CAPÍTULO 11

Las siete últimas plagas

Apocalipsis 15 y 16 se construyen sobre la visión de las dos cosechas en Apocalipsis 14:14 al 20. Esta visión describe a los santos como trigo para ser cosechado y ser guardado en la bodega de Cristo (Apoc. 14:14-16; cf.Max.. 13:30, 31); y a los no arrepentidos, como uvas para ser pisadas en el lagar de la ira de Dios (Apoc. 14:17-20).

El tiempo de las plagas

Apocalipsis 16:1 al 11 nos dice que las siete últimas plagas están reservadas exclusivamente para quienes rechazan a Dios y reciben la marca de la bestia. Se especifica que son "las postreras" (Apoc. 15:1) porque siguen a las plagas de las siete trompetas (Apoc. 8; 9; 11:15-19). Las trompetas fueron juicios preliminares, como anticipo de juicios más severos todavía por venir. Aunque hay similitudes en el lenguaje entre las plagas de las trompetas y las últimas plagas, las dos series no son lo mismo.

Primero, durante las trompetas, el evangelio es predicado por todo el mundo (Apoc. 10:8; 11-14) y el ministerio mediador de Cristo se realiza en el cielo (Apoc. 8:3-5). Pero las últimas plagas se derraman claramente después de que se terminó la predicación del evangelio y concluyó la intercesión en el Santuario celestial (Apoc. 14:6-13).

Segundo, Apocalipsis 15:8 ilustra que el Templo en el cielo se "llenó de humo de la gloria de Dios y de su poder; y ninguno podía entrar en el templo". Este lenguaje se deriva tanto de la dedicación del Tabernáculo en el desierto durante el éxodo de Israel (Éxo. 40:34,35) como del Templo de Salomón (1 Rey. 8:10,11). En ambas ocasiones, la nube de la gloria de Dios llenó el edificio, de modo que los sacerdotes no pudieron entrar a ministrar delante de Dios. Con la ausencia de los sacerdotes, no había intercesión en el Templo. Apocalipsis 15:8 refleja esta idea al contarnos que, antes de que las siete plagas sean derramadas sobre la humanidad rebelde, el ministerio mediador de Cristo en el cielo habrá concluido. La puerta de la oportunidad se cerrará definitivamente, y el destino de cada persona estará decidido (Apoc. 14:14-20).

Tercero, las plagas de las trompetas son limitadas en alcance y efecto. Afectan solo a una parte del reino de Satanás: la expresión "un tercio" se repite constantemente en el texto (Apoc. 8:7-12; 9:15,18). Con las siete plagas, no se vincula ninguna restricción. Evidentemente, son más extensas. Note la afirmación de que "murió todo ser viviente que había en el mar" (Apoc. 16:3).

Finalmente, las siete trompetas cubren un largo período de la historia, desde el siglo primero hasta la Segunda Venida. Con ellas se vinculan períodos relativamente largos (Apoc. 9:5, 15; 11:2,11), mientras que no se especifica ningún marco de tiempo profético con las siete últimas plagas. Ellas afectan a la humanidad al fin de la historia durante un período relativamente corto antes de la Segunda Venida, y ocurren dentro del marco de la séptima trompeta.

El propósito de las plagas

Las plagas son de naturaleza redentora. Así como Dios envió las plagas a Egipto para librar a su pueblo y llevarlo a la Tierra Prometida (Éxodo 7-12), aquí Dios envía las siete últimas plagas para derrotar a sus enemigos y liberar a su pueblo de aquellos que quieren destruirlos.

Segundo, las últimas plagas son también punitivas (Apoc. 15:1; 16:2). En Apocalipsis 6:9 al 11, los santos martirizados se presentan como clamando a Dios por vindicación. Su clamor es representativo de todo el sufriente pueblo de Dios a lo largo de la historia. Ahora, con el derramamiento de las siete últimas plagas, sus oraciones son finalmente respondidas y el pueblo de Dios es vindicado.

Tercero, las siete últimas plagas tienen la intención de llevar a la humanidad rebelde a darse cuenta de las consecuencias de sus elecciones y acciones. En Apocalipsis 13, la gente del mundo elige seguir a Babilonia. Cuando Dios retira su protección de sobre el mundo, se derraman las siete últimas plagas sobre la Tierra con efectos devastadores. Ahora la gente es forzada a considerar las consecuencias de sus elecciones. No obstante, la resistencia continua a los misericordiosos llamados de Dios la ha dejado sin arrepentirse.

