8 Tiempo de crianza


La mayoría de las madres podría identificarse sin mucho esfuerzo con Ana, la madre de Samuel, o con María, la madre de Jesús. Toda madre conoce muy bien lo que es el sentimiento materno. Durante los nueve meses de embarazo se desarrolla un vínculo muy estrecho entre la madre y su hijo. Aunque los padres no tienen ese contacto prenatal íntimo con sus hijos, también se llenan de admiración y orgullo cuando sostienen a su hijo recién nacido, y afirman: «Este es hueso de mis huesos y carne de mi carne» (ver Génesis 2:23). En el mundo, muchísimas parejas quisieran poder tener sus propios hijos, pero no pueden por razones diversas. Hay quienes, motivados por esa necesidad, deciden adoptar. Al principio de nuestro matrimonio, luego de que nació nuestra primera hija, perdimos dos bebés por abortos involuntarios. Si bien llegamos a la conclusión de que tal vez lo que ocurrió era lo mejor, ya que algo podría estar mal con los dos bebés, el dolor de perder dos hermosas vidas que aún no habían nacido fue terrible, especialmente para la madre. A medida que cada pequeño fue creciendo dentro de ella, también crecieron sus esperanzas. Día a día ella imaginaba cómo serían. No veía la hora en que pudiera sentir a sus bebés dándole pataditas. La vida era buena y estaba llena de alegría y expectativas. Pero un día, todo cambió, cuando la preciosa vida del bebé cesó, Un poco más de un año después, la pesadilla se repitió. La alegría que surgió cuando se enteró de que estaba embarazada, se disolvió en un nuevo dolor. Un sinfín de preguntas inundaron nuestras mentes. ¿Estaba Dios jugando con nuestros sentimientos? ¿Por qué nos daría un regalo tan precioso solo para arrebatárnoslo? A mí amada esposa le dolía el corazón por el bebé que nunca sostendría, preguntándose si alguna vez se recuperaría. Estamos agradecidos de que nuevamente pudo quedar embarazada y nueve meses después dio a luz a una bella y saludable bebé que ahora es directora general de salud pública. Padres sin hijos Las mujeres muestran su instinto materno ya desde que son niñas pequeñas. Juegan con muñecas, las sostienen cerca de su pecho y les hablan como si fueran bebés. Si bien gran parte de este comportamiento lo hacen por imitación, Dios programó en ellas esta actitud tierna, cariñosa y afectuosa. Es tanto así que Dios compara su amor por nosotros con el amor que una madre tiene por sus hijos: «¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? ¡Aunque ella lo olvide, yo nunca me olvidaré de ti!» (Isaías 49:15). Que Dios olvide a sus hijos es tan inconcebible como que una madre se olvide de los suyos. Imaginemos entonces lo que debe ser para una mujer tierna y bondadosa que anhela tener hijos, no poder tener la oportunidad de amarlos y cuidarlos. Raquel, la esposa de Jacob, experimentó este dolor cuando vio a su hermana disfrutando de la maternidad. Sus brazos y su corazón estaban vacíos, y su tribulación la llevó a pedirle a Jacob: «Dame hijos, o si no, me muero» (Génesis 30:1). Ella incluso siguió la costumbre de la época y le presentó a Jacob a su sierva Bilha, para que ella pudiera concebir y darle un bebé que ella pudiera considerar suyo. Si tenemos en cuenta el enorme vacío y dolor que sentía, podemos comprender entonces la alegría que expresó por el nacimiento de su primogénito José, y más tarde de su hermano Benjamín. Ana, la madre de Samuel, también pasó por un período triste de esterilidad. Ella lloraba todos los años cada vez que su esposo Elcana iba al templo para los sacrificios y ella no podía presentar un sacrificio en nombre de sus hijos. «Con amargura de alma, oró a Jehová y lloró desconsoladamente» (1 Samuel 1:10). Eli el sacerdote la vio y, creyendo que estaba borracha, la reprendió. Sabemos que su historia terminó bien, con el nacimiento de Samuel. ¿Pero cuántas mujeres jamás han podido tener un hijo propio? Alabemos a Dios por los muchos padres que no han podido tener sus propios hijos biológicos, pero que han abierto sus corazones y sus hogares para adoptar a otros niños. Su amor no puede limitarse a sus propios hijos biológicos. Criar hijos en soltería La Biblia no habla directamente de la crianza de los hijos, pero nos da muchos ejemplos del amor de Dios y la interacción que él tiene con los padres, las madres, las viudas y sus hijos. Dios conoce muy bien a cada padre y entiende cada situación. Las circunstancias de la vida a menudo ponen a algunos en la situación de tener que criar a sus hijos por sí solos. Muchos son víctimas inocentes de un mundo sacudido por la guerra y el terrorismo. Los cónyuges pueden morir como resultado de una enfermedad, un accidente o incluso debido al suicidio, dejando que el otro padre críe a los hijos solo o sola. La buena noticia es que la Biblia contiene palabras de aliento para los padres solteros. Estos son algunos de esos versículos: 1 • Cuando te sientas abrumado: «Mas los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas, […] correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán» (Isaías 40:31). • Cuando estés cansado: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso» (Mateo 11:28, NVI). • Cuando te sientas solo: «Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo» (Mateo 28:20, PDT). • Cuando tengas problemas financieros: «Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús» (Filipenses 4:19, NVI). • Guando necesites sabiduría: «Confía en el Señor totalmente, no en tu propia sabiduría. Ten en cuenta a Dios en todo lo que hagas, y él te ayudará a vivir rectamente» (Proverbios 3:5-6).

