CAPÍTULO 2
El trasfondo temático: El conflicto entre los judíos y los gentiles
Un elemento clave para entender la Epístola de Pablo a los Romanos es el conflicto que existía entre los judíos y los gentiles cristianos en Roma. Este problema fue creando una situación tóxica que no solo estaba causando fricciones en la iglesia, sino que amenazaba con socavar la futura misión de Pablo en España y otros lugares del oeste. La mejor vía para tener una comprensión clara del tema es examinar la historia del cristianismo primitivo en Roma.
Cuando Pablo escribió la Epístola a los Romanos, nunca había visitado esa ciudad (Rom. 1: 13). Es decir, se estaba dirigiendo a una comunidad con la que no había tenido interacción alguna. Se trata de un caso excepcional, ya que su costumbre era escribir cartas a individuos que conocía y a congregaciones que había organizado. Pero como vimos en el capítulo anterior, tenía buenas razones para escribirles, ya que esperaba utilizar a Roma como un trampolín para su obra en España.

Fundación e historia de la iglesia en Roma

Un hecho interesante relacionado con esta importante iglesia en la capital del Imperio es que casi no sabemos nada sobre las circunstancias que rodearon su fundación y su historia primitiva. La mejor pista con la que contamos es el relato de Lucas sobre el derramamiento del Espíritu Santo en Hechos 2, donde se nos dice que los visitantes de Roma en la congregación incluían tanto a judíos como a prosélitos de la fe judía (vers. 10). Tal vez los conversos de estos grupos regresaron a Roma y conformaron el núcleo de la iglesia en aquella ciudad.
El registro histórico indica que la población judía en Roma a mediados del siglo I d. C. era numerosa. El historiador romano Suetonio (75-140 d. C.) registra un acontecimiento importante, cuando dice que el emperador Claudio «expulsó» a los judíos de Roma, debido a que «constantemente alteraban el orden público por instigación de Cresto».' La mayoría de los eruditos están de acuerdo en que «Cresto» es simplemente una forma errada de escribir Cristos, y que la referencia probablemente tiene que ver más con las disputas entre la comunidad judía que con las afirmaciones de que Jesús era el Cristos, el Mesías. Esta expulsión probablemente tuvo lugar en el año 49, y tenemos testimonio de ella en Hechos 18: 2, donde se nos dice que Aquila y Priscila habían llegado a Grecia «por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos salieran de Roma». Según Romanos 16: 3, ellos ya estaban en Roma cuando Pablo envió la Epístola. El regreso de los judíos probablemente tuvo lugar poco después de la muerte de Claudio, en el año 54 d. C. Su llegada, sin embargo, preparó el terreno para el conflicto en la comunidad cristiana romana. La secuencia probable de los acontecimientos indica que los primeros cristianos eran judíos. Estos dominaron el cristianismo romano hasta la expulsión, aunque muchos gentiles también estaban siendo bautizados. Sin embargo, entre los años 49 y 54 d. C., el elemento gentil predominaba en las congregaciones romanas.
Durante este tiempo, la comunidad cristiana se alejó de forma natural de sus orígenes judíos hacia un cristianismo no judío. Con el regreso de los cristianos judíos, sin embargo, la tensión entre los dos grupos surgió inevitablemente. Pablo escribió su Epístola en este contexto. (I. Suetonio, The Lives of the Twelve Caesan, 5.4.)
2. El trasfondo temático: El conflicto entre los judíos y los gentiles 19 La misma redacción de la Epístola ocurrió entre el retorno de los judíos y los cristianos judíos, después de la muerte de Claudio, y el año 64 d. C., cuando el emperador Nerón acusó a los cristianos del incendio que arrasó Roma y promovió la persecución contra la iglesia romana. La evidencia externa sugiere que Pablo escribió Romanos entre los años 55 y 59 d. C.2

