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Tiempo de matrimonio


Es el novio quien se casa con la novia, y el amigo del novio simplemente se alegra de poder estar al lado del novio y ¡ oír sus votos» (Juan 3: 29, N'IV). Mucho ha cambiado desde los tiempos bíblicos, particularmente la práctica de los padres de elegir una esposa para su hijo. Pero en muchas culturas orientales los padres aún acuerdan los matrimonios de sus hijos. En algunos lugares, a un hombre que desea casarse con cierta jovencita se le exige que presente a sus padres una oferta por la novia que puede ser en dinero, animales de granja u otra forma tangible de pago. Cuanto más valiosa es la joven y mejor el novio, mayor es el precio.

Por supuesto, las sociedades occidentales abordan el noviazgo de forma bastante diferente: las parejas se conocen, se comprometen, se casan y forman sus propios hogares. Y ahora con la tecnología desempeñando un papel cada vez más importante en nuestra sociedad, algunos solteros buscan pareja y posible cónyuge en Internet o a través de una aplicación telefónica. Desafortunadamente, parece que esta abundancia de conectividad nos está aislando más que nunca, a pesar de que nos ofrece infinitas oportunidades para conocer e interactuar con gente de todo el mundo. ¿Qué puede enseñar la Biblia a las personas de hoy sobre las relaciones? Pues, la verdad, mucho. El pequeño y discreto libro del Antiguo Testamento de los Cantares nos ofrece un panorama asombroso del plan de Dios para el matrimonio.

Antes de la boda

Antes de comenzar esta sección, lee Cantares 1: I -3: r>. I'ste libro escrito por Salomón comienza con la joven mujer sulamita fantaseando sobre su amado y sobre cómo será cuando estén casados: «¡Ah, si me dieras uno de tus besos!» (Cant. 1: 2, RVC). «¡Ojalá pudiera mi cabeza reposar sobre su izquierda! ¡Ojalá su derecha me abrazara!» (Cant. 2: 6, NV1). Aunque muchas versiones de la Biblia traducen estos versículos como una invitación o una orden («Bésame, una y otra vez» [Cant. 1: 21; «¡Dame un beso de tus labios!» |Cant. 1: 2, DI II1]), la Reina Valera Clon-temporánea, la Nueva Versión Internacional y la Nueva Traducción Viviente los plasma como las fantasías de una mujer joven que se imagina el matrimonio con su amado.

No tenemos que esforzarnos mucho para enterarnos de lo que esta mujer sularnita desea de su hombre: los besos de su boca, listos besos son más íntimos que los besos familiares que un hermano y una hermana pueden darse entre sí (Cant. 8: 1). lilla también desea ser acariciada, en una intimidad física que apasionada y que va más allá del simple deseo de procreación. Su deseo por él se compara con el sabor del vino (Cant. 1:2) que, como el amor verdadero, deja a quien lo prueba con ganas de más.

Del tacto y el gusto, la imaginación de la joven pasa a su sentido del olfato imaginando la fragancia de sus perfumes (vers. 3). I'ero no son solo los atributos físicos de él lo que la atraen, también se siente atraída por su carácter, cuando dice: «Y tu nombre, perfume derramado» (vers. 3). El nombre de una persona representaba su carácter o reputación, así que comparar el nombre de su novio con el perfume significaba que su personalidad era agradable y atractiva para ella (2 Sam. 7: 9). De hecho, esa es la razón por la que ella dice que muchas se sienten atraídas por él.

Mientras esta joven soñadora anhela el día en que abrace a su esposo, se anima a compartir algunos consejos prácticos de sus amigas solteras. lres veces ella les repite que no deben despertar «al amor hasta que llegue el momento apropiado» (Cant. 2: 7; 3: 5; 8: 4, NTV). La Biblia parafraseada de Eugene Pe terso n nos da el siguiente consejo: «No estimules el amor, no lo despiertes, hasta que el tiempo esté maduro y tú estés listo» (Cant. 2: 7; 3: 5; 8: 4, The Message).

