CAPÍTULO 3
Jesús ante el trono del Apocalipsis

 

Cuando una de mis Biblias empezó a deshacerse, le saqué los libros de Daniel y Apocalipsis e hice un solo libro con ellos.

Aunque era la Biblia más pequeña que jamás había tenido, contenía información vital para este tiempo final de la historia dos libros de la Biblia exponen los acontecimientos actuales que revelan la etapa culminante del conflicto cósmico antes del regreso de Cristo.

De hecho, ambos libros contienen la versión divina de lo que está ocurriendo en el planeta Tierra. Nos ayudan a comprender la trayectoria de los acontecimientos actuales, particularmente la tendencia de las iglesias y las religiones a unirse en una fuerza mundial que influirá en la historia a nivel global.

Después de estudiar estos dos libros, estoy convencido de que muchos cristianos están en desventaja. Si se saltan el estudio de Daniel y Apocalipsis, no podrán comprender completamente lo que está ocurriendo tras bastidores en la historia humana. El estudio apocalíptico o profético es fundamental para comprender a cabalidad lo que está sucediendo actualmente entre las iglesias y hacia dónde nos lleva esa tendencia. Dado lo expuesto, la eclesiología (el estudio de la iglesia) y la escatología (el estudio de los acontecimientos finales) no podrán desarrollarse plenamente en los sistemas teológicos de las iglesias que no tomen en cuenta los mensajes de Daniel y Apocalipsis. Esta es la razón por la que la Iglesia Adventista del Séptimo Día es tan afortunada, ya que entendemos cómo los acontecimientos actuales nos están llevando hacia una unión eclesiástica global que tendrá el poder de perseguir a los que guardan los mandamientos de Dios (Apoc. 13: 1-15).

Comparación entre los libros de Daniel y Apocalipsis

Los libros de Daniel y Apocalipsis son similares porque son históricos, escatológicos y apocalípticos (reveladores). Usan símbolos, alaban al Dios verdadero y se oponen a dioses falsos. Ambos hacen preguntas desafiantes dirigidas al pueblo de Dios: «¿Qué dios será el que os libre de mis manos?» (Dan. 3: 15). «¿Quién como la bestia y quién podrá luchar contra ella?» (Apoc. 13: 4). Ambos contienen una parte principalmente histórica (Dan. 1-6; Apoc. 1-12) y otra principalmente escato-lógica (Dan. 7-12; Apoc. 13-22). Ambos hablan del Cristo resucitado (Dan. 7: 13, 14; Apoc. 1: 10-20). Ambos se centran en un poder parcializado que habla palabras pomposas contra Dios, que transcurre durante un período de 1,260 años y que persigue a los santos (Dan. 7: 6-8, 19-25; Apoc. 12: 13-16). Ambos se enfocan en el trono de Dios en el cielo (Dan. 7: 9, 10; Apoc. 4, 5). Ambos tienen en alta estima la ley de Dios (Dan. 7: 25; Apoc. 12: 17; 14: 12). Ambos hablan de un juicio en el cielo durante el tiempo del fin, conocido como el juicio previo al advenimiento (Dan. 7: 9-14; Apoc. 14: 6, 7). Ambos contienen la orden de adorar una imagen o morir (Dan. 3: 1-28; Apoc. 13: 14, 15). Ambos describen a Dios liberando a su pueblo de decretos de muerte terrenales (Dan. 3: 23-27; 6: 26, 27; Apoc. 19: 19-21). Ambos imparten una bendición (Dan. 12: 12; Apoc. 22: 7). Ambos hablan de la destrucción del falso sistema de adoración y de la liberación del pueblo de Dios. Ambos hablan del desarrollo y el climax del conflicto cósmico.1

Daniel y Juan, los escritores de Daniel y Apocalipsis respectivamente; estaban en cautiverio cuando recibieron la revelación divina. Daniel estaba cautivo en Babilonia y Juan había sido desterrado a la isla de Patmos.

Sus libros, en parte, tienen que ver con tiempos en los que el pueblo de Dios está sufriendo persecución. Así que ambos brindan aliento al pueblo de Dios en los momentos de aflicción, incluyendo la persecución que ocurrirá en el tiempo final. Estos libros le recuerdan al pueblo de Dios que él estará con ellos en medio de todas sus dificultades (Heb. 13: 5 y Mat. 28: 20) y que, así como Cristo sufrió antes de su triunfo y ascensión al cielo, su pueblo en el tiempo del fin sufrirá, triunfará y ascenderá al cielo en ocasión del segundo advenimiento.

