CAPÍTULO 7
HONRADEZ CON DIOS

Aunque la cultura posmoderna considera la honradez total como algo vago, una ética irrelevante, la honradez es una virtud que debe ser valorada. Todos los principios bíblicos fracasan sin honradez. La honradez con Dios es uno de los principios bíblicos más mal comprendidos, y que produce emociones negativas y controversia. Aun algunos teólogos parecen pensar que esta práctica no es necesaria. Sin embargo, la elevada norma moral de la honradez es personificada en Cristo. Él dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Juan 14:6). Para muchos, la honradez con Dios es lo primero en que piensan cuando se menciona la mayordomía.

Entendido correctamente, diezmar es la actividad más esencial de la honradez con Dios de un mayordomo. Ser honrado con el diezmo es una expresión externa de la teología de la persona, y una acción espiritual -cuando se hace con la motivación correcta- que destruye el legalismo. Para incorporar plenamente el rasgo de la honradez con Dios en nuestro carácter, debemos comprender la dinámica de lo que es un diezmo honrado. Debe ser una convicción del corazon para seguir la voluntad de Dios.

UN ASUNTO DE MERA HONRADEZ

Dios es honrado Justo y directo. Nunca ha sido fraudulento ni lo será alguna vez. Sin embargo, la falta de honradez nunca está muy lejos de nosotros en este mundo pecaminoso. Como somos pecadores, nuestra honradez incluye un espectro que va de la mera honradez a las medias verdades, a las mentiras blancas y hasta a la falta de honradez directa.

La parábola del sembrador, de Cristo, describe la semilla que cae en buena tierra y que representa a los de "corazón bueno y recto" (Luc. 8:15), indicando un fundamento para nuestra espiritualidad que es esencial para la mayordomía. Así como el dinero es la moneda corriente en la economía, nuestra honradez es la moneda corriente de nuestra espiritualidad.

La honradez mantiene abierto nuestro acceso al poder divino. La falta de honradez, por otro lado, es el orgullo que actúa. Cuando somos faltos de honradez en cosas pequeñas, encontramos que es más fácil ser faltos de honradez en asuntos mayores. Dios odia la falta de honradez (Prov. 6:16,17).

La honradez no es valorada por mucha gente, y aun la religión no indica que uno es realmente honrado. Los investigadores en psicología han descubierto el rasgo de "honradez-humildad" de la personalidad, y dicen que "afecta muchos aspectos de la vida de la gente. Subyace en sus enfoques hacia el dinero, el poder y el sexo [...]. Los orienta hacia ciertas actitudes hacia la sociedad, la política, la religión. [Aunl influye en su elección de amigos y cónyuge".1 Nacemos con el rasgo de la honradez, pero debe ser educado. Formada apropiadamente en nosotros con principios bíblicos, la honradez llega a ser nuestra guía (Prov. 11:3).

"PROBADME AHORA"

A cualquiera que no ha devuelto el diezmo, hacerlo puede parecerle un paso difícil de dar, por lo menos al comienzo. Pero Dios dice: "Probadme ahora" (Mal. 3:10). Esto significa que actuaremos para ver si lo que Dios promete es cierto. Él ya ha aceptado la carga de la prueba al pedirnos que lo probemos a él.

Algunos temen (Sal. 56:3) que el noventa por ciento de sus ingresos no llegará tan lejos como el cien por ciento, y que no podrán administrarlo. Otros dicen que el diezmo no es obligatorio, sino más bien solo una sugerencia. Pueden decir que hoy no es necesario, o que no pueden darse el lujo de darlo. Pero la ignorancia, el pasar por alto o las excusas para no "probarlo" no son razones suficientes para negar la devolución de lo que Dios dice que le pertenece a él.

El significado final del "probadme ahora" es que demuestra la existencia de Dios. Para ver la prueba, tenemos que tener dos componentes -un buen argumento y una demostración válida de la evidencia- o la prueba falla. El argumento es que el diezmo pertenece a Dios, y la demostración de "probar a Dios" al devolverlo dará evidencia de que él guarda su promesa de bendiciones para nosotros. Es más que una transacción legal o una manera valiosa de obtener bendiciones, maravillosas como son. La evidencia que Dios da demostrará el argumento.

Cuando "probamos" a Dios de esta manera visible, estamos haciendo una afirmación personal a otros de que Dios existe y que confiamos en que su plan funciona. Si el principio del diezmo nunca se hubiera requerido, los que alegan contra él podrían tener razón. Pero Dios lo ha requerido desde el principio; él no ha cambiado sus mandamientos. Intentar escapar déla directiva de Dios de "probadme" es una lógica defectuosa (Sal. 14:1) y niega que Dios es quien es, al reemplazar su directiva con nuestra comprensión limitada.

"El altruismo, principio básico del Reino de Dios, concita el odio de Satanás, que niega hasta su misma existencia. Desde el comienzo del Gran Conflicto ha tratado de demostrar que tos principios que constituyen el fundamento de la actividad alvina son egoístas, y califica del mismo modo a todos los que S1rven a Dios. La obra de Cristo y la de todos los que llevan su nombre consiste en refutar las acusaciones de Satanás"2 En nuestro diezmar, Cristo está trabajando a través de nosotros Para disipar el egoísmo.

