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¿Justicia versus evangelismo?



La Gran Comisión era una directiva clara para la iglesia que vemos desenvolverse a lo largo del libro de Hechos y más allá: "Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo: Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo" (Mat. 28:18-20, NVI).

Pero la Gran Comisión no es principalmente una declaración de misión, ni es meramente un pensamiento tardío de Jesús en los últimos momentos antes de su ascensión. Estas palabras finales del Evangelio de Mateo, aunque también miran hacia adelante, sirvieron como un resumen del evangelio entero, un resumen de la comprensión que tenía Mateo de quién era Jesús, en qué andaba Jesús y por qué había venido.

Es acerca de Jesús

La Gran Comisión tiene que ver todo con Jesús; es evidente en la formulación misma de la declaración. Primero, comienza y termina con el poder y la presencia de Jesús. La comisión ha de ser cumplida en el poder de Jesús, por medio de ese poder y con él, y ha de realizarse en su presencia permanente. Él es su fundamento.

En esta comisión a sus discípulos, Jesús también se refirió a lo que él había estado haciendo entre ellos a lo largo de todo su ministerio: hacer discípulos y enseñarles a obedecer. Como tal, la Gran Comisión debe leerse en el contexto de la historia completa de Jesús: todo lo que había ocurrido antes en el Evangelio de Mateo, tanto práctica como teológicamente. Aunque la muerte y la resurrección de Jesús eran centrales en la historia que los discípulos debían compartir, no se permite un mensaje estrecho de salvación en las palabras registradas por Mateo, ni en el relato que hace Mateo del informe de Jesús.

Es importante recordar que la Gran Comisión no fue la primera vez que Jesús había dado órdenes a sus discípulos y los había enviado. Mateo 10 registra la designación de los doce discípulos, el darles autoridad, y luego el enviarlos con instrucciones claras: "No vayan entre los gentiles ni entren en ningún pueblo de los samaritanos. Vayan más bien a las ovejas descarriadas del pueblo de Israel. Dondequiera que vayan, prediquen este mensaje: El reino de los cielos está cerca. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien de su enfermedad a los que tienen lepra, expulsen a los demonios. Lo que ustedes recibieron gratis, denlo gratuitamente" (vers. 5-8, NVI).

En esta primera ocasión la comisión de los discípulos tenía una limitación geográfica y étnica. Pero debe considerársela como una práctica para la comisión más grande que seguiría. A lo largo del resto de Mateo 10, Jesús les dio instrucciones más detalladas acerca de cómo vivir en el camino, los desafíos y las persecuciones que afrontarían, pero también les dijo que en todo tiempo Dios cuidaría de ellos y estaría con ellos, y que serían recompensados eternamente, así como cualquier persona que les ayudara en su tarea.

Tanto el adiestramiento mientras trabajaban como las instrucciones detalladas y las expectativas que Jesús les dio a sus discípulos habrían estado firmemente en las mentes de los discípulos cuando oyeron las palabras de Jesús registradas en Mateo 28:18 al 20. Este era el contexto en el que ellos habrían entendido esta orden final de Jesús. Esta no era una comisión nueva, sino una repetición de su misión previa y continua, aunque en un contexto global y mucho más amplio dramáticamente cambiado (después de la resurrección). Por causa de su experiencia previa en la misión, Jesús podía resumir la misión expandida para sus discípulos diciendo sencillamente: "Vayan", mientras les daba mayores detalles y poder para los roles globales de bautizar y enseñar que ahora cumplirían, y del poder y la presencia posteriores a la resurrección que los impulsaría y los acompañaría.

El ministerio práctico que Jesús indicó en Mateo 10 es igualmente importante para comprender la Gran Comisión de Mateo 28. Los discípulos recibieron autoridad, poder, y un mandato de sanar enfermedades, traer vida, ofrecer restauración, vencer al mal y servir generosamente. La diferencia que los discípulos fueron llamados a hacer era práctica, respondiendo a las necesidades reales y físicas de la gente a la que le proclamaría el reino de Dios. En el contexto de Mateo 10, esta era una extensión directa del ministerio de Jesús, en respuesta a su compasión por la gente con necesidades y su oración de que más se unieran a la obra que él había comenzado (Mat. 9:35, 36, 38).

Este ministerio práctico era el argumento apremiante para la proclamación de que el reino de los cielos se había acercado, que Jesús encarnaba e inauguraba, y que los discípulos eran llamados no solo a anunciar sino también a encarnar ellos mismos, por medio del poder y la presencia de Dios. Este fue el adiestramiento de los discípulos para la misión que culminaba en la Gran Comisión de Mateo 28 y los equipaba para su cumplimiento.