Como las plagas de Egipto, las siete últimas plagas tienen la intención de revelar la dureza del corazón de los que rechazaron el evangelio (cjf Éxo. 7:1-5). Aunque las últimas plagas son severas, ellas no mueven a la gente al arrepentimiento. Así como cada una de las plagas de Egipto aumentaba la dureza del corazón de Faraón y sus oficiales, así cada plaga que cae sobre los adoradores de la trinidad satánica endurece sus corazones hacia un aún mayor odio a Dios y a su pueblo (Apoc. 16:9-11).

¿Literales o simbólicas?

Una pregunta importante y difícil concierne a la naturaleza de las plagas. ¿Son ellas literales o simbólicas? El lenguaje de Apocalipsis a menudo es simbólico, lo que parece obvio cuando interpretamos los sellos y las trompetas. Pero, la situación parece diferente con las siete últimas plagas. El hecho de que las primeras cinco plagas infligen intenso dolor y sufrimiento físicos, y provocan que la gente maldiga a Dios, muestra que son literales (vers. 8-11). Esto se afirma en Apocalipsis 7:16; este versículo declara que los 144.000 no tendrán ya más hambre, ni sed, ni calor, ni el sol caerá sobre ellos ni los afectará. Estas parecen ser pruebas literales.

Pero la sexta plaga, que conduce a la batalla de Armagedón, contiene un lenguaje simbólico y espiritual. Y la plaga final, que se ocupa de la caída de la Babilonia del tiempo del fin, parece mezclar significados simbólicos y literales.

En todo esto, es importante recordar que las siete últimas plagas son una profecía que todavía debe cumplirse. La verdadera naturaleza de la profecía será completamente comprendida cuando se cumpla. Si son literales o figuradas, las siete últimas plagas expondrán la impotencia de la trinidad satánica para ayudar a la humanidad sufriente, y vindicarán a Dios y su gobierno.

Las primeras cinco plagas (16:1-11)

Una voz del Templo celestial -el lugar donde antes ocurría la intercesión- ordena a los siete ángeles derramar las plagas sobre los que se han puesto del lado de la trinidad satánica y recibieron la marca de la bestia (Apoc. 16:1). El tiempo ha llegado para que Dios vindique a su pueblo fiel y traiga sus justos juicios sobre aquellos que le hicieron daño.

El primer ángel derrama su copa sobre la tierra, y úlceras malignas aparecieron en aquellos que tienen la marca de la bestia. Esta enfermedad se describe como dolorosa e incurable, que cubre el cuerpo entero (cf. Deut. 28:35; Job 2:7). Una plaga de esta clase cayó sobre los egipcios durante el Exodo (Exo. 9:10, 11).

Las víctimas de esta plaga son aquellos que tienen la marca de la bestia y adoran la imagen de la bestia. La primera plaga cumple la amenaza del mensaje del tercer ángel: los que tienen la marca y adoran a la bestia y a su imagen deben ahora beber el vino no diluido de la copa de la ira de Dios (Apoc. 14:9,10).

El segundo ángel derrama su copa en el mar, y este se vuelve como sangre de un hombre muerto. Todo ser viviente que había en el mar muere.

El tercer ángel derrama su copa sobre los ríos y los manantiales. Inmediatamente, el agua se convierte en sangre; y sin agua para beber, la humanidad rebelde no tiene oportunidad de sobrevivir.

El cuarto ángel derrama su copa sobre el Sol, y un intenso calor abrasa a la gente, y produce un dolor insoportable. Sin embargo, el dolor no los mueve al arrepentimiento porque han endurecido su corazón a tal extremo que no pueden arrepentirse. En su lugar, maldicen y blasfeman el nombre de Dios, insultan a quien han rechazado y siguen las pisadas de la bestia blasfema (Apoc. 13:6).

Mientras las primeras cuatro plagas afectan a la población general, la quinta plaga cae sobre el trono de la bestia, y produce oscuridad total sobre la Tierra. Esta escena refleja la novena plaga de Egipto, de oscuridad intensa, que cubrió la tierra entera de la nación rebelde (Éxo. 10:21-23).