La alegría y la responsabilidad de ser padres Los expertos en el tema han identificado cuatro estilos de crianza: la democrática, la autoritaria, la permisiva y la negligente. A continuación, una breve descripción de cada una. 2 1. La crianza autoritaria. Los padres que la ejercen creen que sus hijos «deben seguir las reglas, sin excepción» y no «permiten que los niños participen en desafíos u obstáculos para resolver problemas». Establecen las reglas y las hacen cumplir sin tener en cuenta la opinión del niño. Los «padres autoritarios» no están interesados en negociar y hacen hincapié en la obediencia». Como resultado, «pueden implementar castigos en lugar de disciplinar». Por lo tanto, en lugar de enseñar al niño cómo tomar mejores decisiones, «por lo general se concentran en hacer que el niño sufra por sus errores. «Los niños que crecen con padres estrictos y autoritarios tienden a seguir reglas la mayor parte del tiempo», pero pueden desarrollar problemas de autoestima y, con el tiempo, «volverse hostiles o agresivos». Diversos estudios muestran que también pueden convertirse en buenos mentirosos, ya que se acostumbran a mentir para evitar el castigo. 3 2. La crianza democrática. Estos padres trabajan con el propósito de tener una relación positiva con sus hijos, explicándoles el motivo detrás de sus reglas. Hacen cumplir las reglas e imponen consecuencias, pero toman en cuenta los sentimientos de sus hijos. Los padres democráticos por lo general conciben consecuencias lógicas que enseñan lecciones de vida e «implementan estrategias de disciplina positivas» para prevenir problemas de conducta y «reforzar la buena conducta». Los niños criados bajo el modelo de disciplina democrática «tienden a ser felices y exitosos». Dado que fueron incluidos en el proceso de toma de decisiones, son «más propensos a ser eficientes a la hora de tomar decisiones y evaluar los riesgos de seguridad por sí mismos». Los estudios realizados han descubierto que los niños que tienen padres democráticos tienen más probabilidades de convertirse en adultos responsables que se sienten cómodos expresando sus opiniones. 4

3. La crianza permisiva. Los padres permisivos tienden a «establecer reglas, pero rara vez las hacen cumplir» o imponen consecuencias por quebrantarlas. Estos padres creen que sus hijos aprenderán mejor si no interfieren en lo que ellos hacen. Los padres permisivos son indulgentes y, «por lo general, solo intervienen cuando hay un problema grave». Incluso cuando intentan generar consecuencias, lo que no es muy frecuente, ceden si su hijo suplica o «promete ser bueno». Este tipo de padres quieren ser amigos de sus hijos, pero en el proceso olvidan que también son los padres de sus hijos. Los niños que «crecen con padres permisivos tienen más probabilidades de tener dificultades académicas» porque sus padres «no suelen esforzarse mucho en desalentar las malas decisiones o la mala conducta». Estos niños «pueden mostrar más problemas de comportamiento», ya que no los enseñaron a «respetar la autoridad y las reglas». A menudo, sufren de baja autoestima y pueden mostrarse constantemente tristes. Este estado mental los pone «en mayor riesgo de sufrir problemas como la obesidad, ya que los padres permisivos luchan por limitar la ingesta de comida chatarra» y no siempre enseñan hábitos de higiene, como lavarse los dientes, bañarse y usar ropa limpia. 5 4. La crianza negligente. Esta clase de padres prácticamente no se involucran en la crianza de sus hijos. No les preguntan a sus hijos sobre la escuela o las tareas, rara vez saben dónde están o con quiénes están y, en términos generales, no pasan mucho tiempo con sus hijos. «Los padres negligentes esperan que los hijos se críen solos. No dedican mucho tiempo ni energías a satisfacer las necesidades básicas de ellos». ¿Cómo puede un padre ser tan indiferente? «Un padre con problemas de salud mental o problemas de abuso de sustancias, por ejemplo, puede no ser capaz de atender las necesidades físicas o emocionales de un hijo de manera consecuente». Algunos «padres negligentes tienen poco conocimiento sobre el desarrollo infantil». Otros están «abrumados por otros problemas, como el trabajo, el pago de las cuentas y cómo llevar su vida». Debido a que los hijos de padres negligentes reciben poca orientación, formación o atención por parte de los padres, a menudo «luchan con problemas de autoestima». Esto conduce a problemas de comportamiento y bajo rendimiento en la escuela. 6
Si el lector es padre, las siguientes preguntas merecen su atención especial. ¿Le está dando a sus hijos el amor y la atención que necesitan para que crezcan emocionalmente sanos? ¿Está tomando parte activa en sus vidas? ¿Escucha con atención lo que le dicen? ¿Les está mostrando a través de su ejemplo cómo relacionarse con su Padre celestial? La crianza como un medio de hacer discípulos El mandato del Nuevo Testamento a hacer discípulos está incluido en la Gran Comisión. Cuando Jesús estaba a punto de regresar al cielo, dijo a sus discípulos: «Por tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a cumplir todas las cosas que les he mandado. Y yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:1920, RVC). Desde entonces, la iglesia ha sido la agencia de Dios en el mundo encargada de hacer discípulos para Jesús. Pero como padres, no siempre hemos recordado que nuestros hijos son nuestra primera responsabilidad y que nuestro objetivo principal debe ser guiarlos a ser discípulos de Jesús. Elena G. de White es clara al afirmar: «Nuestra obra por Cristo ha de comenzar con la familia, en el hogar [...]. No hay campo misionero más importante que este». 7 Los padres necesitan dirigir su enfoque ministerial hacia la obra de hacer discípulos en sus propios hogares. Una vez que lo hayan hecho, la familia se convertirá en una agencia de evangelización para los demás. «Nuestro tiempo, nuestra fuerza y nuestras energías pertenecen a Dios; y si son consagradas a su servicio, nuestra luz brillará. Afectará primero y con más fuerza a quienes viven en nuestros hogares, quienes están más íntimamente relacionados con nosotros; pero se extenderá más allá del hogar, aun hasta "el mundo"». 8


