Lección 1- MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

RESEÑA

Vivir es experimentar cambios. Desde el principio, la Creación perfecta de Dios incluyó ciclos y estaciones (Gén. 1:14; 2:3). El ciclo edénico semanal, que culminó con el sábado, afortunadamente se abrió paso hasta la era posterior a la caída y aparentemente continuará indefinidamente en la Tierra Nueva (Isa. 66:23). Incluso después del pecado, nuestra vida sigue fluyendo según diversos ciclos: ambientales, biológicos, relacionales, familiares, emocionales, e incluso políticos (Ecl. 3:1-8). Dios sabía que una vida estática sería tan banal como insoportable; por eso, ordenó que el ritmo y el cambio sean parte integral de su orden creador.
Los cambios pueden ser inesperados o previstos, positivos o negativos. Nos provocan un espectro de respuestas que van desde la alegría hasta el dolor, pasando por todas las variables intermedias. Esta lección explora cuán susceptible es la gente a las etapas de la vida, especialmente en el contexto de la familia.
La vida de Job ilustra un cambio radical e inesperado. La vida de José entra dentro de la misma categoría. Aunque sus respectivas familias se transformaron significativamente de manera trágica, el final de las historias de Job y de José muestra a un Dios de redención y restauración. Relatos como estos nos ofrecen esperanza en la providencia de Dios y nos inspiran a permanecer fieles en medio de los momentos de dificultad.
Nuestras relaciones, y los tipos específicos de interacciones que aquellas engendran, también juegan un papel clave en nuestra vida. Plantéate la influencia inconmensurable que los padres tienen sobre los hijos. El rumbo de nuestra vida a menudo se define, para bien o para mal, en esas primeras relaciones familiares. Si nuestra vida familiar en sus comienzos dejó mucho que desear, las relaciones saludables pueden ayudar a revertir las influencias negativas del pasado. Conocer a Jesús en una etapa posterior puede revolucionar la vida hasta tal punto que la Biblia llama “nueva criatura” a la persona (2 Cor. 5:17).
De toda esta reflexión surge una cuasi ley de influencias que establece que todas las interacciones que tenemos con los demás pueden ser para bien o para mal. El hecho de entender esta verdad debería llevarnos a hacer una pausa antes de que nos enfrentemos impulsivamente o con ligereza con familiares, amigos o extraños. Marcamos una diferencia en su vida, seamos conscientes de ello o no.

COMENTARIO

Ilustración Al estar rodeados de niños pequeños, rápidamente nos damos cuenta de la dificultad de comunicar los intervalos de tiempo. Mi esposa y yo enfrenta- mos este desafío al criar a nuestras tres hijas. ¿Cómo responder preguntas como: “¿Cuánto falta para mi próximo cumpleaños?” o “¿Cuándo podemos ir al parque otra vez?”, cuando los intervalos de tiempo no se comprenden por completo? A mi hija menor le respondía: “Volveremos en una semana”, y ella decía: “¿Cuánto tiempo es eso?” Pronto descubrimos que los “sábados” eran la respuesta a nuestro dilema.
Los sábados cíclicos en nuestro hogar estaban compuestos por la ceremonia de encender la vela para recibir el sábado a la puesta del sol, la Escuela Sabática, la iglesia, las comidas a la canasta y los amigos. Esto creó una referencia de tiempo inolvidable para nuestras hijas, así que respondíamos a sus preguntas de tiempo con unidades sabáticas (por ejemplo: “En tres sábados estaremos en la casa de la abuela”). Funcionó fabulosamente.
Además, quedé gratamente sorprendido de que nuestro “truco” sabático familiar fuese parte del lenguaje del griego bíblico.
No es muy sabido que el sabbaton griego del Nuevo Testamento se refiere no solo al día de reposo sabático, sino también designa una semana (Mat. 28:1; Luc. 18:12). De hecho, no hay una palabra griega para “semana” en el Nuevo Testamento aparte del sabbaton. Debo admitir que me emocioné al enterarme de que nuestra sustitución familiar de “semana” por “sábado” fuera bíblica.
El día de reposo semanal de Dios resultó ser el primer reloj de nuestras hijas. El sábado es más que un día que llega cada semana. Es un punto de referencia espiritual en el tiempo para calibrar el resto de nuestra vida.
Como nota al margen, hay al menos una traducción de la Biblia (Versión Biblia del Jubileo 2000) y algunos ministerios cristianos que no reconocen el sabbaton como una referencia a la semana. Esta práctica puede parecer intrascendente al principio, pero conduce a una argumentación textual que aboga por llamar “día de reposo” al domingo. Por ende, según esta línea de pensamiento, Mateo 28:1 utiliza la expresión “el primero de los sábados”.
Por lo tanto, al primer día de la semana, el domingo, se lo considera día de reposo. Solo el contexto puede determinar si se interpreta como “día de reposo” o “semana”. Afortunadamente, casi todas las traducciones españolas reconocidas traducen sabbaton correctamente como “semana” en Mateo 28. Para quienes les gusta la gramática, la frase en cuestión, en Mateo 28, literalmente dice mian (primera) sabbaton. Pero no hay concordancia de género entre mian, que es femenino, y sabbaton, que es neutro. Por lo tanto, “primera” no puede modificar a sabbaton, sino que modifica el supuesto nombre femenino hemera (día). Esta construcción sintáctica es similar a cuando nosotros decimos: “Te veré el cuatro”. La palabra “día” está implícita. Por lo tanto, leer el texto como “el primer día de la semana”, en contraposición con “el primero de los sábados” (que es forzado y antigramatical), evidentemente es la traducción correcta.

