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La esperanza de justicia

Cuando las fuerzas alemanas ocuparon Hungría en marzo de 1944, la máquina del Holocausto entró en marcha forzada. El genocidio fue rápido, reclamando 600.000 vidas. Más de 412.000 judíos húngaros fueron deportados al campo de la muerte de Auschwitz en las ocho semanas entre mayo y julio, la tasa de deportación más veloz del Holocausto. La mayoría fue enviada a la cámara de gas al llegar. Un tercio de las víctimas judías en Auschwitz fueron húngaros.

En medio de esta locura, la reputación de Laszlo Michnay creció. Los judíos húngaros creían que el presidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Hungría era poco menos que un santo. Con un riesgo extraordinario de su vida y su familia, él alimentó, escondió y salvó a numerosos judíos en su casa e iglesia durante este tiempo de persecución extrema.

La decisión del pastor Michnay de ayudar a los judíos quedó sellada cuando, durante su asistencia a conferencias de la Iglesia en Alemania en 1936 y en Polonia en 1941, presenció el antisemitismo y las atrocidades que comenzaban a ser evidentes en esas naciones. Suponiendo que era solo cuestión de tiempo antes de que los nazis entraran aplastando todo en Hungría, se pitparó para el inminente pequeño holocausto: con la ayuda de donaciones de la iglesia y de una herencia, almacenó alimentos no perecederos y planificó una serie de casas de seguridad.

En los primeros años de la década de 1940, el pastor Michnay rogó a su congregación que ayudara a los oprimidos judíos.
La gente abandonaba la iglesia porque estaba segura de que él sería arrestado. Tenían temor, pero él nunca recibió daños. Sin embargo, las iglesias adventistas húngaras en última instancia fueron cerradas cuando el servicio secreto alemán escuchó acerca de los sermones sediciosos del pastor Michnay y lo enfocaron a él.

Cerca del fin de la Segunda Guerra Mundial, las oficinas centrales alemanas locales dieron la orden de que ejecutaran a cada miembro de la familia del pastor Michnay al día siguiente porque estaban escondiendo judíos. Pero esa noche, los alemanes, con la errónea idea de que el ejército ruso estaba peligrosamente cerca, abandonaron las calles. En el caos que siguió, la familia escapó de su suerte. Esta fue una de las muchas ocasiones en que la familia se salvó milagrosamente.

El subsuelo de la iglesia estaba lleno de judíos, a quienes se les proveyó colchones y frazadas. Algunos fueron tomados alegando falsamente que eran familiares. El pastor Michnay no rechazó a ninguno. Todos -incluyendo su familia comían una vez por día, generalmente un plato de sopa.

El número de las personas que la familia Michnay escondía variaba de acuerdo con el espacio disponible y el peligro en Budapest. Él envió a muchos al campo, a las casas de seguridad que pertenecían a la red de pastores adventistas del séptimo día que nunca fueron detectados.

Un apocalipsis había sobrevenido a Hungría, y un líder de la Iglesia Adventista, su familia y una red de pastores e iglesias estuvieron entre los pocos que pudieron mantenerse firmes en contra de esta horrible injusticia, y ofrecieron un lugar seguro a los que buscaban abrigo y protección. Vivieron el sermón de Mateo 25: salvaron a otros mientras esperaban a Jesús, sin preocuparse por el mundo que se estaba destruyendo a su alrededor.

En medio de una gran controversia

El libro de Apocalipsis, usando imágenes dramáticas, clarificó lo que se había sugerido en toda la Biblia: que suceden más detrás de las escenas de la historia humana de lo que parece. Clave para esta comprensión es la historia de la gran controversia, la batalla cósmica entre Dios y Satanás que antecede a la creación de nuestro mundo y, por medio de la caída de la humanidad en el pecado, se ha estado desarrollando en nuestra historia. Esta dinámica estaba presente en quién era Jesús, lo que él hizo, y por qué vino a la Tierra, pero el Apocalipsis lo hace más explícito, especialmente en el capítulo 12.

Este panorama de banda ensanchada de la historia cósmica tiene implicaciones acerca del modo en que el pueblo de Dios está llamado a vivir y cómo respondemos al sufrimiento, la injusticia, la opresión y todas las formas del mal en nuestro mundo. Significativamente, la primera respuesta fiel a las preguntas acerca de cómo Dios pudo permitir todo el sufrimiento en el mundo es que este no es cómo el mundo fue creado o cómo fue la intención que fuera, que "un enemigo ha hecho esto" (Mat. 13:28). "La culpa del sufrimiento humano no está en el trono de Dios; más bien surge de la rebelión y la actividad de Satanás y sus ángeles y la humanidad depravada".2 Hay una personalidad malvada que trabaja para causar y difundir el mal, la injusticia, la tristeza y el dolor en nuestro mundo, y trabaja para destruir las relaciones humanas y la buena creación de Dios.

