Capítulo 6

DE LA ARROGANCIA A LA DESTRUCCIÓN

Daniel 5 informa eventos que ocurrieron en el año 539 a.C., cuando el ejército medopersa tomó la ciudad de Babilonia. Aunque los ejércitos medopersas estaban justo afuera de los muros de Babilonia, Belsasar escogió ignorar el peligro y dar un banquete con mil de sus nobles. Cuando la fiesta se volvió una orgía y ebriedad desenfrenadas, el rey y sus huéspedes profanaron los vasos del Templo de Jerusalén, al usarlos como vasijas para beber mientras alababan a sus dioses fabricados. En medio del libertinaje de la celebración, un escrito en la pared del palacio anunciaba el castigo. Esa misma noche, Belsasar fue asesinado, y el reino pasó al Imperio Medopersa. Este capítulo muestra la necedad de la arrogancia jactanciosa de Belsasar y reitera uno de los puntos teológicos fundamentales de todo el libro de Daniel: Dios es el que pone reyes y los quita.

Una fiesta y un mensaje

Los grandes banquetes eran comunes en el mundo antiguo, pero un elemento que intriga en la historia presente es la ocasión para la masiva celebración. Considerando que Babilonia estaba rodeada por el ejército medopersa, uno se pregunta qué pudo haber motivado al rey a dar una fiesta bajo tales circunstancias inapropiadas y peligrosas. Se han ofrecido diversas motivaciones como hipótesis. El banquete pudo haber sido una celebración del festival de Año Nuevo de la diosa luna Sin. Pudo haber sido una fiesta de coronación para Belsasar mismo, siendo que su padre había sido derrotado en una campaña militar previa. Podría haber sido una estrategia para levantar la moral de su pueblo, dadas las circunstancias adversas, o sencillamente un intento de vivir sus últimas horas plenamente, ya que no había escapatoria del enemigo, de todos modos.1 Cualquiera que haya sido la motivación, la fiesta revela a un gobernante arrogante y necio, incapaz de comprender la realidad y actuar en consonancia con ella.

En una demostración de arrogancia extrema, el rey ordenó que los utensilios del Templo de Jerusalén fueran traídos al banquete para servir al rey como vasos. Nabu-codonosor los había traído de Jerusalén y los había puesto en el templo de su dios, lo que muestra algo de respeto por los objetos sagrados. Belsasar, sin embargo, rechazó los más elementales principios de decoro en el antiguo Cercano Oriente, donde la profanación de "vasijas cúlticas era una afrenta aun según las normas paganas".2 Y, si el beber vino de los vasos sagrados no fuera ultraje suficiente, los invitados también alabaron a sus dioses mientras lo hacían. En el uso blasfemo de los utensilios del Templo, probablemente intentaban burlarse del Dios de Judá y mostrar la superioridad de los dioses de Babilonia.

En este punto, es importante destacar la importancia de los utensilios y los vasos del Templo. Uno podría suponer que, debido a la destrucción del Templo, los vasos depositados en Babilonia habrían perdido su estatus como objetos sagrados. Sin embargo, debe notarse que los vasos del Templo eran objetos que por metonimia representaban al Templo y recordaban a la comunidad exiliada su vinculación con el Templo y la patria. Cuando los exiliados retornaron a su tierra, llevaron consigo los vasos del Templo que Nabucodonosor había llevado a Babilonia (Esd. 1:7-10; cf. 5:13-15; 6:5).3 Así que, la profanación que hizo Belsasar de esos vasos constituía un tremendo pecado y un acto de desafío directo al Dios de Israel.

Otro punto digno de notar es que mientras los fiesteros bebían de los vasos santos, alababan a las divinidades sin valor, hechas de oro, plata, bronce, hierro, madera y piedra (Dan. 5:4). Irónicamente, en forma necia confiaban en dioses que eran mero metal, madera o piedra, exentos de poder para actuar o salvar. Además, probablemente sea significativo que la secuencia y el tipo de materiales sean exactamente los mismos -excepto que la madera reemplazaba la arcilla- que los de la imagen del sueño de Nabucodonosor en Daniel 2. Esta conexión puede sugerir que estos dioses compartirán la suerte de la imagen, que fue destrozada por la venida del Reino eterno de Dios (Dan. 2:35,44,45).