La sulamita era una joven humilde y modesta que buscaba la seguridad de que su pretendiente la encontrara atractiva (Cant. 1: 5-6, RSV). Para tranquilizarla, su amado la compara con una yegua (vers. 9), que aunque podría no ser la comparación más halagadora para nuestros oídos de hoy, resalta la belleza y el atractivo que encontró en ella (vers. 15). Agrega que es «un lirio entre los espinos» (Cant. 2: 2), a lo que ella responde que él es «como un manzano entre árboles silvestres» (Cant. 2: 3). Ella también lo compara con «una gacela veloz o un venado joven» (vers. 9). Este intercambio nos enseña que halagar a nuestro cónyuge de manera habitual le brinda afirmación y le confiere valor y aliento.

En esta etapa, la Sulamita y su amado aún no estaban casados, pero sabían que era hora de unir sus vidas (Cant. 3: 4-5). Ella anhelaba estar con él: «Por las noches busqué en mi lecho al amado de mi alma; lo busqué, mas no lo hallé» (vers. 1).

La boda

Antes de leer esta sección, lee Cantares 3: 6-4: 7. En la parábola de )esús de las diez vírgenes, el novio se retrasó. «A medianoche se oyó un grito: "¡Ahí viene el novio! ¡Salgan a recibirlo!"» (Mat. 25: 6, NV1). En Cantares, la joven novia también habla de un novio que llega. Con gritos de emoción, ella pregunta:

«¿Qué es eso que sube por el desierto semejante a una columna de humo, entre aromas de mirra e incienso, entre exóticos perfumes?» (Cant. 3:6).

Es la amada de Salomón, ataviada con las mejores prendas reales. Dice un refrán popular que «no hay novia fea ni muerto malo». Si observamos la descripción detallada que Salomón hace de su amada, podemos inferir que era particularmente hermosa. Comienza por sus ojos, probablemente el más personal y expresivo de sus rasgos, y los compara con palomas, tímidas e inaccesibles cuando se esconden en las hendiduras de una roca (Cant. 4: 1; ver 2: 14). Su cabello, como un rebaño de cabras, evoca una imagen de movimiento y vida (Cant. 4: 1). Sus dientes, perfectamente blancos y simétricos, son un signo de salud (vers. 2). De la negrura de sus ojos y su cabello, y la blancura de sus dientes, Salomón pasa a describir el color de sus labios y sus mejillas, «como una cinta escarlata» y como una granada, respectivamente (vers. 3, NrIV). Su cuello, «como la torre de David», nos da una imagen de fortaleza y confianza (vers. 4). También describe sus pechos como mellizos, denotando simetría y fertilidad (vers. 5).

Lis bueno acotar que, aunque algunos han catalogado el relato de la descripción de la novia como erótico, el autor invierte la mayor parte de su tiempo describiendo su rostro. También resulta curioso que Salomón señala siete características de particular interés: sus ojos, su cabello, sus dientes, sus labios o su boca, sus sienes, su cuello y sus senos, lil número siete denota perfección, y Salomón describe a su novia como la mujer perfecta para él. No es de extrañar que diga: «¡Qué hermosa eres, amada mía! No hay defecto en ti» (vers. 7). Tan pronto como se realiza la boda, Salomón llama a su novia no solo «amada mía» sino también «esposa mía» (vers. 1, 7, 8).

El matrimonio se consuma

Antes de leer esta sección, lee Cantares 4: 8-5: 1. La mitad del libro de los Cantares se encuentra en Cantares 4: 16-5: 1. Curiosamente, exactamente 111 líneas de poesía hebrea preceden a Cantares 4: 16, y 111 líneas de poesía hebrea siguen a Cantares 5: l.1 listos versículos describen la consumación del matrimonio entre Salomón y la sulamita. lis vital entender el contexto y lo que sucede. Cuando Salomón mira a su nueva novia, él le dice de ella:

«Jardín cerrado eres, hermana mía, esposa mía; fuente cerrada, sellado manantial» (Cant. 4:12).

Iin la mayoría de las bodas tradicionales, las parejas repiten los votos matrimoniales: «¿Prometen amarse, honrarse, cuidarse y protegerse, renunciar a todos los demás y aferrarse solo el uno al otro para siempre?». De la misma manera, Salomón declara de su novia está cerrada a todos los demás. Ella es suya y solo suya. Su novia le ofrece ahora una invitación: «Que venga mi amado a su jardín y pruebe sus frutos exquisitos» (vers. 16, NV1), y con amor, consuman su matrimonio. Una vez consumado («1 le venido a mi jardín» |Cant. 5: 11), se regocija en la dulzura del amor y la intimidad conyugal y la llama su esposa.

