Capítulo 3

DEL MISTERIO A LA REVELACIÓN

 

Después de graduarse "summa cum laude" de la "Universidad de Babilonia", Daniel afrontó una tarea imposible. Fue llamado para interpretar un sueño que estaba molestando al rey Nabucodonosor. Había un solo problema:el rey no podía recordar el sueño. Daniel 2 cuenta la historia de cómo los sabios de Babilonia estaban desesperados por ganar posición, corriendo para atender las demandas del rey. Su estrepitoso fracaso en contar el sueño y su interpretación puso en peligro su propia vida y la de todos los consejeros, incluyendo a Daniel y sus amigos. Cuando Daniel supo de la suerte que compartiría, se puso de rodillas, y rogó sabiduría para entender el sueño y su interpretación. Dios, por su gracia, reveló todo a Daniel y salvó el día; la ira de Nabucodonosor fue calmada.

Cómo se comunica Dios

Uno de los aspectos más fascinantes de la interacción de Dios con los seres humanos reside en el hecho de que él puede comunicarse con la humanidad, y a menudo lo hace. De Daniel 2, aprendemos que Dios le dio un sueño al rey Nabucodonosor y reveló su interpretación al profeta. Que Dios nos hable y nos provea de información concreta Del misterio a la revelación y objetiva constituye uno de los conceptos más desafiantes para la gente moderna/posmoderna. Parece más fácil aceptar la idea de que Dios se relaciona con nosotros de manera mistica, no verbal, o experiencial, que aceptar la enseñanza bíblica de que él habla y comunica información objetiva. Sin embargo, el libro de Daniel abraza la idea de que Dios revela información objetiva acerca del futuro y nuestra experiencia con Dios, un Dios que dirige el curso de la historia y revela eventos antes de que ocurran.

Un examen minucioso de la narración bíblica revela otra faceta de la relación de Dios con nosotros: él habla de maneras y en un lenguaje que los humanos pueden entender. Al comunicarse con el rey de Babilonia en un sueño, Dios usó un medio familiar e impresionante para alcanzar al monarca. Los antiguos gobernantes del Cercano Oriente estaban obsesionados con los sueños. Por esta razón, los antiguos babilonios tenían una clase particular de eruditos que se especializaban en la interpretación de los sueños. En el mundo antiguo, un sueño nunca era considerado el resultado de una cena pesada, sino como una comunicación de los dioses.1 Comprendiendo esto, Dios le dio un sueño a Nabucodonosor porque él sabía que el rey lo tomaría en serio. "En el mundo antiguo, se pensaba que los sueños ofrecían información del ámbito divino y por lo tanto se los tomaba muy seriamente. Algunos sueños, dados a los profetas y a los reyes, eran considerados un medio de revelación divina. Sin embargo, se creía que la mayoría de los sueños ordinarios de la gente común tenían augurios que comunicaban información acerca de lo que estaban haciendo los dioses".2

En segundo lugar, Dios usó la imagen de una estatua: un elemento reverenciado y destacado en la cultura de Nabucodonosor. El historiador griego Herodoto menciona una estatua de oro puro en el Templo de Bel, en Babilonia.

Como se observa en la literatura académica, los sueños que involucraban estatuas aparecen en Egipto y en Me-sopotamia, y generalmente evocan a reyes que van a la guerra.3 Este es un punto interesante considerando que el sueño dado a Nabucodonosor ocurrió durante el período de consolidación de su imperio. Además, las estatuas de la antigua Babilonia podían combinar diferentes metales, tales como bronce y hierro, que eran cubiertos con oro y plata. Es interesante que el simbolismo de cuatro metales existía en el mundo antiguo mucho antes del tiempo de Daniel. El poeta griego Hesíodo (c. 700 a.C.) escribió acerca de edades de oro, plata, bronce y hierro.4 Sin embargo, como se ha notado, existen diferencias significativas entre el libro de Daniel y la obra de Hesíodo: 1) Hesíodo insertaba una Edad de los Héroes entre las edades del Bronce y del Hierro. De este modo, él llegaba "a cinco edades entre el tiempo de la inocencia del hombre y sus propios días: oro, plata, bronce, la edad de los héroes, hierro".5 2) La obra de Hesíodo presenta una secuencia de cinco imperios pasajeros; en Daniel 2, un quinto imperio de duración eterna sigue a los cuatro imperios mundiales. 3) Las predicciones de Hesíodo no conducen a una culminación escatológica, mientras que en Daniel 2 todo lleva a ella.6

Lo que Dios le mostró a Nabucodonosor en el sueño era una combinación de elementos ya conocidos por el rey, mezclados con unos pocos aspectos completamente nuevos. Una instrucción inequívoca distintiva en el sueño de Nabucodonosor es que representa el flujo de la historia, y no de un dios o un rey. Otra característica, aún más distintiva, es la piedra cortada de un monte. Todas las transiciones previas habían sido más bien de naturaleza ordinaria, donde un metal reemplazaba a otro. Pero, en la escena final, la piedra golpea a la imagen en los pies y la destruye. Después de que un viento arrastra hasta hacer desaparecer el escombro, la piedra misteriosa crece hasta hacerse una gran montaña, que llena la Tierra. Absorbe todos los reinos terrenales previos y nunca sufre destrucción.

