Capitulo 13

DEL POLVO A LAS ESTRELLAS


Daniel 1 informa que Nabucodonosor llevó cautivos a Babilonia, pero Daniel 12 pinta a Miguel levantándose para librar al pueblo de Dios de la Babilonia espiritual. En cada una de las narraciones y las profecías de Daniel, el fin llega con la derrota de los enemigos de Dios. Ya sea Belsasar, los conspiradores en la corte de Darío, el cuerno pequeño o el rey del norte, todos son destruidos. Daniel 12 reafirma esta verdad y presenta algo nuevo: la muerte misma será eliminada. Pero, hasta que amanezca ese día grande y glorioso, habrá un tiempo de espera, de dificultades y de persecución brutal. Justo cuando los poderes del mal parezcan prevalecer, Miguel se levantará para vindicar a su pueblo y asestar un golpe mortal al enemigo.

Al estudiar Daniel 12, es útil recordar que este capítulo corresponde a la visión final, que consta de un prólogo (Dan. 10), la visión propiamente dicha (Dan. 11:1-12:4) y un epílogo (12:5-13). Daniel 12 no solo concluye la última visión sino también el libro entero, y explora tres temas principales: el levantamiento de Miguel, la esperanza de la resurrección y él tiempo de espera que se anuncia en la visión.

El levantarse de Miguel

Aunque se lo menciona por nombre por primera vez en Daniel 10:13, Miguel emerge como el protagonista más importante en las secciones narrativas y proféticas de Daniel.

Por lo tanto, Miguel es nada menos que el Hijo de Dios anterior a su encarnación (Jud. 9; Apoc. 12:7; ver el análisis en Dan. 10). Una reflexión adicional sobre este personaje glorioso revela tres características de Miguel:

Primera, él "se levantará" (amad) (Dan. 12:1). En contextos militares, el verbo significa "tomar una posición" o "formarse".1 De este modo, el término corresponde al vocabulario bélico2 y aparece varias veces en Daniel 11. Varios gobernantes "se levantaron" uno detrás del otro para librar guerras contra un adversario y llegar a ser el nuevo rey en el contexto histórico, geopolítico o religioso descrito en la profecía (Dan. 11:2, 3, 4, 7, 8,14,16, 20; ver también 8:3,6,22,23,25).3

Miguel "se levanta" como el rey final y definitivo, que vence al poder previo (ver Dan. 11:45) y se establece como el rey del nuevo orden cósmico. La victoria final de Miguel al final empalidece la pasajera victoria de Nabucodonosor del comienzo. Jerusalén eclipsa a Babilonia. La ciudad que perdió al comienzo llega a ser la vencedora y, al final, la ciudad que previamente ganó desaparece para siempre. Y ahora, "el gobernante del cielo tomará el poder, y establecerá un tipo de reino muy diferente, uno que está gobernado por los principios de la justicia".4

Segundo, él es el "gran príncipe" (sar) (vers. i). Entre otros usos, la palabra "príncipe" puede designar a un gobernante o "comandante en jefe (i Crón. 11:6, NVI)".5 En la visión que se le mostró a Josué poco antes de la conquista de Jericó, el ser celestial que apareció -muy probablemente Cristo antes de la Encarnación- se presentó como "comandante [sar] del ejército del Señor" (Jos. 11:13-15). Además, un sinónimo de esta palabra (nagíd) se aplica al Mesías (Dan. 9:25). Pero, en adición a la connotación militar, debe notarse que el término "príncipe" también aparece como un término "técnico para el sumo sacerdote de Israel" (ver 1 Crón. 15:22; Esd. 8:24; Dan. 10:5).6 Este hecho será relevante para el análisis del punto tres, más abajo.

De este modo, la designación de Miguel como "príncipe" ciertamente tiene connotaciones militares y reales, como lo transmite la combinación del verbo "levantarse" (amad), que ciertamente es un eco de los diversos usos militares de este verbo en Daniel 11. En cuanto a que el término "príncipe" se relaciona con la frase previa "se levantará Miguel", el "príncipe" emerge como un comandante militar que asumirá el gobierno que una vez detentaron los reyes del mundo.