Una comisión más amplia

Pero la diferencia entre la primera comisión y las posteriores también es instructiva. Donde el primer envío limitaba la misión de los discípulos a la gente de Israel, en el segundo incluía a toda la gente. En Hechos 1:8, hay una secuencia que comienza en casa, sigue en Jerusalén y se amplía desde allí: "en todajudea, en Samaria y hasta lo último de la tierra". Pero esto era mucho más que una expansión geográfica. En unos pocos años, esta comisión vería crecer a la iglesia para incluir personas de todas las clases sociales en Jerusalén, hasta abrazar minorías étnicas y perseguidores altamente educados. Recibiría personas a quienes las Escrituras hebreas habían específicamente rechazado, tales como el eunuco etíope que desafió a Felipe acerca de si había alguna razón para que él no pudiera ser bautizado (Hech. 8:26-40), y personas de todos los idiomas, etnias y ubicaciones.

Cuando consideramos el ministerio de Pedro como discípulo y luego como líder en la iglesia temprana, es notable ver cuán lejos había llegado desde el pescador que Jesús encontró a orillas del Mar de Galilea y que eligió seguirlo. Pero Pedro tenía todavía mucho que aprender... y desaprender. Su compromiso con la misión que Jesús le había dado a él y a los otros discípulos lo llevó a lugares y experiencias desafiantes.

Pedro primero tenía que superar profundos prejuicios raciales, étnicos y culturales. Esas personas "nuevas" hablaban idiomas diferentes, comían alimentos diferentes, y ocupaban lugares diferentes en la sociedad de aquel tiempo. Entrar en sus casas era entrar en lo que no era familiar. Al hacerlo, Pedro fue también llamado al ministerio más allá de su comprensión teológica. Estas personas no eran meramente extranjeras; para sus creencias judías, ellos eran espiritualmente inmundos. No solo fuera de la casa de la fe, ellos estaban más allá de la posibilidad de una invitación a entrar en la casa de la fe.

Pero Dios había trabajado por delante de Pedro, en Pedro y, entonces, a través de Pedro. El Espíritu Santo estaba preparando a Pedro y a Cornelio para un encuentro que cambiaría ambas vidas y la fe de ambos. Pedro les contaría a Cornelio y a su familia las buenas nuevas acerca de Jesús; Cornelio y su familia le demostrarían a Pedro que Dios y su obra eran más grandes de lo que él creía posible. Considerando su trasfondo nacional, cultural y teológico, la declaración de Pedro es asombrosa: "Ahora comprendo que en realidad para Dios no hay favoritismo" (Hech. 10:34, NVI) En el reino de Dios, se estaba tejiendo de nuevo la red de la humanidad, invitando a todos a tener relaciones restauradas con Dios y los unos con los otros.

Confrontando la cuestión

Hay algunas descripciones hermosas de la comunidad temprana de la iglesia en el Nuevo Testamento: orar, comer y compartir juntos, y más tarde el apoyo para los creyentes en Jerusalén que vino desde la iglesia de Antioquía, y de la colecta de Pablo por las iglesias del Asia Menor (Hech. 2:42-47; 11:27-30; 2 Cor. 8:1-15). Pero este crecimiento numérico, multicultural y teológico dramático trajo desafíos y cuestiones prácticos. Ya en Hechos 6, vemos una tensión creciente entre diferentes grupos dentro de la iglesia, y las preguntas que surgían entre el ministerio práctico y la predicación: en términos sencillos, entre la justicia y el evangelismo.

A lo largo de toda la historia cristiana, los seguidores de Jesús han discutido acerca de esta cuestión, sintiendo la tensión entre estos dos imperativos bíblicos que abarcan todo, con nuestras limitaciones humanas y aun las restricciones de los recursos de la iglesia. Entre las voces destacadas del siglo XX que dieron a este tema cuidadosa consideración se halla John Stott, especialmente en su libro Christian Mission in theModern World [Misión cristiana en el mundo moderno]. Él reflexiona que su respuesta a la cuestión de evangelismo-justicia se ha desarrollado con el tiempo y ha sido influenciada por oportunidades que él tuvo de presenciar pobreza y opresión mientras viajaba en diferentes partes del mundo.

