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Tiempo de adquirir sabiduría

 


Todos los organismos vivos crecen, y no hay nadie que entienda mejor el ciclo de crecimiento que un agricultor. Primero, el campo se prepara. Poco después, las semillas se colocan en la tierra y se separan lo suficiente como para que cada brote reciba los nutrientes que necesita sin que otras plantas lo agobien. Las semillas recién plantadas se riegan hasta que, finalmente, llega la cosecha y se completa el ciclo de crecimiento. El proceso de preparación, siembra y cosecha se repite durante la próxima temporada de siembra.
Al igual que en el reino vegetal, los animales y los seres humanos experimentan un ciclo predecible de crecimiento que comienza con la fertilización del óvulo, continúa con la división celular que forma el embrión y finaliza con el desarrollo del feto. El bebé recién nacido continúa el ciclo de crecimiento desde la niñez hasta la edad adulta, desde el nacimiento hasta la muerte. Algunas veces, sin embargo, este ciclo predecible experimenta problemas, y un niño puede nacer con necesidades especiales, una enfermedad terminal o algún otro padecimiento. Más tarde, ocurren accidentes, la vida cambia y de repente el ciclo «predecible» se vuelve poco confiable.
Las etapas del crecimiento se van uniendo entre sí, conformando lo que llamamos el ciclo de la vida. Estudiamos, aprendemos y seguimos el ejemplo de los demás. Con suerte, podemos llegar a ser maestros y líderes útiles. Desde el punto de vista espiritual, el camino a la eternidad comienza con la experiencia del nuevo nacimiento y continúa con nuestro

crecimiento diario en Jesús. Si bien el desarrollo es individual, este afecta a los que nos rodean. A medida que las personas crecen y van cambiando, las familias y las iglesias inevitablemente lo hacen también. El crecimiento es parte del plan de Dios, incluso durante la eternidad.

El mismo Jesús, el perfecto Hijo de Dios, no vino a esta tierra ya crecido. La Biblia describe el crecimiento de Jesús de manera sencilla: «Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres» (Luc. 2: 52). Cuando tenía doce años, ya Jesús estaba enseñando e interrogando a rabinos educados formalmente, y los que lo escuchaban «se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas» (vers. 47). Su crecimiento era armonioso en cada aspecto de su vida.

Nosotros también debemos crecer en conocimiento y sabiduría por medio de la educación y la experiencia. Salomón, el hombre más sabio que jamás vivió, hizo una compilación de gemas de sabiduría, preguntas, poemas e instrucciones en el libro de Proverbios. En él, hace hincapié continuo sobre el valor de la sabiduría, mencionándola más de cincuenta veces:

• «Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría y obtiene la inteligencia» (Prov. 3: 13).

• «Sabiduría ante todo, ¡adquiere sabiduría! Sobre todo lo que posees, ¡adquiere inteligencia!» (Prov. 4: 7).

• «La sabiduría es un árbol de vida para los que echan mano de ella; ¡dichosos los que no la sueltan!» (Prov. 3: 18, RVC).

• «Porque mejor es la sabiduría que las perlas, y no hay cosa deseable que se le pueda comparar» (Prov. 8: 11).

Al igual que Salomón y el salmista, podemos pedirle a Dios: «Dame sabiduría y conocimiento» (2 Crón. 1: 10, RVC; Sal. 119: 66).

Desafortunadamente, no todos eligen crecer en sabiduría. Dos veces en el libro de los Salmos se nos habla del necio que dice en su corazón que no hay Dios (Sal. 14: 1; 53: 1). En el Nuevo Testamento, la mitad de las vírgenes en la parábola de Jesús eran insensatas (Mat. 25: 1-13); y Pablo se refiere a aquellos que no reconocen a Dios como «necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia» (Rom. 1:31).

