10

Cómo actúa el evangelio



Como mencioné en el capítulo 4, tuve la oportunidad de visitar Timor Oriental hacia fines de 2016 para ver el trabajo de ADRA en proyectos de desarrollo en una cantidad de aldeas rurales. En una nación pequeña y recientemente independizada, con una historia que incluye siglos de colonización, décadas de ocupación militar, genocidios e injusticias económicas continuas en la forma de un reparto injusto de los derechos del petróleo y el gas entre la nación y Australia, la obra intermediaria de ADRA en favor de la justicia en estas aldeas aparecía como huertas de vegetales y hortalizas. Estos proyectos incluían la infraestructura para sistemas de agua y riego, adiestramiento en técnicas de agricultura y nutrición, y consultas y desarrollo de la comunidad.

Mientras estaba escribiendo historias para el boletín noticioso de ADRA Australia y su blog, entrevisté a José, quien trabajaba en una gran huerta a la orilla del río detrás de su casa. No solo esta huerta proveía verduras para su familia, José podía vender verduras excedentes a otros en su comunidad y regalar algunas a aquellos vecinos que tenían menos. "Es bueno que ADRA pueda ayudarnos de esta manera y que podamos ayudarnos unos a otros", dijo José. "Aun cuando es trabajo duro, es bueno ayudar a otros".

La gente da respuestas similares acerca de muchos proyectos de microfinanzas que ADRA apoya en todo el mundo. Uno de estos programas ha tenido éxito en Juliaca, en la región de Puno, Perú. Juliaca es una ciudad de más de 225.000 habitantes, al noroeste del Lago Titicaca. Las principales actividades económicas son generadas por el intercambio y el turismo, con una corriente estable de personas que visitan el lago y conocen de la cultura nativa de los uros que viven sobre el lago. El turismo provee buenas oportunidades para los artesanos si tienen los recursos y el apoyo de los comercios para hacer y vender sus artesanías a los turistas.

En el pasado, los bancos comerciales han hecho grandes préstamos a algunas personas locales, pero a menudo estas no pudieron devolver esas sumas. En contraste, los programas de microfinan-zas apuntan más a quienes tienen menos ingresos. Se establece un grupo comunitario para administrar el programa, se provee preparación en habilidades comerciales básicas a quienes pretenden obtener pequeños préstamos, y se los apoya mientras crecen en sus negocios y devuelven los préstamos, de modo que otros miembros de la comunidad también puedan beneficiarse.

Hermilia tiene una historia de éxito en este programa de micro préstamos. Ella tejía y vendía sus manualidades en la calle, cuando obtuvo su primer préstamo, que le permitió entrar en el negocio de las fotocopias. Con el éxito de este emprendimiento, ella pudo estudiar en la escuela de derecho.

"Después de que terminé mis estudios y con mi diploma [de grado], seguí para obtener una maestría en leyes constitucionales y de procedimientos", explica ella. "Ahora estoy aquí para apoyar a la gente pobre".

Hermilia provee servicios de intermediación a las familias pobres de Juliaca que no pueden pagar a un abogado.

"Yo he sido pobre -muy pobre-, de una comunidad campesina", recuerda Hermilia. "No tenía zapatos. Y por ello tengo empatia por la gente pobre, que es maltratada psicológica, física y moralmente. Y por esta razón, quiero apoyarlos.

"Hay muchas personas sin casa en Juliaca; muchos están en las calles, sin saber qué hacer. Por esto me preparé como abogada: para defender a los pobres que no tienen dinero. Y me siento muy feliz".1

El modelo del evangelio

Una de las cosas que aprecio acerca del trabajo de ADRA y de una cantidad de otras agencias cristianas, es que se construyen sobre el modelo del evangelio en su obra en favor de la justicia. Esto no se hace con un complejo de salvadores, sino de modo que la gente se atienda y sirva donde está y en las circunstancias de su mayor necesidad. Cuando sus circunstancias mejoran, cuando los miembros de la comunidad trabajan conjuntamente con el personal de ADRA, una de las mejores maneras en que los asociados y recipientes responden es procurar elevar a otros a su vez. Ellos no sirven a otros o practican la generosidad para ganar o justificar las oportunidades que han recibido. Pero como José y Hermilia, encuentran gozo en poder compartir lo que recibieron con otros en sus comunidades.