Haciendo referencia al registro menos conocido del Evangelio de Juan de la comisión a sus discípulos, "Como tú me enviaste al mundo, yo los envío también al mundo" (Juan 17:18, NVI), Stott afirmó la comisión como una continuación del ministerio de Jesús y como de la misma naturaleza. A la luz de la defensa de la justicia que hace la Biblia y el evangelio, Stott desecha la idea de que lo que él llama "acción social" debería usarse como un mero medio para el evangelismo. Se sentía más atraído a la comprensión de que hacer justicia es una manifestación del evangelismo, pero él sentía que esto no pasaba la prueba del verdadero amor y compasión que no debe esperar nada a cambio (Luc. 6:35). Aunque a veces podremos funcionar de este modo, hacer justicia no es una campaña de relaciones públicas para la misión "real" de la evangelización. Nuestro mandato es amar al prójimo, hacer por otros lo que quisiéramos que nos hicieran a nosotros; nuestro llamado es a hacer esto como Jesús, sirviendo y sanando aun cuando sea rechazado, amando aun cuandó sea ridiculizado, ignorado o perseguido.

La misión y el método de Jesús

Por supuesto, trabajar con gente y con la injusticia y el dolor que afrontan a menudo, nos llevará a nuevas relaciones con ellos, y esto creará oportunidades de compartir nuestra fe. En la historia de Dorcas, su trabajo para el bien de los que tenían necesidad en su comunidad atrajo a la gente a presenciar el poder de Dios en acción en la vida de ella, aun en un momento en que ella pareció haber sido derrotada por la enfermedad y la muerte (Hech. 9:36-43). Cuando un discípulo trabaje en su comunidad y en favor de ella, "la noticia se esparcirá rápidamente por todo el pueblo", y muchos vendrán a creer en el Señor que inspira y da poder a esa obra (vers. 42).

En el libro que editó el sociólogo Peter H. Ballis para señalar el centenario de los adventistas del séptimo día en Nueva Zelanda, comenta sobre la importancia de involucrarse en los reales problemas sociales y políticos en la fundación y dramático crecimiento temprano de la iglesia en Nueva Zelanda. Él nota cómo "los adventistas se encontraron uniéndose a comisiones, hablando ante audiencias que bajo circunstancias diferentes habrían sido inaccesibles para ellos y, a veces, cooperando con líderes de otras denominaciones. Todo esto tiene el efecto de crear una imagen favorable de la Iglesia... Tal interacción con el público sirvió para que un gran número de la comunidad sepa acerca de los adventistas".2 Ballis cita cifras de feligresía que muestran una duplicación de la feligresía en Nueva Zelanda en este período (1911-21). "Es tentador concluir que fue la participación de la iglesia en los problemas sociales lo que produjo esa tasa de crecimiento sin precedentes",3 reflexiona él.4

En muchas sociedades que han llegado a ser crecientemente cínicas acerca de la religión, cansados por el cristianismo, y sospechosos de las iglesias, demostrar una fe real, amante, práctica, es mucho más necesario para que la iglesia tenga una presencia positiva. La investigación muestra que comprometerse con nuestras comunidades determina una diferencia en favor de ellas y de nosotros. O dicho en forma negativa: "Una iglesia que es invisible y mayormente ausente de la arena pública no será tomada en serio por los ciudadanos educados que se preocupan por sus comunidades".5

Pero cuando consideramos la misión y los métodos de Jesús, tenemos que tener claro que al mezclarse con la gente "como quien deseaba hacerles bien", Jesús no estaba falsificando su compasión para obtener su atención. Él amaba genuinamente, y genuinamente deseaba el bien de ellos. "Les mostraba [claramente] simpatía, atendía [realmente] sus necesidades y se ganaba [verdaderamente] su confianza". Solo después de construir esta relación genuina con la gente es que él "les pedía: Sigúeme". Y esta conocida cita de Elena de White continúa diciendo: "Hay que aliviar a los pobres, atender a los enfermos, consolar a los afligidos y dolientes, instruir a los ignorantes y aconsejar a los inexpertos. Hemos de llorar con los que lloran y regocijarnos con los que se regocijan. Acompañada de persuasión, del poder de la oración, del poder del amor de Dios, esta obra no será ni puede ser infructuosa".6 Aceptar a Jesús no solo cambiará nuestros corazones, cambiará la forma en que vivimos, amamos y servimos.

Enseñarles las órdenes

Pero la Gran Comisión también refería a los discípulos a las enseñanzas de Jesús de que a su vez debían enseñar a los que llegaran a ser nuevos discípulos por causa de su influencia. Este era el contexto teológico y ético de la Gran Comisión. Por definición, esto es lo que quiere decir ser un discípulo -un aprendedor o aprendiz de un maestro (rabí) - y lo que significa hacer discípulos.

