CAPÍTULO6

El sellado pueblo de Dios

 


Apocalipsis 7 está insertado como un paréntesis entre el sexto y el séptimo sellos; no obstante, está bien ubicado en la secuencia de los sellos. La apertura del sexto sello nos lleva a la segunda venida de Cristo, y Apocalipsis 7 responde la pregunta llena de pánico de los impíos: "¿Quién podrá sostenerse en pie?" (Apoc. 6:17), con una respuesta clara. Los que pueden sostenerse en pie es el sellado pueblo de Dios.

Los vientos

Apocalipsis 7 comienza con cuatro ángeles en "los cuatro ángulos de la tierra", deteniendo "los cuatro vientos" para que no destruyan la tierra, el mar y los árboles (vers. 1). La expresión "los cuatro ángulos de la tierra" es una manera antigua de referirse a los cuatro puntos cardinales. Esto denota la importancia global de la escena.

En el Antiguo Testamento, los vientos simbolizan las fuerzas destructivas que Dios usa para ejecutar juicios sobre los impíos (Jer. 23:19,20; Ose. 13:15). Jeremías se refirió al juicio venidero contra Jerusalén como un viento fuerte y ardiente que viene del desierto (Jer. 4:11-13). También imaginaba "un viento destructor" que devastaba a Babilonia (Jer. 51:1,2). "Los cuatro vientos" es un concepto bien conocido en el Antiguo Testamento (Jer. 49:36). En visión, Daniel vio "que los cuatro vientos del cielo combatían en el gran mar" del cual emergieron las cuatro bestias (Dan. 7:2, 3). El siguiente pasaje del libro de Sirac, o Eclesiástico, muestra cómo entendían los judíos del tiempo de Juan los vientos como un símbolo del juicio divino:

Hay vientos creados para el castigo, en su furor ha endurecido él sus látigos; al tiempo de la consumación su fuerza expanden, y desahoga el furor del que los hizo.1

Los vientos fuertes están asociados con la ira de Dios en Apocalipsis 6:17, y ocurren durante el tiempo de "la gran tribulación", mencionada más tarde en la escena (Apoc. 7:14) Los vientos fuertes son otra manera de describir las siete últimas plagas, que son la totalidad de la ira de Dios (Apoc. 15:1). De este modo, los vientos que soplan representan las siete últimas plagas que serán derramadas sobre los impíos justo antes de la Segunda Venida. Pero, durante cierto tiempo, la intervención divina limitará estas fuerzas destructivas de dañar la Tierra. Son retenidas mientras el sellamiento del pueblo de Dios continúa.

El sellamiento del pueblo de Dios

Juan ve todavía otro ángel que viene "desde donde sale el sol" (Apoc. 7:2), que es una antigua designación del este. Este ángel ordena a los cuatro ángeles no soltar los vientos hasta que se haya completado el sellamiento del pueblo de Dios. En tiempos antiguos, el sellamiento tenía diversos significados. Los documentos eran sellados para validar su contenido o para protegerlos de alteraciones. Pero el significado fundamental del sellamiento es el de propiedad. Una impresión de un sello sobre un objeto designaba su propiedad. Este es el significado simbólico del sellamiento en el Nuevo Testamento. De acuerdo con Pablo, el significado del sello es que "conoce el Señor a los que son suyos" (2 Tim. 2:19). Tener el sello con el nombre de Dios en sus frentes significa que los salvados son su propiedad (Apoc. 14:1).

El sellamiento en el Nuevo Testamento denota la identificación de quienes son el pueblo fiel de Dios. Dios reconoce a los que le pertenecen y los sella con el Espíritu Santo (2 Cor. 1:21, 22; Efe. 1:13, 14). La presencia del Espíritu Santo es una señal de un cristiano genuino, que ha lavado sus ropas y las ha blanqueado en la sangre del Cordero (ver Apoc. 7:14). Perder al Espíritu Santo es perder el sellamiento: "Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención" (Efe. 4:30).

Estos pasajes muestran que el sellamiento del pueblo de Dios en el Nuevo Testamento no está limitado al tiempo del fin. El sellamiento de los fieles ha estado ocurriendo a lo largo de la historia. Pero el sellamiento del pueblo de Dios alcanza su culminación en el tiempo del fin. Este será un período de prueba para distinguir entre los que están del lado de Dios y los que están del lado de Satanás. Los que están del lado de la bestia reciben la marca de la bestia en sus frentes o en sus manos derechas (Apoc. 13:16,17). Pero los que adoran a Dios son sellados en sus frentes (Apoc. 14:1).

El sellamiento descrito en Apocalipsis 7 es la ratificación final de quienes pertenecen a Dios. Como tal, el sello en el tiempo del fin actúa como una señal de protección. Los que tienen el sello de Dios en sus frentes serán protegidos de las fuerzas destructoras de las siete últimas plagas. Estos son los que podrán estar en pie en el gran día de la ira (Apoc. 7:3).

