9 - Tiempo de pérdida


Adán y Eva experimentaron pérdidas desde el momento en que desobedecieron a Dios. Por culpa de sus decisiones equivocadas, todos sus descendientes comenzaron a experimentar temporadas de pérdida. Miles de millones han muerto, y muchos otros han sufrido pérdidas de todo tipo: matrimoniales, laborales, de salud, de su libertad y, lamentablemente, de toda esperanza y fe en Dios. La angustia que produce la pérdida sería abrumadora si no fuera por la promesa alentadora de que «por la noche durará el lloro y a la mañana vendrá la alegría» (Salmo 30:5). La pérdida de la salud La Biblia tiene mucho que decir sobre la enfermedad y la muerte. Satanás «hirió a Job con una llaga maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza» (Job 2:7); Naamán tuvo lepra; Ezequías estuvo cerca de la muerte (2 Reyes 20:1); una mujer anónima sufrió de sangrado durante doce largos años (Mateo 9:20); y la lista continúa. Experimentamos dolor porque vivimos en un mundo caído. Cuando entró el pecado, también lo hizo la muerte, y ella trajo dolor crónico, enfermedades y padecimientos, que son todos diferentes formas de muerte. Cuando nos enfrentamos a una enfermedad crónica o terminal, podemos experimentar sorpresa, enojo y desesperación, al punto de sentir ganas de gritar. A

«Dios mío. Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estás tan lejos cuando gimo por ayuda?» (Salmo 22:1, NTV). AI igual que David, haríamos bien en llevar nuestras preguntas, nuestra ira y nuestro dolor a Dios. Pero por muy duro que pueda sonar, nuestro sufrimiento a menudo nos fortalece. Dios le dijo a Isaías: «¡Mira! Te he refinado, pero no como a la plata; te he probado en el horno de la aflicción» (Isaías 48:10, NVI). Santiago agrega que las pruebas producen paciencia, crecimiento y madurez (Santiago 1:2-4). Y en última instancia, «sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien», ya que el sufrimiento nos forma a la imagen de Dios (Romanos 8:28; ver también el versículo 29). A veces quisiéramos que estos versículos dijeran que Dios sacará el bien de todo, porque él puede eliminar el dolor de nuestra vida. Pero estos versículos no sugieren que él eliminará todos nuestros desafíos de salud. Más bien, si se lo permitimos, él usará nuestras pruebas para prepararnos para la eternidad con él. El apóstol Pablo sufría de un padecimiento que algunos creen que pudo haber estado relacionado con su vista. La paráfrasis bíblica de Eugene Peterson traduce la lucha de Pablo de esta manera: «Si tuviera la intención de presumir un poco, probablemente podría hacerlo sin sonar ridículo, y aún estaría proclamando la verdad en todo momento. Pero evitaré hacerlo. No quiero que nadie piense que soy algo más que el tonto que encontrarían si me vieran en la calle o me escucharan hablar. «Debido a la grandeza de estas revelaciones, y para evitar que me infle, se me dio como regalo una discapacidad que me mantuviera en contacto constante con mis limitaciones. El ángel de Satanás hizo todo lo posible por abatirme; pero lo que de hecho logró fue empujarme para que cayera de rodillas. ¡Así que no hay peligro alguno de que vean caminando erguido y encumbrado! Al principio no lo tomé como un regalo, y le supliqué a Dios que lo quitara de mí. Tres veces lo hice, y luego él me dijo: «Mi gracia es suficiente; es lo único que necesitas.