En su primera comisión, Jesús instruyó a sus discípulos a servir a otros de esa manera, siguiendo el modelo: "Lo que ustedes recibieron gratis, denlo gratuitamente" (Mat. 10:8, NVI). Dios intervino antes de que tuviéramos algo para ofrecer, aun antes de que nos diéramos cuenta cabal de nuestra situación. El amor y la gracia de Dios nos encontraron "siendo aún pecadores" (Rom. 5:8). Esa gracia nos transforma y renueva nuestra relación con Dios y no puede menos que comenzar a transformar nuestras relaciones con otros.

La gracia no tiene que ver con ganar lo que ya ha sido dado. Tampoco tiene que ver con hacernos sentir culpables de que tenemos tanto mientras otros tienen muy poco, o que nosotros somos bendecidos mientras otros tienen hambre. El autor Timo-thy Keller critica el uso de la culpa para motivar a los cristianos a dar o a servir a los necesitados. Él señala que muchos de nosotros -correcta o incorrectamente- tenemos "mecanismos de defensa inherentes" contra esta clase de argumentos y la mayoría de nosotros no nos sentimos "tan ricos". En cambio, él sugiere que "cuando la justicia para los pobres está conectada no con la culpa sino con la gracia y con el evangelio, esto 'aprieta el botón' muy hondo en las almas de los creyentes, y ellos comienzan a despertarse".2

Cuando recibimos el evangelio y comenzamos a comprender sus implicaciones para la vida, el evangelio llega a ser el modelo para todo en nuestra vida. Se nos llama a tener la actitud humilde de Jesús (Fil. 2:5-8), a renunciar a los privilegios, y a servir con lo que somos y todo lo que tenemos. Esto es la forma que tiene el evangelio cuando le permitimos que cambie nuestra vida y, a su vez, cambie a nuestro mundo.

Fe, luego obras

A lo largo de toda la historia, los cristianos han sido tentados al legalismo, tratando de guardar la ley de Dios tan completamente como sea posible para asegurar su salvación y estatus para con Dios. Siendo que algunos cristianos han obtenido un nuevo aprecio por la pasión de la Biblia acerca de la pobreza y la injusticia, otros han cuestionado si estar enfocados en hacer justicia -ayudar a los pobres y procurar aliviar a los oprimidos- podría llegar a ser otra forma de legalismo.

Debemos estar en guardia contra tales creencias, actitudes y prácticas. Siempre somos salvados por la gracia de Dios sola, no hay nada que nuestras buenas obras, buenas intenciones, buena vecindad o donaciones generosas puedan añadirle. "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe" (Efe. 2:8, 9). Pero esto no significa que las cosas que se nos llama a hacer como pueblo que vive a la luz de la gracia de Dios, deban ser abandonadas como "obras" y que de alguna manera ya no son buenas. "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano" (vers. 10). Por causa de esta gracia y la salvación que Dios nos ha dado, podemos hacer cosas buenas que él desea para nosotros y por aquellos a quienes podemos servir.

Hay un riesgo de que podamos leer la parábola de Jesús de las ovejas y los cabritos como algo que sugiera que las buenas obras son lo que salva a los "justos" descritos como "ovejas" en el juicio final (Mat. 25:31-46). Pero esto es una parábola sobre cómo viven las personas salvadas -listas y activamente esperando el retorno de Jesús-, no acerca de cómo se salvan. En forma similar, el libro de Santiago tiene mucho que decir acerca de hacer justicia, de la explotación del pobre por los ricos y la esencia de la buena religión como el cuidado de las viudas y los huérfanos, señalando que "la fe, si no tiene obras, está completamente muerta" (Sant. 2:17). Una fe viviente confía solo y completamente en Dios y en su gracia, la que nos libra para hacer justicia, celebrar y compartir la bondad de Dios y su provisión para todos nosotros. Como concluye Timothy Keller en su libro Justicia generosa-. "Una vida derramada en hacer justicia para los pobres es la señal inevitable de cualquier fe evangélica real y verdadera".3

Un evangelio completo

Al procurar comprender la totalidad del evangelio y lo que Jesús hizo durante su vida, muerte y resurrección, deberíamos reflexionar sobre cuánto se rompió por el pecado que vimos en la Caída de la humanidad. Si la salvación en Jesús y por medio de él ha de ser completa, tiene que afrontar todos los aspectos de nuestra vida y todas las relaciones que han sido rotas por el pecado.