Si bien esta descripción íntima del amor conyugal es deliciosa por su simplicidad y belleza, es importante que nos fijemos una conversación entre la novia y sus hermanos que evidentemente tuvo lugar antes de la boda. Mientras aún la joven es soltera, dicen de ella:

«Tenemos una hermanita demasiado joven para tener pechos. ¿Qué haremos con nuestra hermana si alguien pide casarse con ella?» (Cant. 8:8, NTV).

Los hermanos hablan sobre su actividad sexual, y afirman:

«Si es virgen como un muro, la protegeremos con una torre de plata; pero si es promiscua como una puerta que gira, le trabaremos la puerta con una barra de cedro» (vers. 9, NTV).

Con confianza, ella les asegura: «Una muralla soy yo, y mis pechos, sus dos torres. Por eso a los ojos de mi amado soy como quien ha hallado la paz» (vers. 10, NVI). No tiene nada de qué avergonzarse, ya que le da a su marido lo que ningún otro ha tenido o puede tener.

Este mensaje en el Cantar de los Cantares, el llamado de la novia a no despertar el amor hasta el momento correcto, es un mensaje que los jóvenes aún necesitan escuchar. La novia orgullosamente les afirma a sus hermanos que ella era una muralla, un jardín sellado, una fuente cerrada reservada para su amado.

Antes de leer esta sección, lee Cantares 5: 2-6: 3. La historia de amor en el Cantar de los Cantares podría haber terminado con la invitación del novio a sus amigos a celebrar su matrimonio: «Queridos amigos míos, ¡coman y beban hasta saciarse!» (Cant. 5: 1, RVC). Sí fuera un cuento ile liadas, habría terminado con la frase: «Y vivieron felices para siempre». Pero cualquiera que haya estado casado sabe que el matrimonio no siempre es un cuento de hadas. Cuando dos personas egoístas, con diferentes orígenes, personalidades, hábitos e idiosincrasias, traen sus expectativas idealistas al matrimonio, el conflicto es inevitable. Desafortunadamente, el conflicto muchas veces produce distanciamiento, particularmente en el dormitorio, e incluso algunas parejas usan la intimidad conyugal como chantaje en beneficio de sus deseos egoístas.

El esposo y la esposa del libro de los Cantares nos presentan una escena que es común en muchos hogares. En el capítulo 2, el hombre invita a la mujer a salir con él (vers. 10, 13) en lo que de alguna manera, es su propuesta de matrimonio. Pero ahora que están casados, él ya no la invita a salir, sino que quiere venir a su casa (Cant. 5: 2). I lay un cambio evidente debido a su estado marital. El motivo de su actitud es de naturaleza sexual, y usa palabras amables, afectuosas y cariñosas hacia su esposa para alentarla a aceptar su invitación: «Ábreme, tesoro mío, amada mía, mi paloma, mi mujer perfecta» (vers. 2). Pero ella lo rechaza con una excusa:

«Ya me he quitado la ropa; ¡cómo volver a vestirme! Ya me he

lavado los pies; ¡cómo ensuciarlos de nuevo!» (vers. 3).

Cuando finalmente acepta la propuesta, él ya no está allí (vers. 4-6). A menudo, las parejas caen en este juego de poder, que solo conduce a la insatisfacción con su pareja y con su matrimonio.

Si bien puede haber momentos en que los cónyuges no tienen relaciones sexuales, el apóstol Pablo nos da cuatro principios que las parejas deben tener en cuenta al abstenerse de tener relaciones sexuales: «No se priven el uno al otro de tener relaciones sexuales, a menos que [ 1 ] los dos estén |mutuamente] de acuerdo en abstenerse de la intimidad sexual |2| por un tiempo limitado [3| para entregarse más de lleno a la oración. Después |4] deberán volverse a juntar, a fin de que Satanás no pueda tentarlos por la falta de control propio» (1 Cor. 7: 5). Afortunadamente, en Cantares 6: 2, la pareja reanuda su intimidad y continúa fortaleciendo su vínculo matrimonial (vers. 2-3).

