CAPÍTULO 8

Satanás, un enemigo derrotado


Apocalipsis 12 describe una nueva visión que inicia la porción escatológica de Apocalipsis. Mientras que la primera mitad de Apocalipsis describe las luchas históricas de la iglesia en un mundo hostil, el foco primario de la segunda parte del libro está en el tiempo del fin y los eventos finales que conducen al regreso de Cristo. De ahora en adelante, Apocalipsis se concentra en el contenido del rollo abierto (Apoc. 10).

La mujer (12:1, 2)

En visión, Juan ve una gran señal en el cielo. Algo especial y notable aparece aquí {cf. Apoc. 12:3; 15:1). La palabra griega sé-meion (señal) denota una presentación simbólica de un objeto real. Esta señal es una mujer vestida con el Sol, parada sobre la Luna, y que tiene una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Ella está en trabajo de parto, y está a punto de dar a luz a un niño.

Una mujer, en la Biblia, es un símbolo del pueblo de Dios, sea fiel a Dios o apóstata. En el Antiguo Testamento, Israel, como el pueblo del Pacto de Dios, a menudo se menciona como la esposa de Dios (Isa. 54:5; Jer. 3:20). Cuando Israel fue fiel a su pacto con Dios, fue llamado una mujer pura y fiel. Por otro lado, el Israel apóstata e idólatra fue descrito como una prostituta. Este concepto también es llevado al Nuevo Testamento y aplicado a la iglesia (cf. 2 Cor. 11:2; Efe. 5:25-32). En Apocalipsis, el pueblo fiel de Dios está representado como una mujer fiel (Apoc. 19:7, 8; 22:17), mientras que una prostituta simboliza a los apóstatas e infieles (caps. 17,18).

El cuadro de una mujer hermosa, adornada, que está en trabajo de parto, trae a la mente varios pasajes del Antiguo Testamento. Uno es un eco del retrato de la novia de Salomón, que es "hermosa como la luna, radiante como el sol" (Cant. 6:10). También refleja los pasajes que muestran a Israel como una mujer parturienta (Isa. 26:17, 18; 66:7-9; Jer. 4:31; Miq. 4:10). Pero, por sobre todo, la descripción de una mujer que sufre los dolores de dar a luz al Mesías es una alusión a Génesis 3:15. Apocalipsis 12 muestra el cumplimiento de la promesa de Dios de redimir a la humanidad caída mediante la descendencia de la mujer.

La mujer notable de Apocalipsis 12 aparece como un símbolo de la iglesia a lo largo de la Biblia. Esta realidad se expresa por medio de su descripción: vestida con el Sol, y parada sobre la Luna. El Sol, como la fuente de luz, representa el evangelio (2 Cor. 4:6; cf. Juan 8:12; 12:46), y la Luna refleja la luz del Sol. La mujer está parada sobre la revelación del Antiguo Testamento que refleja la luz del evangelio.1 Las doce estrellas sobre su cabeza representan a las doce tribus de Israel, como también a los doce apóstoles. En esta parte de la visión (Apoc. 12:1 -5), la mujer representa al Israel del Antiguo Testamento que trae al Mesías al mundo. Pero, en los versículos 6, y 13 al 17, ella representa a la iglesia cristiana.

El dragón (12:3-6)

En oposición a la mujer está el dragón, o Satanás, quien es la serpiente de Génesis 3. Sus siete cabezas representan los reinos de la historia por medio de los cuales trabajó para oponerse a los planes y los propósitos de Dios en el mundo, y para oprimir al pueblo de Dios (Apoc. 17:9-11). Los diez cuernos que están sobre su cabeza simbolizan autoridades políticas (vers. 12). Las siete coronas que están sobre las cabezas del dragón se refieren a las falsas pretensiones de señorío sobre este mundo (cyfLuc. 4:6). Estas imágenes revelan a Satanás detrás del Imperio Romano, como tratando de destruir al por largo tiempo esperado Mesías, Jesucristo.