Pero Dios no podía permanecer ajeno a la disolución moral, la adoración degradada y la profanación de los vasos del Templo. Él consideraba tal conducta como un ataque a él mismo. Cuando la celebración estaba en pleno apogeo, y el rey y sus ebrios huéspedes alababan a sus dioses inservibles, dedos sobrenaturales comenzaron a escribir un mensaje críptico en la pared'del palacio. Dedos divinos aparecen en otras partes de la Escritura para traer liberación al pueblo de Dios (Éxo. 8:19), para escribir los Diez Mandamientos (Éxo. 31:18; cf. Deut. 9:10) y para crear (Sal. 8:3) En el banquete de Belsasar, sin embargo, los dedos de Dios trajeron un castigo a un rey arrogante y su reino.4 "El Dios que crea, revela y redime también juzga".5

Mientras el rey contemplaba esa mano sin cuerpo que estaba escribiendo sobre la pared, quedó aterrorizado y, como dice la narración bíblica, "se debilitaron sus caderas y sus rodillas daban la una contra la otra" (Dan. 5:6). Este lenguaje indica que el rey fue presa del pánico, y se ha sugerido que perdió el control de sus funciones corporales.6 Él había abusado de las vasijas del Templo y manipulado a la multitud, pero cuando la siniestra escritura apareció en la pared era totalmente impotente. Invocó a sus magos, pero no pudieron explicar la escritura sobrenatural. Como resultado de la conmoción, la reina vino al palacio y le recordó al rey de alguien que podía interpretar la escritura en la pared: es decir, Daniel, un siervo de su padre, Nabucodonosor. En esta conexión, dos consideraciones están en orden. Primera, la reina pudo haber sido la reina madre Nitocris, mencionada por Herodoto, la esposa de Nabonido e hija de Nabucodonosor.7 Ella, al parecer, habla a Belsasar con algún grado de autoridad sobre él. La reina madre desempeñaba un papel importante en muchas culturas del antiguo Cercano Oriente (1 Rey. i5:i3; Jer. 13:18).

También debe notarse que Belsasar, aunque se lo menciona como hijo de Nabucodonosor (Dan. 5:2), era el hijo biológico mayor de Nabonido, con quien era corregente. Por lo tanto, la referencia a Nabucodonosor como su "padre" debe comprenderse en el contexto del antiguo Cercano Oriente, donde "padre/hijo" puede referirse a un antepasado/descendiente distante o predecesor/sucesor no familiar. Además, la conexión padre/hijo llega a ser relevante al desarrollarse la narración, siendo que llega a ser claro que el hijo no aprendió de la experiencia del padre. Además, mientras que Nabucodonosor marca el inicio del Exilio, Belsasar señala su fin y la desaparición del Imperio Babilónico. De esta manera, aunque varios reyes gobernaron sobre Babilonia, Daniel se enfoca solo en el primero y el último, llamando la atención a la comparación con el capítulo 4 y aludiendo al exilio de setenta años de Judá.8 Para una lista de los gobernantes del Imperio Babilónico y su supuesta relación con Nabucodonosor, ver la tabla que sigue.

Gobernantes de Babilonia, y su supuesta relación con Nabucodonosor

Nabucodonosor (605-562 a.C.): mencionado 91 veces en el Antiguo Testamento (mayormente en Jeremías 21 a 52; Daniel 1 al 5).

Amel-Marduk (562-560 a.C.): hijo (2 Rey. 25:27; Jer. 52:31).

Nergal-Sharezer (560-556 a.C.): posible yerno; esposa desconocida (Jer. 39:3,13).

Labashi-Marduk (556): Posiblemente nieto materno (ninguna referencia bíblica); asesinado siendo niño.

Nabonido (556-539 a.C.): tal vez yerno por medio de Ni-tocris (sin referencias bíblicas).

Belsasar (550-539 a.C.): tal vez nieto materno (Dan. 5, 7, 8); también hijo de Nabonido y corregente con él.

Unas pocas reflexiones pueden ser apropiadas al extraer algunas implicaciones de la experiencia de Belsasar. Por ejemplo, parece claro que la profanación de lo que pertenece a Dios es un desafío directo a su autoridad. Esto nos recuerda cómo deberíamos manejar ciertas cosas que le pertenecen, tales como nuestros recursos, diezmos, ofrendas, cuerpos y afectos. Dios reclama autoridad sobre todas estas cosas, y deberíamos manejarlas como vasos santos. También aprendemos, de esta historia, que Dios a veces actúa en forma dramática para derrotar el orgullo humano. La riqueza y el poder pueden producir un falso sentido de seguridad, que se evapora en la presencia del juicio divino.