«Mi fuerza llega en tu debilidad. «Una vez que escuché eso, me alegré y acepté lo que tenía. Dejé de enfocarme en la discapacidad y comencé a apreciar el regalo. Se trataba de la fuerza de Cristo actuando en mi debilidad» (2 Corintios 12:6-9, The Message). Puede ser difícil creer que la gracia de Dios es lo único que necesitamos cuando languidecemos en medio del dolor y el sufrimiento. Sin embargo, podemos encontrar esperanza en el conocimiento de que la enfermedad y la muerte no durarán para siempre. La pérdida de la confianza Toda relación sana se basa en la confianza. Cuando se viola esa confianza, se sacuden los cimientos de la relación. La recuperación de la confianza solo puede lograrse si la parte que la traicionó siente un dolor genuino. Tratar de recuperar la confianza si no hay un verdadero arrepentimiento, es como construir un muro de ladrillos sin cemento. Sin arrepentimiento y perdón genuinos, la reconciliación matrimonial es superficial e insatisfactoria para ambos cónyuges. «Es natural que la persona se sienta lastimada por la infidelidad y la deshonestidad, pero no está bien usar el pasado contra la pareja. La confianza es algo que se decide dar, en lugar de algo que se puede recuperar. [... ] Si no estás seguro de poder confiar nuevamente en tu pareja, piensa en lo que se necesitaría para que confíes nuevamente». Si crees que recuperarás la confianza en tu cónyuge siendo celoso o celosa, intentando «controlar sus actos, entonces realmente no estás confiando en él o en ella». Más bien, comienza perdonando a tu cónyuge, es decir, dejando todo en manos de Dios, liberándote así de los sentimientos de ira que te aprisionan al dolor del pasado. Si aún no se han casado y «sientes que no puedes volver a confiar en tu pareja, entonces podría ser el momento de pensar si la relación es la adecuada para ti». 1 La violencia de pareja daña e incluso puede destruir la confianza sobre la que se fundamenta una relación saludable. Después de todo, ¿cómo puede uno confiar en alguien que nos ha herido emocionalmente, atacado verbalmente o maltratado físicamente? Confiar en una persona físicamente abusiva no solo es imprudente sino inseguro para el cónyuge y sus hijos. En los casos en que se produce la violencia de pareja, la víctima puede perdonar al agresor, pero la relación puede dañarse sin posibilidad de reparación. La pérdida de la libertad Visitar una cárcel o prisión puede resultar bastante inquietante. Escuchar las pesadas puertas de la celda cerrarse de golpe detrás de nosotros, o pararse más allá de las barras de hierro, asusta. Pero hay mucha gente que vive prisionera sin haber estado nunca adentro de una cárcel. Si te piden que nombres algunas adicciones, ¿cuáles mencionarías? Quizás podrías enumerar cosas como las drogas, el alcohol, el tabaco, los juegos de azar, la pornografía, el sexo o la comida (Gálatas 5:19-21). La génesis de la adicción es complicada, e implica muchos factores psicológicos, emocionales y bioquímicos. Poco a poco, comienza a dictar nuestro comportamiento y no podemos parar, incluso sabiendo que nos hace daño. Disfrutamos de nuestra libertad de elegir, pero nos convertimos en esclavos de la adicción: en realidad, perdemos nuestra libertad. Pedro nos da una explicación simple de la adicción y sus resultados: «Prometen libertad, pero ellos mismos son esclavos de hábitos que los destruirán, pues uno es esclavo de aquello que lo domina» (2 Pedro 2:19, PDT). Al convertirnos en esclavos de lo que nos controla, en esencia hemos perdido nuestra libertad. El apóstol Santiago describe cómo se desarrollan las adicciones: «Cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte» (Santiago 1:14-15, NVI). Lo que puede parecemos un experimento inofensivo nos lleva paso a paso a la trampa absoluta. El apóstol Pablo explica: «¿No se dan cuenta de que uno se convierte en esclavo de todo lo que decide obedecer? Uno puede ser esclavo del pecado, lo cual lleva a la muerte, o puede decidir obedecer a Dios, lo cual lleva a una vida recta» (Romanos 6:16, NTV).

Las adicciones y el pecado comienzan en nuestra mente y se arraigan en nuestro corazón. La forma de erradicar el pecado de nuestra vida implica más que un simple ejercicio de modificación de la conducta. La única solución duradera al problema del pecado y la adicción es recibir un nuevo corazón: «Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos» (Gálatas 5:24, RVC). Pablo también explica lo que significa morir a esa naturaleza pecaminosa y adictiva para que podamos vivir para Cristo (Romanos 6:8-13); luego agrega: «Revístanse ustedes del Señor Jesucristo, y no busquen satisfacer los malos deseos de la naturaleza humana» (Romanos 13:14, DHH). Muchos han sufrido como consecuencia de sus adicciones. Se han convertido en esclavos de sus deseos y han perdido su dinero, sus trabajos, su salud, sus familias y su libertad. Pero Jesús vino a liberarnos del pecado y de todas nuestras adicciones: «Si el Hijo los liberta, serán verdaderamente libres» (Juan 8:36, RVC). Jesús también prometió que siempre estaría con nosotros, así que no tenemos que librar esta guerra solos (Mateo 28:20; Isaías 43:2). De hecho, debemos recordar que la batalla es del Señor, y él promete la victoria total (1 Samuel 17:47; 1 Pedro 1:39). Hoy puedes comenzar a recorrer el camino a la victoria sobre cualquier adicción y recibir la libertad que Dios quiere para ti. Y aunque no seamos prisioneros de la adicción, jamás estaremos realmente seguros sin la ayuda de Dios. En la paráfrasis de 1 Corintios 10:12 de Eugene Peterson, Pablo dice: «No seas tan ingenuo ni te muestres tan seguro de ti mismo. No estás exento. Podrías irte de bruces tan fácilmente como cualquiera. Deja de confiar en ti mismo, es inútil. Cultiva la confianza en Dios» (The Message). Elena G. de White también nos presenta una advertencia que es pertinente para todos: «Nadie que no puede estar seguro un solo día o una sola hora. [... ] Y mientras estemos en guardia contra los engaños de Satanás debemos orar con fe diciendo: "No nos dejes caer en tentación"». 2

