a la obra de Dios en la Creación (Gén. 2:1-3; Éxo. 20:8-11). De este modo, no solo el sábado existió mucho antes que las leyes judías dadas por medio de Moisés; también tenían un propósito diferente. Los períodos de tiempo ceremoniales anticipaban la llegada de Jesús (Col. 2:17), mientras que el sábado semanal era un recordativo de la obra pasada de Dios como Creador, Señor y Salvador (Éxo. 20:11).

Pero argumentar sobre días es perder de vista el punto de Pablo. Aunque es cierto que Pablo, en forma consistente, protestó contra volver al calendario ceremonial de los judíos, aun la observancia de un día del Señor válido, o sábado, estaría equivocado si una persona esperara obtener algún mérito para la salvación. Pablo se hizo perfectamente claro en el sentido de que "el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo" (Gál. 2:16). Guardar el sábado y los otros nueve Mandamientos es una respuesta a la salvación, no una manera de alcanzarla. Su comprensión de la justificación no permitirá que se añada nada a la fe: ni una observancia "meritoria" del sábado semanal; y muy ciertamente no lo harían los días especiales ceremoniales del calendario cúltico judío.

Una de las principales lecciones de Gálatas 4:1 al 11 para los cristianos modernos es que necesitamos recordar quiénes éramos y qué hemos llegado a ser como cristianos. Antes de encontrarnos con Cristo, éramos esclavos de ideas falsas y mañeras inadecuadas de llegar a ser justos ante Dios, y condenados por la culpa de la Ley quebrantada. Pero, por medio de la fe en Cristo y su solución en el Calvario para la maldición de la Ley quebrantada, hemos llegado a ser parte de la familia de Dios y herederos de las promesas del Reino hechas a Abraham. Si hemos de hacer un verdadero progreso en nuestro caminar con Dios, necesitamos evitar los "débiles y pobres rudimentos" como una manera de llegar a ser justos y mantenernos así ante Dios. Lo único en lo que realmente podemos confiar es en la maravillosa gracia de Dios. Y eso lo podemos recibir solo por medio de la fe.


'Stott, The Message of Galatians, p. 99. 2Hansen, Galatians, p. 113. 'Bruce, The Epistle to ihe Galatians, p. 190. "Dunn. The Epistle to the Galatians, p. 209.

5 Cousar, Galatians, p. 93.

6 H. D. McDonald, Freedom in Faith: A Commentary on Paul's Epistle to the Galatians (Tappan, NJ.: Fleming H. Revell, 1973), p. 93.

7Sam K. Williams, Galatians (Nashvílle, TN: Abíngdon, 1997), p. 114.