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Juicios, tribulaciones y listas

Un fenómeno que sorprende a muchos son las numerosas listas incluidas en los libros de Esdras y Nehemías. Algunas listas incluyen objetos, otras enumeran categorías de personas y algunas vasijas del templo. He aquí un resumen de las diferentes listas:

• El inventario de los objetos tomados del templo en Jerusalén por el famoso rey babilónico Nabucodonosor (Esdras 1:9-11). Cuando las cifras mencionadas se suman, da 2,499 en vez de 5,400, por lo que es probable que solo se enumeren los objetos más valiosos y más grandes. A los israelitas se les permitió llevarlos de regreso a Jerusalén en el 537 a. C., al mando de Ciro, el rey medo-persa que conquistó Babilonia y liberó a los judíos.

• La lista de los exiliados que regresaron del cautiverio babilónico bajo el liderazgo de Zorobabel, el gobernador, y Josué, el sumo sacerdote, los cuales llegaron a Jerusalén cerca del 537 a. C. (Esdras 2: 1-70; ver también la lista paralela de Nehemías 7: 6-73). Esta lista menciona a los sacerdotes, los levitas, los cantantes, los porteros y los sirvientes del templo, así como al resto de los israelitas, una multitud de cerca de cincuenta mil personas. Curiosamente, la lista también contiene la cantidad de animales que los judíos llevaron con ellos desde Babilonia hasta Jerusalén (Esdras 2: 66-67). Además, se mencionan sus ofrendas monetarias (Esdras 2: 69).

• El recuento de diferentes decretos reales que fueron emitidos por Ciro (Esdras 1: 1-4), Darío (Esdras 6: 1-12) y Artajerjes (Esdras 4: 17-23; 7: 11-26), así como las cartas gubernamentales de los funcionarios del territorio al occidente del río Éufrates (Esdras 4: 7-16; 5: 6-17).

• La lista de los jefes de familia que regresaron con Esdras (Esdras 8: 1 -14) y la lista de los sacerdotes, levitas y siervos del templo de ese tiempo (Esdras 8: 15-20). El grupo de Esdras regresó ochenta años después del regreso de Zorobabel, en el 457 a. C. Además, se incluye la lista de donaciones para el templo (Esdras 8: 26-27). El grupo que regresó con Esdras era de 5,000 a 6,000 personas, incluyendo mujeres y niños. Por lo tanto, la caravana de Esdras tenía una décima parte del tamaño de la de Zorobabel.

• La lista de las personas que eran culpables de matrimonios mixtos (Esdras 10: 18-44). Esta lista contiene 111 nombres en total. Es un porcentaje relativamente pequeño de todos los que vivían en Judea, pero muy influyente porque había sacerdotes entre los culpables.

• La lista de constructores de partes específicas del muro de Jerusalén (Nehemías 3: 1-32). Este es uno de los capítulos más importantes de la Biblia hebrea debido a la descripción de la topografía de Jerusalén. La descripción comienza con la Puerta de las ovejas y va recorriendo el muro en el sentido contrario a las agujas del reloj. Las diez puertas se llaman: 1) la Puerta de las Ovejas, 2) la Puerta del Pescado, 3) la Puerta Vieja, 4) la Puerta del Valle, 5) la Puerta del Muladar, 6) la Puerta de la Fuente, 7) la Puerta de las Aguas, 8) la Puerta de Caballos, 9) la Puerta Oriental, y 10) la Puerta del Juicio. Se nombran unos cuarenta hombres que trabajaron en la reparación del muro en aproximadamente cuarenta y cinco secciones.

• La lista de los exiliados que regresaron con Zorobabel y Josué se menciona una vez más (Nehemías 7: 6-73; ver también Esdras 2: 1-70), incluida la lista de animales y la contribución financiera de los exiliados al trabajo relacionado con el santuario.