Aquí es donde la comprensión holística de la naturaleza humana -de que de algún modo no somos almas espirituales y cuerpos físicos, sino seres unitarios indivisibles- es valiosa. Como cualquiera con una experiencia de violencia, abuso o enfermedad confirmará tristemente, "el mal no hace distinción entre nuestros cuerpos y nosotros. ¿Cómo, entonces, en nuestra vocación para vencer el mal, podemos hacer esa distinción?"4 El evangelio sana y restaura cada aspecto de lo que significa ser humano. Somos espirituales y físicos, intelectuales, emocionales y sociales: todo eso a la vez.

En una lectura para un reciente programa de estudio se me recordó la importancia de esta comprensión. Basados en la historia de Chile en las décadas de 1970 a 1990, bajo el régimen de Pinochet, el libro de William Cavanaugh, Torture and Eucha-rist [Tortura y eucaristía], destaca lo inadecuado social, política y teológicamente que es dividir en categorías lo que significa ser humano. En este libro, la cuestión teológica que más captó mi atención es la crítica de la suposición por largo tiempo sostenida que han hecho tanto la Iglesia como el Estado en Chile de que el cuerpo es la esfera del Estado y el alma el de la Iglesia. Al considerar la tortura y la desaparición de personas de Chile, el autor critica esta división de lo que significa ser humano y asevera que "los cristianos tienen que comprender que el control del cuerpo por el Estado es también un control del alma".5 Él señala al corazón del evangelio como una manera de liberar, reconciliar y renovar los seres de cuerpo y alma que somos.

Lo que hizo y hace Jesús por nosotros, en nosotros, con nosotros y por medio de nosotros trae sanación, restauración y esperanza a todos estos aspectos de nuestra vida. Nuestras almas no están desconectadas de nuestros cuerpos; Dios no salva almas, él salva personas. Por eso Jesús ministraba en la forma en que lo hacía, e instruía a sus discípulos en este ministerio holístico.

Reconciliación

Pero la salvación ofrecida por Dios no es meramente un proyecto personal e individual. Tiene que atender y restaurar la totalidad de las cuatro relaciones -con Dios, con nosotros mismos, con otros y con el resto de la creación- que fueron rotas en la Caída de la humanidad en el pecado, y el quebranto que siguió.

El foco está en el amor de Dios que se extiende a todos, y su propósito de trabajar por medio de aquellos que eligen cooperar con él para redimir y, en última instancia, recrear toda la creación.

Sí, la salvación tiene que ver conmigo y con mi relación sal-vífica con Dios, pero no meramente conmigo. El teólogo N. T. Wright lo dice de este modo: "La justificación no es simplemente 'cómo obtengo el perdón de mis pecados'. Es acerca de cómo Dios crea, en el Mesías Jesús y en el poder de su Espíritu, una sola familia, celebrando su perdón de una vez por todas, y su certeza de que 'no hay condenación' en Cristo, por medio de quien sus propósitos pueden ahora ser extendidos al mundo más amplio".6

En el contexto de estas relaciones, las cartas de Pablo a menudo hablan acerca de la reconciliación, la restauración de las relaciones, que se ofrece por lo que Jesús hizo. Pablo llega hasta describirnos como embajadores de esta reconciliación (ver 2 Cor. 5:18-21). En su carta a los Efesios, que sigue con el tema de la gracia de Dios y las buenas obras que él tenía preparadas para nosotros que notamos más arriba, intriga que Pablo explique esta reconciliación como reunir a la gente en relaciones renovadas aún antes de que dirija su atención a la reconciliación entre Dios y los seres humanos: "Crear en sí mismo de los dos pueblos una nueva humanidad al hacer la paz, para reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo mediante la cruz, por la que dio muerte a la enemistad" (Efe. 2:15,16). En un mundo de división, hostilidad, prejuicio y violencia, el evangelio que encontramos encarnado en Jesús es tanto contracultural como transformador.7

Las buenas noticias

Como todas las personas fueron creadas a la imagen de Dios, el evangelio demanda que nosotros también entendamos que Dios ama y salva a todas las personas. Jesús murió por cada persona con quien nos encontramos, cada persona que vemos en los noticieros, cada persona de la que podamos estar tentados a pensar como enemigo o sin valor. Esto debe cambiar la manera en que vemos y respondemos a las personas.

