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La lectura de la Palabra

 

Como maestro de la ley de Dios, Esdras es un extraordinario modelo de lo que se necesita para un verdadero reavivamiento. Y leían claramente en el libro de la ley de Dios y explicaban su sentido , de modo que entendieran la lectura (Nehemías 8: 8). Este estudio trajo una alegría duradera y produjo una reforma equilibrada.

En el centro de la estructura literaria quiástica (una figura literaria en la que se presenta una secuencia de ideas que luego se repiten en orden inverso) de Nehemías 8 se encuentra el principio de conocer el gozo del Señor. Una comprensión correcta y significativa de las Escrituras conduce a una experiencia profunda con Dios y al conocimiento de su voluntad. Nehemías aconsejó al pueblo con estas palabras: «No estén tristes, pues el gozo del Señor es nuestra fortaleza» (Nehemías 8: 10, NVI). El pueblo del libro debe mostrarse muy alegre, llevar vidas felices y mostrar sonrisas contagiosas.

Fijémonos en el centro de la estructura literaria de Nehemías 8:

A. Se lee el libro de la ley (versículos 1-2)

B. El pueblo responde y adora al Señor (versículos 3-6) C. El pueblo entiende la lectura (versículos 7-8)

D. Este día es santo: «No lloren ni se pongan tristes» (versículo 9, NVI)

E. «El gozo del Señor es nuestra fortaleza» (versículo 10, NIV)

D. Este día es santo: «No estén tristes» (versículos 11-12)

C. El pueblo encuentra en la lectura que deben habitar en tabernáculos (versículos 13-15)

B. El pueblo responde y hace tabernáculos (versículos 16-17)

A. Se lee el libro de la ley (versículo 18)

La interpretación de las Escrituras

El llamado a volver a las Escrituras en Nehemías plantea una pregunta importante. ¿Cómo se puede leer la Biblia de una manera que garantice que entenderemos la Palabra de Dios? ¿Necesitamos fórmulas para interpretar las Escrituras o su significado surge de manera natural?

El simple hecho de citar la Biblia no viene a ser una clase bíblica. Si alguien utiliza versículos de la Biblia para apoyar una determinada posición teológica, no significa necesariamente que está defendiendo la verdad bíblica o que sus afirmaciones son bíblicamente sólidas. La postura que aboga por la tortura eterna de los malvados en el infierno, por ejemplo, apela a la Biblia como la autoridad final, pero con resultados desastrosos. La dirección divina es indispensable cuando buscamos comprensión.

Desafortunadamente, la Biblia se usa para enseñar ideas contrarias a lo que dice el texto. Pasajes de las Escrituras se citan para justificar el rechazo al sábado y adorar en domingo, así como para desacreditar la validez de las regulaciones de los alimentos limpios e inmundos. Diversos versículos se escogen cuidadosamente para apoyar la creencia en la inmortalidad del alma. Elena G. de White advierte: «Es verdad que muchas teorías y doctrinas que se consideran generalmente derivadas de la Biblia no tienen fundamento en lo que ella enseña, y en realidad contrarían todo el tenor de la inspiración» (El camino a Cristo, cap. 12, p. 163).

Estos desafíos deben llevar a cada estudiante de la Biblia a tener siempre presentes las reglas eficazmente probadas de interpretación bíblica. Es de carácter fundamental que armemos argumentos en base a una hermenéutica cimentada en principios y reglas interpretativas coherentes. La utilización de este método generará un sistema de verdades sólidas y defendibles.

Estamos interpretando las palabras de una Biblia santa, aunque muy antigua, de la cual nos separa una barrera de tiempo y distancia. Hoy usamos un idioma diferente y vivimos en una sociedad diferente. Nuestros pensamientos, hábitos, costumbres y cosmovisión son drásticamente diferentes a los que encontramos en el contexto de las Escrituras.

Incluso en la misma época de Jesús era un desafío interpretar y entender correctamente la Biblia. Los discípulos de Jesús se sabían de memoria muchos pasajes bíblicos, pero no entendieron que las Escrituras hebreas testificaban sobre el Mesías, el Hombre que estaba en medio de ellos. «Ustedes estudian las Escrituras con mucho cuidado, porque esperan encontrar en ellas la vida eterna; sin embargo, aunque las Escrituras dan testimonio de mí, ustedes no quieren venir a mí para tener esa vida» (Juan 5: 39-40, DHH). El domingo de la resurrección, a dos discípulos en el camino a Emaús les tocaba entender el papel y la misión del Mesías, así que Jesús les explicó la enseñanza del Antiguo Testamento: «Y comenzando desde Moisés y todos los Profetas, les interpretaba en todas las Escrituras lo que decían de él» (Lucas 24: 27, RVA15). La correcta comprensión de la Biblia nos permite saber quién es Jesús. La palabra clave aquí es «interpretaba» (diermeneuo). Este término nos señala la disciplina de la hermenéutica, la ciencia y el arte de interpretar el texto sagrado.