• La lista de ochenta y cuatro funcionarios (líderes, levitas y sacerdotes) que colocaron sus sellos en el pacto para seguir fielmente al Señor y atender sus instrucciones en apoyo a los matrimonios legítimos; la observancia del sábado; el diezmo y el cuidado del templo; sus servicios y su personal (Nehemías 10: 1-39).

• La lista de los primeros residentes de Jerusalén después de su regreso de Babilonia (Nehemías 11: 3-19; y 1 Crónicas 9: 2-21). Este asentamiento fue importante e implicó un cambio significativo en el estilo de vida, ya que estas personas pasaron de un entorno rural y agrícola a la vida urbana.

• La lista de los sacerdotes y levitas que regresaron con Zorobabel y Josué (Nehemías 12: 1-26). Este grupo garantizaba que la verdadera adoración continuaría en la casa del Señor en Jerusalén. Fueron capacitados para garantizar que los servicios del templo y todo lo relacionado con el templo fuera atendido adecuadamente.

A las listas anteriores podemos agregar la genealogía de Esdras, el hijo de Seraía. El texto bíblico nombra a todos sus antepasados y se vuelve bastante largo porque se remonta a la época del Éxodo: Azarías, Hilcías, Salum, Sadoc, Ahitob, Amarías, Azarías, Meraiot, Zeraías, Uzi, Buqui, Abisúa, Finees, Eleazar, y Aarón (aparentemente, esta genealogía no era necesaria para establecer la identidad de Nehemías, porque su papel como gobernador era más político que religioso).

Esdras representa la decimosexta generación desde Aarón. El propósito de incluir su genealogía es obvio: el narrador quiere asegurarse de que todos sepan que su línea sacerdotal se remonta a Aarón, el primer sumo sacerdote de Israel y hermano de Moisés. En esta genealogía se encuentra su primera autoridad: Dios lo ha elegido para ser sacerdote. Pero más allá de la genealogía, demuestra que Esdras es un hombre distinguido porque «había preparado su corazón para estudiar la ley de lehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos» (Esdras 7: 10). Era un hombre íntegro, un sacerdote, un escriba y un maestro. El Señor estaba presente en su vida, demostrando que Esdras era el instrumento bendito de Dios. «La bondadosa mano del Señor su Dios estaba sobre él» (Esdras 7: 6, NTV).

La historia de Esdras demuestra, sin lugar a dudas, que él fue el canal que Dios utilizó, no solo para traer al pueblo de Babilonia a Jerusalén, sino también para ayudarlos a conocer a su Dios y sus enseñanzas a través de un estudio e interpretación cuidadosos de las Escrituras. Este estudio provocó un gran reavivamiento y reforma en el pueblo de Israel (ver Esdras 7-10; Nehemías 8).

¿Cuál era el propósito?

¿Para qué aparecen estas listas en la Palabra inspirada? ¿Cuál es su propósito? ¿Qué lecciones enseñan? Aunque parece innecesario, un examen detallado muestra que las listas aportan un significado más profundo al hilo de la historia:

1. Tal vez nos aburren estas listas y nos preguntamos por qué aparecen en la Biblia. ¡Tantos nombres y números! ¿A quién le importa? Bueno, a Dios le importa. Él se preocupa por las personas, los animales, e incluso las cosas. Él siempre está a favor de su pueblo y quiere que prospere. No es de extrañar que Jesús explicara que Dios se preocupa por todos y por todo, incluyendo los pájaros, la hierba y hasta nuestro cabello (Mateo 6: 25-34; 10: 30). Él dijo: «Pero no se perderá ni un cabello de su cabeza» (Lucas 21: 18, DHH). La compasión de Dios hacia los animales se cita como una de las razones por las que Dios no destruyó a Nínive (Jonás 4: 11).

2. Dios es muy detallista. Es por ello que se mencionan diferentes categorías de personas (sacerdotes, levitas, guardianes y cantantes), animales (caballos, camellos, burros y muías), vasijas y dinero. Se cuenta la contribución monetaria, se revela el material de las embarcaciones, se enumeran los animales y se especifica la gente. Esta atención al detalle es ejemplar. Todo está bajo el escrutinio de Dios.