Este concepto retrocede a Ezequiel 9:1 al 11, que es un pasaje acerca de la destrucción de Jerusalén antes del Exilio. En visión, el profeta vio a un mensajero celestial que tenía a su lado un tintero de escribano. Dios ordenó al mensajero que fuera por la ciudad y marcara en sus frentes a los fieles. Entonces, el Señor les dijo a los verdugos que mataran a todos los que no tuvieran la marca en sus frentes. Se les ordenó explícitamente que no tocaran a los que estaban marcados. La señal en sus frentes distinguía a los que estaban del lado de Dios de los que eran infieles e idólatras. La señal les proveía protección del juicio inminente.

Así como los israelitas marcados fueron protegidos en la visión de Ezequiel, el pueblo sellado de Dios es protegido del soplar simbólico de los vientos escatológicos. El sellamiento los identifica como el pueblo de Dios y los protege de los efectos dañinos de las siete últimas plagas. De esta manera, la pregunta suscitada en Apocalipsis 6:17 recibe la respuesta final: los que podrán estar protegidos el día de la ira divina son el pueblo sellado de Dios.

Los 144.000 sellados (7:4)

Al continuar la visión, Juan oye el número de los que han sido sellados: como "ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel" (Apoc. 7:4). Esto muestra que el sellamiento ha sido completado y las fuerzas destructoras de las siete últimas plagas han de ser desatadas. Los 144.000 están a punto de pasar por la gran tribulación.

¿Quiénes son los 144.000? El contexto muestra que son el pueblo de Dios que vive justo antes del fin. Siendo que el Apocalipsis es un libro simbólico, 144.000 no debe ser tomado como un número literal (cf Apoc. 1:1). En la literatura apocalíptica, los números regularmente tienen un significado simbólico. El número 144.000 está formado por 12 multiplicado por 12, que da 144, y luego es multiplicado por 1.000. En la Biblia, el número 12 actúa como un símbolo de la iglesia. En el Antiguo Testamento, 12 es el número de las tribus de Israel. En el Nuevo Testamento, también es el número de la iglesia edificada sobre el fundamento de los 12 apóstoles (Efe. 2:20). De este modo, 144 (12 tribus por 12 apóstoles) representa la totalidad del pueblo de Dios del tiempo del fin, no un grupo selecto que está separado del cuerpo de Cristo.

Como el número 144.000, las doce tribus de Israel no son literales, por al menos dos razones. Primero, las doce tribus de Israel no existen hoy. Durante la conquista asiria del Reino del Norte, de Israel, las diez tribus fueron llevadas en cautividad (2 Rey. 17:6-23). Pronto se integraron con las otras naciones y desaparecieron. Las dos tribus restantes, Judá y Benjamín, fueron más tarde llevadas en cautividad a Babilonia. Posteriormente volvieron a Palestina y se los conoce como los judíos en la era del Nuevo Testamento. Con la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C., los judíos fueron esparcidos por todo el Imperio Romano, y aun estas dos tribus restantes perdieron su existencia nacional. El judaismo hoy no representa todas las doce tribus.

Segundo, la lista de las doce tribus en Apocalipsis 7 no es la lista regular de las tribus de Israel. Faltan las tribus de Dan y Efraín, reemplazadas por José y Leví. Esto muestra que Apocalipsis 7 no se refiere a las históricas tribus de Israel. Es una lista teológica más que histórica.

La razón de la exclusión de Dan es porque esta tribu fue la primera en volverse idólatra (Juec. 18:27-32). Más tarde en la historia de Israel, la tribu de Dan llega a ser un centro de adoración idólatra, y compite con la adoración en el Templo de Jerusalén (1 Rey. 12:28-31). Esta es también la razón para la exclusión de Efraín. Esta tribu del Antiguo Testamento simbolizó la apostasía y la idolatría (2 Crón. 30:1,10; Ose. 4:17; 8:11).

Estas son las razones más probables por las que Dan y Efraín fueron excluidas de la lista escatológica de las tribus de Israel en Apocalipsis 7. Los 144.000 son el verdadero Israel, que permanece leal a Dios. Estos miembros han lavado sus ropas en la sangre del Cordero (Apoc. 7:14). Están sellados y pertenecen a Dios; no se han "contaminado con mujeres" (Apoc. 14:4); siendo las mujeres un símbolo de las iglesias apóstatas. La infidelidad que caracterizó a las tribus de Dan y Efraín no tiene lugar entre el sellado pueblo de Dios. Solo los que son fieles a Dios serán capaces de mantenerse firmes ante el Trono de Dios y recibir su herencia eterna (Apoc. 7:14-17).

Las doce tribus en Apocalipsis 7 representan a todo el pueblo de Dios. La iglesia en el Nuevo Testamento se indica en términos de las doce tribus de Israel (Sant. 1:1). Pablo llama a la iglesia el "Israel de Dios" (Gál. 6:16); los cristianos son la simiente de Abraham y los herederos de las promesas del Pacto (Gál. 3:29). Los 144.000, que consisten en 12.000 de cada una de las 12 tribus, simbolizan al pueblo de Dios justo antes del fin. Este es el grupo que está sellado y listo para entrar en la gran tribulación de las siete últimas plagas, totalmente protegido por el sello de Dios en la frente de cada uno.