Cuando se pierde una vida «El duelo es el proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida (pérdida de un empleo, pérdida de un ser querido, pérdida de una relación, etc.). Aunque convencionalmente se ha enfocado la respuesta emocional de la pérdida, el duelo también tiene una dimensión física, cognitiva, filosófica y de la conducta [...]. El duelo es la reacción de la psique ante la pérdida [...]. Se trata de una reacción principalmente emocional en forma de sufrimiento y aflicción, cuando el vínculo afectivo se rompe. 3 Algunas pérdidas son físicas y tangibles, como la muerte de un hijo, un padre o un cónyuge. Otras pérdidas son más abstractas, como la interacción social que extrañamos cuando muere nuestro cónyuge. Sabemos bien que los pacientes con enfermedades terminales por lo general pasan por cinco etapas durante el proceso de la muerte: negación, enojo, negociación, depresión y aceptación. La negación, la primera de las etapas, generalmente ocurre cuando a la persona se le dice que tiene una enfermedad terminal. Cuando escucha la noticia, «queda en un estado de conmoción y negación. Se queda rígida. Se pregunta cómo puede continuar, si puede continuar, por qué debe continuar. Trata de encontrar formas de superar cada día». Durante la segunda etapa, la persona se enoja consigo misma, con los médicos e incluso con Dios. Aunque algunos tratan de reprimir o negar su ira, se trata de un paso necesario en su viaje hacia la aceptación y la paz. En la tercera etapa, «antes de la pérdida, la persona siente que solo hará algo si su ser querido se salva. "Por favor, Señor —dice en busca de una negociación—, nunca más discutiré con mi esposa si la dejas vivir". Después de la negociación, la atención se enfoca directamente en el presente. Surge una sensación de vaciedad, y el dolor aparece en un nivel más profundo, mucho más profundo de lo que jamás imaginamos. Esta etapa depresiva parece que durará para siempre». Finalmente, algunas personas llegan a la etapa final: la de aceptación. Esto no significa que les gusta esta nueva realidad o que se sienten bien, sino que finalmente la aceptan. Aprenden a vivir con ella». 4 Las personas con enfermedades terminales no son las únicas que experimentan estas etapas; sus seres queridos también lo hacen. Cuando un cónyuge muere, su pareja también experimenta las emociones que acompañan a cada etapa. Al final, «es la nueva norma con la que se ha de aprender a vivir. Debe tratar de vivir ahora en un mundo en el que el ser amado no está. En un intento por resistir esta nueva norma, al principio muchos tratan de mantener la vida como era antes de que muriera el ser amado. Sin embargo, con el tiempo, y gracias a una aceptación progresiva de la realidad, se hace evidente que no es posible mantener el pasado intacto». 5 Finalmente, llegan a un punto en el que reorganizan su vida, haciendo de la pérdida una parte importante de ella, pero no su eje. No hay una manera correcta o incorrecta de hacer duelo, ya que todos lo expresan de maneras diferentes. Pero como cristianos, podemos encontrar una fuente rica de consuelo y fortaleza en la Palabra de Dios (Salmo 34:17-20; Isaías 40:1-31; Mateo 5:4; 2 Corintios 1:35). «Algunos creen que estas etapas duran semanas o meses, pero olvidan que ellas vienen como respuesta a sentimientos que pueden durar minutos u horas, a medida que se entra y se sale de una y luego de otra. No se entra y se sale de cada etapa individual de forma consecutiva. Se puede sentir una, luego otra y volver a la primera». 6 Muchas de estas etapas se superponen, ocurren consecutivamente o se pueden saltar por completo. La pérdida de esperanza ¿Qué puedes hacer cuando te encuentras acorralado y parece que no hay salida? Agar estaba en esa situación. Ya en una ocasión, ella había tratado de escapar de una situación abusiva (Génesis 16:6-16). Ahora, la habían despedido con un poco de pan y un odre de agua para sobrevivir en el desierto (Génesis 21:14). Sin esperanza, con la muerte respirándole en la nuca a ella y a su hijo, Dios escuchó su súplica y los rescató de una muerte segura (versículos 15-21).

Cuando estás en el oscuro pozo de la desesperación, muchos pensamientos pueden llegar a la mente para hacerte daño o para terminar con todo. «Quizás te convenciste de que la vida no vale la pena. Sientes que tu mundo se está derrumbando sobre ti. [...] «No vislumbras ninguna solución a tus problemas. Ya no deseas nada. El futuro luce vacío. «La visión de Dios sobre tu vida es diferente. Tu vida es valiosa para él. Él sabe todo de ti, incluso cuántos cabellos hay en tu cabeza». 7 Él promete, «No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia» (Isaías 41:10). Si nos aferramos a la esperanza que ofrece nuestro Señor y no nos damos por vencido, su luz brillará en la oscuridad de nuestra vida. David escribe: «El llanto podrá durar toda la noche, pero con la mañana llega la alegría» (Salmo 30:5). Cuando parezca que toda esperanza se ha perdido, espera pacientemente en Dios. Él conoce todo mejor que tú y sacará alegría del sufrimiento. Preguntas para reflexionar 1. ¿Qué beneficio nos trae contemplar y relatar las misericordias de Dios mientras estamos pasando por el dolor y la aflicción? 2. Mantén un diario de gratitud. Cuando pienses en alguna muestra de misericordia, bendición o respuestas a la oración por parte de Dios, escríbela de inmediato. Durante los tiempos difíciles y los valles espirituales de sombra, recuerda la generosidad, el amor y la bondad que Dios ha mostrado por ti.

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Referencias