3. Dios lo sabe todo. Él conoce a las personas por sus nombres, dónde viven, cuándo viven, qué hacen y cómo actúan. Podemos estar seguros de que Dios conoce a cada persona a fondo. En el libro de Apocalipsis, Juan declara que Dios conoce a las siete iglesias y a todos los individuos de cada congregación (Apocalipsis 2-3).

4. Dios es el Señor de la historia. No, él todavía no está en control total; sin embargo, él está a cargo (ver Daniel 2) y está llevando la historia a su climax: la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo. El cumplimiento de la profecía de Dios es nuestra seguridad de que él vendrá nuevamente para establecer su reino (Daniel 7: 22, 26-27; 9: 24-27).

5. Estas listas nos aseguran la continuidad de la comunidad de la fe. Hay problemas y obstáculos que pueden complicar tremendamente la vida de los fieles de Dios, pero no pueden destruir a la familia de Dios. Diosy su pueblo finalmente triunfarán (Daniel 2: 44-45; Apocalipsis 17: 14).

6. Las listas de decretos reales a favor del pueblo de Dios revelan cómo Dios trabaja con los reyes y los gobiernos para llevar el curso de la historia en la dirección correcta. Dios interviene a favor de su pueblo para que sus propósitos se puedan cumplir, y él nunca falla. Incluso el poderoso Faraón tuvo que capitular (Éxodo 5-12). La profecía específica de setenta semanas en Daniel 9 y la profecía de las 2,300 tardes y mañanas se cumplieron exactamente como se predijo (Daniel 8: 14; 9: 24-27).

7. Dios siempre preservó a su remanente fiel para asegurar la continuación de su pueblo y cumplir su palabra con respecto a la Simiente prometida de Génesis 3: 15. El enemigo de nuestra salvación se esforzó por destruir al pueblo de Dios, seduciéndolo para que se convirtiera a la apostasía, pero Dios tenía un remanente fiel para que el Mesías pudiera nacer de una familia consagrada. Pablo declara correctamente: «Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos» (Gálatas 4: 4-5).

Cómo funciona la inspiración

Resulta interesante que Esdras usó material original de los archivos persas para describir la historia del pueblo de Dios después del cautiverio babilónico. Podríamos catalogarlo como historia sagrada a pesar de que usó edictos seculares. No se nos dice que Esdras y Nehemías recibieron visiones y sueños (a diferencia de Daniel o Ezequiel), sin embargo, fueron sin lugar a dudas dirigidos por Dios. Fueron guiados por su Palabra y su Espíritu. Aunque no hicieron milagros, fueron los catalizadores para una renovación de la comunión con Dios y para vivir de acuerdo a su voluntad. Su experiencia fue similar a las de José en Egipto y Juan el Bautista. Se enfocaron en llevar a cabo fielmente el ministerio para Dios, dejando los resultados a él.

Es así como funciona la inspiración: Dios guio a Esdras a elegir material histórico secular para demostrar que él es el que dirige los acontecimientos y la historia, a pesar de las luchas y los desvíos de la humanidad. De esta manera, Esdras conservó en la memoria del pueblo los actos portentosos de Dios. Lucas escribió de la misma manera su Evangelio, a pesar de que no fue testigo ocular de los acontecimientos. Bajo la inspiración del Espíritu Santo, él sabía qué narrativas usar como recursos, qué seleccionar y qué excluir (ver Lucas 1: 1-4). Dios llevó a los escritores bíblicos a codificar la mano de Dios en la historia para evitar que la humanidad perdiera completamente de vista su plan de redención. Las Escrituras sostuvieron y reforzaron la memoria del pueblo de Dios, manteniéndola fresca delante de ellos para que pudieran discernir los prodigios de Dios en el pasado.