Antes de leer esta sección, lee Cantares 6: 4-8: 14. Con las palabras: «¡Yo soy de mi amado, y mi amado es mío!», la sulamita nos sugiere que ella y su amado se han reconciliado (Cant. 6: 3). La distancia entre ellos se cierra y vuelven a ¡untarse (vers. 11-12). Este vaivén entre el conflicto y la paz es inevitable en el matrimonio, ya que las tensiones de la vida llevan a las parejas en diferentes direcciones. Disfrutar de la reconciliación y encontrar satisfacción en una relación es como correr en verdes pastos, maravillarse con las flores del valle y disfrutar de los frutos frescos (vers. 11).

I lay una verdad importante que vale la pena mencionar en esta sección del libro. Compara la descripción anterior del amado de la sulamita y su última descripción de ella (Cant. 5: 10-16; 6: 4-10; 7: 1-9). Observa los atributos que cada uno ve en el otro. Cuando la sulamita habla de su esposo, lo describe en términos de fuerza, valor y poder: «Sus brazos son como barras de oro» (Cant. 5: 14, N IA/), «sus piernas son pilares de mármol que descansan sobre bases de oro puro» (vers. 15, NVI); y «su cuerpo es como marfil reluciente» (vers. 14). I'ero a pesar de que personifica la fuerza, le habla afectuosa y amorosamente. De hecho, él es su amigo (vers. 16).

Cuando escribe sobre ella en el capítulo 4, él solo describe lo que puede ver, desde su pelo hasta sus pechos, pero el resto de su cuerpo está oculto para él. El la respeta y no ha visto o intenta ver lo que solo debería poder ver un marido. En el capítulo 7, ya después de haberse casado, él ofrece una descripción más detallada de su cuerpo, ahora que se revela para él. En el capítulo 4, enumera siete características de la parte superior del cuerpo y declara que es perfecta. Aquí, en el capítulo 7, enumera doce atributos físicos para expresar cuán completa está: no le falta nada. No hay nadie que se compare con ella (Cant. 6: 8-9). En su amor mutuo, se complementan el uno al otro.

Pero una relación duradera no puede basarse únicamente en la belleza exterior. Nuestro cuerpo envejece, y ninguna dieta, ejercicio o cirugía plástica nos hará lucir jóvenes para siempre. Una dinámica importante del matrimonio de Salomón y la sulamita es que se trata de una relación comprometida de por vida. Tres veces afirman que se pertenecen el uno al otro (Cant. 2: 16, 6: 3, 7: 10). La primera vez ocurre como un reconocimiento de propiedad mutua (ver Efe. 5: 21, 33). La segunda vez la mujer invierte el orden de la propiedad reconociendo su sumisión (ver vers. 22-23). La tercera vez el hombre expresa su deseo por ella (ver vers. 24-32). Este parece ser un tema en las Escrituras: el mensaje de sumisión mutua en el matrimonio. Esta sumisión se enseña claramente en Efesios 5: 21 y también está presente en el Cantar de los Cantares. El amor así es como un sello que no se puede romper y un fuego que no se puede ahogar (Cant. 8: 6-7).

«Dios ordenó que hubiera perfecto amor y armonía entre los que asumen la relación matrimonial. Comprométanse los novios, en presencia del universo celestial, a amarse mutuamente como Dios ordenó que se amen [...]. La esposa ha de respetar y reverenciar a su esposo, y el esposo debe amar y proteger a su esposa. Al comenzar la vida conyugal, tanto los hombres como las mujeres tienen que consagrarse de nuevo a Dios».2

Preguntas para reflexionar

1. Salomón describe a su esposa como perfecta (Cant. 4: 1-5; 6: 9; 7: 1-9). Compara esta descripción con la expresión de Adán cuando vio por primera vez a Eva (Gen. 2: 23). ¿De qué manera este tipo de expresiones nutren la relación de un marido con su esposa? (ver Efe. 5: 28-29.)

2. Lee Proverbios 31: 26 y Proverbios 25: 11. ¿Qué tan importantes son nuestras palabras? ¿Qué consecuencias pueden traer, tanto abatiendo como fortaleciendo a nuestro cónyuge, o debilitando o fortaleciendo nuestro matrimonio? Si deseas aprender más sobre el poder de las palabras, lee Santiago 1: 26; 3: 5-11; 1 luán 3: 18.


Referencias: 1. BiMía de i-stuílio Ariifii'u>> (l)oral, llorida: 1ADPA, 2014), nota sobre Cantares 4: 16-5: "1. 1. I Irii,i (¡ (]r White, I I hoyir cristiano, cap. 15, p. 97. >