Amar a la mujer adecuada

Un hombre sabio elegirá cuidadosamente a la mujer con la que se casará. Una de las representaciones bíblicas más extensas y mejor conocidas de lo que es una mujer piadosa se encuentra en Proverbios 31: 10-31. Escritos por el rey Lemuel, estos veintidós versículos están redactados en forma de un hermoso acróstico que sigue el patrón de las veintidós letras del alfabeto hebreo.

Esta mujer virtuosa, literalmente una mujer de poder, es fuerte, enérgica y posee excelentes cualidades. El texto hebreo original sugiere que es una mujer de carácter firme.

«Hasta este punto, el libro de Proverbios se dedica a exaltar el ideal del hombre sabio. Ahora, sin embargo, concluye con un poema que describe a una mujer sabia, alabando su energía, sus talentos económicos y sus virtudes personales. No se está refiriendo a una mujer específica, sino a un ideal, a un modelo de virtudes femeninas. Estas virtudes son esencialmente compartidas por el hombre ideal descrito a lo largo del libro. [...] Contrario al concepto que se tenía de la mujer en el mundo antiguo, esta mujer tiene una considerable independencia para interactuar con la gente y realizar negocios, al punto de poder adquirir bienes inmuebles. Esto le permite a su esposo pasar tiempo sentado en las puertas de la ciudad, presumiblemente atendiendo asuntos cívicos y sirviendo como juez. [...] El poema tradicionalmente lo recitan los judíos a sus esposas en la noche del sábado, antes del ki-dús (la bendición del sábado sobre el vino). También se recita a menudo cuando fallece alguna mujer».'

Aunque es bueno que el hombre busque a una mujer que reúna literalmente todas las descripciones de la mujer virtuosa aquí detalladas, lo mejor es que él busque cómo convertirse él mismo en un hombre virtuoso. En el pequeño pero sustancioso libro Cartas para jóvenes enamorados, Elena G. de White brinda consejos prácticos para la elección del futuro cónyuge. A los hombres jóvenes, ella les aconseja: «Busque el joven como compañera que esté siempre a su lado, a quien sea capaz de asumir su parte de las responsabilidades de la vida, y cuya influencia le ennoblezca, le comunique mayor refinamiento y le haga feliz en su amor».2 Luego, menciona varios textos bíblicos como ejemplos de lo que el joven debería buscar:

«"De Jehová [es] la mujer prudente". "El corazón de su marido está en ella confiado". "Le da ella bien y no mal todos los días de su vida". "Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua. Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde. Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba; muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas". "El que halla esposa, halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová" (Prov. 19:14; 31:11,12,26-29; 18:22)».3

Elena G. de White equilibra su consejo a los jóvenes, dirigiéndose también a las damas:

«Antes de dar su mano en matrimonio, toda mujer debe averiguar si aquel con quien está por unir su destino es digno. ¿Cuál ha sido su pasado? ¿Es pura su vida? ¿Es de un carácter noble y elevado el amor que expresa, o es un simple cariño emotivo? ¿Tiene los rasgos de carácter que la harán a ella feliz? ¿Puede encontrar verdadera paz y gozo en su afecto? ¿Le permitirá preservar su individualidad, o deberá entregar su juicio y su conciencia al dominio de su esposo? Como discípula de Cristo, no se pertenece; ha sido comprada por precio. ¿Puede ella honrar los requerimientos del Salvador como supremos? ¿Conservará su alma y su cuerpo, sus pensamientos y propósitos, puros y santos? Estas preguntas tienen una relación vital con el bienestar de cada mujer que contrae matrimonio. »Haga las siguientes preguntas: ¿Me ayudará esta unión en mi avance hacia el cielo? ¿Aumentará mi amor por Dios y ampliará mi esfera de utilidad en esta vida? Si estas reflexiones no presentan inconvenientes, entonces avance en el temor de Dios».4