Diversos comentadores bíblicos señalan la confrontación de Jesús con los malos espíritus en los registros de los evangelios como encarnando el choque de estos poderes. "La realidad de lo demoníaco en el Nuevo Testamento da al mal una dimensión sobrehumana en la que los seres humanos están sujetos a factores externos y no son los únicos agentes independientes en el drama de la historia".3 Esta es una vislumbre que reaparece por todo el Nuevo Testamento. Como un ejemplo obvio, Efesios 6:12 usa un lenguaje bélico, pero dirige a los lectores alejándolos de los protagonistas físicos evidentes: "Porque no estamos luchando contra enemigos de carne y sangre, sino contra gobernantes y autoridades malvados del mundo invisible, contra poderes vigorosos en este mundo oscuro, y contra espíritus malignos en los lugares celestiales".4

Como hemos visto, la respuesta de Dios a este mal se encuentra en los actos salvíficos y reconciliadores de Jesús, ofreciendo sa-nación y esperanza presentes, así como un rescate y restauración futuros.

Confrontando al mal

La cosmovisión del conflicto cósmico, como lo expresan textos como Efesios 6:12 y Apocalipsis 12 y 13, implica estructuras políticas, económicas y sociales caídas y rotas como poderes que pueden hacer el mal por sí mismas o que pueden ser usadas por poderes malignos para tales propósitos. Por causa de la naturaleza corporativa de tales entidades, estos poderes tienen el mayor impacto sobre aquellos que ya tienen desventajas políticas, económicas o sociales, y así menos capaces de defenderse a sí mismos: "Tales instituciones y sistemas de poder, vistiendo la máscara de 'autoridad legítima', tienden a justificar la violencia contra los débiles y vulnerables en el nombre de 'Dios', o de la 'paz y seguridad' ".5

Además de procurar preocuparse por las víctimas, confrontar estos poderes es la tarea de hacer justicia en el conflicto cósmico. Mientras la obra fiel de buscar justicia sigue siendo atemorizado-ra y difícil, y a menudo es derrotada, tal obra está en armonía con el reino, el plan y los propósitos de Dios: "La clase de fidelidad que está dispuesta a aceptar una derrota evidente en vez de una complicidad con el mal está, por virtud de su conformidad con lo que sucede a Dios cuando él obra entre nosotros, alineada con el triunfo en última instancia del Cordero".6

Esta es la historia fundacional del libro de Apocalipsis. Dios y su amor y justicia tienen la palabra final. Y aquellos que eligen permanecer fieles a Dios en medio del tumulto, el engaño, y la injusticia se están uniendo con el plan de Dios de salvar la humanidad y, en última instancia, corregir todos los males, renovar la creación, y restaurar la humanidad y todas sus relaciones. Al vivir en medio del conflicto cósmico, el llamado a la fidelidad es un llamado a ser agentes de cambio, trabajar contra los poderes del pecado y de la muerte en el poder y el modelo de Cristo: "No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien" (Rom. 12:21, NVI).

Por otro lado, la seguridad de que el mal será derrotado y destruido lo hace más débil hoy, aun cuando puede parecer muy abrumador y triunfante. La esperanza que tenemos en el poder y las promesas de Dios no solo inspiran nuestra fidelidad sino también socavan la injusticia.

Hablar proféticamente

Aunque tanto el pastor como la Sra. Michnay han sido honrados como "Justos Entre las Naciones" por el Centro Mundial de Memoria del Holocausto en Israel, no he podido encontrar ningún registro de los sermones del pastor Michnay. Sería fascinante escuchar cómo él entendió el llamado a levantarse en favor de los perseguidos y ayudar a quienes tienen necesidad de seguridad y lo que dijo que asustó a los miembros de su iglesia y con el tiempo hizo que sus iglesias fueran cerradas. Es posible que él sacara mucho de la misma enseñanza bíblica que hemos estado explorando en este libro. Y él obviamente vio esto como un llamado radical para resistir al mal que estaba creciendo por Europa y arriesgarse por los vulnerables.