En la iglesia primitiva, esto se entendía como la clase de enseñanza que analizamos en el capítulo anterior. Por supuesto, los discípulos contarían la historia de Jesús, su muerte y su resurrección, invitando a los oyentes a llegar a ser parte del reino de los cielos que Jesús proclamaba. Y entonces se detendrían para enseñar a los nuevos seguidores lo que Jesús les había enseñado a ellos acerca de qué significa este reino y cómo vivir como parte del reino: "En los primeros tres siglos de la iglesia, el pasaje bíblico más a menudo mencionado era el Sermón del Monte".7

No debería perderse de vista este aspecto de la Gran Comisión. Como diversos historiadores han señalado, aun las raíces de nuestras prácticas evangelizadoras están estrechamente vinculadas con el llamado a la justicia. A Charles Finney, un evangelista de reavivamiento de comienzos del siglo XIX, a menudo se le atribuye el desarrollo del llamado al altar. Él invitaba a los pecadores arrepentidos a venir al frente del auditorio, para aceptar a Jesús en su vida y encontrar la salvación, y a poner su firma en favor de la obra de abolir la esclavitud. "La ciudadanía en el Reino de Dios, Finney insistía, requiere lealtad al gobierno de Dios sobre y por encima de cualquier gobierno humano, incluyendo la institución legal, social y económica de la esclavitud. Los hombres y las mujeres confesaban y se arrepentían de sus pecados personales, así como también de su complicidad con el mal estructural. Y cuando se secaban las lágrimas y abrían sus ojos, Finney les ponía una pluma en sus manos y les señalaba dónde debían firmar en favor del movimiento abolicionista".8

La (co)misión de Jesús

Cuando consideramos que la Gran Comisión tiene que ver todo con Jesús, su ministerio y su compasión por nuestro mundo y su gente, y rechaza la tentación de que tenga que ver con nosotros y nuestro trabajo, tenemos que leer eso en el contexto más amplio de los evangelios y el libro de los Hechos, como un deber holístico de hacer avanzar la misión que Jesús ya estaba haciendo. Por medio de su Espíritu y su cuerpo nuevo de creyentes, continuó en el mundo después de su ascensión. Como seguidores de Jesús, procuraremos genuina, práctica, intencional y decididamente el bien de aquellos que están en nuestras comunidades y en nuestro mundo. Al hacer esto, serviremos, honraremos y proclamaremos a Jesús.

Proveeremos sanación, buscaremos justicia, romperemos las cadenas de opresión, haremos paz, y de todas estas maneras y muchas más, predicaremos las buenas noticias a los pobres. Más que meramente añadir números a la iglesia, cuando invitemos a las personas a ser discípulos de Jesús, los estaremos reclutando para esta comisión mayor, bautizándolos en la plenitud de Dios y sus buenas intenciones para la creación, iniciándolos en este Reino de los cielos, y enseñándoles a vivir como el pueblo de Dios.


Referencias

'John Stott y Christopher J. H. Wright, Christian Mission in theModem World [La misión cristiana en el mundo moderno], ed. actualizada y expandida (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2015), p. 27 2Peter H. Ballis, "Seventh-day Adventists and New Zealand Politics, 1886-1918" [Los adventistas del séptimo día y la política en Nueva Zelanda, 1886-1918] en In and Out of the World: Seventh-day Adventists in New Zealand [Dentro y fuera del mundo: Los adventistas del séptimo día en Nueva Zelanda], ed. Peter H. Ballis (New Zealand Du-namore Press, 1985), 72. 'Ballis, ibid.

4 Porciones de esta sección fueron adaptadas de Nathan Brown, "One Reason Churches

Grow" [Una razón por las que crecen las iglesias], Spectrum, 25 de setiembre de 2007.

5 Monte Sahlin, Mission in Metrópolis: The Adventist Movement in an Urban World [La

misión en las metrópolis: El movimiento adventista en un mundo urbano] (Lincoln, NE: Center for Creative Ministry, 2007), p. 116.

6 Elena ilc W'hite, El ministerio de curación (Florida, Bs. As.: 2008), p. 102.

7 David P. Gushee y Glen H. Stassen, Kingdom Ethics: FollowingJesús in Contemporary.

Context [La ética del reino: Seguir a Jesús en el contexto contemporáneo] 2* ed. (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2016), p. 89.

8 Lisa Sharon Harper, The Very Good Gospel: How Everything Wrong Can Be Made Right

[El evangelio muy bueno: Cómo todo lo malo puede corregirse] (Nueva York: Water-Brook, 2016), p. 7.