Todo esto demuestra que Dios no solo comunica la verdad a los seres humanos sino también lo hace en un nivel que ellos pueden comprender. Uniendo imágenes familiares y no familiares, Dios fue capaz de comunicarse con el rey pagano y alcanzar en forma efectiva a la gente moderna.

Lo que Dios comunica

Daniel 2, el primer bosquejo profético del libro de Daniel, culmina con el establecimiento del Reino de Dios. Todos los bosquejos subsiguientes encuadran dentro del esquema profético de este capítulo, introduciendo y desarrollando énfasis distintivos. El capítulo 7 repite la secuencia de los cuatro reinos del capítulo 2, pero culmina con el "hijo de hombre" delante del Anciano de días realizando un juicio en el cielo. El capítulo 8 toma la historia humana en la época persa y llega a la culminación con la purificación del Santuario celestial. El último bosquejo profético rastrea un informe más detallado de la historia humana, desde los tiempos persas hasta cuando Miguel se levanta para liberar al pueblo de Dios (Dan. 12:1-4), eliminando el mal y a los enemigos de Dios en "el monte glorioso y santo" (Dan. 11:45).

El bosquejo profético, transmitido por medio de la imagen que se le mostró a Nabucodonosor, sigue la historia del mundo desde el tiempo del Imperio Babilónico hasta el establecimiento del Reino eterno de Dios. Como el primero de cuatro bosquejos proféticos -los otros son los capítulos 7,8,9 y 10 al 12-, Daniel 2 establece el modelo básico para los subsiguientes bosquejos proféticos revelados a Daniel. Aunque vienen desde perspectivas diferentes, las profecías transmitidas por Daniel 7 al 12 son ampliaciones y desarrollos de la profecía de Daniel 27

El sueño mostraba una "imagen [...] muy grande y su gloria muy sublime" (Dan. 2:31). Consistía en un trabajo de metal en varias capas: cabeza de oro, pecho y brazos de plata, vientre y muslos de bronce, piernas de hierro, y pies en parte de hierro y en parte de arcilla. Desde la cabeza y los hombros hasta las rodillas y los dedos de los pies, los metales disminuían de valor aunque aumentaban en fortaleza, salvo en los dedos de hierro y arcilla.

De la interpretación de Daniel y del registro histórico, surge el siguiente bosquejo:

Cabeza de oro: Nabucodonosor personificaba el Imperio Neobabilónico (605-539 a.C.). La expansión del Imperio Babilónico y el esplendor de Babilonia debieron mucho a sus habilidades militares y administrativas. Además, una abundancia de oro embellecía los palacios y los templos de Babilonia.

Pecho y brazos de plata: Como la plata es inferior al oro, el Imperio Medopersa (539-331 a.C.) fue inferior en lujo y magnificencia. Es interesante que los persas usaron la plata en su sistema de impuestos. Aunque algunos intérpretes se refieren al segundo reino como el Imperio Medo solo (y Persia, el tercero), debemos notar que no hay un Imperio Medo separado entre los imperios Babilonio y Persa.

Vientre y muslos de bronce: El tercer imperio se refiere al Imperio Griego (331-168 a.C.) establecido por Alejandro Magno. Los soldados griegos eran conocidos por su armadura de bronce. Además, sus yelmos, escudos y hachas de batalla estaban hechos de bronce.

Piernas de hierro: Este metal es una representación apropiada de Roma (168 a.C.-476 d.C.), un poder más fuerte que todos sus predecesores. Su puño de hierro aplastó a todo el que se atrevió a resistir su avance. Roma gobernó más territorio y duró más tiempo que todos los imperios anteriores.

