CAPÍTULO 10

El evangelio eterno de Dios

 

La sección previa, Apocalipsis 12 y 13, proveyó al pueblo de Dios del tiempo del fin con la firme seguridad de la promesa de Cristo de estar siempre con él durante la confrontación escatológica. Durante estos tiempos difíciles, el pueblo de Dios está comisionado para entregar un mensaje especial: presentado en términos de tres ángeles que vuelan en medio del cielo con mensajes especiales para los habitantes de la Tierra.

El griego dggelos (ángel) significa "mensajero". En la Biblia, los ángeles a menudo representan personas al servicio de Dios (Mal. 2:7; Luc. 1:13). Apocalipsis 14:12 claramente vincula los tres ángeles con el pueblo de Dios del tiempo del fin, que llevan el mensaje de advertencia de Dios al mundo.

El mensaje del primer ángel (14:6, 7)

El primer ángel trae el evangelio eterno para proclamarlo a cada persona sobre la Tierra. Este evangelio es la buena noticia, y su naturaleza eterna muestra que es el evangelio de la Biblia. Declara el mensaje divino de salvación y juicio. Es una buena noticia para quienes lo aceptan porque son salvados, pero significa juicio para quienes lo rechazan. La proclamación del evangelio del tiempo del fin es mundial, para ser proclamado a "toda nación, tribu, lengua y pueblo" (Apoc. 14:6). Esto recuerda la comisión dada a Juan de profetizar "sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes" (Apoc. 10:11), y afirma la idea de que los tres ángeles representan al pueblo de Dios del tiempo del fin, a quienes se les confía la predicación del evangelio. Esta predicación es significativa porque la bestia, en el tiempo del fin, ejercerá su autoridad delegada por Satanás sobre "toda tribu, pueblo, lengua y nación" (Apoc. 13:7). Así como las actividades engañosas del diablo son mundiales, también lo es la proclamación del evangelio del tiempo del fin. Esta predicación del evangelio es mencionada por Jesús en su sermón del monte de los Olivos (Mat. 24:14).

El ángel proclama el mensaje "a gran voz" (Apoc. 14:7; griego, fonémegálé, de donde viene nuestra palabra megáfono). Este mensaje es urgente: concierne al destino eterno de cada persona sobre la Tierra. Es el llamado de Dios al arrepentimiento. Este llamado se expresa con un triple imperativo: temer a Dios, darle gloria y adorarlo a él como Creador.

"Temed a Dios y dadle gloria" (Apoc. 14:7). En Apocalipsis, el pueblo de Dios del tiempo del fin son los que temen a Dios (Apoc. 11:18; 19:5). Temer a Dios, en la Biblia, significa tomarlo en serio, y reconocerlo por lo que él es. Implica respeto y reverencia a Dios. Temer a Dios denota una correcta relación con él y una entrega total a su voluntad (Gen. 22:12; Job 1:8, 9). Resulta en hacer lo correcto, y los que temen a Dios guardan sus mandamientos (Deut. 5:29; 13:4; Ecl. 12:13).

Temer a Dios y darle gloria van juntos (Apoc. 11:13; 15:4). Aunque lo primero designa una correcta relación con Dios, lo último denota obediencia a él. La persona que teme a Dios responde a su gracia guardando sus mandamientos. Jesús afirma: "En esto es glorificado mi Padre: en que llevéis mucho fruto" (Juan 15:8). El pueblo de Dios del tiempo del fin se caracteriza por su estrecha relación con Jesucristo y por guardar sus mandamientos (Apoc. 12:17; 14:12).

La razón para temer a Dios y darle gloria es porque "la hora de su juicio ha llegado" (Apoc. 14:7). Este juicio es el juicio previo al Advenimiento, que ocurre antes de la Segunda Venida; este está en contraste con el juicio final que ocurrirá después del milenio (Apoc. 20:11-15). Su propósito es decidir quién está en la relación correcta con Dios y quién no lo está. Estas decisiones se hacen antes de que Jesús venga. Este juicio previo al Advenimiento ocurre al mismo tiempo que se predica el evangelio en el tiempo del fin. Cuando se haya completado la predicación del evangelio y se haya concluido el juicio previo al Advenimiento, habrá una separación final entre los que son para el Reino y los que se pierden (Apoc. 14:14-20). Entonces Jesús vendrá para traer su recompensa a cada persona, de acuerdo con sus hechos.