Perspectiva teológica

Se ha observado que la forma en que comenzó originalmente el ciclo del sábado ilustra un principio clave e interesante del evangelio y del carácter de Dios. Por lo general, pensamos en el sábado como el punto final de una larga semana ocupada y, por lo tanto, reforzamos un ciclo de trabajo y descanso en nuestro pensamiento. El mandamiento del sábado evidentemente está redactado así (Éxo. 20:9, 10). Sin embargo, desde una perspectiva edénica, el ciclo se invierte. Es verdad que Dios trabajó toda la semana y luego descansó, pero la humanidad recién se creó el sexto día (Gén. 1:27, 31). Básicamente, a pocas horas de haber sido creados, Adán y Eva participaron del día de reposo. Su primer día completo fue un día de descanso sabático. Para ellos, el sábado difícilmente representó un descanso de una larga y ardua semana de trabajo. Su trabajo no comenzó hasta después de haber descansado y, por lo tanto, un ciclo de descanso y trabajo es una representación más matizada del ciclo del sábado. Dios trabajó durante la semana de la Creación, y los seres humanos descansaron en las obras del Creador... y después, se dedicaron a realizar su propio trabajo (Gén. 2:15). Los paralelismos teológicos son claros. Dios efectuó las obras de la salvación mediante la vida, la muerte y la resurrección salvíficas de Cristo. Nosotros descansamos de cualquiera de nuestras “obras” en honor a los logros salvíficos de Cristo (Heb. 4:9-11). Una vez que experimentamos y aceptamos el descanso salvífico en su plenitud, podemos proseguir con nuestras obras de obediencia amante y misericordiosa. Cuán sabio es el Creador al entretejer una analogía del plan de salvación en la tela del tiempo mediante un día de reposo semanal.

Reflexión La lección presenta dos temas generales titulados “Lo inesperado” y “Las interacciones”. Un debate fructífero para la clase podría ser: ¿Qué “interacciones” en la familia de José crearon un ambiente en el que la conducta de los hermanos en realidad no fue tan “inesperada”? De la lección surge el concepto del favoritismo parental como un problema o ciclo generacional entre los patriarcas que tuvo consecuencias familiares devastadoras. “Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores” (Gén. 37:3). Preferiríamos que los hermanos hubiesen ignorado el favoritismo de su padre, pero no fue así: “Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente” (Gén. 37:4). Jacob probablemente recibió la influencia del favoritismo que le prodigó su madre, y el que su padre tenía por Esaú” (Gén. 25:28).
El dolor, los celos y la culpabilidad creados por la dinámica disfuncional de esta familia representan un continuo reproche al favoritismo familiar.
Si Jacob hubiese identificado la parcialidad manifestada en su crianza y le hubiese puesto fin, posiblemente podría haber salvado a su familia de esa tragedia. Dios, en contraste, es el Padre por excelencia, en quien “no hay favoritismos” (Rom. 2:11, NVI). A pesar de que la familia de Jacob era un desastre en muchos aspectos, este mismo Dios Padre fue capaz de propiciar una de las historias de triunfo más milagrosas y perdurables. Todavía hay esperanza para nosotros y para nuestras familias.

APLICACIÓN A LA VIDA

Es fácil pensar que las cosas en el futuro seguirán siendo como ahora. Job y José se despertaron una mañana fatídica tal como lo hacían todos los días. Pero todo cambió en un instante, como puede ocurrirnos a nosotros.
Estar preparados puede determinar si los cambios de la vida nos ayudan a bien en nuestra madurez espiritual o si nos aplastan y entramos en barrena, espiritualmente hablando. Así que, pregúntale a tu clase de Escuela Sabática qué podemos hacer en la actualidad para responder de una manera piadosa al cambio inevitable. Estas son algunas ideas relacionadas con la lección:

1. Entrar en ritmo. Esta expresión se usa cuando algo se vuelve tan común y corriente que lo hacemos sin pensar. Job oró cuando su vida cambió para siempre. Sin duda, José también oró. Los ritmos de la vida pueden volverse manejables cuando ya hemos adoptado un ritmo de oración con Dios.

2. La renovación sabática nunca está lejos. Así como la oración es intangible para las fuerzas externas (puedes orar en una prisión), nunca nadie te puede quitar el sábado. El sábado está protegido detrás de los indestructibles compases del tiempo. Puedes tener la certeza de una cita de descanso con Jesús todos los sábados, sin importar si el mundo está implosionando a tu alrededor. Claro, tú puedes tener esta certeza si adquieres el hábito de pasar el sábado con Jesús ahora.

3. Sé el personaje de transición que Jacob no supo ser. A menudo tomamos el bagaje familiar que recibimos de nuestros padres y lo transmitimos involuntariamente a nuestros hijos. No obstante, con la sabiduría de Dios y su poder transformador, podemos ser lo que los terapeutas familiares llaman personajes de transición: “Alguien que, en una sola generación, cambia todo el curso de un linaje. Aquellos que crecen en un entorno abusivo y emocionalmente destructivo y que, de alguna manera, encuentran la forma de metabolizar el veneno y no transmitirlo a sus hijos. Rompen el molde” (R. D. Day, Introduction to Family Processes, p. 116).

4. Aprende las historias de la Biblia. Quizá parezca simplista; sin embargo, es demasiado cómodo pensar que nuestra vida, de algún modo, debería ser más llevadera que la de los patriarcas, los profetas y los discípulos (y la vida de Jesús, de hecho). Mientras más tiempo dediquemos a leer la Biblia, nuestra perspectiva cambiará más y dejaremos de pensar que nos está sucediendo alguna “cosa extraña” en tiempos de cambios difíciles (1 Ped. 4:12).