Las palabras del rey pagano a Daniel son dignas de notar: "¿Eres tú aquel Daniel de los hijos de la cautividad de Judá, que mi padre trajo de Judea? (Dan. 5:13). Ese discurso con tono condescendiente suena a prejuicio o a racismo. Esta mentalidad condujo a Belsasar a "olvidar" que el "cautivo de Judá" había servido como uno de los más altos oficiales de Babilonia y uno de los consejeros más cercanos de Nabucodonosor. El prejuicio, el racismo, el antisemitismo aparecen cuandoquiera que la gente se olvida de que todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. De hecho, todos somos hermanos y hermanas cuya nacionalidad es la humanidad.

Luego, Daniel rehúsa la recompensa por su servicio, siendo que tan grande recompensa podría ser comprendida como una presión para entregar una interpretación favorable. Además, una recompensa sería inútil en vista de la pronta caída del rey. Es interesante que, después de que da la interpretación, Daniel acepta la recompensa ya que en ese momento la interpretación desfavorable no despertaría sospechas de motivación indebida.9 Belsasar ofreció a Daniel el tercer cargo en el reino porque él mismo era corregente con Nabonido, por lo que el tercer puesto era el más alto que el rey podía ofrecer.

Pero, antes de dar la interpretación, Daniel ofreció un largo preámbulo, recordando al rey su propia historia familiar. El profeta cuenta cómo Dios otorgó a Nabucodonosor riquezas y poder. Pero él llegó a ser tan arrogante y arbitrario que Dios lo sacó del trono para derribar su orgullo. Luego, Daniel explica que Nabucodonosor se arrepintió, reconoció la soberanía de Dios, y así fue restaurado. Finalmente, el profeta acusa a Belsasar, dejando en claro que el rey no tiene excusa por no aprender de la experiencia de Nabucodonosor. Los pecados de Belsasar son los siguientes: falta de humildad, orgullo, exaltación contra Dios, profanación de los vasos del Templo, idolatría, y no dar la gloria a Dios. En este punto, parece evidente que los pecados del rey están de algún modo relacionados con la escritura en la pared, que Daniel procede a interpretar.

Debe mencionarse que las palabras en arameo con-sonántico en la pared podrían vocalizarse como sustantivos, significando medidas de peso, o como participios pasivos. Daniel lee las palabras como participios pasivos, así: Mene (mina, o contado), tekel (shekel, o siclo, pesado), parsim (plural de peres, media mina, o dividido). De este modo, como lo declaró Daniel mismo, "esta es la interpretación del asunto: 'Mene': Contó Dios tu reino y le ha puesto fin. 'Tekel': Pesado has sido en balanza y hallado falto. 'Peres': Tu reino ha sido roto [dividido] y dado a los medos y a los persas" (vers. 26-28; énfasis añadido).

Ninguno de los dioses exaltados y honrados en el banquete pudo intervenir y resolver el siniestro enigma. Irónicamente, fue el Dios que Belsasar despreció y cuyos vasos profanó quien le proveyó la solución por medio de uno de los exiliados ignorados por el rey. En otras palabras, el Dios considerado impotente manifestó su poder, mientras que los dioses fabricados por las manos humanas se mostraron inútiles.10

Al concluir la narración, la interpretación de Daniel obtuvo su confirmación esa misma noche. Con los dirigentes de Babilonia ebrios, los medopersas, que habían desviado secretamente el río Éufrates, entraron en la ciudad por el cauce del río, por debajo de las murallas. Bajo el comando de Darío el Medo, que probablemente fuera el general de Ciro, dominaron a los babilonios y mataron a Belsasar. De este modo, el imperio que capturó a Judá fue él mismo capturado.

