10-Tiempo de conflicto


La familia es importante para Dios, y él desea que todas las familias sean felices y vivan en armonía. Desafortunadamente, en el momento en que Adán y Eva comieron del fruto prohibi-—-w do, el pecado y el conflicto entraron en el hogar (Gén. 3: 1-19). La envidia y el odio de su primogénito lo llevaron a matar a su hermano, en lo que fue el primer asesinato en la historia humana (Génesis 4).

«La vida de Adán estuvo llena de tristeza, humildad y contrición. Cuando salió del Edén, la idea de que tendría que morir lo hacía estremecerse de terror. Conoció por primera vez la realidad de la muerte en la familia humana cuando Caín, su primogénito, asesinó a su hermano. Lleno del más agudo remordimiento por su propio pecado, y doblemente acongojado por la muerte de Abel y el rechazamiento de Caín, Adán quedó abrumado por la angustia. Veía cómo por todas partes se extendía la corrupción que iba a causar finalmente la destrucción del mundo mediante un diluvio; y a pesar de que la sentencia de muerte pronunciada sobre él por su Creador le había parecido terrible al principio, después de presenciar durante casi mil años los resultados del pecado, Adán llegó a considerar como una misericordia el que Dios pusiera fin a su vida de sufrimiento y dolor».'

Pero incluso en las mejores y más consagradas familias, el conflicto es inevitable. Suegros entrometidos, adolescentes descarriados, rivalidades entre hermanos o hijastros celosos pueden convertir un hogar feliz en una zona de guerra. Deberes simples como sacar la basura, hacer la tarea y llevar a cabo las labores del hogar se convierten en puntos álgidos. Pero los problemas relativamente menores por lo general se pueden resolver con una interrupción mínima de la vida familiar. Otros asuntos, sin embargo, pueden ser mucho más desafiantes y perjudiciales para la vida familiar. La suegra cuyo abuso y manipulación amenaza con destruir un matrimonio; el padre trastornado que abusa de sus hijos; el hijo que abandona su educación religiosa por un estilo de vida promiscuo; o la hija que cae en la drogadicción: todas estas situaciones son reales y, tristemente, pueden darse incluso en las familias cristianas. La solución puede ser rápida y directa, pero el problema puede durar meses o incluso años.

El conflicto

Benjamín Franklin dijo acertadamente: «Una onza de prevención vale más que una libra de curación». «Los conflictos familiares tienden a ser los desacuerdos más intensos porque involucran a aquellos que están más cerca de nosotros. Las relaciones de origen familiar llevan una carga histórica grande»,2 con problemas que pueden abarcar incluso generaciones. Cuando dos personas se casan, sus dos historias a menudo compiten o chocan, pudiendo provocar desacuerdos con los que las familias deben lidiar.

«Los suegros a veces traen una carga de conflictos potenciales debido a diferencias culturales y políticas. Al mismo tiempo, nuestra familia inmediata está integrada por individuos que demandan atención diarla. SI bien es posible que no siempre estemos de acuerdo con los miembros de nuestra familia, podemos evitar conflictos estableciendo límites y eligiendo nuestras batallas sabiamente.

»Paso 1: Establezca límites para la resolución de conflictos. [...] Los desacuerdos y el debate son componentes saludables de la mayoría de las relaciones y no deben evitarse por completo siempre y cuando todos los presentes cumplan con las reglas preestablecidas. Por ejemplo, si los tonos de voz comienzan a subir, se puede optar por terminar la discusión y aceptar continuarla cuando los ánimos se calmen.

»Paso 2: Elija sus batallas. [...] Es mejor dejar pasar ciertos asuntos en lugar de armar un alboroto por cualquier diferencia, especialmente durante los días libres, cuando la tensión es alta y se espera la unión familiar.