Al describir al pueblo de Dios del tiempo del fin, parado en el umbral de la gran tribulación, el Apocalipsis usa el lenguaje de la guerra. Se describe a los 144.000 como un ejército, siguiendo el modelo del antiguo Israel yendo a la guerra. Su número está formado por 12 multiplicado por 12 multiplicado por 1.000. En las escenas bélicas del Antiguo Testamento, 1.000 (hebreo, élej) es una unidad militar básica (Núm. 31:3-6; 1 Sam. 8:12; 22:7). Los 144.000 constan de 12 tribus; cada una tiene 12 unidades militares de 1.000 para dar un total de 12.000 soldados. Las 12 tribus, entonces, dan un total de 144.000 soldados. Así, el número simbólico 144.000 simboliza un ejército de 144 unidades militares listas para ir a la batalla contra Satanás y su ejército de 200 millones (Apoc. 9:16). Apocalipsis 19:18 muestra que el ejército de Satanás también está organizado en unidades militares de 1.000 (la palabra griegajilidrjos denota un comandante de 1.000 soldados; también en Apocalipsis 6:15).

De esta manera, 144.000 es una referencia simbólica a la iglesia militante, organizada como el antiguo Israel en unidades militares a punto de entrar en la batalla final y más grande de la historia del mundo: la batalla de Armagedón (cf. Apoc. 16:16). Mientras el sello simbólico identifica a los 144.000 como los que están del lado de Dios en el conflicto final, también los protege de los justos juicios de Dios que están por caer sobre los impíos.

La gran multitud (7:9-17)

Habiendo escuchado el número del sellado pueblo de Dios, Juan entonces ve una gran multitud que nadie puede contar, de toda nación, tribu, pueblo y lengua. Todos están vestidos de blanco, de pie ante el Cordero y el Trono, alabando a Dios y al Cordero por su salvación. Muchos cristianos asumen que, en contraste con los 144.000, la gran multitud es el pueblo de Dios de todas las épocas.

Pero Apocalipsis 7 no apoya tal afirmación. Juan deja en claro que la gran multitud es también la última generación del pueblo de Dios. Note que, en Apocalipsis 7:9, Juan ve la gran multitud con ropa blanca delante del Trono de Dios. Más tarde, uno de los ancianos le explica que los que están con ropa blanca son los que han salido de la gran tribulación (vers. 14). Ellos han lavado su ropa en la sangre del Cordero y ahora están de pie ante el Trono de Dios, sirviéndole día y noche en su Templo (vers. 15). Esto muestra que la gran multitud es la última generación del pueblo de Dios: los que pasarán por la gran tribulación de las siete últimas plagas.

Al interpretar a este grupo, debemos recordar un rasgo literario de Apocalipsis. Este rasgo se caracteriza por un esquema de "Oí" y "Vi". A menudo Juan oye acerca de algo en la visión. Más tarde ve acerca de lo que había oído, por medio de un símbolo diferente y desde una perspectiva diferente. Por ejemplo, en Apocalipsis 5:5 Juan oye que el León de la tribu de Judá ha vencido. Pero lo que él ve unos pocos momentos más tarde es al Cordero inmolado (vers. 6). El León y el Cordero son ambos símbolos de Cristo; el León muestra lo que Cristo hizo, y el Cordero muestra cómo lo hizo.

Esta es la situación que encontramos en Apocalipsis 7. Juan oye que el número del sellado pueblo de Dios es 144.000. Pero le parece a él como una multitud grande, incalculable. Esto muestra que los 144.000 y la gran multitud son uno y el mismo grupo; son el pueblo de Dios del tiempo del fin en diferentes momentos y circunstancias.

Parece claro que los 144.000 están descritos como la iglesia militante, organizada en 144 divisiones militares, entrando en la guerra final de la historia de este mundo. La gran multitud, por otro lado, está representada como la iglesia triunfante, saliendo de esa guerra y celebrando la victoria. La guerra ha terminado, y ya no están organizados en divisiones militares. Le parecen a Juan como una multitud imposible de contar. La razón de que no se los puede contar no es por causa de su gran número, sino porque le parecen a él una muchedumbre imposible de contar en contraste con los 144.000, que fácilmente se podían enumerar.

En ninguna parte de la Biblia dice que en el tiempo del fin Dios tendrá una generación final de santos que alcancen un nivel de santidad inalcanzable para los que vivieron antes de ellos. Los 144.000 no son un grupo selecto, separado del resto del pueblo de Dios, y a quienes se otorgan privilegios no disponibles para el resto de los redimidos. Los 144.000 no son los únicos que fueron perseguidos ni son los primeros que fueron sellados. Además, ellos no son los únicos redimidos ni los primeros encontrados sin mancha delante del Trono.

En el Reino de Dios, a todo su pueblo, sin distinciones, se le ha prometido ropas blancas (Apoc. 3:4, 5; 6:11; 19:8). Esto hace que todos sean iguales ante Dios, sin clanes, rangos o privilegios disponibles para unos y no para otros.


Referencias

' Eclesiástico 39:28.