El Juicio es parte del evangelio. Es una buena noticia para los fieles y obedientes, pero una mala noticia para los infieles. Cuando se termine el Juicio, el destino de cada persona estará decidido (Apoc. 22:11). No habrá segunda oportunidad. La oferta de la salvación ya no estará disponible. Para el pueblo de Dios, el Juicio significa vindicación y salvación; pero, para los otros, trae condenación. Para estos últimos se dirigen los mensajes de los tres ángeles, que los llaman a adorar al Dios vivo. Los pecadores todavía tienen una oportunidad de arrepentirse y volverse a Dios, porque él no quiere que nadie perezca. Más bien, quiere que "todos procedan al arrepentimiento" (2 Ped. 3:9).

"Adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas" (Apoc. 14:7). La adoración es central en el conflicto final entre Cristo y Satanás. En el tiempo del fin, la gente en el mundo se dividirá en dos grupos: los que temen y adoran a Dios, y los que temen y adoran a la bestia. Se traza una clara línea entre ambos grupos. Es importante recordar que la prueba, en el tiempo del fin, no es negarse o no a adorar, sino a quién se adora. Mientras que la mayoría de la gente rechaza la verdad y elige seguir y adorar a la bestia, el pueblo de Dios escoge adorar y servir a Dios.

La verdadera adoración, en la Biblia, está asociada con un día correcto de adoración. El llamado a adorar a Dios, quien hizo el cielo y la Tierra, y el mar y las fuentes de las aguas, refleja el cuarto de los Diez Mandamientos. Los editores del Nuevo Testamento Griego notan en el margen que esta declaración de Apocalipsis 14:7 es una cita directa de Éxodo 20:11.' Esto indica que el llamado a adorar a Dios el Creador que hace el primer ángel se da en el contexto de la observancia del sábado. Este es un llamado a adorar a Dios, quien creó esta Tierra en seis días y proclamó el séptimo como santo (Gén. 2:1-3). El sábado del séptimo día es una señal especial de nuestra relación con Dios (Exo. 31:13; Eze. 20:12,20). Es un monumento tanto de la Creación (Exo. 20:11) como de la Redención (Deut. 5:15).

El mensaje del primer ángel muestra que la verdad acerca de Dios el Creador será proclamada una vez más al mundo. La gente será llamada a volver a Dios, contrariando las actividades engañosas de Satanás, que tienen la intención de embarcar al mundo en una religión falsa y en el servicio a un dios falsificado (2 Tes. 2:4).

El mensaje del segundo ángel (14:8)

El mensaje del segundo ángel está estrechamente vinculado con el primer mensaje. Mientras el primero llama a la gente a temer y adorar a Dios el Creador, el segundo mensaje anuncia la caída de Babilonia la Grande -el dios falso-, quien "ha hecho beber a todas las naciones del vino de la pasión de su inmoralidad" (Apoc. 14:8).

El símbolo de Babilonia en el Apocalipsis está arraigado en la Babilonia histórica como el poder que se opuso a Dios y oprimió a su pueblo. Desde su inicio en la Torre de Babel, Babilonia se ha caracterizado por la arrogancia y la rebelión contra Dios (Gén. 11:1-9). Isaías 14:4 y 12 al 15 iguala a Babilonia con Satanás y su intento de hacerse igual a Dios. En Apocalipsis 14:8, la expresión "Babilonia la Grande" es un eco de la jactancia del rey Nabucodonosor (Dan. 4:30). Esta jactancia fue respondida con el anuncio de un juicio divino contra él, y Babilonia no sería el reino eterno que Nabucodonosor preveía.