Tercero, él es aquel "que está de parte" (ornéd) del pueblo de Dios. El verbo "estar de parte" aparece aquí en una construcción gramatical ligeramente diferente de la de arriba. La idea es que Miguel está, o se levanta "de parte de" o "en favor de" el pueblo de Dios, como lo transmite la versión Reina-Valera 1995. Algunas versiones traducen la frase en el sentido de que el príncipe lo defiende o protege (p. ej., NVI, BJ, DHH). Aunque estas traducciones no son necesariamente equivocadas, no captan la connotación más importante de la palabra en el contexto del mensaje de Daniel.

De hecho, el verbo "levantarse" también tiene un significado judicial. En el contexto de los procedimientos judiciales, los sacerdotes "estarán para juzgar" (Eze. 44:24). Del mismo modo, Yahvé "está en pie" para juzgar a su pueblo (Isa. 3:13). Pero, siendo que los jueces normalmente se sientan (Éxo. 18:13; Isa. 16:5), un juez probablemente se pondría en pie para pronunciar el veredicto. Parece que, a medida que se desarrolla el juicio, las partes "están en pie" delante del juez (Éxo. 18:13; Núm. 35:12), y quienquiera que hable debe también estar en pie.7 De este modo, nuestro pasaje presenta a Miguel en pie en el tribunal celestial para defender la causa de su pueblo,8 una idea corroborada por la mención del "libro"9 (Dan. 12:1; cf. 7:18,22,27), que contiene los nombres de aquellos que son liberados por Miguel.

Es importante recordar que esta revelación acerca de Miguel como el Príncipe del pueblo de Dios ocurre en el contexto de un sufrimiento y una angustia indescriptibles. Al acercarse la historia humana a su fin, habrá un "tiempo de angustia" como no hubo antes (Dan. 12:1). Ocurrirá cuando la proclamación de los mensajes de los tres ángeles termine y la misericordia ya no esté disponible para los pecadores impenitentes. El ministerio intercesor de Cristo en el Santuario celestial habrá cesado. Elena de White describe así ese momento:

Cuando él abandone el Santuario, las tinieblas envolverán a los habitantes de la Tierra. Durante ese tiempo terrible, los justos deben vivir sin Intercesor, a la vista del santo Dios. Nada refrena ya a los malos y Satanás domina por completo a los impenitentes empedernidos. La paciencia de Dios ha concluido. El mundo ha rechazado su misericordia, despreciado su amor y pisoteado su Ley. Los impíos han dejado concluir su tiempo de gracia; el Espíritu de Dios, al que se opusieran obstinadamente, acabó por apartarse de ellos. Desamparados ya de la gracia divina, están a merced de Satanás, el cual sumirá entonces a los habitantes de la Tierra en una gran tribulación final. Como los ángeles de Dios dejan ya de contener los vientos violentos de las pasiones humanas, todos los elementos de contención se desencadenarán. El mundo entero será envuelto en una ruina más espantosa que la que cayó antiguamente sobre Jerusalén.10

Pero, a pesar de los siniestros eventos que ocurren en el Tiempo de Angustia, podemos mirar al futuro con esperanza y confianza. Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, "está en nuestro favor" en el Santuario celestial. Por cuanto lo hemos aceptado como nuestro Salvador y Señor, nuestros nombres están escritos en el Libro de la Vida con su sangre. Estaremos protegidos durante los últimos días de la historia de la Tierra. Mientras oscuras nubes cubren la Tierra, andaremos a la luz del Calvario. Cuando las esperanzas y los recursos humanos estén agotados, el mar se abrirá y caminaremos a la Sion celestial. Allí gozaremos de la presencia del Rey para siempre.

La esperanza de la resurrección

Al desarrollarse el libro de Daniel, emerge el cuadro de Dios actuando para revertir el poder de la muerte. Al librar a los tres hebreos del fuego y a Daniel de los leones, Dios afirmó su autoridad sobre la muerte. Las "historias de la primera parte del libro demuestran, sin ninguna duda, que Dios libera de la amenaza de muerte, y ellas preparan para la profecía en la visión final que predice la liberación del hecho de la muerte".11

En esta predicción, Daniel presenta la declaración más explícita del Antiguo Testamento acerca de la resurrección de los muertos: "Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados: unos para vida eterna, otros para vergüenza y confusión perpetua" (Dan. 12:2). Esta breve declaración afirma la idea de la resurrección ya implícita en otros pasajes bíblicos (Job 19:25-27; Isa. 25; 26:19; 66:24; Sal. 69; 73:24). Aquí, por primera vez la Biblia menciona la idea de una doble resurrección. Mientras que algunos se levantarán para vindicación, otros se levantarán para condenación.