Pero tal acción radical puede también ser inspirada por las vislumbres que nos da Apocalipsis de la naturaleza y la derrota del mal. Esto es algo que podemos ver en la comprensión profética de nuestros pioneros adventistas, que conectaban sus expectativas del retorno de Jesús y su comprensión de las profecías bíblicas con las injusticias que observaban en su sociedad. Por ejemplo, Elena de White dejó en claro que una de las razones clave por las que los adventistas del séptimo día identificaban a los Estados Unidos como un actor clave en Apocalipsis 13 era la continua injusticia racial que practicaba la nación: "La bestia de dos cuernos aparece en dos fases: con la mansedumbre de un cordero y la ferocidad del dragón. Esto ya se ha mostrado, hasta cierto punto, en la inconsistencia de enviar al mundo las doctrina de la igualdad de todos los hombres con respecto a sus derechos naturales -el derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad- y sosteniendo con la ley todos los males de la esclavitud norteamericana".7 Imagine usted si nuestra predicación de la profecía bíblica hoy hablara con esta clase de voz profética contra las injusticias, la opresión y el racismo que vemos en el mundo que nos rodea, en nuestro tiempo y lugar.

Apocalipsis es explícito en ponerse del lado de aquellos que han sido abusados, explotados y perseguidos a lo largo de la historia.
Escuchamos las voces de los que sufren y de los mártires, "¿Hasta cuándo Señor...?" (Apoc. 6:10). Cuando se anuncia el juicio, este concluye con la aseveración de que es "tiempo [...] de destruir a los que destruyen la tierra" (Apoc. 11:18). Al mismo tiempo, oímos al primer ángel que proclama el evangelio eterno, con un llamado a adorar realmente al Creador, dirigido a "toda nación, tribu, lengua y pueblo" (Apoc. 14:6). Todos están incluidos en esta invitación de regresar a Dios y de restaurar nuestras relaciones los unos con los otros y con el resto de la creación.

Apocalipsis 18 ofrece una descripción vivida de la destrucción de los poderes caídos, destructores y opresivos de este mundo. Como la parábola de Jesús del hombre rico y Lázaro, el método de adquirir los lujos es un problema. La gente de "Babilonia" ha gozado de los lujos construidos sobre una injusticia escandalosa, explotación, desigualdad y aun esclavitud humana. La voz de Dios anuncia la destrucción de esta acumulación de maldad y "en una sola hora ha sido desolada" (vers. 19; ver también el vers. 17).

Este es el juicio que el pueblo de Dios y sus profetas -y los pobres, los oprimidos y los explotados en favor de quienes hablaron a lo largo de la historia- han estado esperando.

Aunque Dios ha dado, aún a los opresores, invitaciones y oportunidades repetidas de arrepentirse porque el pecado y la injusticia serán completamente destruidos, aquellos que obstinadamente lo practican también necesitan ser destruidos. Aunque esto sea trágico, para los que han sufrido es la justicia final y la restauración: "¡Alégrate, oh cielo, por lo que le ha sucedido! ¡Alégrense también ustedes, santos, apóstoles y profetas!, porque Dios, al juzgarla, les ha hecho justicia a ustedes" (Apoc. 18:20, NVI).8

Dios finalmente interviene para salvar al mundo por el bien de los que han hablado en favor de la justicia a lo largo de la historia del mundo: los apóstoles y los profetas. Aún en estos versículos, escuchamos un eco de los profetas hebreos y sus estridentes llamados a hacer justicia. Ahora sus clamores han sido escuchados y realizados.

Recreación y reconexión

En este mundo quebrantado e injusto, todos hemos conocido el sufrimiento, el dolor y la tristeza, de modo que no sorprende que la promesa del mundo hecho nuevo es un texto favorito para muchas personas:

"Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir [...].

"Oí una potente voz que provenía del trono y decía: '¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir' " (Apoc. 21:1, 3,4, NVI).

Esta es una descripción de la restauración de nuestra relación con Dios, con nosotros mismos, y con el resto de la creación. Este es el fin del mal, la desintegración de la injusticia, la corrección de todo, como debería ser.

Al fin, nuestras relaciones los unos con los otros se restauran en una red de la humanidad nuevamente hecha. Antes en Apocalipsis, Juan vio la gran multitud de personas que se unían para adorar a Dios: "Una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Estaban delante del trono y en la presencia del Cordero" (Apoc. 7:9). En la enumeración que precede a esta descripción, vemos la igualdad que existe entre los diferentes grupos y tribus dentro de esta multitud. Ningún grupo tiene privilegios o es preferido. Es otro de los cuadros bíblicos de cómo "Dios creó todas las cosas para estar en una relación mutua hermosa, armoniosa, interdependiente, tejida, entramada".9 Y esta es la realidad que Dios recreará y reconectará.