Pablo alude a la hermenéutica cuando habla sobre la predicación de la Palabra de Dios: «¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?» (Romanos 10: 14). Además, el eunuco etíope respondió a la pregunta del evangelista Felipe: «¿Entiendes lo que estás leyendo?», diciéndole: «¿Y cómo puedo entenderlo, a menos que alguien me explique?» (Hechos 8: 30-31, NTV). El verbo «explicar» es una traducción de la palabra griega hodegeo, que significa «guiar», «dirigir», «explicar», «enseñar» o «instruir».

Juan también alude a la idea de interpretación cuando habla sobre el ministerio de Jesús. «A Dios nadie lo ha visto jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él lo ha dado a conocer» (Juan 1: 18). La frase «lo ha dado a conocer» es una traducción de la palabra griega exege-sato, que significa «hacer exégesis», «explicar». Jesucristo hizo exégesis del carácter de Dios para la humanidad, mostrando con precisión quién es él, sin ninguna distorsión. Representó a Dios en su persona y enseñanza.

Este breve resumen deja claro que hay una necesidad urgente de una hermenéutica adecuada, principios que gobiernan la interpretación del texto bíblico. Establecer estos principios es crucial para lograr entender con precisión el significado de las Escrituras.

El método de interpretación adventista

Lo que sigue es un breve estudio sobre los principios hermenéuticos que rigen el método de interpretación adventista. El objetivo es establecer un patrón de pensamiento bíblico-teológico; un esquema que indique cómo abordar e interpretar cualquier tema de la Biblia.

Como adventistas del séptimo día, seguimos el método histórico-gramatical-teológico de interpretación de las Escrituras (un método de interpretación bíblica que busca determinar el significado original que los autores bíblicos pretendieron darle al texto). A continuación, se presentan diez principios interpretativos importantes que deben guiar todo estudio de la Biblia:

1. Orar de manera sincera. Debemos orar para que el Señor nos dé la comprensión correcta de su Palabra. Este es nuestro primer trabajo cuando abrimos la Biblia y buscamos conocer la Palabra de Dios. Necesitamos pedir un corazón puro, el Espíritu Santo y sabiduría (Salmo 51: 10; Juan 14: 26; Santiago 1: 5) para poder ser guiados por el mismo Espíritu que inspiró la escritura de la Biblia (2 Timoteo 3: 15-17; 2 Pedro 1: 20-21).

2. Leer, releer y memorizar el texto bíblico. Debemos recordar que cada traducción de la Biblia ya es una interpretación. Si no podemos leer los idiomas bíblicos originales, entonces no debemos depender de una sola versión. Resulta muy útil ampliar nuestra lectura para incluir diferentes traducciones de la Biblia. Esto nos ayudará a obtener una comprensión más profunda y precisa del texto.

3. Estudiar el marco histórico de la Biblia. Utilicemos las siguientes preguntas: 1) «¿Quién escribió el texto?»; 2) «¿Cuándo fue escrito?» (conocer la fecha en que fue escrito ayudará a identificar las diferentes etapas del gran conflicto y el plan de salvación, así como los hábitos, la cultura, el idioma, la gente, la geografía, los alimentos, las costumbres y la literatura de ese tiempo particular); 3) «¿Dónde fue escrito?» (la ubicación geográfica es importante); 4) «¿Para quién fue escrito?» (la identificación de la audiencia facilita la comprensión del problema); 5) «¿Por qué?» (trazar un mapa del problema para conocer la pregunta o el asunto que yace detrás del texto, su propósito y su intención, ayudan en el proceso de interpretación); 6) «¿Qué?» (es esencial resumir las ideas principales); y 7) «¿Y entonces qué?» (es decir, ¿qué diferencia marca?). Use marcadores de diferentes colores para subrayar los diversos detalles en el texto.

4. Estudiar cuidadosamente el contexto de cada versículo o pasaje. Este es el principal principio de toda interpretación. Establezca el contexto inmediato y más amplio para determinar el propósito y la intención del texto, así como las ideas principales. Es fácil sacar la declaración bíblica de contexto y luego, por supuesto, retorcer el texto para que se ajuste a lo que sea que el intérprete quiera decir.

