Lección 4- MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

RESEÑA

Texto clave: Esdras 5:5; Nehemías 4:20.

Enfoque del estudio: Esdras 4:4-24; 5; 6 (ver además Neh. 4; 6:1- 13 para un panorama completo); Daniel 10:12, 13, 20.


Esta lección amplía las historias de oposición que enfrentó cada grupo de repatriados mientras reconstruían el Templo, la ciudad y las murallas, primero durante el tiempo del gobernador Zorobabel; luego, de Esdras, el sacerdote; y finalmente, con el gobernador Nehemías. Aunque las historias no siempre están escritas en orden cronológico (algunas partes del libro están organizadas temáticamente), podemos reconstruir la secuencia de eventos basados en los reyes que se mencionan en cada carta y la queja contra los judíos.
A pesar de que la obra se detuvo varias veces porque el pueblo temía las amenazas de los reyes o de las naciones circundantes y perdían la fe en la protección de Dios, el Señor siempre enviaba líderes que alentaban al pueblo a construir nuevamente. A veces, pasaron varios años antes de que continuara un proyecto, pero no se abandonó indefinidamente. Dios quería que los israelitas regresaran a la Tierra Prometida y estaba con ellos a pesar de la oposición, la humillación y, a veces, la violencia contra ellos. El hecho de que algo sea difícil no significa que Dios no nos haya llamado a hacerlo. Dios le pide cosas grandes a la gente común, y luego él mismo provee lo necesario para hacer que sucedan. En Esdras y Nehemías, Dios inspiró a los líderes y a los profetas a mantenerse firmes contra la hostilidad.
Dios siempre busca gente de fe que confíe en él a pesar de las circunstancias complicadas, para que pueda intervenir en su favor y hacer su obra. Dios recompensa la colaboración, la voluntad de seguir adelante y la determinación de cumplir con su tarea encomendada.

COMENTARIO


Cronología de la obra en Esdras

Bajo las órdenes del gobernador Zorobabel

Antes de Esdras

Esdras 3 menciona la reconstrucción del altar del Templo y los cimientos, que tuvo lugar de 537 a 535 a.C. como resultado del edicto de Ciro (Esd. 1:1-2:70).
Después de una celebración inicial (Esd. 3:10-13), se abandonó la obra (Esd. 4:1-5) debido a una fuerte oposición, que comenzó alrededor de 535 a.C. y duró hasta 520 a.C. (para más detalles, ver Esd. 4:24-6:12). Esdras 4:6 describe brevemente la oposición para construir bajo el reinado de Jerjes (486-465 a.C.). Luego, en Esdras 4:7 al 23, leemos acerca de la oposición durante el reinado temprano del rey Artajerjes. Esdras incluye copias de las cartas que fueron enviadas a ambos reyes, Artajerjes y Darío. Las cartas se insertan en arameo, mientras que el resto del libro está escrito en hebreo, lo que significa que se trataba de documentos oficiales conservados en el idioma que se usaba para los documentos públicos en ese momento. (El arameo era el idioma universal en ese momento y bajo ese imperio, al igual que el inglés lo es en la actualidad.) En el año 520 a.C., luego de quince años de vigorosa oposición, el profeta Hageo animó al pueblo a seguir construyendo el Templo (lee sus cinco sermones, cortos y poderosos, en el libro de Hageo). El profeta Zacarías sumó su apoyo, lo que dio lugar a la terminación del Templo en menos de cinco años y su dedicación en marzo de 515 a.C. (Esd. 6:13-18), seguido de la celebración de la Pascua un mes después (Esd. 6:19-22).

Daniel 10:12, 13, 20

Dios preparó todo para que el pueblo de Dios pudiera reconstruir el Templo de Jerusalén después de su regreso del exilio babilónico. Él se comprometió personalmente a impedir los obstáculos y allanar el camino para esta actividad divina. Según Daniel 10, el ángel Gabriel y Miguel (otro nombre para Jesucristo) luchaban por la mente de los reyes persas, es decir, Ciro y su hijo Cambises, a fin de persuadirlos para que avanzaran en el programa de reconstrucción cuando los celosos enemigos locales de Israel incitaron a estos gobernantes a acabar con la obra de restauración del Templo. Dios estaba luchando con la mente de estos príncipes para que se inclinaran a favor de otorgarle al pueblo de Dios un lugar para adorar al Dios viviente. Es lamentable que los judíos estuvieran desanimados y dejaran de trabajar en este momento a pesar de que Dios, con su poder, estaba de su lado. La obra se reanudó cuando el profeta Hageo apareció en escena.
Esta situación también nos advierte contra la falta de fe y la cobardía en no seguir la dirección de Dios cuando él prepara una manera para que avancemos para hacer su voluntad. Sin embargo, la providencia de Dios siempre funciona mejor que nuestros mejores cálculos o planes. Pero necesitamos confiar en su conducción y seguir su dirección. Podemos estar seguros de que sus planes y orientaciones son los mejores, y que siempre tiene en mente nuestra prosperidad.