»Paso 3: Anime a la familia a poner fin a un conflicto determinado convocando a una reunión para ese propósito. [...] La familia puede aprender a colaborar para poner fin a los conflictos. Ha de designarse a uno de los integrantes de la familia para que modere la discusión y mantenga la conversación hasta que encuentre una solución al conflicto. »Paso 4: Permanezca neutral si surge un tema sensible. [...] El miembro de la familia que puede permanecer neutral durante los conflictos familiares puede ayudar a cada uno a articular sus pensamientos. Luego, se pueden reformular los sentimientos para tratar de alcanzar entendimientos mutuos y lograr establecer un compromiso. [...]

»EI pasado está lleno de minas explosivas que la mayoría de las veces es mejor dejar enterradas. Evitemos pisar esas minas, negándonos a mencionar incidentes y errores pásados. Revivir el pasado puede crear conflictos, incluso cuando no existe ninguno en el momento. Los niños son como esponjas que observan todo mientras la familia interactúa entre sí. Recordemos que les estamos enseñando a lidiar con los desacuerdos y la ira cuando se trata de conflictos familiares».3

Los conflictos destructivos

En Mateo 18:15-17, Jesús presentó un método para manejar los conflictos. La mayoría de las veces evitamos dar estos pasos y terminamos contándole a alguien cómo fulano de tal nos ofendió o hirió. Si una tercera persona se deja involucrar de esa manera en la situación, se forma un triángulo (que en psicología, se denomina triangulación). Los hermanos terminan metiendo a un padre en su conflicto, los miembros de la iglesia involucran al pastor en sus altercados y los compañeros de trabajo le hablan a su supervisor, en lugar de conversar directamente con la parte ofensora, sobre sus desacuerdos.

Si bien, en términos generales, el conflicto es una parte inevitable de la vida, mucho tiene que ver con diferencias en la personalidad, las opiniones, los gustos, los sueños y las aspiraciones. Pero también hay un tipo de conflicto causado por el egoísmo profundo, la ira, el odio o el desprecio total hacia los demás. Esa fuente de conflicto puede ser destructiva.

«Satanás está tratando constantemente de provocar desconfianza, desunión, malicia entre el pueblo de Dios. Seremos a menudo tentados a sentir que se pisotean nuestros derechos, aun cuando no haya causa real para tales sentimientos. Aquellos cuyo amor propio sea más fuerte que su amor por Cristo y su causa, darán la primacía a sus propios intereses y recurrirán a casi cualquier medio para protegerlos y conservarlos. Aun muchos que parecen ser cristianos concienzudos son impedidos por el orgullo y la estima propia de ¡r privadamente a aquellos a quienes consideran en error, para hablar con ellos con el espíritu de Cristo y orar juntos el uno por el otro. Al creerse perjudicados por sus hermanos, algunos recurrirán hasta a un juicio en lugar de seguir la regla del Salvador».4

De las palabras de Jesús en Mateo 18: 15-17, podemos extraer tres principios generales que se pueden poner en práctica al lidiar con conflictos destructivos. En primer lugar, debemos «hablar. "Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta" (Mat. 18: 15 NVI)

Procurar la paz podría significar arriesgar el conflicto a fin de lograr una paz genuina (Sal. 34: 14; Heb. 12: 14, NVI) [...]. Hablares muy diferente a ventilar, lo cual puede tener consecuencias negativas. Debemos decirle la verdad a alguien con amor después de que hayamos dedicado tiempo a orar y nos hayamos preparado para abordarle. Es necesario acercarse a la persona con ternura y con humildad (Gál. 6: 1, NTV)».5 También es importante que nos acerquemos en privado en lugar de confrontar a la persona en público o hablarles a otros sobre la situación antes de hablar con la persona.