5. Identificar la estructura literaria. La estructura nos ayudará a identificar los pensamientos principales, ver el flujo de ideas y en qué hace hincapié el autor para descubrir el propósito del texto. Por ejemplo, al comienzo de este capítulo, vimos que la estructura literaria quiástica de Nehemías 8 enfoca la atención en la idea central del pasaje: «El gozo del Señor proviene de la comprensión de su ley».

6. Estudiar cuidadosamente la gramática y la sintaxis de cada versículo. Esto significa que es necesario estudiar el significado de las palabras individuales, las combinaciones de palabras, las expresiones y oraciones, las conexiones dentro del pasaje y las oraciones y su sintaxis. Este proceso incluye el estudio de las palabras clave, del vocabulario único, de la frecuencia, de la sintaxis, de los sonidos, de los patrones, de la trama, de las ideas principales, de los juegos de palabras, de los conceptos, de las ideas, de las alusiones, de las características específicas, de las repeticiones, de los paralelos, de las inclusiones, del ritmo, de los acentos, y de la retórica.

7. Establecer claramente el propósito y la intención del texto.

¿Por qué el autor registró lo que dijo? ¿Qué quiso Dios comunicar a los humanos a través del material bíblico?

8. Identificar el género literario. Es importante establecer, sobre la base del texto, la naturaleza de la literatura que estamos estudiando. ¿Se trata de profecía clásica, poesía, parábola, narrativa, alegoría, canto, ley, historia, genealogía, oración, biografía, ironía o profecía apocalíptica? Cada una de estas categorías requiere herramientas de interpretación únicas, ya que representan diferentes tipos de literatura bíblica. Por ejemplo, una parábola es un texto literario diferente a una oración o a una profecía. La correcta comprensión de cada género exige un método distinto (vea La lectura eficaz de la Biblia, de Gordon Fee y Douglas Stuart).

9. Participar en la intertextualidad. Es importante investigar cómo se usa el texto bíblico escogido en el resto del Antiguo Testamento, así como también en el Nuevo Testamento. Esta lectura amplia de las Escrituras conduce a una comprensión equilibrada de la verdad.

10. Descubrir la teología. Al unir todas las piezas del rompecabezas se creará la imagen general del pasaje, un mosaico que expresará una imagen asombrosa. Una vez que armamos todas las piezas, debemos hacernos dos preguntas básicas. Primero, ¿qué tipo de imagen presenta el pasaje bíblico sobre Dios, la humanidad, el pecado, el mundo y la redención? Segundo, ¿cómo encaja en el tema del gran conflicto, el plan de redención y la historia general (o metanarrati-va) de la Biblia?

Cómo evitar los peligros interpretativos

Como ocurre con cualquier disciplina, hay trampas que se deben evitar. Los siguientes son algunos peligros que debemos tener en cuenta.

La selectividad. La selectividad consiste en la práctica de elegir solo textos que se ajusten a nuestro propio constructo interpretativo. Por ejemplo, la identificación rabínica del Mesías en el tiempo de Jesús se enfocó en el Rey justo (Isaías 11) que gobernaría justamente y sometería a todos sus enemigos. Israel ignoró completamente otra figura me-siánica, a saber, el Siervo sufriente o el Siervo del Señór de Isaías 53. Cuando Jesucristo vino como el Siervo sufriente, Israel lo rechazó porque no encajaba en su categoría interpretativa. Qué tragedia, ¡y todo debido a una mala interpretación de las Escrituras!

La vida nos desafía constantemente con problemas complejos y difíciles. Debemos tener cuidado al interpretar los pasajes bíblicos, porque la verdad a la que llegamos influirá en nuestra comprensión de otros pasajes de las Escrituras.