Un llamado a los padres

Muchos nos preguntan constantemente: «¿Cuál es el mejor regalo que los padres pueden dar a sus hijos?». Les decimos que la respuesta a esa pregunta es su matrimonio como padres. Hay quienes no están de acuerdo, y nos dicen que el mejor regalo que podemos dar a nuestros hijos es la fe, el conocimiento y el amor por Dios. Eso es verdad, sin embargo, debemos recordar que es en el hogar donde los niños aprenden a desarrollar fe, conocimiento y amor por Dios. Muchos niños tienen dificultades para creer en un Dios que no fue capaz de mantener a sus padres juntos y su hogar indemne. «En el hogar es donde ha de empezar la educación del niño. Allí está su primera escuela, allí, con sus padres como maestros, debe aprender las lecciones que han de guiarlo a través de la vida: lecciones de respeto, obediencia, reverencia, dominio propio».5 Elena G. de White también escribe: «El círculo familiar es la escuela en la que el niño recibe sus primeras y más perdurables lecciones. Es por ello que los padres deberían esforzarse por permanecer el mayor tiempo posible en casa. Por precepto y ejemplo, deberían enseñar a sus hijos el amor y el temor de Dios; a ser inteligentes, afectuosos, sociales, y a cultivar hábitos de diligencia, mayordomía y abnegación. Al ofrecerles amor, compasión y aliento a sus hijos en el hogar, los padres les estarán confiriendo un refugio seguro y bienaventurado de muchas de las tentaciones del mundo».6

Si deseamos darles a nuestros hijos el mejor regalo, algo que los prepare para una vida exitosa en este mundo y para la eternidad en la tierra renovada, fortalezcamos nuestra relación con nuestro cónyuge.

Corregirlos con amor

Cuando se trata de los hijos, es necesario practicar una disciplina sabia y provechosa, ofreciéndoles al mismo tiempo una orientación permanente y equilibrada. Pablo le escribió a la iglesia en Tesalónica, describiendo tres formas en las que esto se lleva a cabo: (1) mediante la exhortación, lo que significa aconsejándolos y advirtiéndoles sobre los peligros que pueden enfrentar; (2) consolándolos, lo que significa calmarlos, confortarlos y animarlos; y (3) dándoles responsabilidades, lo que significa darles instrucciones o mandatos y hacer que el niño rinda cuentas por sus actos (1 Tes. 2: 11-12).

Como padres, debemos recordar que cada niño es único, diferente y hermoso como un copo de nieve individual. Cualquier persona que tenga más de un hijo sabe cuántas diferencias hay en los estilos de aprendizaje y en su comportamiento. Algunos niños pueden ser disciplinados tan solo con una mirada de autoridad; mientras que otros no responden a la reprimenda más aguda. La crianza efectiva del niño requiere que los padres personalicen el método que utilizarán según el temperamento del niño individual.

El problema surge cuando los padres toman literalmente las palabras de Proverbios y golpean con la «vara» a sus hijos hasta someterlos. Nuestro amoroso Padre celestial trata a sus hijos como quiere que nosotros tratemos a los nuestros. Es bueno tener presente en qué consiste un comportamiento abusivo:

• Cualquier castigo físico que sea inclemente e irracionalmente doloroso, aunque pueda dar como resultado un cambio en el comportamiento.

• Cualquier castigo impulsivo e irracional que se inflija con el único propósito de apaciguar la ira de los padres.

• Cualquier trato que haga sentir al niño avergonzado o menospreciado, ya sea en público o en privado.

• Cualquier palabra que menoscabe el respeto propio del niño o que rebaje los sentimientos positivos que tiene sobre sí mismo.

• Cualquier comportamiento que haga que el niño se sienta alejado de su familia o de Dios.

Es importante entender la diferencia entre castigar y disciplinar. El castigo es un correctivo impuesto a un niño por haber hecho algo mal. Implica la experiencia de dolor, pérdida o sufrimiento por haber cometido un error. A veces, los padres o cuidadores castigan al niño con la intención de lastimarlo física o emocionalmente, de modo que el niño aprenda que la mala acción es dolorosa y así elegir, u obligarse a elegir, lo que es correcto. En otras ocasiones, los padres o cuidadores castigan movidos por un sentido de justicia equivocado que exige que los niños paguen por sus «infracciones» o malas acciones.

