CAPÍTULO 7

Las siete trompetas

 


Apocalipsis 8:2 comienza una nueva visión, con siete ángeles que tocan siete trompetas. Al sonar las trompetas, una cadena de eventos se desata sobre la Tierra. Al tratar con esta sección, es importante recordar un rasgo literario especial que se repite varias veces en el libro: el interludio. Cundo Juan el Revelador comienza una nueva descripción de la visión, de repente interrumpe su comentario e inserta otra escena con un contenido diferente.

Las oraciones de los santos y las siete trompetas

El primer interludio de Apocalipsis 8 está situado en los versículos 3 al 5. El versículo 2 describe siete ángeles con trompetas que están delante de Dios, y no es hasta el versículo 6 que se los comisiona a hacer sonar sus trompetas. Entremedio están los versículos 3 al 5, que describen una escena que ocurre en el marco del Santuario.

En Apocalipsis 8:2, Juan observa siete ángeles con trompetas, listos para publicar los juicios que caerán sobre los habitantes de la Tierra. Antes de que los ángeles soplen sus trompetas, otro ángel no especificado aparece sosteniendo un incensario de oro. Se pone sobre el altar,1 que evidentemente es el altar de los sacrificios. El altar de los sacrificios estaba ubicado el atrio exterior del Templo, y en la tipología bíblica el atrio exterior representa la Tierra {cf. Apoc. 11:2). Esto muestra que la escena de Apocalipsis 8:3 al 5 comienza sobre la Tierra.

Al ángel, junto al altar, se le da "mucho incienso" (Apoc. 8:3). Lleva el incienso al Lugar Santo y lo ofrece con las oraciones de los santos sobre el altar de oro delante del Trono de Dios. "El humo del incienso con las oraciones de los santos subió delante de Dios de la mano del ángel" (vers. 4). Después, el ángel llena el incensario con fuego del altar de oro y lo arroja a la Tierra. Arrojar el incensario lleno de fuego produce "truenos, voces, relámpagos y un terremoto" (vers. 5). Esta es la señal para que los siete ángeles soplen sus trompetas.

Esta escena refleja los servicios diarios en el Templo terrenal.2 Después de que se hubo colocado el cordero del sacrificio sobre el altar del sacrificio, la sangre se derramaba en la base del altar. Entonces, el sacerdote designado tomaba un incensario de oro y lo llenaba con brasas del altar. Luego llevaba el incensario dentro del Templo y lo ofrecía en el altar de oro, en el Lugar Santo. Habiendo ofrecido el incienso, el sacerdote salía del Templo y arrojaba el incensario sobre el pavimento, entre el altar del sacrificio y la entrada al Templo, lo que producía un ruido muy fuerte. En ese momento, siete sacerdotes hacían sonar sus trompetas, marcando el fin de los servicios diarios.

El acto simbólico en Apocalipsis 8:3 al 5 -replicando los servicios diarios en el Templo terrenal- da una vislumbre del significado de las siete trompetas. El incienso que el ángel quema sobre el altar de oro representa las oraciones del pueblo de Dios (Apoc. 5:8; cf. Sal. 141:2). Este incienso es originado en el altar de los sacrificios, debajo del cual, en el quinto sello, la sangre de los santos martirizados ruega a Dios por juicios "sobre los que habitan sobre la tierra" (Apoc. 6:10). Esto muestra que el incienso que el ángel ministra delante de Dios representa las oraciones del pueblo sufriente de Dios. Ahora, los juicios caerán sobre "los que habitan en la tierra" en respuesta a las oraciones de los santos asesinados, que se encontraban en la escena del quinto sello (Apoc. 8:13).

Las siete trompetas se refieren a la intervención de Dios en la historia en respuesta a las oraciones de su pueblo oprimido. Ellas expresan los juicios de Dios contra los que han dañado a su pueblo. No obstante, no son todavía la palabra final a los malvados. Aunque tienen la intención de ser punitivos, estos juicios están mezclados con misericordia. Su propósito es advertir a los habitantes de la Tierra antes del Día del Juicio, y ofrecerles salvación antes de que sea demasiado tarde.