Esperanza viva

Las hermosas descripciones que vimos más arriba no deben desconectarnos del mundo que hoy nos rodea. En cambio, deberían recordarnos cómo debía ser el mundo y lo que significa vivir esa clase de vida aquí y ahora. Nuestra esperanza no es una luz brillante a la distancia, sino brilla detrás de nosotros para iluminar el hoy. Por vacilantes y pequeños que puedan ser nuestros esfuerzos, trabajamos con Dios para recrear el mundo como -un día- él lo recreará definitiva y gloriosamente. Cuando Jesús dijo: "Voy, y vuelvo a vosotros" (Juan 14:28), él también les estaba diciendo a sus seguidores: "Vivan como si fuera cierto hoy, y eso marcará una diferencia".10

Con la seguridad de estas promesas del futuro, tenemos que trabajar para resistir la tentación de desesperarnos, reconociendo que nuestra esperanza es un atributo singular para vivir como el pueblo de Dios y vencer el mal en nuestro mundo: "La falta de esperanza es la enemiga de la justicia. Cuando estás peleando por la justicia, estás peleando contra la desesperanza. La injusticia prevalece donde persiste la desesperanza... Y la verdad es que, o estás lleno de esperanza trabajando hacia la justicia, o eres el problema. No hay nada intermedio. No puedes ser neutral".11 En la gran controversia, nuestras esperanzas, nuestras elecciones y nuestras vidas importan: para Dios, para nosotros mismos y para otros.

Lo que creemos no es un conjunto de ideas hermosas, reflexiones filosóficas profundas o una lista de buenas obras para hacer; más bien, nuestras creencias son un llamado revolucionario a amar profunda y activamente en la historia y con el poder del Jesús resucitado. En este sentido, la esperanza más grande posible en la Biblia es que la misma muerte ya no está más. Como asevera Pablo: "El postrer enemigo que será destruido es la muerte" (1 Cor. 15:26). La muerte y sus amenazas en la forma de violencia y opresión son las herramientas máximas de la injusticia; pero tenemos la respuesta final para ella, su completa reversión. En Jesús, la muerte y la violencia, la injusticia y el mal están derrotados. Como lo hizo para el pastor Michnay y por medio de él, la esperanza debilita el poder de la injusticia y nos da poder para actuar como agentes de la inversión de la injusticia en nuestro mundo.

"Así, que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes", escribió Pablo en la conclusión de su épico capítulo sobre la significación final de la resurrección de Jesús mientras esperamos su culminación. "Creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano" (vers. 58).


Referencias

1 "The 'Greater' Commission", Quiet Gospel (blog), 22 de marzo de 2013, https://the-

quietgospwel.wordpress.eom/2013/03/22/the-greater-commission/#morc-136.

2 Frank B. Holbrook, "El gran conflicto", en Tratado de teología adventista del séptimo día,

ed. Raoul Dederen, (Florida, Bs. As.: ACES, 2009), p. 996. 3SigveK. Tonstad, Saving God's Reputation: The theologicalFunction ofPistis Iesou in the CosmicNarratives ofRevelation [Salvando la reputación de Dios: La función teológica de Pístis Iesou en las narraciones cósmicas de Apocalipsis] (Nueva York: T & T Clark, 2006), p. 11.

4 Porciones de esta sección fueron adaptadas de Nathan Brown, "Living in Enemy

Territory" [Viviendo en territorio enemigo], Signsofthe Times, octubre de 2016.

5Darrin W. Nnyder Belousek, Atonemcnt, Justicc, andPeace: TheMessage ofthe Crossand theMission ofthe Church [Justicia y paz: El mensaje de la cruz y la misión de la iglesia] (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2012), p. 527.

éJohn Howard Yoder, The Politics of Jesús [La política de Jesús], 2*. ed. (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1994), p. 238.

7 Elena de White, The Spirit ofProphecy [El Espíritu de Profecía], (Battle Creek, MI: Re-viewand Herald', 1884), p. 502.

"Adaptado de Nathan Brown, "How the Story Ends" [Cómo termina la historia], Enga-ge, Adventist World, diciembre de 2015.

'Timothy Keller, Generous Justice: How God's Grace Makes Us Just [Justicia generosa: Cómo la gracia de Dios nos justifica] (Nueva York: Dutton, 2010), p. 173.

'"Adaptado de Nathan Brown, "Second Coming: Escape of Energiser?" [La segunda venida: ¿Escape del energizante?] Hope Channel, Io de agosto de 2007.

" Sherrilyn Ifill, Loretta Lynch, Bryan Stevenson y Anthony C. Thompson, A Perilous Path: Talking Race, Inequality, and the Law [Un sendero peligroso: Hablar de raza, desigualdady la ley] (Nueva York: New Press, 2018), p. 99.