El evangelio destruye las divisiones de diversas maneras. Primero, como ya vimos, comprendemos nuestro origen común en Dios: "De un solo hombre hizo todas las naciones para que habitaran toda la tierra" (Hech. 17:26, NVI). También reconocemos nuestra común pecaminosidad: "Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios" (Rom. 3:23); es especialmente importante recordar esto cuando estamos tentados a abandonar a otros por causa de sus elecciones equivocadas, o pensar que nosotros, de alguna manera, somos inherentemente mejores. Y entonces nos alegramos de que Dios tanto amó a todo el mundo que dio a su Hijo Jesús (ver Juan 3:16).

Y el evangelio también comienza a tejernos de nuevo en la red de humanidad en que hemos sido creados. En Cristo, ninguno es mejor o peor que cualquier otra persona (Gál. 3:28). Aunque no ignoramos las diferencias que nos hacen seres humanos peculiares, no hay diferencia entre el valor y el respeto, y las demandas de nuestra compasión y nuestro servicio:

"Cualquiera sea la diferencia en creencia religiosa, el llamado de la humanidad doliente debe ser oído y respondido [...].

"Debemos participar de los goces y afanes tanto de los encumbrados como de los humildes, de los ricos como de los pobres. Cristo dice: 'De gracia recibisteis, dad de gracia' (Mat. 10:8). En nuestro derredor hay pobres almas probadas que necesitan palabras de simpatía y acciones serviciales [...]. Pueden ser andrajosos, toscos y aparentemente sin atractivo alguno; pero son propiedad de Dios. Han sido comprados con precio, y a su vista son tan preciosos como nosotros. Son miembros de la gran familia de Dios, y los cristianos, como mayordomos suyos, son responsables por ellos ante Dios".8

Cuando reconocemos hermanos y hermanas entre todas las naciones y personas del mundo, buscamos servir a esas naciones y personas. Y nuestra experiencia del evangelio y respuesta a él nos llama a esa realización y a vivir esa realidad.

Referencias

1 Para más información, ver Sanjay Tilomas, "A Women's World: Behind the Scenes With Sanjay" [Un mundo de mujeres: Detrás del escenario con Sanjay], ADRA International, Io de abril de 2015, https://adra.org/a-womens-world/. 2Timothy Keller, Generous Justice: How God's Grace Makes Us Just [Justicia generosa: Cómo la gracia de Dios nos justifica] (Nueva York: Dutton, 2010), p. 107.3 Keller, Generous Justice, p. 189.

4Skye Jethani, Immeasurable: Refiections on the SoulofMinistry in the Age ofChurch, Inc. [Inmensurable: Reflexiones sobre el alma del ministerio en la Edad de la Iglesia, Inc.] (Chicago: Moody Publishers, 2017), p. 178. ■"William T. Cavanaugh, Torture and Eucharist: Theology, Politics, and the Body ofChrist [Tortura y eucaristía: Teología, política y el cuerpo de Cristo] (Malden, MA: Blackwell Publishing, 1998), p. 197.

6 N. T. Wright .Justificaron: God 's Plan and Paul 's Vision [Justificación: El plan de Dios y

la visión de Pablo] (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2009), p. 248.

7 Porciones de esta sección fueron adaptados de Nathan Brown, "Day 4: For God So Lo-

ved the World..." ["Día 4: Porque de tal manera amó Dios al mundo..."], en "Justice and Mercy: 2013 Sénior Youth Week of Prayer" [Justicia y misericordia: Semana de oración para adultos jóvenes, 2013], ed. Joanna Darby, número especial, Acento del Ministerio Joven (2013):28. " Elena de White, Palabras de vida del gran Maestro (Florida, Bs. As.: 2014), pp. 318,319.