¿A qué tiempo de la historia se refieren las siete trompetas ? Los servicios diarios del Templo terrenal proveen una pista en cuanto al comienzo del sonar de las siete trompetas. En el Templo terrenal, las trompetas sonaban después de que el sacrificio había sido ofrecido sobre el altar. Siguiendo este modelo, el sonar de las siete trompetas debe comenzar después de la muerte de Jesús en la Cruz. Ocurre mientras Jesús intercede en el cielo (vers. 3-5) y se predica el evangelio (Apoc. 10:8-11:14). Esto significa que las trompetas conciernen a la Era Cristiana -de la Cruz a la Segunda Venida- hasta que la séptima trompeta suena y Dios establece su Reino (Apoc. 11:15-18).

Las trompetas cubren el mismo período que los siete sellos. Las dos series se corresponden tanto estructural como secuen-cialmente. Secuencialmente, los sellos y las trompetas comienzan en el primer siglo, luego de la muerte de Jesús en la Cruz y su ascensión al cielo. La conclusión de ambas series nos lleva hasta el tiempo del fin. Estructuralmente, las dos series'se subdividen en grupos de cuatro y tres, con interludios entre los segmentos sexto y séptimo. Mientras el interludio entre el sexto y el séptimo sellos describe al pueblo de Dios del tiempo del fin, el interludio entre la sexta y la séptima trompetas describe su experiencia y su rol durante el tiempo del fin.

La diferencia entre las dos series se encuentra en el foco. Mientras que los sellos principalmente conciernen a los que profesan ser el pueblo de Dios, por infieles que sean al evangelio, las trompetas conciernen exclusivamente a los que no profesan pertenecer a Dios. No obstante, Dios quiere que ambos grupos se salven. El quiere ganarlos antes de que se cierre la puerta de la salvación.

El ángel con el rollo (10:1-7)

En este punto, Juan ve un ángel de apariencia magnífica que desciende del cielo. Se habla de él como "otro ángel fuerte", para distinguirlo de los siete ángeles que tocaron las trompetas (Apoc. 10:1). La descripción del ángel se parece a la descripción de Cristo que aparece en Apocalipsis 1 [cf. vers. 12-16). Estas descripciones son imágenes simbólicas que la Biblia usa al referirse a Dios.

En su mano, el ángel tiene un pequeño rollo abierto, que contiene la descripción del tiempo del fin y la experiencia del pueblo de Dios en el mundo durante los últimos días (Apoc. 12-22). Cristo ha revelado estas cosas al pueblo de Dios por medio del ángel que los prepara para la crisis final de la historia del mundo (¿yf Apoc. 1:1).

Ya no hay más tiempo (10:5-7)

Con voz solemne, el ángel jura por el Eterno, que creó el cielo, la Tierra y todo lo que hay en ellos, y declara que "ya no habrá más tiempo" (Apoc. 10:6). Además, durante el sonar del séptimo ángel, el misterio de Dios será concluido, como lo reveló a sus siervos los profetas (vers. 7).

Esta escena apunta a Daniel 12:4 al 10. Daniel recibe la orden de sellar las palabras del rollo hasta el tiempo del fin. Después, hay una pregunta con respecto a cuánto tiempo pasará hasta que termine la persecución de los santos y se cumplan los eventos predichos. En respuesta, el mensajero celestial levanta sus manos hacia el cielo y jura con un juramento por el Eterno, que vive para siempre, que la persecución del pueblo de Dios durará "un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo" (Dan. 12:7); entonces vendrá el fin. Hasta entonces, el pueblo de Dios debe esperar pacientemente (vers. 10).

Apocalipsis 10 es claramente un eco de Daniel 12, con la excepción de la frase "ya no habrá más tiempo", que reemplaza la frase "un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo" de Daniel. "Un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo" es una designación del período profético de 1.260 años, que hace referencia a la Edad Media, cuando el pueblo de Dios sería perseguido por el poder del Anticristo. El fin vendría después de este período profético.

En Apocalipsis 6:10 hay un ruego perpetuo del oprimido pueblo de Dios: "¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, vas a tardar en juzgar y vengar nuestra sangre de los que habitan sobre la tierra?" Se les dice que deben esperar un poco de tiempo (vers. 11). Ahora, en Apocalipsis 10:6, el pueblo de Dios recibe la seguridad, por medio de un juramento divino, de que "ya no habrá más tiempo". Dios ha escuchado el clamor de su pueblo que se encuentra en el quinto sello. Los eventos del tiempo de fin se desarrollarán pronto.

Aunque el tiempo del fin profetizado por Daniel es puesto en movimiento, el ángel le advierte a Juan que todavía no es el fin. El fin vendrá cuando suene la séptima trompeta y se complete el misterio de Dios, que está todo de acuerdo con las proclamaciones de los profetas (vers. 7) y de Daniel, en particular.

