Lección 5- MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

RESEÑA -

Los profetas del Antiguo Testamento a menudo se autodefinían como vigilantes sobre los muros de Sion. Eran celosos por el bienestar del pueblo de Dios e intentaban advertirle de los peligros internos y externos. Fueron llamados por Dios para clamar por justicia y declarar los juicios de Dios. Este deber era un asunto serio para profetas como Ezequiel, cuyas órdenes de marcha eran muy claras: “Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma” (Eze. 3:17-19).
En esta lección, tomamos consciencia de la persistencia de Dios en llamar a su pueblo a la justicia. La lección abre nuestros ojos a las reformas sociales y espirituales propugnadas por varios profetas como: (1) el pastor-profeta Amós, quien llama a su pueblo a la justicia y la rectitud; (2) Miqueas, cuyo mensaje a Acaz se da durante un tiempo en que el reino alcanza un mínimo histórico de justicia; (3) Ezequiel, que les habla a los exiliados en Babilonia; y (4) Isaías, que llama al pueblo de Dios a vivir la esperanza mesiánica de una nación justa. ¿Dónde están las voces que piden justicia y misericordia hoy?

Objetivo del maestro:

• Desafía a la clase a unirse a las voces que aún hoy reclaman justicia en la tradición de los profetas del Antiguo Testamento.

COMENTARIO Ilustración

Rara vez ha habido tanta necesidad de defensores de la justicia como durante la esclavitud estadounidense y el período posterior a la Guerra Civil en Estados Unidos. El adventismo tuvo la oportunidad de demostrar si afrontaría con éxito los desafíos de esa época y comenzaría a dedicarse seriamente a servir a sus hermanos y hermanas de color. Delbert Baker, en su serie In Search of Roots: Adventist African Americans [En busca de raíces: afroamericanos adventistas], comparte un punto de inflexión en la historia adventista sobre el tema:
“El momento decisivo en la historia de la obra eclesiástica con la gente de color fue el año 1892, cuando Elena de White presentó un mensaje histórico: ‘Nuestro deber para con la gente de color’. Lo presentó ante los delegados del 29º congreso de la Asociación General celebrado en Battle Creek, Míchigan.
Elena de White insistió en que, después de años de indiferencia, la iglesia no podía seguir ignorando su cometido hacia la raza negra sin incitar el creciente desagrado de Dios. Consciente del contenido polémico de su mensaje, admitió: ‘Sé que lo que ahora expreso generará un conflicto. No deseo esto, porque el conflicto parece ser incesante en los últimos años; pero no pretendo vivir como cobarde ni morir como cobarde, dejando mi obra inconclusa. Debo seguir los pasos de mi Maestro’ ”.

Para analizar en clase:
Es interesante que Elena de White identifique la cobardía e, implícitamente, el coraje, como una dinámica de la justicia bíblica. ¿Qué asuntos de justicia bíblica requieren “coraje” hoy, en tu contexto local?
Texto bíblico: La Biblia tiene una “inclinación hacia los demás”. Este principio puede verse en la obra realizada por los profetas bíblicos. Los profetas eran defensores. No se preocupaban por defender sus propios casos. Ellos se comprometían, persuadían, oraban y protestaban en nombre de otros. Hablaban en nombre de aquellos que no tenían voz o que eran reprimidos cuando protestaban legítimamente. Tenían como objetivo aumentar el bienestar y la calidad de vida de la humanidad.
A veces los miembros de iglesia evitan participar de protestas y salir como defensores por temor a ser vistos como demasiado políticos. Lee Jeremías 22:1 al 3, y 13 al 17. Jeremías, otro profeta defensor, intercedió en favor de los oprimidos ante los dirigentes gubernamentales de su época. A continuación, lean la cita de Jan Paulsen y analicen sus implicaciones.
“Existe una gran diferencia entre hacer escuchar nuestra opinión en la palestra pública y tratar de ejercer el poder político. Como iglesia (y personalmente) no solo tenemos el derecho sino la obligación de ser una voz moral en la sociedad; de hablar con claridad y elocuencia sobre lo que atañe a nuestros valores. Derechos humanos, libertad religiosa, salud pública, pobreza e injusticia: estos son algunos de los ámbitos en los que tenemos la responsabilidad dada por Dios de defender a quienes no pueden hablar por sí mismos”.1

Textos bíblicos: Invita a los miembros de la clase a turnarse para leer estos versículos adicionales de Amós, Miqueas, Ezequiel e Isaías. ¿Qué relación tienen estos pasajes con ser defensores? A continuación, se presentan algunas ideas que puedes utilizar para hacer comentarios.