El conflicto y la estructura de la Epístola a los Romanos Mientras que algunos libros del Nuevo Testamento, como 1 Juan, son difíciles de desglosar de una forma estructurada, Romanos (debido a su estilo, tipo tratado) es casi tan clara como la tabla de contenido de una teología sistemática. Después de la introducción (Rom. 1: 1-15) y de su declaración temática (vers. 16, 17); el resto de la Epístola (Rom. 1 : 18-15: 13) fluye de manera lógica de un punto importante al otro, hasta llegar a un post scríptum (vers. 14-33); luego, vienen los saludos y las recomendaciones (Rom. 16: 1-23); y finalmente, la doxología (vers. 25-27).
El problema entre las facciones judía y gentil de la iglesia de Roma aparece por primera vez en una cita que es determinante en el libro (Rom. 1: 16, 17), cuando Pablo señala que el evangelio «es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree, del judío primeramente y también del griego». Aquí encontramos la primera aparición en la Epístola de ese «todo» incluyente que prepara el terreno para la secuencia teológica que se desarrollará a lo largo de Romanos, Pablo expande este todo inmediatamente después, en la primera sección principal de la Epístola, que va de Romanos 1 : 1 8 a Romanos 3: 20.
En este pasaje, Pablo demuestra que todos, tanto judíos como gentiles, son pecadores, y por lo tanto están sujetos al juicio (Rom. 2: 6-16), a la ira de Dios (Rom. 2: 5; 1: 18), y a la muerte eterna (Rom. 6: 23), «por (2. C. E. B. Cranfield, The Epistle ta the Romans, t. 1 (Nueva York: T&T Clark, 1975), pp. 12-16.) cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios» (Rom. 3: 23, la cursiva es nuestra). Es decir, todos están condenados y necesitan la salvación.
Es aquí donde entra a escena la buena nueva de la salvación (el evangelio). Todos están perdidos, pero igualmente todos pueden ser salvos por medio de la fe en la gracia de Dios, hecha posible por la cruz de Cristo. Ese tema abre el segundo gran segmento teológico de la Epístola, que va de Romanos 3: 21 a Romanos 5: 21. «La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, [es] para todos los que creen en él, porque no hay diferencia» entre judíos y gentiles (Rom. 3: 22). Así como «todos pecaron» (vers. 23), todos son justificados de la misma manera (vers. 24-25), por medio de la fe más que por la ley (vers. 20). «Así que, como por la transgresión de uno [Adán] vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno [Cristo] vino a todos los hombres la justificación que produce vida», al aceptar el don a través de la fe (Rom. 5: 18). Como resultado, «muchos serán constituidos justos» por medio de su fe en Cristo (vers. 19).
La tercera sección teológica de la carta (Rom. 6-8) trata sobre la obediencia que nos santifica. Así como todos, judíos y gentiles, son justificados por la fe; todos andaremos en vida nueva (Rom. 6: 1-14), somos redimidos de la esclavitud del pecado y somos ahora esclavos de la justicia (vers. 15-22), recibimos «la dádiva de Dios [...[vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro» (vers. 23), experimentamos la adopción en la familia de Dios (Rom. 8: 12-17), y poseemos la esperanza y la seguridad de la gloria futura (vers. 18-39). Después de todo, «el que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» (vers. 32).
El todo en Romanos alcanza su plenitud en Romanos 9-11, cuando Pablo pone de relieve el hecho de que ambos, judíos y gentiles, están en el plan de Dios. La sección culmina con el gran anuncio de Romanos 11: 32 de que Dios tiene «misericordia de todos», independientemente del lado en que se encuentren en sus divisiones raciales.
La Epístola misma alcanza su cúspide en Romanos 12: 1-15: 13, donde se afirma que todos los cristianos vivirán vidas «transformadas» debido 2. El trasfondo temático: El conflicto entre los judíos y los gentiles 21 a la renovación de sus pensamientos, lo cual los llevará a cumplir la voluntad de Dios. Como consecuencia de esa renovación, comenzarán a vivir en armonía los unos con los otros (Rom. 12: 9-21) y a vivir la ley del amor en su comunidad mixta. Después de todo, «el que ama al prójimo [judío y gentil] ha cumplido la ley» (Rom. 13: 8-10). Por lo tanto, los cristianos romanos habían de vivir «en paz con todos» (Rom. 12: 18).
Esto incluía no juzgarse mutuamente en cuanto a las leyes judías relacionadas con alimentos ofrecidos a ídolos, o en cuanto a los días ceremoniales (Rom. 14: 1-23). Tenían que recordar que Dios es el único que juzga: «Todos compareceremos ante el tribunal de Cristo» (ver. 10).
Elena G. de White resume muy bien el tema del conflicto entre los judíos y los gentiles en Roma, cuando escribe que «en su Epístola a los Romanos, Pablo expuso los grandes principios del evangelio. Declaró su posición respecto a las cuestiones que perturbaban a las iglesias judías y gentiles, y mostró que las esperanzas y promesas que habían pertenecido una vez especialmente a los judíos, se ofrecían ahora también a los gentiles».3
Al igual que en muchos de los otros escritos de Pablo, la sección teológica que se ocupa del tema de la salvación es seguida por una sección práctica que trata sobre cómo vivir como redimidos en una comunidad en la que todos están incluidos.