Satanás es un enemigo real, no un personaje imaginario. Siendo que Dios anunció que vendría Uno nacido de "la mujer" que aplastaría la cabeza de la serpiente (Gén. 3:15), Satanás ha esperado que naciera el Niño Prometido para destruirlo. Aunque Satanás desea matar a este Niño, no puede, porque el Niño es llevado al cielo (Apoc. 12:5), lo cual se refiere a la exaltación de Cristo al Trono celestial (Efe. 1:20-22; 1 Ped. 3:21, 22). La exaltación de Cristo sirve como introducción a la escena subsiguiente (Apoc. 12:7-12), un evento que en última instancia resultó en la expulsión permanente de Satanás del cielo (vers. 10).

Cuando Cristo es llevado al cielo, al Trono de Dios, la mujer, que representa a la iglesia, encuentra protección divina en el desierto durante el tiempo profético de 1.260 días. Durante este tiempo, ella espera el retorno de Cristo y el establecimiento de su Reino eterno.

Guerra en el cielo (12:7-12)

Apocalipsis 12:7 al 12 es una transición a una escena nueva en la historia. La descripción revela que, en ocasión de la ascensión de Cristo y su exaltación al Trono celestial, estalló una guerra en el cielo. Miguel y sus ángeles pelearon contra Satanás y sus ángeles. Miguel (nombre que significa "¿Quién es seipejante a Dios ?") es el comandante de la hueste celestial. En otras partes de la Biblia se lo identifica como el principal príncipe (Dan. 10:13,21; 12:1) y el arcángel (Jud. 9). De este modo, la información bíblica lleva a la conclusión de que Miguel es el nombre escatológico de Cristo.

Aquí, en Apocalipsis 12, Cristo conduce al ejército celestial en la lucha contra Satanás. Satanás con sus ángeles pelean, pero pierden. Como resultado, Satanás y sus fuerzas son expulsados del cielo y enviados a la Tierra (vers. 9). ¿Cuándo ocurrió esta guerra en el cielo y la expulsión de Satanás y sus ángeles ? Se dan pistas en el himno que se escucha en el cielo después de la destitución de Satanás (vers. 10-12):

- "Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo" (vers. 10). El Reino de Dios y la autoridad de Cristo fueron establecidos después de la muerte de Jesús en la Cruz.

- "Ha sido expulsado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche" (vers. 10). La acusación de Satanás no podría haber ocurrido al comienzo del Gran Conflicto porque los humanos no habían sido creados todavía. El Antiguo Testamento a menudo pinta a Satanás acusando al pueblo de Dios ante Dios (Job 1; 2; Zac. 3).

- Habiendo sido expulsado del cielo, Satanás se da cuenta de que le queda poco tiempo (Apoc. 12:12). Reconoce esto después de la muerte de Jesús en la Cruz.

- Después de su expulsión del cielo, Satanás comienza a perseguir a la iglesia durante el período profético de 1.260 días (vers. 13). Este período se conoce como la Edad Media, que comienza en 538 d.C. y concluye con la Revolución Francesa y la captura del papa Pío VI por el general Berthier, del ejército de Napoleón, en el año 1798 d.C.

Todo esto muestra que la guerra y la expulsión de Satanás del cielo descritas en Apocalipsis 12:7 al 9 ocurrieron después de la muerte de Jesús en la Cruz y su subsiguiente ascensión al cielo.

Satanás fue expulsado del cielo al comienzo de su rebelión contra el gobierno de Dios. Quería tomar el Trono del cielo a fin de ser "semejante al Altísimo" (Isa. 14:14). Se mantuvo en abierta rebelión contra Dios, pero fue derrotado y arrojado a la Tierra. Al engañar a Adán, Satanás usurpó el gobierno y el dominio de esta Tierra (Luc. 4:6). Jesús se refirió a él como el "príncipe de este mundo (Juan 12:31; 14:30; 16:11).

Pero después de la expulsión de Satanás, él todavía tenía acceso al cielo. El libro de Job lo muestra asistiendo a la asamblea celestial delante de Dios y haciendo acusaciones contra Job (Job 1:6-12; 2:1-7). En forma similar, Zacarías lo vio en una visión acusando a Josué, el sumo sacerdote, ante la corte celestial (Zac. 3:1, 2).