Daniel 12:2 se refiere a la resurrección especial que ocurre justo antes de la venida de Jesús. Involucra a aquellos que "se destacaron en ambos lados del gran conflicto entre el bien y el mal".12 Se ven dos grupos: aquellos "que murieron en la fe del mensaje del tercer ángel"13 (Mat. 26:64; Apoc. 14:13) y aquellos que crucificaron a Jesús (Apoc. i:7).14 Mientras que la resurrección general de los justos ocurre en la segunda venida de Jesús, la de los impíos ocurre al final del Milenio (Apoc. 20:5-10). Además, Daniel 12:2 puede aplicarse también a la esperanza de la resurrección en un sentido general. Al levantar a los justos de la tumba, Dios revierte la consecuencia máxima del pecado. Como lo indica la conexión entre Daniel 12:2 y Génesis 3, la resurrección revierte la maldición de la muerte que cayó sobre la raza humana como consecuencia de la Caída.

Cuando nuestros primeros padres violaron el mandato de Dios, él pronunció la maldición:

Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado;

pues polvo eres y al polvo volverás.

(Gén. 3:19; énfasis añadido).

Que el pasaje en Daniel alude a la narración de la Caída parece obvio por las palabras compartidas "muerte", "polvo" y "tierra". Sin embargo, hay otro detalle que hace que esta correlación sea aún más explícita. La declaración en Daniel dice literalmente: "los que duermen en la tierra del polvo serán despertados" (Dan. 12:2; énfasis añadido). Significativamente, solo en Daniel 12:2 y en Génesis 3:19 las palabras "tierra" y "polvo" aparecen en ese orden, lo que indica adicionalmente la conexión entre la resurrección y la Caída. Sin embargo, mientras que en la Caída los humanos vuelven al polvo, en la resurrección "despiertan" del polvo. En otras palabras, en la resurrección Dios revertirá la maldición al desplegar su poder creador.

Daniel 12:2 sigue diciendo que algunos despertarán "para vida eterna" (hayyi olám). Después de la Caída, Dios expulsó a Adán (varón y mujer) del Jardín para "que no alargue su mano, tome también del árbol de la vida, coma y viva para siempre" (hay olám) (Gén. 3:22). Mientras que en el Jardín perdió la vida eterna, en la resurrección recupera la vida eterna. Al final, Dios revierte la Caída al vencer la muerte y restaurar la plenitud de la vida (Deut. 30:15-20; Prov. 8:32-36; Rom. 8:35-39). Por lo tanto, los que se levantan para vida eterna "resplandecerán como el resplandor del firmamento [...] como las estrellas, a perpetua eternidad" (Dan. 12:3). ¡Qué restauración maravillosa: del polvo a las estrellas!15

El versículo final del libro transmite la promesa de la resurrección a Daniel mismo: "Tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás [amad] para recibir tu heredad al fin de los días" (Dan. 12:13). "Heredad" alude a las porciones asignadas a las tribus israelitas en la Tierra Prometida (Jos. 14-18). Así como Miguel "se levanta" al comienzo del capítulo, Daniel se levantará al final; después de todo, el destino de Miguel y su pueblo están interconectados. Mientras que el libro comienza con Daniel como un cautivo en Babilonia, concluye con el profeta que se levanta para vida eterna: del Exilio a la Resurrección. ¡Qué reversión!

Ahora podremos sufrir mientras el Gran Conflicto ruge, pero rápidamente se acerca un día glorioso. Daniel proporciona un vistazo de esta gloria venidera, momento cuando Dios pondrá todo en orden y eliminará al último enemigo.

Los tiempos proféticos

El tiempo del fin viene con desafíos y oportunidades sin precedentes para el pueblo de Dios. Es un período que sigue a los 1.260 años de supremacía y persecución papales (Dan. 12:1; 12:7), que se extiende hasta la segunda venida de Jesús. Al comenzar el tiempo del fin, se le quitan los sellos al libro de Daniel, y se cobra un interés renovado y un conocimiento acrecentado de su mensaje profético (Dan. 12:4). Como nota un historiador: "Los días proféticos de Daniel habían sido comprendidos como años calendario por solo siete escritores en el siglo XVI, y por solo doce en el siglo XVII, pero fueron comprendidos correctamente por 21 de los 22 que escribieron en el siglo XVIII, y por más de loo de los 109 que escribieron sobre Daniel entre 1800 y 185o".16