Para analizar en clase: ¿De qué maneras específicas podemos unirnos a los profetas y ayudar de todo corazón e integralmente a nuestra iglesia para cumplir su misión, parte de la cual incluye defender a los pobres (Isa. 59:16)?

Texto bíblico: Los principios de Miqueas 6:8 nos llevan más allá de las meras formas de adoración (holocaustos, etc.) a tres principios que forman el corazón de “lo que es bueno”:

Ilustración El predicador británico William E. Sangster se cuestiona: “¿Alguien puede ser bueno y no religioso, o ser religioso y no ser bueno?”4 Algunos afirman que son buenos y decentes sin religión. Por ejemplo, nos recuerdan ver todas las acciones desinteresadas y justas que realizan, y afirman que toda esta bondad se logra sin una dieta semanal de adoración y sermones. Realmente, ¿pueden separarse la religión y la moralidad?
Sangster, en uno de sus sermones titulado: “Bueno sin Dios”, un sermón sobre Miqueas 6:8, señala que aquellos a quienes llamamos “buenos sin Dios” a menudo son, en un sentido especial, un producto de la fe que han decidido despreciar. El fundamento mismo de su carácter se formó bajo la directa influencia cristiana. Uno de los tantos ejemplos es la vida de Sir Samuel Romilly, que rechazó la fe cristiana pero hizo uno obra notable al humanizar los códigos penitenciarios nacionales en Inglaterra. Verdaderamente era un buen hombre, pero no era religioso. Sin embargo, su biógrafo deja en claro que era nieto de los refugiados hugonotes, que decidieron huir a una tierra extraña antes que renunciar a su fe en Dios. Él creció en un hogar donde Cristo tenía el primer lugar, y su elevado carácter moral que promovía la justicia y la misericordia se remonta a aquellos primeros años.5

APLICACIÓN A LA VIDA
Vez tras vez, la voz profética de Elena de White es clara sobre el tema de la justicia. Lee esta cita en clase: “Muchos deploran los males que saben existen ahora pero se consideran libres de toda responsabilidad en el asunto. Esto no puede ser. Cada persona ejerce una influencia en la sociedad” (OE 401).
Analicen algunos pasos realistas e intencionales que cada miembro de la clase pueda dar para cumplir con el llamado de Dios para ser proactivos y “ejerce[r] una influencia en la sociedad”.
A lo largo de la historia de la Iglesia Adventista, se ha puesto énfasis en el papel escatológico de los profetas. Al mismo tiempo, las Escrituras demuestran otra dimensión importante del ministerio de los profetas y, por extensión, de la iglesia: el llamado de Dios a su pueblo a volver a sus principios socioeconómicos y éticos. Jesús explica con más detalle estos principios en Mateo 5:7 al 48, que también se resumen en Mateo 22:35 al 40, y Lucas 10:27.
Para analizar en clase: ¿Cómo podemos equilibrar el importante rol de la proclamación de los acontecimientos futuros antes de la segunda venida de Jesús, con la obra de llamar la atención de la gente a los principios divinos de ayudar a los necesitados, basados en la ley y los profetas, y ejemplificados en la vida y el ministerio del mayor profeta de todos: Jesucristo? No solo eso, ¿de qué modo podemos encarnar estos principios en nuestra vida como iglesia? Invita a los miembros de la clase a compartir de qué manera proclaman y viven personalmente esta parte importante del “evangelio eterno”, que en ocasiones se enfatiza poco, junto con la proclamación de las buenas nuevas de la segunda venida de Jesús.


Referencias 1 Jan Paulsen, “Serving Our World, Serving Our Lord”, Adventist World (mayo de 2007), Edición DNA, pp. 9, 10. 2 Ver Francis D. Nichol, ed., Comentario bíblico adventista (Florida, Buenos Aires, Argentina: ACES, 1995), t. 4, p. 661. 3 Biblia de estudio de Andrews (Florida Oeste, Buenos Aires, Argentina: ACES, 2014), p. 1.113. 63 4 Clyde E. Fant (h) y William M. Pinson (h), 20 Centuries of Great Preaching (de Maier a Sangster) (Waco, Texas: Word Books, 1971), t. 11, p. 345. 5 Ibíd., pp. 346-349. Le