El segundo principio que podemos deducir de las instrucciones de Jesús es «acudir a otros. "Pero si no te oye, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra" (Mat. 18: 16). [...] Si la otra persona se enceguece a su pecado, Dios nos llama a pedir la ayuda de otros».6

Si los dos primeros intentos no logran resolver el problema, el tercer paso nos recomienda retroceder. «"Si no los oye a ellos, dilo a la iglesia; y si no oye a la iglesia, tenlo por gentil y publicano" (Mat. 18: 17), dice Jesús. [...] Cuando nos alejamos de la relación, estamos ayudando a minimizar el daño y le damos a la otra persona tiempo para reflexionar sobre su comportamiento y sobre la relación».7

Si omitimos estos pasos, somos tan culpables como aquellos con quienes estamos teniendo el conflicto. Si bien no todos los problemas pueden resolverse de manera satisfactoria, estamos llamados a actuar con amor y paciencia con los demás, incluso aunque el conflicto no se pueda resolver (1 Cor. 4: 12; Rom. 13: 10).

El papel de la ira en el conflicto

Aunque difícil de controlar, la ira es una emoción importante y legítima. El mismo Jesús tuvo un gran disgusto por la forma en que la gente de su época estaba utilizando el templo de Dios (Mat. 21: 12). Para lidiar con la ira, es conveniente poner todo en perspectiva.
«En nuestra lucha contra la ira, debemos entender que "no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, con potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" (Efe. 6:12). Cuando Satanás te haga enojar, recuerda que él está tratando de evitar que recibas la voluntad de Dios en tu vida. »En 2 Timoteo 4: 5, Pablo le pide a Timoteo que se mantenga calmado, relajado y sereno y que siga cumpliendo con los deberes de su ministerio. Ese es un buen consejo para todos nosotros. Cuando nos enojemos, tratemos de calmarnos y comenzar a hacer lo que Dios nos ha llamado a hacer. »¡Tu buen estado de ánimo depende de ti! Si algo te hace molestar, en lugar de dejar que te amargue, conviértelo en algo bueno. Vence el mal y la ira orando por los que te lastiman y abusan de ti. Perdónalos y sé una bendición para ellos. Puede que no sea fácil al principio, pero cuando tomas la decisión y la asumes, Dios se encarga del resto».8

Para nadie es un secreto que hay una relación directa entre la ira y el conflicto. Es nuestra elección permitir que la ira, que es una emoción normal y natural, nos controle al punto de lastimar a otra persona; o podemos elegir enojarnos, y no pecar (ver Efe. 4: 26). Pablo aconseja: «No permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados», lo cual siempre se ha interpretado como que debemos resolver todo conflicto antes de irnos a la cama. Sin embargo, un pasaje paralelo puede ayudarnos a comprender mejor lo que Pablo quiso decir. El rey David escribió: «Si se enojan, no pequen; en la quietud del descanso nocturno examínense el corazón» (Sal. 4: 4, NVI). Muchas veces es preferible evitar decir algo que sea perjudicial, tomar un tiempo para orar, calmarnos, evaluar cuidadosamente la situación y tratar de resolver el problema a la luz de un nuevo día.

Conflicto, abuso, poder y control

La Biblia dice que si una persona es abusiva, no conoce el amor y no conoce a Dios (ver 1 Juan 4: 7-8). «La Biblia prohibe el abuso físico o verbal del cónyuge. Está en la Biblia, en Colosenses 3: 19: "Esposos, amen a sus esposas y no las traten con aspereza"» (DHH).9 La palabra traducida como áspero en el griego original denota estar enojado o amargado con la compañera, causándole dolor continuo, mostrando una hostilidad intensa o expresándole odio. Pablo es claro en que ninguno de los cónyuges debe ser hostil o violento. El abuso emocional, verbal, sexual y/o físico no es un comportamiento aceptable en un esposo o esposa cristiano. Lo único aceptable es amar a nuestro cónyuge.

En 1 Corintios 13, Pablo afirma con claridad que «el amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, sino que se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (vers. 4-7). Sin duda, los atributos del amor no toleran ni remotamente alguna forma de abuso.