En Daniel 12 se mencionan tres períodos de tiempo específicos. El primero aparece en el contexto de la pregunta: "¿Cuánto falta para que se cumplan estas cosas tan increíbles?", que hace el "varón vestido de lino" parado "sobre las aguas del río" (Dan. 12:6, NVI). Es útil comprender que ni término "cosas increíbles", o "maravillas" (peláot), representa las "blasfemias" (nipláot) dichas por el rey del norte (Roma papal) en Daniel 11:36. La misma palabra también aparece en Daniel 8:24 para calificar la acción del cuerno pequeño (Roma papal), que destruirá en forma "impresionante" (niplaot). Note también que el "varón vestido de lino" (Miguel) debe ser identificado con el personaje celestial descrito antes en la visión (Dan. 10:4-6).

Aunque la ubicación es la misma, no se refiere al río como Tigris (Hiddekel) o por la palabra hebrea común para río (nahar), como en Daniel 10:4. En cambio, aquí aparece un término diferente para "río" (yé'ór), que en otras partes designa al río Nilo (Gén. 41:1; Éxo. 1:22). Es desde arriba de las aguas del Nilo que el varón vestido de lino anuncia: "tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo" (los 1.260 años de persecución papal) ya mencionados en Daniel 7:25. El término poco común "río" (Nilo) está claramente asociado con Egipto, la opresión bajo Faraón y el Éxodo. Este término alusivo asemeja la persecución papal con la opresión del pueblo de Dios bajo Faraón. No es extraño que el Señor esté sobre el Nilo como si estuviera listo para golpearlo y poner en movimiento un nuevo Éxodo para librar a la iglesia perseguida por la opresión papal. Al jurar por "el que vive por los siglos", el varón vestido de lino evoca el juramento del Pacto, al redimir a su pueblo de la casa de esclavitud (Gén. 15:17,18; Éxo. 2:24; 20:2).

El segundo período profético, que se extiende por "mil doscientos noventa días", comienza con la remoción del "continuo" y el establecimiento de la "abominación desoladora" (Dan. 12:11). Ya entendemos de las profecías anteriores que el "continuo" representa el ministerio intercesor de Cristo, oscurecido por el sistema papal y reemplazado por un plan falsificado de salvación, "la abominación desoladora" (Dan. 8:11; 11:31). Siendo que la dominación papal terminó en el año 1798 cuando las fuerzas francesas aprisionaron al papa Pío VI, restamos 1.290 de 1798, y llegamos al año 508 d.C. Así que, surge la pregunta: ¿Qué pasó en ese año?

Se ha alegado que la conversión de Clodoveo, rey de los Francos, a la fe católica y su victoria sobre los godos condujeron a la supremacía de la Iglesia Católica en occidente.17 Aunque la fecha de estos eventos ha sido tema de debate, su significación histórica está más allá de disputa. Con respecto a la conversión de Clodoveo, una fuente dice: "La conversión de Clodoveo al catolicismo es un evento que marcó una época en la historia del mundo. Sus consecuencias van más allá de los límites del pequeño reino franco en el que los hijos de Childerico reinaron al final del siglo V y reverberan a lo largo de los siglos hasta llegar a nosotros".18

Algunos eruditos fechan la conversión de Clodoveo unos pocos años antes (496 d.C.), pero reconocen que ocurrió un evento importante en el año 508.19 Como afirma un historiador: "Después de derrotar a los visigodos en 507, Clodoveo se apoderó de su tesoro y lo entregó al Santuario de San Martín de Tours. En Tours, en 508, Clodoveo recibió un manto del emperador de Oriente, completando una alianza en la fe con Roma y en la política con Constantino-pla".20 Otros consideran la conversión o el bautismo como ocurridos en 508.21 Un estudio académico profundo de este tema alega persuasivamente de "un proceso gradual de conversión al catolicismo a lo largo de varios años que finalmente culminaron en el bautismo de Clodoveo y su compromiso completo con la fe católica en 508".22