UNA AFIRMACIÓN DE FE

Una vez, después de terminar de dar un estudio bíblic sobre el diezmo a un hombre, él dijo: "Si Dios pagará todas mi cuentas, entonces yo pagaré el diezmo. No necesitamos seguir estudiando más". En otra ocasión, una persona me dijo que ya no seguiría apoyando a los "rebeldes" con su diezmo. Tratar el diezmo de esa manera es hipocresía. Devolver el diezmo es una afirmación de fe en Dios. Es un testimonio personal y una declaración de conciencia que aparece en el centro de nuestro sistema de creencias. Rechazar un requerimiento de fe de Dios es rechazar su carácter y sus expectativas de obediencia. No podemos reclamar su nombre y, al mismo tiempo, rechazar sus demandas sobre nosotros.

Jacob no pasó por alto este concepto. Después de que vio una visión de una escalera que llegaba hasta el cielo, hizo este voto: "Si va Dios conmigo y me guarda en este viaje en que estoy, si me da pan para comer y vestido para vestir y si vuelvo en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal será casa de Dios; y de todo lo que me des, el diezmo apartaré para ti" (Gén. 28:20-22).

Nuestra participación en el diezmar es un pacto de fe, un acuerdo entre Dios y su pueblo.

Un pacto tal se describe como teniendo "una estructura de mandato/promesa".3 Esta estructura se encuentra en Mala-quías 3:10. Contiene el mandato: "traed todos los diezmos" y la promesa de Dios de que "abro las ventanas de los cielos y derramo sobre vosotros bendición". Este pacto tiene la intención de atraernos a Dios, y afirmar su presencia y sus dones. Devolver el diezmo muestra nuestra fe en una de las promesas claras de Dios. Él no nos chasqueará, "porque todas las promesas de Dios son en él sí'" (2 Cor. 1:20).

SANTO PARA DIOS

El diezmo era practicado y considerado sagrado en civilizaciones antiguas. En Babilonia, "encontramos que Tiglat-Pileser, Nabudoconosor, Nabonido, Belsasar, Ciro y otros soberanos, con todas las clases de personas en el valle del Eufrates, asi como los colonos fenicios en Cartago: todos ellos ofrecían anualmente una décima parte de sus ingresos".4 Los griegos consideraban que un décimo de sus tierras de cultivo era "sagrado para Diana".5 Entre los romanos, "Hércules es el dios que se menciona con mayor frecuencia entre los recibidores de diezmos".6 Aun de Festo, que escuchó el testimonio de Pablo (Hech. 25), "se informa que dijo que los antiguos romanos ofrecían toda suerte de diezmos a sus dioses".7

La Biblia presenta dos hechos teológicos esenciales acerca del diezmo: "pertenece al Señor, pues le está consagrado" (Lev. 27:30, NVI). "Él se lo ha reservado para ser empleado para propósitos religiosos. Es santo. Él ha aceptado nada menos que eso en cualquier dispensación. Un descuido o postergación de este deber provocará el desagrado divino".8 Devolvemos nuestro diezmo a un Dios vivo y santo. Ese es un acto sagrado.

REAVIVAMIENTO Y REFORMA HONRADOS, Y EL DIEZMAR

Cuando era un niñito, una vez mi papá me dijo:
-Johnny, ¿viste al hombre que bauticé hoy?
-Sí-le contesté, pidiendo más comida en mi plato.
-Mientras estábamos en el bautisterio, se volvió a mí y dijo:
'Eh, predicador, el agua no le hizo daño a mi dinero', y dándose vuelta, me mostró su billetera. Mientras estaba allí parado sosteniendo su dinero, le pregunté:
-¿Por qué trajo su dinero al bautisterio?
-Yo quería que mi dinero estuviera convertido también-dijo él

Johnny nunca olvidó que su dinero debe estar convertido. Esa es, tal vez, una de las ilustraciones más claras que yo conozco del reavivamiento y la reforma. Cristo está en el centro e ar^bos. El reavivamiento sin reforma produce un cristiano Jjbio,yia reforma sin reavivamiento conduce al legalismo. El ^°mbre que mi papa bautizó quería ser reavivadoy reformado su vida entera, sin que ninguna parte quedara afuera. Lo que encuentro fascinante es que no hay necesidad de una falta de recursos de diezmo para sostener a los obreros evangélicos. La falta proviene de los seguidores de Jesús que no hacen una afirmación de fe. Hay una necesidad de un reavivamiento v una reforma. "Si todos los cristianos profesos trajeran fielmente sus diezmos a Dios, su tesorería estaría llena".9

Ser honrados con Dios libera. La falta de honradez es una carga. No transforme en una carga lo que Dios ha diseñado para que sea una bendición. Se nos ha llamado a ser honrados con Dios, a probar a Dios, a ser fieles y, más que todo, a ser santos: puros, sin mancha. "Porque escrito está: 'Sed santos, porque yo soy santo'" (i Ped. 1:16). Dios hace santos a quienes él salva. Los que él salva reconocen que el diezmo es sagrado y santo, para ser usado en su obra.


1 Kibeon Lee y Michael C. Ashton, The H Factor of Personality (Waterloo, ON: Wilfrid Laurier University Press, 2012), p. 4. 2White, La educación, p. 154.

3 Ronald E. Vallet, The Steward Living in Covenant (Grand Rapids, MI: William B. Eerdmans, 2001), pp. 50,51.

4Henry Lansdell, TheSacred Tenth;or Studies in Tithe-Giving,Ancientand Modern (Londres: Society for Promoting Christian Knowledge, 1906), 1.1, p. 20. 5Ibíd.t p. 26.

6Ibíd., p. 29.

7Ibíd., p. 33.

8 White, "Will a Man Rob God?", Review and Herald (16 de mayo de 1882). 9Ibíd.