Hageo y Zacarías

Los profetas Hageo y Zacarías llegan a la escena después de quince largos años de oposición a la construcción. El pueblo se ha desanimado y deja de trabajar en la reconstrucción del Templo. Dios llamó y ordenó a estos profetas que hablaran al pueblo para inspirarlo a construir a pesar de la oposición hostil. Dios los alentó a no tener miedo. Él estaba con ellos, y su presencia los sostendría.
Dios se acercó al pueblo con la pregunta: “¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta?” (Hag. 1:4). Estudia todos los casos en que aparece la palabra “artesonado” (safun) en la Biblia en términos de proyectos de construcción, y verás algo interesante. Todos esos ejemplos están relacionados con el cedro (1 Rey. 6:9; 7:3, 7; Jer. 22:14). Por lo tanto, Dios dijo que las casas de su pueblo eran “artesonadas” (Hag. 1:4) porque no estaban hechas del material que normalmente se usa en esa región. ¿Cuál era el problema con los troncos de cedro? Originalmente, los judíos ordenaron troncos de cedro del Líbano para reconstruir el Templo. El Templo debía construirse de acuerdo con el modelo que Salomón estableció al intercalar bloques de piedra y paneles de madera de cedro. Planeaban usar los troncos de cedro para los paneles del Templo. Sin embargo, cuando la oposición los “forzó” a dejar de trabajar en el Templo, tenían madera disponible. ¿Por qué no usarla? A pesar de que utilizaron la madera destinada a su Templo para sus propias casas, Dios encontró otra solución. Los envió a las montañas para traer madera de allí y construir su casa. Dios no requiere los materiales más caros para su propia casa. Él solo quiere una casa para poder habitar con ellos.
Lo más importante es que Dios quería que su pueblo deseara que su presencia estuviera con ellos, que era el propósito del Templo. El mayor problema era la falta de compromiso de su corazón: el Templo sin terminar solamente era el síntoma de su apatía. Cuando alguien está comprometido con una tarea o con otra persona, no será detenido fácilmente por la oposición. La falta de trabajo demostraba la falta de compromiso de parte del pueblo de Dios con él.
Y, sin embargo, el ánimo por parte de Dios despertó al pueblo de su letargo y su miedo, y lo motivó a comenzar de nuevo la obra del Templo. Después de eso, no vacilaron en su trabajo. Terminaron el Templo cinco años después. A veces nos quedamos empantanados en lo mundano y la comodidad. En ese momento, lo que necesitamos es un recordatorio de lo que es importante en la vida.

Cronología de la obra en Nehemías

Nehemías 4

Sanbalat, quien junto con Tobías controlaba Samaria al norte de Judá, amenazó a Nehemías, y recurrió a la burla y el ridículo para mofarse de los judíos.
Estaba emparentado con los judíos a través del linaje del sumo sacerdote (matrimonio mediante) y, por lo tanto, podía intuir que su poder sobre la nación judía sería restringido una vez que restauraran el muro. Creía que los judíos no eran lo suficientemente fuertes, que eran inferiores y que su tarea era demasiado grande para ellos. Decía que los judíos nunca podrían reconstruir el muro. Otros gobernantes de la región se unieron a Sanbalat en un golpe político para detener a los israelitas. Los árabes estaban bajo el liderazgo de Gesem y ocupaban el territorio del sur debajo de Judá; los amonitas vivían al este, en territorio persa; y Asdod estaba al oeste de Judá. Por lo tanto, Judá estaba completamente rodeada de fuerzas hostiles. Cuando el pueblo de Israel tuvo miedo, Nehemías tomó esto como una afrenta a Dios y a la nación judía. El nombre de Dios y el nombre de Israel fueron avergonzados por los enemigos, por lo que clamó a Dios que “escuch[e]” y que “ha[ga] que sus ofensas recaigan sobre ellos mismos” (Neh. 4:4, NVI). Él no tomó represalias, sino que le pidió a Dios que tomara el asunto en sus manos. Nehemías estaba seguro de que Dios le había ordenado liderar la reconstrucción del muro, como lo demuestra la respuesta favorable del rey, así como la del pueblo de Israel. Debido a que las palabras amenazadoras de sus vecinos jugaron con su imaginación y los asustaron, Nehemías alentó al pueblo a “pele[ar]” porque Dios es “grande y temible” (Neh. 4:14, NVI), y él “peleará por nosotros” (Neh. 4:20, NVI). Nehemías reunió a los judíos, los vistió con el traje militar completo y los puso por grupos en cada hueco del muro, lo que permitió que sus enemigos los vieran. Le estaba demostrando al mundo que estaban listos para un ataque.
La estrategia funcionó; los planes de los enemigos se vieron frustrados. Se les recordó a los judíos que confiaran en Dios y que no permitieran que los enemigos humanos resultaran más grandes que su Dios. A pesar de algunas otras amenazas hacia los israelitas, continuaron construyendo hasta que el muro se terminó en apenas 52 días de trabajo (Neh. 6:15).

APLICACIÓN A LA VIDA

La modalidad de trabajar y parar, trabajar y parar vez tras vez se debió al temor de lo que la gente les pudiera hacer. Las amenazas del enemigo, los decretos de los reyes que prohibían la obra y el hecho de que eran pocos, todo conspiró para que dejaran de trabajar.