Pies en parte de hierro y en parte de arcilla: Este simbolismo indica que el imperio de hierro de Roma se degradaría. De las ruinas del Imperio Romano de Occidente, conquistado por las invasiones bárbaras (seguidas más tarde por la caída del Imperio Romano de Oriente ante los turcos otomanos), surgieron las naciones modernas de Europa. Hoy, aquellas naciones siguen divididas a pesar de siglos de esfuerzos para unirlas mediante alianzas políticas y matrimonios entre los reinos. Aunque algunos han sugerido que los dedos corresponden a los diez cuernos de la cuarta bestia del capítulo 7, es más plausible entenderlos como un símbolo general sin precisión aritmética. La mezcla de hierro con arcilla señala una situación de fragmentación y una unidad precaria que prevalecería en el período entre el colapso del cuarto reino y el establecimiento del reino de la roca. Elena de White aplica los pies de hierro-arcilla a la mezcla de la Iglesia y el Estado manifestada en el Papado.8 Esta aplicación parece consistente con los desarrollos históricos del Papado, su surgimiento al poder y la profunda influencia que ejerció en la política europea después de la caída del Imperio Romano.

Piedra: El punto culminante del sueño profético del rey fue una piedra misteriosa, arrancada de una montaña. La Escritura aplica la metáfora de la piedra a Jesucristo (i Cor. 10:4; Isa. 28:16; Luc. 20:17,18). Como explica el libro de Daniel, el simbolismo de la piedra representa el establecimiento del eterno Reino de Dios. Algunos comentadores aplican este evento profético a la primera venida de Jesús y a la difusión del evangelio al mundo. Sin embargo, la demolición de la imagen que hizo la piedra, comenzando con sus pies y sus dedos, señala un evento que ocurre después de la desaparición del Imperio Romano. Por esta razón, la piedra debe representar la segunda venida de Jesús, cuando los reinos de la Tierra sean reemplazados por el eterno Reino de Dios.

Por qué Dios comunica

En el estudio de ía profecía bíblica, es posible llegar a absorberse tanto con fechas y detalles que la atención se desvíe de aquel que impulsa el fluir de la historia y los eventos proféticos. La información histórica en la profecía es importante porque identifica la operación de la mano guiadora de Dios en la historia humana. Sin embargo, la función principal de la cronología profética es llamar la atención al protagonista máximo de los eventos proféticos, el Dios del Universo.

En este sentido, el bosquejo profético de Daniel 2 revela una cantidad de vislumbres de la actividad de Dios en favor de su pueblo. Hablando en forma general, él se manifiesta como el Señor de la historia, que trasciende las maniobras políticas, las luchas por el poder y el desfile de los imperios mundiales, y establece finalmente su Reino.

Al meditar en los desafíos políticos y económicos del mundo actual, tenemos que recordar que las naciones y los gobernantes están en las manos de Dios. Él es quien, en última instancia, dirige el curso de la historia humana. Los eventos actuales pueden ser desalentadores, pero Dios todavía está en el control. Él no solo habla sino también oye las oraciones de sus hijos.

Como la narración lo deja bien claro, Nabucodonosor estaba por ejecutar a todos los sabios de Babilonia, incluyendo a Daniel y sus amigos. Al oír del decreto, Daniel se puso de rodillas, y rogó por un milagro. En respuesta a la dramática liberación, él escribió este poema:

"¡Alabado sea por siempre el nombre de Dios!
Suyos son la sabiduría y el poder.
Él cambia los tiempos y las épocas, pone y depone reyes. A los sabios da sabiduría, y a los inteligentes, discernimiento. Él revela lo profundo y lo escondido, y sabe lo que se oculta en las sombras. ¡En él habita la luz! A ti, Dios de mis padres, te alabo y te doy gracias. Me has dado sabiduría y poder, me has dado a conocer lo que te pedimos, ¡me has dado a conocer el sueño del rey!" (Dan. 2:20-23, NVI).

Note que Daniel hace aseveraciones significativas acerca de Dios. Dios es digno de alabanza por su sabiduría y su poder. Dios cambia los tiempos, las sazones y los reyes. Dios revela cosas profundas y secretas. Dios da sabiduría. Estas afirmaciones están en agudo contraste con los dioses babilonios, quienes fueron impotentes para realizar ninguna de esas funciones (ver Isa. 44:9-22). Estas atrevidas declaraciones son reafirmadoras, y deberían animarnos a alabar a Dios por quién es él y por lo que hace. Él merece nuestra alabanza en tiempos buenos y malos. No importa cuáles sean nuestras circunstancias. Él siempre merece nuestra adoración.