Un conflicto que va más allá de la Epístola a los Romanos

El problema que Pablo estaba enfrentando en Roma rio era exclusivo de aquella comunidad cristiana. En realidad, está presente a lo largo de todo el Nuevo Testamento, en la forma de una religión esencialmente judía que busca incluir a los gentiles. El conflicto comienza en los Evangelios, donde encontramos a los discípulos en la casi imposible tarea de digerir el hecho de que los gentiles deben ser incluidos en la fe. El 3. Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, cap. 35, p. 278.
problema resurge en Hechos 10, donde Pedro recibe la visión del lienzo lleno de animales inmundos y la clara instrucción de Dios de que «a nadie llame común o impuro» y de que «Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que lo teme y hace justicia» (vers. 28, 34-35). Como resultado, Pedro bautiza a Cornelio, el gentil, a pesar de las objeciones de muchos de los líderes cristianos judíos de Jerusalén (11: 1-18).
El conflicto llega a su punto álgido en Hechos 15, cuando a Pablo, el apóstol de los gentiles, le toca lidiar con un grupo en Judea que anunciaba durante sus predicaciones: «Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés no podéis ser salvos» (vers. 1). En otras palabras, estaban diciendo que los gentiles tenían que convertirse en judíos y seguir las regulaciones judías antes de poder hacerse cristianos. Pablo y Bernabé apelaron a los líderes de Jerusalén. Como resultado, la iglesia sostuvo su primer concilio «mundial» para decidir el asunto. Luego de que Pablo, Bernabé y otros presentaron el problema, el concilio decidió contra los que se oponían a Pablo (vers. 19-29).
Mientras tanto, Pablo ya había luchado la batalla contra el legalismo en lugares como Galacia, donde tuvo que oponerse públicamente a Pedro, quien había traicionado lo que había aprendido en Hechos 10 debido a su temor a los judíos de Jerusalén (Gal. 2: 11-13). En este contexto es que Pablo escribe una de sus declaraciones más importantes sobre la justificación por la fe: «El hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado» (vers. 16). Curiosamente, la intención de Pablo en este pasaje no es explicar el plan de salvación, sino ratificar el hecho de que, dado que los judíos y los gentiles obtenían la salvación de la misma manera (por la fe, y no por la ley), eran iguales ante los ojos de Dios y podían tener comunión en la misma mesa. La conclusión de la contundente reprimenda que Pablo le da a Pedro, es que los gentiles no tienen que convertirse en judíos a través de la circuncisión y la práctica de aspectos ceremoniales de la ley para llegar a ser cristianos. El único camino es a través de la fe. Pero esa fe los 2. El trasfondo temático: El conflicto entre los judíos y los gentiles 23 conduciría a una vida transformada, apegada a la ley del amor (Gál. 5: 6, 14, 22), que evitaría que se «devoraran» unos a otros (vers. 15, NVI).
Resulta interesante que las dos primeras cartas de Pablo sobre la salvación se enfocan en el conflicto entre judíos y gentiles. Y más allá de eso, ambas llegan a la misma conclusión. A saber, que todos (ambos grupos) son justificados exactamente de la misma manera, por la fe y no por la ley.
El mismo patrón está presente en el gran pasaje de Pablo en Efesios sobre la salvación. Allí escribe que «por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe, pues somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas» (Efe. 2: 8-10). Estos versículos sobre la salvación dan paso inmediatamente al tema de la tensión entre los creyentes judíos y cristianos.
«Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos [los gentiles], habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. El es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación [...] para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz [entre ambos grupos], y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades». Tanto los judíos como los gentiles tenían acceso a Dios por medio de la fe en la obra salvífica de Dios para ellos a través de Cristo (vers. 13-19).
Hemos dedicado bastante tiempo al tema del conflicto con el objetivo de que quede claro que la corriente dominante en la Epístola a los Romanos no es exclusiva de este documento. Es, de hecho, la principal corriente que subyace en todo el Nuevo Testamento; y no es posible entender completamente el razonamiento de Pablo en Romanos sin reconocer esta dinámica. La relevancia de la Epístola a los Romanos para los cristianos del siglo XXI
Mientras que algunos pueden cuestionar la relevancia de algunos libros bíblicos, como el de Abdías, para los que vivimos en el mundo de hoy, nadie pone en duda la importancia que tiene la Epístola a los Romanos en 24 * SALVACIÓN PARA «TODOS»: LA EPÍSTOLA DE PABLO A LOS ROMANOS nuestra vida. Todos enfrentamos diariamente los problemas del pecado y la culpa, y cada cristiano se regocija en la asombrosa gracia de Dios, que nos acoge a pesar de nosotros mismos.
La Epístola a los Romanos presenta también principios rectores para muchas actividades importantes relacionadas con la vida cristiana, y con la manera en que nos relacionamos con aquellos que tienen creencias distintas o un origen cultural diferente al nuestro. Incluso ofrece directrices relacionadas con el papel del gobierno en nuestra existencia individual y colectiva. Además, por supuesto, está el tema de la esperanza y la seguridad, que nos anima y ayuda a sentirnos confiados en medio de los altibajos de la vida. La esperanza como la certeza en el pacto de que Dios cumplirá sus promesas también es central en la Epístola. Una vida sin esperanza es, por definición, una vida «desesperada». Por lo tanto, no solo es acertado decir que la Epístola de Pablo a los Romanos es relevante, sino que su mensaje no tiene parangón en la Biblia debido a su importancia en nuestra vida cotidiana en este mundo cada vez más complejo y turbulento.