Capítulo 11

DE LA BATALLA A LA VICTORIA

 


Daniel 10 abre una ventana a lo que pasa detrás del escenario del gran conflicto entre el bien y el mal. Muestra que, detrás de la cortina de la realidad visible, ruge una guerra cósmica y espiritual que rebasa los conflictos geopolíticos de Daniel 11. Aunque este caos parece decidido por los caprichos de los potentados humanos, tal conflicto es, sencillamente, la manifestación terrenal de una batalla cósmica entre Dios y las fuerzas del mal. Afortunadamente, el resultado de esta guerra cósmica ya ha sido decidido en el Calvario, donde Jesús asestó un golpe mortal a los poderes de las tinieblas (Col. 2:9-15; i Ped. 3:18-22).

Antes de sumergirnos en los detalles específicos de Daniel 10, debemos notar lo siguiente. Primero, este capitulo actúa como un epílogo de la última profecía, que predice una gran guerra (Dan. 11-12:1-4) con implicaciones cósmicas, entre el rey del norte y el rey del sur. Con el tiempo, la guerra culmina con la destrucción del enemigo de Dios (Dan. 11:45) y el surgimiento de Miguel (Dan. 12:1-4). Un epílogo concluye la visión y el libro entero (Dan. 12:5-13)

Segundo, el tiempo de la última visión en el tercer año de Ciro (Dan. 10:1) indica que han transcurrido setenta años desde que Nabucodonosor trajo los primeros cautivos y las vasijas del Templo a Babilonia, en el tercer año de Joacim (Dan. 1:1). Mientras que la primera nota cronológica menciona un rey derrotado, la última presenta un gobernante victorioso. Tercero, a diferencia de la visión previa, que el profeta no podía comprender (Dan. 8:27), Daniel entiende esta. Esto se refiere probablemente al propósito principal de la visión, que afirma que el pueblo de Dios será victorioso.

Al desarrollarse este capítulo y preparar el escenario para la gran guerra que sigue, tres temas interrelaciona-dos merecen consideración: la motivación para la aflicción espiritual de Daniel, la aparición del guerrero divino y la gran guerra anunciada al profeta.

Aflicción espiritual

El texto bíblico no proporciona ninguna información con respecto a la causa de las tres semanas de aflicción, pero los eventos que ocurrían entre los judíos en Jeru-salén en ese tiempo pueden ofrecer una pista. Dado el decreto de Ciro, un grupo de judíos había regresado a su tierra. Bajo el liderazgo de Zorobabel, comenzaron a preparar el terreno para la reconstrucción del Templo. Poco después de que el altar estuvo en su lugar, y comenzaron los sacrificios, los samaritanos ofrecieron su ayuda. Pero, por causa de la religión sincretista de los samaritanos, los judíos rechazaron su ayuda. Ellos no querían interactuar con personas involucradas en la idolatría, ni el riesgo de caer de nuevo en los pecados que habían sido la causa de su exilio. Como resultado, surgió una profunda hostilidad entre los judíos y los samaritanos.

Esdras 4:4 y 5 resume la reacción de los samaritanos: "Entonces la gente del país intimidó al pueblo de Judá y lo atemorizó para que no siguiera edificando. Sobornaron