En fin, aun si permanecen algunas incertidumbres acerca de los eventos de 508, una cosa queda clara: "La asociación del trono con el altar comenzó la 'abominación desoladora'. Clodoveo peleó en favor de la iglesia, y la iglesia sirvió a Clodoveo. Entre 508 y 538, se dieron algunos golpes decisivos a la oposición a la supremacía papal, y los poderes políticos simbolizados por los tres cuernos fueron arrancados, lo que permitió que el cuerno pequeño creciera y floreciera. Los tres cuernos arrancados fueron los visigodos, los vándalos y los ostrogodos".23

El tercer período profético viene con una bendición para "el que espere, y llegue a mil trescientos treinta y cinco días" (Dan. 12:12). El contexto indica que tanto la profecía de los 1.290 días como la de los 1.335 días comenzaron en 508. De este modo, sumando 1.335 años a 508 resulta 1.843. Es interesante que el anuncio de este período profético no evoca ninguna actividad del cuerno pequeño (como los 1.260 y los 1.290 años), sino solo menciona que los que vivan en ese período serían bendecidos. ¿Qué clase de bendición sería esa? En 1843, la proclamación del mensaje del primer ángel estaba en plena actividad: el Juicio en el cielo estaba a punto de comenzar. Aquí encontramos la bendición para aquellos que viven en ese tiempo profético. Los que siguen al Señor durante el tiempo de ese juicio tomarán parte en la resurrección especial que precede a la segunda venida de Jesús (Dan. 12:12; Apoc. I4:i3).24

Finalmente, la última referencia al tiempo en el libro aparece en el versículo final. Daniel descansaría, pero el ángel le asegura que se levantará "al fin de los días". Esta frase concluye el libro y señala a la consumación de todas las cosas. Apunta al tiempo cuando "el Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel [Miguel] y con trompeta de Dios, descenderá del cielo. Entonces, los muertos en Cristo resucitarán primero" (1 Tes. 4:16). Seremos parte de un Reino que permanecerá para siempre, sin ser transferido a otras manos. Esta visión gloriosa debería ser de tremendo estímulo en medio de nuestras pruebas y sufrimientos. Aun si debemos ir al descanso antes del amanecer de ese día glorioso, tenemos la seguridad de que nos levantaremos con Daniel y los santos de todos los tiempos para recibir nuestra heredad en Cristo.

Conclusión

El libro de Daniel concluye con el levantarse de Miguel, la promesa de la resurrección y referencias importantes al "tiempo". Daniel 12 menciona el tiempo del fin y los períodos proféticos de 1.260,1.290 y 1.335 años, y concluye con "el fin de los días". Tales referencias al tiempo profético indican que Dios es el gran Soberano del cosmos, y de nuestro planeta. Y no obstante, la promesa de la resurrección también revela que él cuida y guía nuestras historias personales, con todos sus desafíos, luchas y victorias. Con el salmista, podemos decir con confianza: "En tus manos están mis tiempos" (Sal. 31:15). Mientras la peregrinación en este mundo quebrantado continúa, los peores tiempos pueden parecer abrumadores, pero podemos seguir adelante, sabiendo que el mejor de los tiempos está a la vuelta de la esquina.

La esperanza mana de la persona y la obra de Jesucristo. Por medio de su vida, muerte y resurrección, él cruzó la brecha entre el Cielo y la Tierra. En la Cruz, él "despojó a los principados y a las autoridades y los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos" (Col. 2:15). Él ascendió al cielo para ministrar en nuestro favor y sigue siendo nuestra esperanza, un ancla que "penetra hasta dentro del velo" (Heb. 6:19). No importa los desafíos que estén por delante, miremos a Jesús y descansemos en la seguridad de que lo mejor está por venir.


Referencias

1Helmer Ringgren, "¡m and 'amad", eds. G. Johannes Botterweck, Helmer Ringgren y Heinz-Josef Fabry, Theological Dictionary of the Oíd Testament (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2001), 1.11, p. 179.

2 De acuerdo con Jacques B. Doukhan, Secrets of Daniel, pp. 183, 191, los siguientes pasajes, entre otros, contienen el verbo con una connotación bélica: Josué 21:44; 23:9; Jueces 2:14; 1 Samuel 6:19, 20; 17:51; 2 Samuel 1:10; 2 Reyes 10:4; Jeremías 40:10.

3 Dan. 7:24 usa la forma aramea de la raíz semítica qúm (levantarse), que en este contexto es un sinónimo de amad.

4 William H. Shea, Daniel 7-12: Prophecies ofthe End Time, TheAbun-dant Life Bible Amplifíer, ed. George R. Knight (Nampa, ID: Pacific Press, 1996), p. 214.