Ambos libros muestran que el orgullo es el sello distintivo del enemigo del pueblo de Dios (Dan. 7: 8, 11, 20; Apoc. 18: 7). El orgullo refleja a Satanás, cuyo «corazón se llenó de orgullo» (Eze. 28: 17, NTV) y se consideraba a sí mismo como Dios (Isa. 14: 12, 13; ver Eze. 28: 2). Esta reflexión también aparece en la descripción de naciones como Babilonia y Moab. Las Escrituras dicen:

«Y Babilonia, hermosura de reinos, gloria y orgullo de los caldeos, será como Sodoma y Gomorra, a las que trastornó Dios» (Isa. 13:19). «Hemos oído de la soberbia de Moab; muy grandes son su soberbia, su arrogancia y su altivez; pero sus mentiras no serán firmes» (Isa. 16:6).

Este es el mismo orgullo que encontramos en el Faraón y Nabucodo-nosor (Éxo. 5: 2; Dan. 4: 30, 37). Cristo nunca ha sido orgulloso, a pesar de ser Dios. Filipenses 2: 6-8 nos dice que él descartó el uso de su divinidad2 cuando se hizo humano: «Más aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (vers. 8). Él nos invita a seguirlo a él y su ejemplo: «Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras álmas» (Mat. 11: 29). Comparado con Cristo, el orgullo se centra en el yo y es anticristiano. «Dios resiste a los soberbios» (Sant. 4: 6).

Ambos libros indican que en el tiempo del fin el sistema jactancioso y perseguidor que se opone a Dios será derrotado:

«[El cuerno pequeño, ver Daniel 7:20,24] hablará palabras contra el Altísimo [...]. Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio, para que sea destruido y arruinado hasta el fin» (Dan. 7:25,26). «¡Ay, ay de la gran ciudad, de Babilonia, la ciudad fuerte!, porque en una sola hora vino tu juicio» (Apoc. 18:10).

Como dos sujetalibros, Daniel y Apocalipsis cuentan la historia de la salvación de principio a fin. El pueblo de Dios sufre cautiverio en la antigua Babilonia y milenios después es perseguido por la Babilonia contemporánea (posteriormente veremos que el poder del tiempo del fin opuesto a Dios, identificado como Babilonia, es un poder religioso y político [una alianza de la iglesia y el estado] con raíces históricas en el período medieval).

El nombre de estos dos libros podría ser «Historia de dos Babilonias». La primera Babilonia es local, la Babilonia final, universal. La primera Babilonia es pequeña, la Babilonia final, grande. La primera Babilonia es literal, la Babilonia final, espiritual. La primera Babilonia es un tipo, la Babilonia final, el antitipo.

Acusada de ser el anticristo

En el siglo XVI, la Iglesia Católica Romana era considerada el anticristo por todos los reformadores. Ellos basaron dicha acusación en el estudio de Daniel, 2 Tesalonicenses 2 y Apocalipsis. Con la llegada de la imprenta, las opiniones de líderes protestantes como Martín Lutero se difundieron rápidamente y sacudieron a la Iglesia Católica Romana hasta sus cimientos. Nunca antes el papado había sido tan poderosamente desafiado.

Como resultado de este ataque, la Iglesia Católica Romana convocó al Concilio deTrento (1545-1563). Esta reunión tenía dos tareas principales: (1) destruir la Reforma Protestante, y (2) desviar la acusación de ser el anticristo. Esto último lo harían ubicando el tiempo del anticristo en el pasado lejano (preterismo) o en el futuro (futurismo), muy alejado del presente. Escogieron el futurismo.

Sin embargo, el conflicto cósmico no se limita a la iglesia primitiva (preterismo) ni al tiempo del fin (futurismo). El preterismo y el futurismo se restringen al pasado o al futuro, mientras que el conflicto cósmico abarca todo el período que transcurre desde el principio hasta el final de la historia humana. De esta forma, tanto el preterismo como el futurismo incluyen solo una pequeña parte de la historia, ignorando la mayor parte de la historia de la humanidad y del conflicto cósmico.

Interpretación historicista de! Apocalipsis

En medio del conflicto cósmico que nos revela el libro de Apocalipsis, el capítulo 12 nos presenta «un vistazo general a la historia, desde el nacimiento de Cristo hasta los acontecimientos finales»3 y establece un vínculo entre la historia del conflicto (Apoc. 1-11) y los acontecimientos futuros (Apoc. 13-22). El plan de salvación, por ejemplo, se presenta cronológicamente desde el Calvario (Apoc. 1: 5) hasta el primer compartimiento del santuario celestial (los siete candeleras y el «altar de oro», Apoc. 4: 5; 8: 3) y el arca del pacto en el segundo compartimiento (Apoc. 11: 19).4 Apocalipsis 13-22 abarca acontecimientos que ocurrieron y que aún están por ocurrir.

Quien lea cuidadosamente el Apocalipsis se dará cuenta de que las fiestas de Israel reciben una atención especial. Cada año se celebraban por lo menos cinco grandes fiestas: la Pascua, el Pentecostés, las Trompetas, el Día de la Expiación y los Tabernáculos (Lev. 23). La Pascua es el primer acontecimiento mencionado (Apoc. 1:5) después de la introducción (vers. 1-4). Luego se menciona nuevamente (vers. 17, 18). El Pentecostés (Apoc. 4: 5) viene antes de la Fiesta de las Trompetas (Apoc. 8-11). Estas fiestas ocurren antes del Día de la Expiación (Apoc. 13-20), que precede a la Fiesta de los Tabernáculos (Apoc. 21).