Es importante recordar que Satanás delega el tfono y la autoridad a la bestia del mar de Apocalipsis 13 (Apoc. 13:2). Con el apoyo de la bestia de la tierra, la bestia del mar comienza a ejercer su autoridad sobre la Tierra, engañando y luego forzando a la gente del mundo a ponerse del lado de la trinidad satánica. No obstante, aun ese poder abrumador, el asiento de la autoridad de Satanás, no puede resistir la fuerza de estas plagas.

El poder de la bestia del mar queda ahora socavado al sufrir humillación delante de la gente. Mientras, los habitantes de la Tierra se muerden las lenguas de dolor, se enfurecen, al darse cuenta de la impotencia de la capacidad de la impía trinidad para protegerlos de los efectos de las plagas. Se sienten engañados. No obstante, como fue en el caso del faraón, el terror y el dolor de las plagas endurecen crecientemente su corazón. Su mente está decidida en contra de Dios. Siguen maldiciendo y blasfemando a Dios por su dolor y sus llagas, y rehúsan arrepentirse (Apoc. 16:11). Están siendo preparados para el engaño final; cuando vuelven su ira contra el pueblo de Dios, Satanás los lleva a la gran batalla entre Dios y Satanás. El plan inicuo está en su lugar y se desarrolla en la sexta plaga (vers. 12-16).

El secamiento del Éufrates (16:12a)

La imagen del secamiento del Eufrates se origina en la caída de la Babilonia histórica. En el año 539 a.C., Ciro el Grande, de Per-sia, vino con sus ejércitos y sitió la ciudad. Por causa de las sólidas fortificaciones y el abundante suministro de agua y alimentos, la gente de la ciudad sentía que la ciudad era inexpugnable. Pero, en la noche en que los líderes estaban de fiesta en el palacio del rey Belsasar, la ciudad fue capturada por el ejército persa (Dan. 5). Los historiadores antiguos notan que los persas desviaron el río Éufrates y entraron a la ciudad por el cauce seco; así la tomaron por sorpresa.1 Por causa de la caída de Babilonia, el pueblo de Dios recibió permiso para volver a su tierra natal.

La captura de la Babilonia antigua por Ciro es el trasfondo de la escena de la sexta plaga. Como en el caso de la antigua Babilonia, aquí el secamiento simbólico del río Éufrates resulta en el colapso de la Babilonia del tiempo del fin. Esta escena debe entenderse simbólicamente, porque como se dijo antes el Éufrates, en Apocalipsis, representa los poderes civiles, seculares y políticos que dan apoyo a Babilonia (Apoc. 17:15). Aquellos poderes, con el tiempo, retirarán su apoyo de Babilonia, se volverán contra ella (vers. 15-17) y secarán el río Eufrates.

Hasta la quinta plaga, la gente del mundo había puesto sus esperanzas en Babilonia para su protección. Al experimentar las catástrofes naturales, esperan que Babilonia la proteja. Pero, cuando la quinta plaga cae sobre el asiento mismo de la autoridad de la bestia, el pueblo desilusionado se da cuenta de la impotencia de Babilonia para protegerlo de los efectos de las plagas (Apoc. 16:10). Sintiéndose engañados y llenos de hostilidad, se unen contra Babilonia y la destruyen (Apoc. 17:16,17).

Los tres demonios como ranas (16:13,14)

El secamiento del río Éufrates sacude a la trinidad satánica: el dragón, la bestia del mar y la bestia de la tierra, la que aparece como el falso profeta. En este punto, Satanás y sus dos asociadas reúnen al mundo entero para el engaño final. Saliendo de las bocas de la trinidad satánica hay tres espíritus, semejantes a ranas, que van a los líderes del mundo "para reunidos para la guerra del gran día de Dios Todopoderoso" (Apoc. 16:14). Estos demonios son el "aliento" mismo de la trinidad satánica en el último engaño.