El misterio al que se refiere el ángel abarca todo el propósito de Dios: establecer su Reino eterno, simbolizado por el rollo sellado de Apocalipsis 5, al que se le quitarán los sellos con la venida de Cristo. En ese tiempo, como afirmó Pablo, Dios "aclarará también lo oculto de las tinieblas y manifestará las intenciones de los corazones" (1 Cor. 4:5). Pero, en ocasión de la Segunda Venida, la totalidad de este misterio será revelada al Universo entero (Apoc. 20:11-15).

Los dos testigos (11:3-6)

Ahora la escena se traslada del ángel a los dos testigos que resumen la amarga experiencia de los cristianos durante los 1.260 días proféticos. Juan los describe en términos de varias personalidades del Antiguo Testamento. Primero, se caracterizan como "los dos olivos y los dos candelabros que están de pie delante del Dios" (Apoc. 11:4). Aquí, Juan apunta a la visión de Zacarías del candelabro entre los dos olivos (Zac. 4:2,3). A Zacarías se le dijo que los dos olivos representan a "los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra" (vers. 14), específicamente, Josué, el sumo sacerdote, y Zorobabel, el gobernador de Judea. Semejando los roles de Josué y de Zorobabel, los dos testigos se describen en términos sacerdotales y de realeza.

Luego, Juan los describe como Elias y Moisés (Apoc. 11:5,6). Elias cerró los cielos de modo que no hubiera lluvia por tres años y medio (equivalentes a 1.260 días; 1 Rey. 17; cf. Luc. 4:25) e hizo descender fuego del cielo sobre los soldados que vinieron para arrestarlo (2 Rey. 1:9-14). Del mismo modo, los dos testigos envían fuego de sus bocas contra sus enemigos, y cierran los cielos de modo que no llueva durante los 1.260 días (o tres años y medio). Así como Moisés convirtió el agua en sangre y golpeó la tierra de Egipto con toda clase de plagas (Éxo. 7-11), los dos testigos también tienen autoridad de convertir el agua en sangre y golpear la tierra con plagas.

¿Quiénes son estos dos testigos? Su descripción señala al pueblo de Dios cuando da testimonio de la Biblia y del evangelio en el mundo. Apocalipsis 11:8 muestra que los dos testigos son una entidad en vez de dos (el texto griego dice: "el cuerpo muerto de ellos"). Es apropiado ver los dos testigos como el pueblo de Dios en sus roles sacerdotal y de realeza, predicando la Biblia como la Palabra de Dios (cf. Apoc. 1:6; 5:10).3 Es por causa de su fidelidad a la Biblia que el pueblo de Dios sufrió a lo largo de la Edad Media durante el período profético de los 1.260 días, o 42 meses (Apoc. 6:9; 12:6,13,14).

El asesinato de los dos testigos (11:7-10)

Después de que los dos testigos completaron su obra durante los 1.260 días, "la bestia [simbolizando el poder político (Apoc. 13; 17:3-8)] que sube del abismo hará guerra contra ellos, los vencerá y los matará" (Apoc. 11:7). Siendo que el abismo es la morada de Satanás (Luc. 8:31; 2 Ped. 2:4), esta bestia es controlada y respaldada por Satanás, específicamente, el poder político dominante al final de los 1.260 días. Los adventistas del séptimo día han identificado correctamente la muerte de los dos testigos con el asalto ateo a la Biblia y la abolición de la religión durante la Revolución Francesa. Ambos eventos ocurrieron a la conclusión del período profético de los 1.260 días.

Los dos testigos yacen muertos y son expuestos públicamente "en la plaza de la gran ciudad" (Apoc. 11:8). En Apocalipsis, "la gran ciudad" a menudo se refiere a la Babilonia del tiempo del fin, un poder opuesto al pueblo de Dios en el conflicto final.

En Apocalipsis 11, la gran ciudad es el territorio gobernado por la bestia que surge del abismo al final de los 1.260 días proféticos. Este territorio tiene las características de las grandes ciudades bíblicas que se opusieron a Dios. Posee la maldad y la degradación moral de Sodoma (Gén. 19:4-11), la arrogancia atea de Egipto (Éxo. 5:2) y la rebeldía de Jerusalén, "donde también su Señor fue crucificado" (Apoc. 11:8). De la misma manera, esta gran ciudad simbólica mata a la iglesia cristiana y a la Biblia.