La situación cambió con la muerte de Jesús en la Cruz. El dominio sobre la Tierra fue transferido de Satanás a Jesús. Esta transferencia de autoridad obviamente no ocurrió sin resistencia por parte de Satanás, quien una vez estuvo en abierta rebelión contra Dios. En este punto, Satanás y sus asociados fueron expulsados definitivamente del cielo.

Con la expulsión de Satanás, "ha venido [...] el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo" (Apoc. 12:10). Desde ese tiempo, Satanás y los ángeles caídos han estado confinados a la Tierra como una prisión, hasta que reciban su castigo (2 Ped. 2:4; Jud. 6). Satanás ya no tiene acceso a los atrios celestiales y ya no puede acusar al pueblo de Dios en el cielo.

Aunque la suerte de Satanás fue decidida con su expulsión del cielo, su derrota no es completa todavía. Todavía pretende el señorío sobre la Tierra, que es la razón por la que el cielo da esta advertencia: "¡Ay de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con grande ira, sabiendo que tiene poco tiempo" (Apoc. 12:12). La referencia a la tierra y el mar apunta a la dimensión global de esta advertencia. Particularmente significativo en este respecto es Apocalipsis 13, donde los dos asociados de Satanás surgen de la tierra y del mar para hacer que los habitantes de la Tierra se pongan del lado de Satanás en la crisis final.

Guerra en la Tierra (12:13-16)

Satanás no podía dañar a Cristo, pero él sabe cuánto ama él la iglesia. Así que, ahora se vuelve contra la iglesia que representa a Cristo sobre la Tierra. Pero la mujer (la iglesia) recibe "dos alas de la gran águila" para que vuele al desierto, donde Dios la cuida durante un período de "un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo" (Apoc. 12:14), o 1.260 días (vers. 6).

Este lenguaje es un eco del Exodo de Israel de Egipto (Exo. 19:4). Como Dios cuidó de Israel durante sus años en el desierto (Deut. 8:15-18), él ahora cuida a la iglesia en el desierto durante el período profético de 1.260 días (538 a 1798 d.C.). Durante este lapso, el pueblo de Dios sufrió persecución por el poder del anticristo (Apoc. 13:5). La iglesia establecida en Europa occidental persiguió a los que eligieron seguir las enseñanzas de la Biblia en vez de la tradición. Millones de cristianos fueron martirizados por su fidelidad al evangelio. Durante ese tiempo, el fiel pueblo de Dios encontró un refugio en lugares aislados para escapar de la persecución y las influencias corruptas de la iglesia institucional.

En un esfuerzo por destruir a la mujer, "la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuera inundada por el agua" (Apoc. 12:15). Este torrente de agua de la boca de la serpiente recuerda las palabras engañosas de la serpiente en el Jardín del Edén (Gén. 3:1-5). De la misma manera, Satanás está tratando de destruir al pueblo de Dios con una inundación de enseñanzas falsas. En el Antiguo Testamento, una inundación de agua se usa a menudo como un símbolo de los enemigos del pueblo de Dios que lo atacan y destruyen (Sal. 69:1,2; 124:2-5; Isa. 8:7,8; Jer. 47:2).

Así, la inundación de agua arrojada de la boca del dragón tiene dos significados: persecución y enseñanzas falsas. Estas son las armas que Satanás usó contra el pueblo de Dios durante el período profético de 1.260 días en la era medieval. Sin embargo, providencialmente, la tierra rescata a la mujer tragando el agua enviada por el dragón (Apoc. 12:16). Una vez más, Juan usa el lenguaje del Éxodo. Así como la tierra tragó a los egipcios que estaban persiguiendo a los israelitas (Exo. 15:12), así la amigable tierra traga el torrente de persecución y enseñanzas falsas que el dragón usó para destruir a la mujer.