La obra de Dios en la vida de Daniel sigue un modelo familiar. La posición de Daniel delante de Nabucodonosor comparte similitudes con la historia de José delante del Faraón. Tanto José como Daniel vivieron en tiempos cruciales de la historia del pueblo de Dios. José servía en Egipto antes de que Israel poseyera la tierra, y Daniel servía en Babilonia después de que la perdieran. En ambas situaciones, Dios dio sueños a reyes extranjeros que solo podían ser interpretados por sus siervos fieles. Como lo resume un erudito: "Ambos monarcas tuvieron sueños perturbadores de parte de Dios, que revelaban el futuro (Gén. 41:25; Dan. 2:28,29,45). Ambos jóvenes exiliados demostraron la superioridad de su Dios, y tuvieron éxito cuando los expertos reales fracasaron. Ambos cautivos negaron tener capacidad superior y dieron el crédito a su Dios por su conocimiento (Gén. 41:16; Dan. 2:30). Los espectadores creyeron que la habilidad de los hombres resultó del 'espíritu de los dioses santos' en ellos (Gén. 41:38; cf. Dan. 2:11; 4:8,18). Tanto Daniel como José alcanzaron gran poder político por causa de sus servicios al rey (Gén. 41:39-46; Dan. 2:48)".9

Finalmente, es bueno notar que, habiendo recibido la interpretación de Daniel, el rey Nabucodonosor "se postró sobre su rostro, se humilló ante Daniel, y mandó que le ofrecieran presentes e incienso" (Dan. 2:46). Estos gestos no significan que Nabucodonosor trató a Daniel como a un dios o le dio la adoración digna de un dios. En realidad, en el contexto de la cultura de Babilonia, este proceder expresaba la reacción natural del rey, que reconocía el valor de Daniel como un vocero digno de confianza del Dios del cielo. Por lo tanto, Nabucodonosor exaltó a Daniel a una posición casi regia y le otorgó al profeta honores dignos de un rey.10

Conclusión

Dios no abandonó a los israelitas que vivían en el exilio, pero ellos podrían haberse sentido de ese modo. De la misma manera, dadas las circunstancias políticas, económicas o sociales actuales, podríamos estar tentados a pensar que Dios ha dejado que el mundo siga por su cuenta. Daniel 2 habla claramente de nuestra situación difícil. No importa lo que ocurra, Dios continúa siendo soberano. La historia no es una mera sucesión de imperios universales, que surgen y caen siguiendo el capricho humano. De hecho, cada nación, potentado y Gobierno, en última instancia, se encuentra bajo la soberanía final de Dios. Pronto, todos los poderes del mundo serán reemplazados por el eterno Reino de Dios. El que pronunció la primera palabra en la Creación tendrá la última palabra en la historia. Podemos vivir con esperanza, sabiendo que Dios sostiene el futuro.


Referencias

1Ver Leo Oppenheim, The Interpretaron of Dreams in the Ancient NearEast, with a Translation ofanAsyrían Dream Book, Transactions of the American Philosophical Society (Filadelfia: American Philoso-phical Society, 1956), t. 46, parte 3.

2 John H. Walton, Victor H. Matthews, y Mark W. Chavalas, The IVP Bible Background Commentary: Oíd Testament (Downers Grove, IL: InterVarsity Prwess, 2000), Gén. 37:5-11, Kindle.

3 John J. Collins, Daniel: A Commentary on the Book of Daniel, ed. Frank Moore Cross con un ensayo de Adela Yarbro Collins, Herme-neia- a Critical Commentary on the Bible (Minneapolis, MN: Fortress, 1994), p. 165.

4 Hesíodo, The Homeric Hymns and Homérica. With an English Translation by Hugh G. Evelyn-White (Cambridge, MA: Harvard Uni-versity Press, 1959), líneas 140-200.

5Joyce G. Baldwin, "Daniel", Tyndate Oíd Testament Commentaries (Downers Grove, ILInterVarsity Press, 1978), libro 23, p. 97.

6Gerhard Pfandl, Daniel: The Seer of Babylon (Hagerstown, MD: Review and Herald, 2004), p. 22.

7 Brevard S. Childs, Introduction to the Oíd Testament as Scripture (Filadelfia: Fortress, 1979), p. 618.

8ElenadeWhite,Mor/L/scr/to63,22deabrilde1899, EllenG.WhiteWri-tings, consultado el 15 de mayo de 2019, https://text.egwritings.org/ publication.php?pubtype=EGWManuscript&bookCode=Ms63-1899

9Wendy L. Widder, "Daniel", The Story of God Bible Commentary, eds. Tremper Longman III y Scott McKnight (Grand Rapids, MI: Zon-dervan, 2016), p. 55.

10 Alan Millard, "Incense- the Ancient Room Freshener: The Exege-sis of Daniel 2:46", en On Stone and Scroll: Essays in Honour of Gra-ham Ivor Davies, eds. James K. Aitken, Katharine J. Dell, y Brian A. Mastín, Beihefte zurZeitschrift für die Alttestamentliche Wissenschaft (Berlín: De Gruyter, 2011), libro 420, pp. 111-122.