Es interesante, Darío es la única persona cuya edad se menciona en Daniel (62 años), lo que implica que había nacido alrededor del año 601 a.C., en la cumbre del poder de Babilonia y poco después de que Daniel fuera llevado a Babilonia, en el año 605 a.C. Se sigue de esto que al comienzo de la cautividad de Israel Dios ya estaba trabajando para terminar el Exilio, como lo anunciaron los profetas (Isa. 44:24-45:8; Jer. 25:11,12; 29:10; Eze. 34:iM6).n

En este punto, algunas vislumbres teológicas significativas merecen consideración. Primera, debemos notar la expresión: "espíritu de los dioses santos" (Dan. 5:11), que, de acuerdo con la reina, era un atributo de Daniel. Aunque ella pudo haber usado la frase en un sentido pagano, la frase expresa la verdad de que el Espíritu Santo empoderó la vida y el ministerio de Daniel en Babilonia. Así, el "espíritu, ciencia y entendimiento para interpretar sueños, descifrar enigmas y resolver dudas" (vers. 12) hallados en Daniel fueron dones del Espíritu Santo. Pero las buenas noticias son que Dios promete dar en forma abundante el Espíritu a cualquiera. Él no solo fortalece nuestros dones y habilidades naturales, sino también nos empodera con dones sobrenaturales de acuerdo con su propósito para nuestra vida.

Segunda, pero no menos importante, Dios quiere que aprendamos de las experiencias pasadas de otros. Al oír cómo Dios obró con ellos, podemos aprender de sus éxitos, fracasos y desafíos.12 Como lo dijo un filósofo: "Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo".13 Precisamente en este punto fracasó Belsasar. Si él hubiera prestado atención a la experiencia de Nabucodonosor, habría tenido una mejor captación del carácter de Dios y de cómo servirlo. Además, "cuanto mayor es nuestro privilegio y comprensión de los caminos de Dios en lo pasado, mayor es nuestra responsabilidad en el presente".14 Cuanto más reflexionemos sobre cómo él guio a nuestros antepasados en la fe, tanto más confiaremos en el Señor y miraremos el futuro con esperanza. Como lo expresó Elena de White muy apropiadamente: "No tenemos nada que temer por el futuro, excepto que olvidemos la manera en que el Señor nos ha conducido. Somos ahora un pueblo fuerte, si queremos poner nuestra confianza en el Señor; porque estamos manejando las grandiosas verdades de la Palabra de Dios. Tenemos todas las razones para estar agradecidos".15

Tercera, la soberanía de Dios, que a veces se expresa en castigos, es uno de los puntos teológicos más importantes, si no el centro teológico del libro. El capítulo presente muestra a Dios castigando a Belsasar y haciendo la transición del poder de Babilonia a Medopersia, dándolo por sentado. ¿De qué modo la soberanía de Dios marca una diferencia en nuestra vida? Por un lado, la convicción de que Dios es soberano debería liberarnos del estrés de tener que arreglar el mundo. Si alguna vez nos sentimos abrumados por la idea de que nuestras iglesias, familias, sociedades y lugares de trabajo dependen de nosotros para prosperar o para sobrevivir, la enseñanza bíblica de que todo, en última instancia, depende de Dios nos permite dejar nuestras cargas a él. Por otro lado, la soberanía de Dios no nos excusa de nuestra responsabilidad, porque su soberanía deja espacio para la libertad humana. Por lo tanto, por cuanto Dios es soberano, él puede empoderarnos para hacer una obra y logros significativos, y lo hace.

Es sabio reconocer y abrazar la soberanía de Dios, como lo ilustra la vida de un monarca posterior.

Se dice que Napoleón, en la cumbre de su carrera, dio una respuesta cínica a alguien que le preguntó si Dios estaba del lado de Francia: "Dios está del lado del que tiene la artillería más pesada". Entonces ocurrió la batalla de Waterloo, en la que Napoleón perdió tanto la batalla como su imperio. Años más tarde, en el exilio en la isla de Santa Elena, castigado y humillado, se dice que Napoleón citó las palabras de Tomás de Kempis: "El hombre propone; Dios dispone". Esta es la lección con la que la historia nos confronta a todos. Dios es capaz de realizar su soberana voluntad [...] a pesar del hombre.16

Conclusión

Babilonia evoca a Babel, su antigua predecesora (Gén. 11). Ambas fueron iconos de la arrogancia humana; ambas intentaron borrar la línea entre el Cielo y la Tierra; y en ambas historias, una confusión de lenguas señaló el fin de sus proyectos. Pero la caída del Imperio Babilónico no fue el fin del espíritu o ideología de "Babilonia". Babilonia reaparece en Daniel 11 y con plena fuerza en el libro de Apocalipsis. De hecho, la profanación de los vasos del Templo que hizo Belsasar fue apenas una sombra del asalto espiritual de Babilonia a la verdadera adoración y al Santuario celestial de Dios. Pero, como su contraparte histórica, la Babilonia del tiempo del fin finalmente será eliminada por el Reino eterno de Dios (Apoc. 14:8; 16:19; 17:5; 18:2,10,21).