El cuerpo de los testigos yace expuesto y sin sepultar por tres días y medio, como un reflejo del tiempo que pasó Jesús en la tumba. Su muerte causa gran gozo entre "los habitantes de la tierra" (Apoc. 11:10), que es una clara referencia a los impíos (Apoc. 6:10; 8:13; 13:8, 14; 17:2). Ellos celebran porque "estos dos profetas habían atormentado a los habitantes de la tierra" (Apoc. 11:10). La Palabra de Dios siempre atormenta la conciencia de aquellos que la oyen pero que no están dispuestos a entregarse.

La resurrección de los dos testigos (11:11-14)

Tres días y medio más tarde, Dios envía la vida a estos dos testigos y los resucita. También los hace poner sobre sus pies. Sin embargo, toda la escena recuerda la visión de Ezequiel acerca del valle de los huesos secos (Eze. 37:1-10), que fue la profecía de la restauración de Israel después del exilio babilónico. Sus enemigos percibían a Israel como derrotados y muertos. Pero, en su visión, Dios ordenó a Ezequiel que profetizara de modo que el aliento entrara en los huesos secos. El aliento entró en los cuerpos muertos, y ellos vinieron a la vida y se pusieron sobre sus pies.

Históricamente, uno de los resultados de la Revolución Francesa fue un gran reavivamiento del interés en la Biblia, manifestado, en particular, por el establecimiento de las grandes sociedades bíblicas y de numerosas sociedades misioneras. Estas fueron fundadas para esparcir el evangelio y cumplir la profecía de los dos testigos vueltos a la vida. Como nunca, el escenario estaba preparado para la extendida predicación del evangelio.

La ascensión de los testigos resucitados está acompañada por un gran terremoto que golpea la décima parte de la gran ciudad y mata a siete mil personas. Un décimo, en la Biblia, simboliza la más pequeña parte de un todo;4y las siete mil personas muertas representan la totalidad de los incrédulos endurecidos.5

El resto de la gente se llena de temor y da gloria a Dios. Esto recuerda la conversión del rey Nabucodonosor, quien dio gloria a Dios después de experimentar el juicio divino (Dan. 4:34-37). La palabra temor y la frase dar gloria, a Dios suenan como una respuesta a la apelación del primer ángel en Apocalipsis 14:7: "Temed a Dios y dadle gloria". Esto sugiere, como resultado de la vindicación y la exaltación de los dos testigos y del terremoto que sacudió la gran ciudad, que hay algunos que aceptarán el evangelio y encontrarán fe en Cristo.

Mientras el testimonio de los dos testigos se aplica históricamente a la Edad Media, también se aplica al contexto de la Revolución Francesa. Pero su importancia para el pueblo de Dios del tiempo del fin va más allá de esta ubicación temporal y geográfica. Muestra que, como en el pasado, Dios tiene un pueblo que es fiel y da testimonio del evangelio en el mundo de hoy. El los usa como usó a Moisés durante el Éxodo, a Elias durante la apostasía de Israel, y a Josué y a Zorobabel durante el período posexílico.


Referencias

1 El texto griego muestra que el ángel estuvo parado sobre el altar más (fie junto al altar, como lo rinden otras traducciones. Ver Ranko Stefanovic, "The Angel at the Altar (Revelation 8:3-5): A Case Study on Intercalations in Revelation", Andrews University Seminary Studies 44, N" 1 (primavera de 2006), pp. 79-94.

2 Ver Mishnah Tamid, 4:1-5:6. Ver Emil Schürer, TheHistory oftheJewish People in the Age ofJesús Christ, 2* ed. (Londres: T&T Clark, 1979), t. 2, pp. 299-308.

3 Esta doble interpretación también está en los escritos de Elena de White. Mientras interpretaba a los dos testigos como que representaban las escrituras del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento (El conflicto de los siglos [Buenos Aires: ACES, 2008], cap. 16, p. 310), ella también habla acerca de que la iglesia profetiza vestida de cilicio durante tiempos angustiosos (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 588).

4 Jacques B. Doukhan, Secretos de Daniel (Buenos Aires: ACES, 2007), p. 237.

5 G. K. Bele, "The Book oíKcvcl-Átion", New International Greek IVew Testament Commen-tary (Grand Rapids, Michigan: Eerdmans, 1999), p. 603.