La inconsecuencia. La inconsecuencia está estrechamente relacionada con la selectividad, debido a que ocurre cuando no se logra mantener la interpretación de forma lógica. Por ejemplo, no podemos hablar sobre el silencio de las mujeres durante la adoración en la iglesia (1 Corintios 14: 34-35; 1 Timoteo 2: 11-12) sin tratar otros temas estrechamente relacionados, como la advertencia a las mujeres de que deben cubrir su cabeza (1 Corintios 11: 5-6, 13) y su obligación de llevar el cabello largo (1 Corintios 11: 6). Al parecer, Pablo no esgrime diferentes razones para defender estas tres prácticas, sino que aboga por todas en relación con el orden de la creación (1 Corintios 11: 3-16; 14: 34; 1 Timoteo 2: 11-15). Por lo tanto, tendríamos que blandir muy buenas razones para aislar 1 Timoteo 2: 11-12, que está relacionado con el silencio de las mujeres y, al mismo tiempo, ignorar las instrucciones sobre la longitud del cabello de las mujeres o el uso del velo sobre sus cabezas. En términos generales, la iglesia de hoy alienta a las mujeres a formar parte del liderazgo en escuelas e iglesias. Son obreras bíblicas, predicadoras, ancianas de iglesia, diaconisas y maestras de Escuela Sabática. No tienen que quedarse calladas en la iglesia. Cantan, oran, hacen anuncios, enseñan y predican.
Procuremos ser consecuentes. Este principio clave nos ayudará a lograr una correcta interpretación y puesta en práctica de la enseñanza bíblica.
La eiségesis. La eiségesis consiste en imponer sobre el texto bíblico un significado diferente al sentido general que este ofrece. Se introducen ideas ajenas en el significado del pasaje sin un apoyo sustancial o evidencia textual. Esta imposición ignora el marco histórico, el público al que estaba dirigido el texto y el contexto inmediato y más amplio del pasaje, distorsionando la intención del autor y la verdad que pretende comunicar.
Por ejemplo, la Biblia testifica que tanto el hombre como la mujer fueron creados a imagen de Dios (Génesis 1: 26-27). En base a esto, hay a quienes aseguran que Adán y Eva fueron creados con diferentes funciones (aparte de las fisiológicas, que son la base de nuestra sexualidad), de una manera análoga a la forma en que piensan que funciona la Trinidad. Argumentan erróneamente que cada integrante de la Divinidad tiene funciones separadas: una Persona de la Deidad no puede hacer lo que otra Persona está haciendo, por lo que el Hijo y el Espíritu deben someterse a la voluntad del Padre. Por lo tanto, afirman que las mujeres tienen funciones diferentes a las de los hombres, y deben someterse a la autoridad de los hombres ya que este era el plan original de Dios, incluso antes de que el pecado entrara en el mundo.

Estos intérpretes se equivocan al crear a Dios a imagen de los seres humanos, planteando con esto problemas para comprender tanto las relaciones humanas como al Dios trino. En realidad, la Biblia describe el papel principal de Dios en su conjunto como Creador, y las tres Personas (el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo) desempeñando el papel de Creadores en igualdad de funciones (Génesis 1: 1-2; Job 26: 13; 33: 4; Salmo 104: 30; Juan 1: 1-3; Colosenses 1: 16-17). Esta igualdad también se comparte en las relaciones humanas. No podemos proyectar nuestros propios deseos o ideas sobre el texto bíblico y su mensaje general.

La salvaguarda en contra del engaño

Recordemos que un conocimiento cabal de las Escrituras es la mejor protección contra el engaño, las falsas enseñanzas y el fanatismo. Para conocer al Señor a través de su Palabra debemos acudir a él con frecuencia. Dios alentó a Josué a estudiar diariamente la revelación de Dios: «Estudia constantemente este libro de instrucción. Medita en él de día y de noche para asegurarte de obedecer todo lo que allí está escrito. Solamente entonces prosperarás y te irá bien en todo lo que hagas» (Josué 1: 8, NTV). El Salmo 1 se deleita en laTorá de Dios, así como en la importancia de reflexionar en la Palabra del Señor cada día:

«Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado, sino que en la ley de Jehová está su delicia y en su Ley medita de día y de noche» (Salmo 1:1).

Resulta interesante que tanto Esdras como Nehemías son descritos en el libro de Nehemías como estudiando la Ley de Dios con los israelitas (Nehemías 8: 9). Ellos dirigieron activamente al pueblo en el estudio de la Palabra de Dios. Entendieron el poder de adentrarse en la Palabra de Dios y el efecto que esto produce en la vida de las personas y en su relación con Dios.

Ahora es un momento maravilloso para seguir los grandes ejemplos de Esdras y Nehemías. Por la gracia de Dios, podemos organizar nuestra vida en virtud de esta prioridad: el estudio diario de la Palabra de Dios. Sería espléndido si el cielo pudiera escribir esta línea sobre nosotros: «Así que el pueblo se fue [...] a celebrar con gran alegría porque habían oído y entendido las palabras de Dios» (Nehemías 8: 12, NTV).