Los espíritus similares a demonios recuerdan la plaga de las ranas en Egipto (Éxo. 8:1-15). Fue la última plaga de Moisés que los magos de faraón fueron capaces de duplicar, y usaron su torcida influencia para empujar al faraón a su oposición persistente a Dios; en última instancia, el faraón rechazó el mensaje de Dios a través de Moisés. A la luz de este telón de fondo del Antiguo Testamento, los tres demonios como ranas de la sexta plaga son el último intento de Satanás de falsificar la obra de Dios. Se los describe como la contraparte de los tres ángeles de Apocalipsis 14, enviados con un falso evangelio a persuadir a las autoridades seculares y políticas para que se pongan del lado de ellos contra Dios y su pueblo, como preparación para el gran día del Dios todopoderoso.

De este modo, estos demonios como ranas son los poderosos agentes de Satanás, que seducirán a la gente de la Tierra para ir a la batalla final. Esta situación recuerda el "espíritu de mentira" (1 Rey. 22:22) que indujo al rey Acab a rehusar el mensaje que Dios le envió y elegir la confrontación (vers. 21-23). Satanás está decidido a ser victorioso en la crisis final y capacita a los espíritus de demonios para realizar señales milagrosas. Su método de persuasión es el engaño, que se adecúa perfectamente al plan del tiempo del fin de Satanás de atraer a la gente a su lado y alejarla del lado de Dios (Apoc. 13:13,14).

Las actividades de la trinidad demoníaca resultan en un gran éxito. Las naciones del mundo son engañadas otra vez y entregan sus poderes a Satanás. Están completamente arregladas contra el pueblo de Dios, y la escena está lista para la batalla final.

Reunidos para el Armagedón (16:16)

Los poderes del mundo se reunirán en el lugar que en hebreo se conoce como Armagedón, que significa "el monte de Meguido". En el Antiguo Testamento, Meguido era una ciudad fortificada, ubicada en la llanura de Esdraelón, al pie del cordón montañoso de Carmelo. La ciudad estaba ubicada en un punto angosto vital sobre la gran ruta de Egipto a Damasco, lo que la hacía una ciudad estratégica clave. No sorprende, entonces, que la región haya sido conocida por varias batallas famosas (c/fjuec. 5:19-21; 6:33; 1 Sam. 31; 2 Rey. 9:27; 23:29,30).

Específicamente, el monte de Meguido se asocia con el monte Carmelo, que es el sitio de la batalla entre Elias y los profetas de Baal sobre quién era el verdadero Dios: el Señor o Baal (1 Rey. 18:21). El fuego que cayó del cielo a la tierra demostró que el Señor era el único Dios verdadero (vers. 38, 39). En la batalla final, sin embargo, la bestia de la tierra hace caer fuego del cielo para falsificar la obra de Dios, y para engañar al mundo entero (Apoc. 13:13,14).

El Armagedón finalmente resolverá el Gran Conflicto; es decir, quién es el gobernante legítimo del Universo. No es una batalla militar peleada en Medio Oriente. Más bien, es una batalla espiritual entre Cristo y sus seguidores y las fuerzas de las tinieblas. Es una batalla por la mente de la gente (2 Cor. 10:4, 5). Su resultado final será como el del conflicto del Carmelo: Dios finalmente triunfará sobre las fuerzas de las tinieblas.

Apocalipsis 16:12 al 16 no describe la batalla misma, sino solo la gran reunión de los poderes religiosos y políticos en Armagedón. La batalla misma sigue a la sexta plaga y se describe en Apocalipsis 16:17 a 19:21. Juan más tarde ve "a la bestia y a los reyes de la tierra y sus ejércitos reunidos para hacer guerra" contra Cristo, quien viene del cielo acompañado por su ejército de santos (Apoc. 19:19; cf. Apoc. 17:14). La batalla concluirá con la derrota de la bestia y sus ejércitos (Apoc. 19:20,21) por el legítimo Rey de reyes y Señor de señores (vers. 16).

Referencias ,

1 Heródoto, Historias 1.191. La descripción que da Heródoto de la captura de Babilonia por Ciro ha sido confirmada en los tiempos modernos por el Cilindro de Ciro, que describe la captura de Babilonia por los persas sin ninguna batalla. Ver James B. Prit-chard, Ancient Near Eastern Texis Relating to the Oíd Testamení, 3a ed. (Princeton, Nueva Jersey: Princeton University Press, 1969), p. 315.