La lucha por el hijo pródigo Después de unos dos mil años, la parábola del hijo pródigo se ha vuelto tan familiar que podría haber perdido su efecto. Nos emocionamos con el regreso del hijo pródigo y nos maravillamos por el amor de su padre; pero cuando Jesús contó esta historia, probablemente no fue recibida con muchos aplausos. Tengamos en cuenta que la petición del hijo pródigo de que le entregaran su parte de la herencia mientras su padre aún vivía equivalía a decir: «¡Ojalá estuvieras muerto, papá! Ojalá estuvieras muerto para poder recibir lo que me toca». En su momento era controversial, y todavía lo sigue siendo. Para empeorar la situación, el ingrato hijo malgasta todo el dinero en lo que Jesús catalogó discretamente como «una vida desenfrenada» (Lucas 15:13, NTV). Dennis Rainey nos recuerda que «el significado principal de la palabra pródigo es "desperdiciar". El famoso hijo pródigo de la parábola de Jesús en Lucas 15:11-32 no solo desperdició las posesiones materiales de su herencia y gran parte de su vida, sino que también desaprovechó, a través de una actitud rebelde e insensata, su preciosa relación con su padre». 9 «El corazón del padre se hizo pedazos, al igual que la relación entre él y su hijo. Se perdió mucho más que una herencia». 10 Entre las muchas lecciones que podemos extraer de la historia del hijo pródigo, resaltan las siguientes: 1. Aprender a desprendernos. El padre sabía que debía dejarlo ir. Su hijo había tomado una decisión y aunque el corazón del padre estaba destruido, debía respetarla. Lo cierto es que tarde o temprano llegará el momento en que nuestros hijos tomarán sus propias decisiones. Sí, nosotros siempre estaremos allí para ofrecer orientación, aliento y apoyo. Pero en última instancia, ellos terminarán actuando por su cuenta y tomando sus propias decisiones. 2. Nosotros somos ese hijo o hija pródigo. Podría resultar fácil ver a nuestro hijo como el hijo pródigo, pero, ¿alguna vez hemos pensado que nosotros también somos ese hijo pródigo? Reconozcamos nuestro propio estado de «hijos pródigos». Es tan fácil meternos en la historia que olvidamos que cada uno de nosotros también hemos sido un hijo o hija pródigo. Hemos cometido errores y entristecido a nuestro Padre celestial, pero él nunca ha dejado de amarnos. Más bien, anticipó nuestro regreso a casa y realizó los preparativos para que, como el padre de la parábola, pudiera darnos la bienvenida en grande. 3. Debemos perdonar. ¡Extendamos el perdón a nuestro hijo de la misma manera en que Dios nos ha perdonado! 4. Jamás dejemos de orar. Nunca nos rindamos ni dejemos de orar por nuestros hijos. ¡La meta para nuestros hijos es la eternidad y Dios desea que sea así! 11 Preguntas para reflexionar 1. ¿Qué lugar deben ocupar los niños en tu lista de prioridades? Y en base a tu respuesta, ¿qué lugar deben ocupar aquellos que están fuera de tu familia? 2. ¿Qué quiere decir Elena G. de White al afirmar: «Enseñen [a sus hijos] a conformar su voluntad a la de ustedes»12? ¿Cuál es la diferencia entre estar en control y controlar?

Referencias