5 James Swanson, ver [8569] sár, A Dictionary ofBiblical Languages with Semantic Domains: Hebrew (Oak Harbor, Logos, 1997).

6Doukhan, Secrets of Daniel, p. 153.

7Ringgren, '"im and 'amad", Theological Dictionary, 1.11, p. 179.

8Alberto R. Treiyer, "The Priest-King Role of the Messiah", Journal of the Adventist Theological Society 7, Ne 1 (1996), pp. 64-78.

9 Como lo nota Francis D. Nichol, ed., Comentario bíblico adventista, t. 4, p. 904, el libro al que se refiere aquí es el Libro de la Vida (ver Dan. 7:10: cf. Fil. 4:3: Apoc. 13:8; 20:15: 21:27; 22:19).

10 Elena de White, El conflicto de los siglos, pp. 671, 672.

11 Mitchell Lloyd Chase, "Resurrection Hope in Daniel 12:2: An Exer-cise in Biblical Theology" (disert. doct. PhD, Southern Baptist Theological Seminary, 2013), p. 51 (énfasis añadido).

12 Don F. Neufeld, ver "Resurrection", Seventh-Day Adventist Ency-clopedia (Hagerstown, MD: Review and Herald, 1995), Logos Bible Software.

"White, El conflicto de los siglos, p. 695.

14 Para los argumentos exegéticos en favor de la distinción entre la resurrección parcial mencionada en Daniel 12:2 y la resurrección a la que se refiere Daniel 12:13, ver Artur A. Stele, "Resurrection in Daniel 12 and Its Contribution to the Theology of the Book of Daniel" (diser. doct. PhD, Andrews University, 1996).

15 Jacques B. Doukhan, "From Dust to Stars: The Vision of Resurrec-tion(s) in Daniel 12:1-3 and Its Resonance in the Book of Daniel", en Geert van Oyen y Tom Shepherd, eds., Resurrection ofthe Dead: Biblical Traditions in Dialogue, Bibllotheca Ephemeridum Theologicarum Lovaniensium, libro 249 (Leuven, Bélgica: Peeters, 2012), pp. 85-98.

16 Ernest W. Marter, Daniel's Philosophy of Hlstory (Bracknell, Inglaterra: Newbold College, 1967), p. 115, citado en Gerhard Pfandl,

Daniel: The Seer of Babylon (Hagerstown, MD: Review and Herald, 2004), p. 107. Ver también, LeRoy Edwin Froom, The Prophetíc Faith of Our Fathers: The Historical Development of Prophetíc Interpreta-tion, 4 ts. (Washington, D.C.: Review and Herald, 1946), t. 2, pp. 528, 784; t. 3, p. 270.

17 Nichol, Comentario bíblico adventista, t. 4, p. 906.

18 León Levillain, "La Conversión et le Baptéme de Clovis", trad. Elias Brasil de Souza, Revue d'histoire de l'Église de France 21, N» 91 (1935), p. 161: "La conversión de Clovis au catholicisme est un événement quie fait époque dans l'histoire du monde. Ses conséquences débordent, en effet, les limites du petit royaume franc sur lequel régnait le fils de Childéric á la fin du ve siécle et se font sentir á travers les siécles jusqu'á nous".

19 Elena Malaspina, ver "Clovis, King", Encyclopedia of Ancient Chris-tianity, eds. Angelo Di Berardino, et al. (Downers Grove, IL: InterVar-sity Press, 2014), p. 563.

20 Everett Ferguson, Church History: From Christ to Pre-Reformation (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2005), 1.1, p. 295.

21 Luce Pietri y Charles Munier, ver "Tours", Encyclopedia of Ancient Christianity, eds. Angelo DI Berardino, et al. (Downers Grove, IL: IVA Academic; InterVarsity Press, 2014), p. 814.

22 Jean Carlos Zukowski, The Role and Status ofthe Catholic Church in the Church-State Relationship wlthin the Román Empire from A.D. 306 to 814, Adventist Theological Society Dissertation Series (Berrien Springs, MI Adventist Theological Society Publications, 2013), t. 10, p. 155.

23 Heinz Schaidinger, Historical Confírmation of Prophetíc Periods (Austria: Bogenhofen Seminary, 2010), p. 33.

24Shea, Daniel 7-12, pp. 222, 223.