Una relación sana es aquella en la que ambas partes se sienten seguras y protegidas, donde la ira se maneja de manera saludable y donde servirse mutuamente es la norma. Muchas veces, las víctimas de abuso albergan sentimientos de culpa, como si fueran responsables de provocar al abusador o tal vez merecieran el abuso que recibieron. Los abusadores suelen ser controladores y muy hábiles para hacer que sus víctimas se sientan responsables. La verdad es que nadie merece ser abusado por otro, y los abusadores son responsables de sus propias decisiones y acciones. La buena noticia es que la Biblia ofrece consuelo, no culpa, para las víctimas de abuso (aparta tiempo para leer y analizar el Salmo 91: 1-16).

Perdón y paz

«El perdón es básicamente una decisión que tomamos para destruir un obstáculo» hacia la paz. De hecho, «Jesús murió para derribar los obstáculos ocasionados por nuestro pecado», las trabas que hemos erigido contra él, «y se nos exige que hagamos lo mismo con los que nos hacen daño (ver Mat. 6: 15)».10 «Todo lo que quieran que la gente haga con ustedes, eso mismo hagan ustedes con ellos, porque en esto se resumen la ley y los profetas» (Mat. 7: 12).

Incluso, aunque la relación no se restaure por completo, es importante que perdonemos. Solemos escuchar frases como: «Debes perdonar y olvidar», o: «Necesitas perdonar y buscar la reconciliación». Estas perogrulladas pueden sonar bien, pero, ¿son consejos sensatos para alguien que está siendo abusado o abusada? Probablemente no. Lo más importante es la belleza del perdón y la libertad que le confiere al que lo ofrece, incluso cuando la relación debe terminar debido al abuso o la violencia.

Jesús dijo: «Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado» (Juan 13: 34, NVI). Esta no es una opción, una sugerencia o una reflexión: es un mandato que nos hace. Aunque la reconciliación puede no ser posible en todas las situaciones, el perdón siempre es necesario.

Preguntas para reflexionar

1. ¿Es posible tener unidad en la iglesia si mantenemos sentimientos negativos hacia los demás? ¿De qué manera la Biblia nos aconseja en este sentido? Ver Rom. 12: 16; Fil. 1: 27; 2: 2; 1 Ped. 3: 8.

2. Hay un proverbio que dice: «Aquello que te enoja, te controla». ¿Cómo puedes aprender a controlar la ira antes de que aparezca?

3. Aunque algunos conflictos pueden quedarse sin resolver, podemos vivir en armonía con los demás. Nuestras diferencias no tienen que dividirnos. ¿Qué podemos hacer para asegurarnos de que, a pesar de nuestras diferencias, permanezcamos unidos en la causa común del evangelio?

Referencias:

1. Elena G. de White, Patriarcas y profetas, cap. 6, pp. 61-62.

2. Linda Ray, «How to Avoid Family Conflict», LiveStrong.com, 10 de julio de 2015, https://www. livestrong.com/article/210548-how-to-avoid-family-conflict/.

3. Ray, «How to Avoid Family Conflict».

4. Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, cap. 29, p. 228.

5. Mary). Yerkes, «Destructive Conflict: Recognize It. Stop It», Focus on the Family, visitada el 21 de agosto de 2018, https://www.focusonthefamily.com/lifechallenges/relationship-challenges/con-flict-resolution/destructive-conflict-recognize-it-stop-it.

6. Yerkes, «Destructive Conflict».

7. Yerkes, «Destructive Conflict».

8. Kat White, «Receive Your Freedom From Anger», I ík Abla Ministries, visitada el 21 de agosto de 2018, https://isikabla.com/receive-your-freedom-from-anger/.

9. «Abuse» Bibleinfo.com, visitada el 21 de agosto de 2018, http://www.bibleinfo.com/en/topics/ abuse; emphasis in the original.

10. «Forgiveness and Reconciliation», Great Bible Study.com, visitada el 21 de agosto de 2018, http://www.greatbiblestudy.com/forgiveness.php.