Fijémonos que la Fiesta de las Trompetas culmina en Apocalipsis 11, justo cuando el versículo 19 revela por primera vez el arca del pacto en el Lugar Santísimo. Esto significa que tanto el mobiliario del santuario como las fiestas judías en Apocalipsis 1-11 señalan acontecimientos que tienen lugar durante el ministerio de Cristo en el Lugar Santo (y por lo tanto son históricos), mientras que los acontecimientos descritos en Apocalipsis 13-20 ocurren durante el día antitípico de la expiación, mientras Cristo ministra en el Lugar Santísimo (y por lo tanto son esca-tológicos).

La Fiesta de los Tabernáculos, posterior al milenio, concluye las fiestas en el libro de Apocalipsis al presentar que «el tabernáculo de Dios está ahora con los hombres» (Apoc. 21: 1-3). De esta forma, las imágenes del santuario y de las festividades judías apoyan las secciones histórico-escatológicas (Apoc. 1-11 y 13-22) presentadas en este capítulo.

El trono en el cielo

El Nuevo Testamento afirma repetidamente que después de su ascensión, Cristo fue al Padre y se sentó a su diestra en el trono (Mar. 16: 19; Hech. 2: 33, 34; 5: 31; Rom. 8: 34; Efe. 1: 20; Col. 3: 1; Heb. 1: 3, 13; 8: 1; 10: 12; 12: 2; 1 Ped. 3: 22). Algunos intérpretes concluyen que después de su ascensión, Cristo entró directamente al Lugar Santísimo, donde según ellos se encuentra el trono de Dios, a pesar de que Apocalipsis 4, 5 y 8 describen el trono como rodeado de elementos que pertenecen al primer compartimento del santuario (Apoc. 5: 8; 8: 3, 4). Estos intérpretes pasan por alto el hecho de que la Escritura presenta un trono movible.

La historia y la profecía bíblicas mencionan tronos que eran movibles. Los reyes de Israel y Judá, por ejemplo, se sentaron en tronos en la puerta de entrada a Samaría (2 Crón. 18: 9). En el lenguaje profético, las ruedas representan movilidad. Ezequiel y Daniel tuvieron visiones que incluían tronos movibles. Ezequiel habla de cuatro querubines que se movían dondequiera que el Espíritu de Dios se movía (Eze. 1:4-12; ver 10: 14). «Sobre la bóveda que estaba sobre sus cabezas se veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro, y sobre la figura del trono había una semejanza, como de un hombre sentado en él» (Eze. 1: 26).

Se habla de ruedas relacionadas con este trono móvil (vers. 15-17).5 Así como la presencia de Dios en el santuario y el templo terrenales no se limitaba al Lugar Santísimo, el trono en el cielo pasó del primer compartimiento al segundo (Éxo. 33: 9; Eze. 9: 3). Daniel vio esto mientras estaba en visión:

«Estuve mirando hasta que fueron puestos unos tronos y se sentó un Anciano de días. Su vestido era blanco como la nieve; [...] su trono, llama de fuego, y fuego ardiente las ruedas del mismo. Un río de fuego procedía y salía de delante de él» (Dan. 7:9,10).


Imágenes del trono

La palabra trono (tronos en griego) aparece 61 veces en el Nuevo Testamento, 45 de ellas en el libro de Apocalipsis/' Hay siete escenas relacionadas con el trono o el templo en Apocalipsis que introducen nuevas secciones (Apoc. 4; 5; 8: 2-6; 11:19; 15; 16: 17-17: 3; 19: 1-10; 21: 5-11).

Las escenas del salón del trono se muestran antes de los acontecimientos que ocurren en la tierra porque Dios quiere que fijemos nuestra vista primero en lo que ocurre en el cielo —el centro de control del universo— y que luego enfrentemos los problemas en la tierra. Este enfoque nos permite lidiar exitosamente con las crisis en la tierra al proveer motivación y esperanza. Fijar la mirada en Cristo y estudiar su Palabra nos proporciona fortaleza y valor a medida que nos preparamos para la crisis final.


1. El libro de Daniel es el soporte principal del libro de Apocalipsis en el Antiguo Testamento.
2. Biblia de estudio Andrews, nota sobre Filipenses 2: 7.
3. Biblia de estudio Andrews, nota sobre Apocalipsis 12: 1-17.
4. Biblia de estudio Andrews, nota sobre Apocalipsis 11: 19.
5. Biblia de estudio Andrews, nota sobre Ezequiel 1:16.
6. Mark Driscoll, "The Church and the Supremacy of Christ in a Postmodern World," en TheSupre-macy of Christ in a Postmodern World, editores (ohn Piper y lustin Taylor (Wheaton, 11 Crossway Books, 2007), p.