La Babilonia del tiempo del fin, en Apocalipsis, es un símbolo de la trinidad satánica: Satanás, la bestia del mar y la bestia de la tierra. Esta coalición satánica unirá los poderes religiosos apóstatas bajo sus auspicios; a ellos se los señala como las hijas de Babilonia (Apoc. 17:5). Ellos se pondrán al servicio de Satanás en oposición a Dios y a su pueblo (Apoc. 13:11-18). Esta confederación religiosa apóstata se caracteriza por el orgullo y la arrogancia de la Babilonia histórica. Como la Babilonia antigua, se exalta por sobre Dios y procura tomar el lugar de Dios. Apocalipsis 17 pinta la Babilonia del tiempo del fin como una prostituta que hace beber a todas las naciones de su vino y las seduce a entrar en una relación ilícita con ella (Apoc. 17:1-5; 18:3). Jeremías habla de Babilonia, que "embriagó a toda la tierra [...] de su vino bebieron los pueblos; se aturdieron las naciones" (Jer. 51:7). En Apocalipsis 13:11 al 18, la trinidad satánica engaña y seduce a la gente del mundo para que adore a la bestia y a su imagen. Las naciones seducidas se asociarán con la Babilonia del tiempo del fin para tener seguridad económica (Apoc. 18:3, 9-19). El sistema medieval de la religión del Estado se restaurará, y la herida mortal de la bestia será sanada. La recién establecida unión religioso-política impondrá una religión falsa, que controla la conciencia y la conducta de la gente. La gente del mundo será forzada a adorar a la bestia y a aceptar su marca.

El mensaje del segundo ángel provee la seguridad, al pueblo de Dios, de que su impío sistema no durará mucho tiempo. Ya ha caído y pronto llegará a su fin, así como cayó la Babilonia antigua (cf. Isa. 21:9; Jer. 51:8). En Apocalipsis 14:8, la repetición de la palabra caída señala que Babilonia ciertamente terminará. Este colapso se describe en Apocalipsis 18.

El mensaje del tercer ángel (14:9-11)

Sigue el tercer ángel, y su mensaje se construye sobre los dos previos. Mientras los otros dos mensajes llaman a la gente a la verdadera adoración y anuncian el destino de Babilonia, el mensaje del tercer ángel pronuncia una seria advertencia a quienes escogen adorar a la bestia y a su imagen y reciben la marca en su frente o en su mano derecha.

Este ángel usa un lenguaje drástico. Todos los que eligen beber del vino de Babilonia tendrán que beber "del vino de la ira de Dios, que ha sido mezclado puro en el cáliz de su ira" (Apoc. 14:10). En el Antiguo Testamento, beber vino de la copa de Dios es un símbolo frecuente de la ira de Dios (Job 21:20; Sal. 75:8; Isa. 51:17-23). En tiempos antiguos, el vino a menudo se diluía con agua para reducir su fuerza. El vino sin diluir se mezclaba con diversas hierbas y especias para aumentar su fuerza embriagadora. El vino mezclado, sin diluir, representa la ira de Dios que se ejecuta plenamente, sin misericordia. El salmista aplica esta metáfora al juicio divino: "La copa está en la mano de Jehová; el vino está fermentado, lleno de mixtura, y él lo derrama" (Sal. 75:8).

Beber de esta copa del vino de la ira de Dios sin diluir se describe en Apocalipsis 15 y 16 como las siete últimas plagas. Estas se mencionan como la copa del vino del ardor de la ira de Dios, echado sobre los que adoran a la bestia y reciben la marca de la bestia (Apoc. 16:1, 19). Al derramar las siete últimas plagas, "se consumaba la ira de Dios" (Apoc. 15:1).