La disciplina, por el contrario, es un proceso de enseñanza que conduce a la prevención o la resolución de conflictos. La disciplina ayuda a los niños a mejorarse a sí mismos, así como a aprender lecciones que los harán mejores personas. El objetivo principal de la disciplina es resolver conflictos inminentes y enseñar a los niños autodisciplina. Las palabras disciplina y discípulo tienen el mismo origen etimológico. El objetivo de la crianza de los hijos es hacer discípulos, instruyendo a los niños mediante palabras y ejemplos a convertirse en seguidores de Jesús. El castigo no ayudará a los padres a lograr este objetivo.

El humor de Proverbios

El libro de Proverbios es una colección de gemas de sabiduría que de vez en cuando contienen su carga de humor. Salomón decía que «el corazón alegre embellece el rostro, pero el dolor del corazón abate el espíritu» (Prov. 15: 13) «El corazón alegre es una buena medicina, pero el espíritu triste seca los huesos» (Prov. 17: 22). Un proverbio es un refrán simple y concreto que se hace popular y que se usa a menudo. Los proverbios suelen ser metafóricos y se caracterizan por contener cápsulas de verdad, basadas en el sentido común y la experiencia. Algunos proverbios con una carga humorística, son:

1. Amor con hambre no dura.

2. El león que en casa permanece como gato crece.

3. Cuando el filósofo apunta a la luna, el tonto se fija en el dedo.

4. Cuanto más escarba la gallina, más tierra se echa encima.

5. El que se acuesta con perros, con pulgas amanece.

Salomón debe haber tenido un sano sentido del humor, ya que incluyó algunos proverbios muy interesantes en su libro. Esta es una pequeña muestra que suena graciosa, pero que está cargada de sabiduría:

«Como zarcillo de oro en el hocico de un cerdo es la mujer hermosa pero falta de sentido» (Prov. 11:22).

«Como el carbón para las brasas y la leña para el fuego es el hombre pendenciero para encender contienda» (Prov. 26:21).

A las esposas que creen que pueden increpar a sus maridos para que hagan lo que piden, Salomón les recuerda:

«Es mejor vivir solo en un rincón de la azotea que en una casa preciosa con una esposa que busca pleitos. [...] Es mejor vivir solo en el desierto que con una esposa que se queja y busca pleitos» (Prov. 21:9,19, NTV).

La paz del hogar es una bendición que todos anhelamos. Salomón ilustra de esta manera cuando no disfrutamos de tal refugio:

«Mejor comer pan duro donde reina la paz, que vivir en una casa llena de banquetes donde hay peleas» (Prov. 17:1).

Toda familia hará bien en pasar tiempo estudiando y practicando estos sabios proverbios que enriquecerán su hogar y alegrarán su corazón.

Preguntas para reflexionar

1. Haciendo uso de una concordancia, haz una lista de proverbios que se ajusten a los diferentes miembros de la familia. ¿Qué ejemplo de la vida moderna puedes encontrar para cada uno?

2. Proverbios 31 menciona diversas cualidades de una mujer virtuosa. Utiliza el texto bíblico para hacer una lista similar de las cualidades de un hombre virtuoso.


Referencias:

1. A. Berlin, M. Z. Brettler, y M. Fishbane, eds., The Jewish Study Bible (Nueva York: Oxford Univer-sity Press, 2004), p. 1497.
2. Elena G. de White, Cartas a jóvenes enamorados, sec. 2, p. 20.

3. Ibíd.

4. Ibíd., pp. 23-24.

5. Elena G. de White, El hogar cristiano, cap. 28, p. 172.

6. Elena G. de White, Fundamentáis ofChristian Education, p. 65.