Referencias

1 Tremper Longman III, Daniel, The NiV Application Commentary (Grand Rapids, MI: Zonderavan, 1999), p. 136.

2 John J. Collins, Daniel: A Commentary on the Book of Daniel, ed. Frank Moore Cross, con un ensayo por Adela Yarbro Collins, "Herme-neia-a Critical and Historical Commentary on the Bible" (Minneapolis, MN: Fortress, 1994), p. 245.

3 Isaac Kalimi y James D. Purvis, "King Jehoiachin and the Vessels of the Lord's House in Biblical Literature", The Catholic Biblical Quarterly 56, N= 3 (julio de 1994), pp. 449-457. 4Longman III, Daniel, p. 138.

5 Wendy L. Widder, Daniel, The Story of God Bible Commentary, eds,. Tremper Longman III y Scot McKnight (Grand Rapids, MI: Zon-dervan, 2016), p. 117.

6 Al Wolters, "Untying the King's Knot: Physlology and Wordplay ¡n Daniel 5", Journal of Biblical Literature 110, No 1 (Spring 1991), pp. 117-122.

7 Alien C. Myers, ed. The Eerdmans Bible Dictionary (Grand Rapids, MI: Eermansm, 1987), p. 135.

8 Ronald W. Pierce, Daniel, Teach the Text Commentary Series, eds. Mark L. Strauss y John H. Walton (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2015), p. 86.

9 Pierce, Daniel, p. 93.

10 John E. Goldingay, Daniel, Word Biblical Commentary (Dallas: Word, Incorporated, 1998), t. 30, p. 113.

1lAndrew E. Steinmann, Daniel, Concordia Commentary (Saint Louis, MO: Concordia Publishing, 2008), p. 288. w Pierce, Daniel, p. 99.

"George Santayana, The Life of Reason or the Phases of Human Progress: Reason In Religión. Vol. VII, Book Three, The Works ofGeor-ge Santayana, eds. Marianne S. Wokeck y Martin A. Coleman (Cambridge, MA: The MIT Press, 2011), p. 172.

14 Pierce, Daniel, p. 99.

15 Elena de White, Mensajes selectos (Mountain View: Publicaciones Interamericanas, 1984), t. 3, p. 182.

16Michael P. Green, ed. Illustrations for BibNcal Preaching (Grand Rapids, MI: Baker, 1989).










 

 

Introducción

Hacia el final de la vida de Daniel los grandes cambios comenzaron a ocurrir donde 60 años antes él y sus compañeros habían sido llevados. Nabucodonosor "el terrible de las naciones" (Ezequiel 28: 7), había muerto, y Babilonia, "la alabanza de toda la tierra" (Jeremías 51: 41), había pasado bajo el gobierno desacertado de sus sucesores y el fin del imperio se acercaba con rapidez.

Por la locura y debilidad de Belsasar - nieto de Nabucodonosor - la orgullosa Babilonia estaba por caer. Admitido en su juventud a compartir la gloria y esplendor de su reino, Belsasar levantó su corazón contra el Dios del cielo. Muchas fueron sus oportunidades para conocer la voluntad divina y para entender su responsabilidad hacia Dios.

Belsasar conoció la locura que le sobrevino a Nabucodonosor por levantarse contra al Dios del cielo. Sabía acerca de su conversión y restauración al reino, pero el amor al placer y la glorificación propia le hicieron olvidar las lecciones que nunca debió haber olvidado. Despreció las oportunidades que Dios le concedió. Descuido todo lo que le hubiera llevado a un conocimiento del Dios verdadero. Todo lo que Nabucodonosor ganó a costa de sufrimientos y humillaciones, Belsasar lo vio con indiferencia.

No pasó mucho tiempo sin confrontar el juicio Divino. Ciro el persa (sobrino de Darío de Media y comandante de las fuerzas Medo-Persas) cercó Babilonia, Pero Belsasar se sentía seguro dentro de los enormes muros y puertas de bronce que desafiaban a cualquier ejército invasor y se dio a la libertinaje y la borrachera.