Todos los que adoran la imagen de la bestia y reciben la marca de la bestia serán atormentados con fuego eterno delante de los ángeles y del Cordero. El humo del fuego se describe como que asciende por siempre, lo que no da descanso a la gente ni de día ni de noche. Esta es una imagen bien conocida en la Biblia. En el Antiguo Testamento, el fuego y el azufre son símbolos de juicio (Gén. 19:24; Isa. 34:8-10). El concepto de fuego eterno y humo que asciende para siempre también viene del Antiguo Testamento. Isaías profetizó que Edom sería destruido con fuego y azufre, y llegaría a ser un pozo ardiente: "No se apagará de noche ni de día, sino que por siempre subirá su humo" y nunca más se levantará de sus ruinas (Isa. 34:10). Judas describe la suerte de Sodomay Gomorra como "sufriendo el castigo del fuego eterno" (Jud. 7). Parece claro que estos textos no hablan de un fuego sin fin. Ni Sodoma y Gomorra ni Edom están ardiendo en la moderna Jordania. Pero los efectos del fuego que las destruyó duran para siempre. Lo mismo es cierto con respecto al fuego eterno en Apocalipsis; no denota que queme sin fin sino lo suficiente para que la destrucción sea completa, hasta que no quede nada para quemar.

Los profetas del Antiguo Testamento usaron la destrucción de Sodoma y Gomorra como el modelo de la destrucción de la antigua Babilonia (Isa. 13:19; Jer. 50:40). El mismo lenguaje se emplea en Apocalipsis 14 para describir la suerte de la Babilonia del tiempo del fin. El lenguaje grotesco y temible señala la total aniquilación, y no un sufrimiento y un arder eterno. Los que eligen adorar a la bestia y a su imagen y recibir la marca de la bestia tendrán un castigo eterno, y compartirán así el déstino de Babilonia la Grande (Apoc. 19:3; 20:10).

El lenguaje vivido usado en el mensaje del tercer ángel tiene la intención de sacudir los sentidos de la gente y moverla a mantenerse firme frente a los engaños de Satanás del tiempo del fin. El temor es expulsado por un temor mayor. Así como la bestia de Apocalipsis 13 usa el temor para forzar a los habitantes del mundo a elegir una religión falsa y recibir la marca de la bestia, Apocalipsis usa un lenguaje aún más fuerte para disipar ese temor, reflejando como un eco las palabras de Jesús: "No temáis a los que matan el cuerpo pero el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno" (Mat. 10:28). Los que responden al llamado y eligen a Dios pueden escapar del destino de la trinidad satánica y sus seguidores (Apoc. 20:11-15).

Los santos del tiempo del fin (14:12,13)

Los mensajes de los tres ángeles concluyen con una declaración positiva. Señalan a la paciencia de los santos. A estos santos se les confió la predicación del mensaje del evangelio del tiempo del fin (Apoc. 14:12) y son las mismas personas de quienes se habla en Apocalipsis 12:17, quienes son objeto de la ira y el ataque furioso de Satanás. Ellos se caracterizan por su fidelidad invariable a Cristo y su obediencia a los mandamientos de Dios. En Apocalipsis 14:12, la palabra aquí, en la frase "aquí está la perseverancia de los santos", muestra que su perseverancia es principalmente por causa de su fiel predicación del evangelio del tiempo del fin.

Estos santos reciben la promesa de descanso si sufrieron penurias físicas y persecución, aun al punto de la muerte {cf. Apoc. 12:11). El descanso de sus labores, junto con sus buenas obras, los seguirán. Esta promesa contrasta con la amenaza a quienes adoran a la bestia y reciben su marca; ellos nunca tendrán descanso (Apoc. 14:11). El destino eterno del pueblo de Dios está asegurado por Cristo, quien prometió estar siempre con él, hasta el mismo fin del tiempo (ver Mat. 28:20).

Apocalipsis usa un lenguaje vivido para advertir a quienes leen el libro acerca de la naturaleza seria de sus elecciones. Prestar atención al llamado a "temer a Dios y darle gloria" (Apoc. 14:7) es la única vía de escape del destino de la trinidad satánica.


Referencias

1 Ver Kurt Aland etal., eds., The GreekNew Testament,4'ed. (Nueva York: United Bible Societies, 1993), p. 863.