El ataque de Satanás contra el Remanente (12:17)

Hasta ahora, el dragón no fue capaz de destruir a la mujer, pero él no renuncia. Se reagrupa para "hacer la guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús" (Apoc. 12:17). Este pasaje sirve como una introducción a Apocalipsis 13, donde Satanás se prepara para la batalla final contra el pueblo de Dios del tiempo del fin. Él se repliega con el fin de prepararse para su último ataque contra el pueblo de Dios del tiempo del fin y elige la ayuda de dos aliados: la bestia del mar (Apoc. 13:1-10) y la bestia de la tierra (vers. 11-18). Juntos, estos tres forman un triunvirato impío para pelear la batalla final contra Cristo y su remanente fiel.

El término remanente, en el Antiguo Testamento, describe a quienes han sobrevivido a la destrucción para continuar como el pueblo fiel de Dios (Isa. 10:20-22; 11:11, 12^ Jer. 23:3; Sof. 3:13). A lo largo de los tiempos del Antiguo Testamento, mientras que la mayor parte de la nación de Israel apostató, hubo un pueblo que permaneció fiel a Dios (cf 1 Rey. 19:18). Juan emplea la palabra remanente con referencia a los cristianos que permanecen fieles en las iglesias de Tiatira y Sardis (Apoc. 2:24; 3:4). Y ahora Juan usa la misma palabra para decir que al fin del tiempo, mientras que la mayoría de la gente en el mundo se pone del lado de Satanás y sus aliados, habrá un pueblo que permanece fiel a Cristo.

Este remanente del tiempo del fin tendrá dos características. La primera es su obediencia a los mandamientos de Dios. Apocalipsis 13 muestra que al fin del tiempo los primeros cuatro mandamientos del Decálogo serán centrales en el conflicto del tiempo del fin. Ya que el problema en la crisis final será con respecto a la adoración -con respecto a quién y cuándo hemos de adorar-, el cuarto Mandamiento llegará a ser la prueba de lealtad y obediencia a Dios (cf. Apoc. 14:7).

La segunda característica del remanente del tiempo del fin es que tiene el testimonio de Jesús. Esta característica está vinculada con "el espíritu de la profecía" (Apoc. 19:10; cf. Apoc. 22:9). Se usaba la expresión "el espíritu de la profecía", en los días de Juan, para designar al Espíritu Santo, que habla por medio de sus profetas (Apoc. 19:10). Satanás hará todo esfuerzo posible para engañar y destruir al Remanente, pero Apocalipsis muestra que el pueblo fiel de Dios tendrá el don profético para guiarlo a través de estos tiempos difíciles.

La estrategia de Satanás en el tiempo del fin

En este punto, hay un cambio en la estrategia de Satanás con el fin de tratar de ganar a la gente para su lado. Entender sus planes nos ayudará a evitar sus trampas engañosas. A lo largo de toda la historia, Satanás ha estado atacando a la iglesia por medio de persecución y coacción. Al comenzar su ataque final contra el remanente del tiempo del fin, su estrategia cambia de la coerción al engaño. Este cambio en la estrategia corresponde a la transición del foco histórico al escatológico del Apocalipsis. Se puede observar que la palabra engañar no aparece nunca en la sección histórica de Apocalipsis (caps. 4-11), pero se usa regularmente en la sección escatológica (caps. 12-20) para describir las actividades de Satanás en el tiempo del fin, en preparación para la crisis final.

Satanás, en procura de ganar la lealtad del mundo, lanzará una gran falsificación del verdadero Dios y sus esfuerzos para salvar a la humanidad. Apocalipsis 13 describe este asalto como la obra del dragón, la bestia del mar y la bestia de la tierra; un trío cuya misión es la destrucción de la Trinidad (Apoc. 1:4-6). De aquí en adelante, los miembros de esta tríada satánica están inseparablemente asociados en su búsqueda de engañar al mundo y llevar a la gente lejos de Dios (Apoc. 16:13, 14; 19:20; 20:10).


Referencias

1 León Morris, Revelation, Tyndale New Testament Commentaries, ed. rev. (Grand Ra-

pids, Michigan: Eermans, 1987), p. 152.