Desafortunadamente, el pueblo de Dios tiene un viejo problema de memoria, que lo hace olvidarse de lo que Dios ha hecho en el pasado, de lo que está haciendo en el presente y de lo que hará en el futuro. Los levitas lamentaron el desconocimiento de las intervenciones y la dirección divina, lo que los llevó a su caída. Dijeron: «No quisieron oír, ni se acordaron de las maravillas que con ellos hiciste» (Nehemías 9: 17).

Olvidar la dirección de Dios en el pasado es una vía segura al pecado. El pueblo de Dios se olvidó de lo bondadoso que él fue con ellos. Su memoria fallida no registró sus actos portentosos, y se rebelaron contra él. Por eso Nehemías advirtió a los nobles, a los funcionarios y al resto de la gente: «No les tengan miedo. Recuerden que el Señor es grande y terrible, y luchen» (Nehemías 4: 14, DHH).

En este sentido, es reconfortante comparar a Esdras y Nehemías con el libro de Deuteronomio y ver que el pueblo en el tiempo de Esdras y Nehemías recordó la dirección de Dios. Una de las palabras clave en Deuteronomio es el término shakak («olvidar», que aparece trece veces; ver Deuteronomio 4: 9, 23, 31; 6: 12; 8: 11, 14, 19; 9: 7; 25: 19; 26: 13; 31: 21; 32: 18; y en una ocasión se usa en el sentido de olvidar o pasar por alto una gavilla, en 24: 19). El pecado del pueblo de Dios consistió en olvidar al Señor, su pacto, sus mandamientos y la forma en que él los había guiado en el pasado.

Recordar (zakor en hebreo) los caminos de Dios, su bondad y su li-derazgo es lo opuesto a olvidar. La palabra «recordar» aparece quince veces en el libro (Deuteronomio 5: 15; 7: 18; 8: 2, 18; 9: 7, 27; 15: 15; 16: 3, 12; 24: 9, 18, 22; 25: 17; 32: 7). Por eso fue que Moisés recordó cómo Dios los había dirigido en el pasado (Deuteronomio 1-4) y los amonestó a permanecer fieles al Señor, a saber, a mantener el pacto en la tierra nueva. Les recordó la fidelidad de Dios, su amor y cómo deben responderle de manera fiel.

En Deuteronomio, el corpus de la ley de Dios se detalla cuidadosamente en los capítulos 5 al 26. Le sigue un inaplazable llamado a la fidelidad en forma de bendiciones y maldiciones (capítulos 27-30). Para evitar el olvido, Israel necesitaba escuchar rutinariamente la Palabra de Dios (Deuteronomio 4: 1; 5: 1; 6: 4; 9: 1) y guardarla (Deuteronomio 4: 2, 40; 5: 10, 29; 6: 25; 8: 1).

Esta insistencia en no olvidar nos revela la preocupación de Dios en entablar una relación significativa con su pueblo. Él anhela un compañerismo cercano con nosotros. Los libros de Esdras y Nehemías aluden a esta cercanía cuando los dos líderes hablan sobre su Señor. Él es «el Señor su Dios» (Nehemías 8: 9; 9: 5, NTV), «el Señor [mi] Dios» (Esdras 7: 6, 28; 9: 5, NTV), «el Señor nuestro [su] Dios» (Esdras 9: 8; Nehemías 9: 3-4; 10: 34, NTV), y «el Señor, Dios de nuestros antepasados» (Esdras 7: 27; 10: 11, NVI). Este Dios es «el Señor, el gran Dios» (Nehemías 8: 6, NV1), «el Señor Dios» (Nehemías 9: 7. NTV), «el Señor, el Dios de Israel» (Esdras 1: 3; 4: 1, 3; 6: 21; 7: 6; 9: 15, NVI), y «el Señor, el Dios del cielo» (Esdras 1: 2; Nehemías 1: 5, NVI).

Sí, a Dios le importan sus hijos. Él se preocupa por los detalles de sus vidas. Él anhela estar cerca de ellos. El gozo de la dirección de Dios fue la fortaleza de Israel, y «el gozo del Señor es nuestra fortaleza» (Nehemías 8: 10, NVI) hoy.