Lección 6 MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

RESEÑA

Textos clave: Daniel 5:11, 12.

Enfoque del estudio: Daniel 5:1-31; Proverbios 29:1; Salmo 75:7; Isaías 45:1, 2; Lucas 12:19.

Introducción: Daniel 5 guarda una estrecha relación con Daniel 4. Ambos capítulos describen gráficamente la soberanía de Dios por sobre los reinos del mundo. En Daniel 4, Dios le quitó el poder a Nabucodonosor por un período limitado. En Daniel 5, Dios le quita el poder a Belsasar y le pone fin al reino babilónico.

Temática de la lección:

Aplicación a la vida: ¿Cuál fue el pecado más atroz la noche de la caída de Babilonia? Incluso más que organizar una fiesta hedonista, su peor pecado fue el trato que les dio a los vasos del Templo de Dios. El manejo blasfemo de los objetos sagrados sintetizó el desprecio de Belsasar por el Dios de Israel y finalmente llenó la copa de la iniquidad de Babilonia. Sin embargo, la raíz de sus faltas estaba en su rechazo a andar en la luz que Dios reveló a través de su trato con Nabucodonosor. Para evitar cometer el mismo error, nosotros también deberíamos prestar suma atención a las experiencias de los demás, tanto positivas como negativas. Aún más, debemos andar en la luz que Dios ha derramado en nuestra senda a través de su Palabra.

COMENTARIO

1. La arrogancia. La última noche de Babilonia estuvo marcada por una gran celebración. Jenofonte y Heródoto indican que los babilonios estaban celebrando una fiesta habitual. La Biblia no menciona las razones de la fiesta, pero los eruditos han especulado que podría haber sido la Fiesta Akitu de Año Nuevo.

Cualquiera que haya sido, siendo que los medos y los persas estaban listos para atacar Babilonia (Dan. 5:29-31), nos preguntamos por qué hizo fiesta Belsasar.

Lo más probable es que se haya sentido seguro dentro de la ciudad, que estaba rodeada de un muro de siete metros de ancho y al menos doce metros de alto.

Dentro de la ciudad había abundante agua y provisión de alimentos para soportar muchos años de asedio. Por ende, Belsasar no albergaba ningún temor de una invasión en el futuro cercano. La fiesta transmitía una sensación de normalidad para los habitantes de la ciudad a pesar de que los enemigos se encontraban fuera de los muros de la ciudad.

En plena celebración, Belsasar alabó a los dioses “de plata y oro, de bronce, de hierro, de madera y de piedra” (Dan. 5:23), pero no al Dios viviente. Aparentemente, se olvidó de lo que Dios había hecho a través Daniel para enseñarle a Nabucodonosor. Sin embargo, el mero acto de profanación indica que Belsasar quizá no haya sido totalmente ajeno al Dios viviente. Al tomar los vasos del Templo de Jerusalén y usarlos para beber en la celebración blasfema, el rey de Babilonia demostró que no solo se negaba a honrar al Dios de los hebreos sino además lo menospreció deliberadamente. Al profanar los vasos del Templo, el rey expresó su desprecio más escandaloso por la realidad que esos objetos representaban, es decir, la adoración al Dios verdadero. Esos objetos, aunque estaban en el exilio, seguían siendo santos, y Belsasar debería haberlos tratado con sumo respeto.

Isaías demandó pureza de los exiliados que transportarían los vasos sagrados de vuelta a Jerusalén (Isa. 52:11, 12). Nabucodonosor aparentemente comprendió el estatus de los objetos del Templo cuando los colocó en el templo de su dios. A diferencia de su predecesor, Belsasar no mostró ningún respeto por los vasos del Templo. Al profanarlos en su celebración orgiástica, desafió a Dios mismo.

La profanación de los vasos sagrados por parte de Belsasar se destaca como otro episodio en el largo conflicto entre Babilonia y Jerusalén descrito en las Escrituras. El término Babilonia aparece por primera vez en Génesis 11 (aparece como Babel en la mayoría de las traducciones) cuando un grupo de rebeldes comenzó a construir una torre con la intención de llegar al cielo. A partir de entonces, un conflicto entre Dios y Babilonia (esta última como representante de las fuerzas que se oponen a Dios y su verdad) surge vez tras vez en las Escrituras.

Cuando los ejércitos de Nabucodonosor invadieron Judá y redujeron a Jerusalén y el Templo a escombros, al parecer Babilonia había ganado. Belsasar parece resuelto a reconfirmar esas apariencias deshonrando los vasos del Templo de Dios. Al alabar a sus dioses y profanar los vasos del Templo, el rey de Babilonia intentó hacer una demostración pública de desprecio hacia el Dios de los judíos. Este acto de profanación apunta a los ataques escatológicos del cuerno pequeño y del rey del norte contra el pueblo de Dios y el Templo celestial de Dios, según se describe en la parte profética de Daniel. Posteriormente, el libro de Apocalipsis ofrece un cuadro más amplio del conflicto entre Babilonia y Jerusalén, que culmina con la aniquilación de Babilonia y el establecimiento del Reino eterno de Dios desde la Nueva Jerusalén.

2. El juicio. En un momento escogido divinamente en medio del bullicio lujurioso, de repente apareció una escritura misteriosa en la pared de la sala del banquete. El rey inmediatamente percibió la gravedad de la situación. Aunque no podía leer la escritura, sintió que era una declaración siniestra de juicio inminente. Una vez más, los magos y los profesionales del palacio no lograron producir una interpretación que satisficiera al rey. Recién por sugerencia de la reina madre, el rey solicitó que llevaran a Daniel ante su presencia. Algunos eruditos identifican a esta mujer con Nitocris, hija de Nabucodonosor, esposa de Nabonido y madre de Belsasar.

Podríamos preguntarnos por qué ignoraron a Daniel hasta ese momento. En este sentido, debemos tener en cuenta que Daniel había trabajado hasta el tercer año de Belsasar (Dan. 8:1, 27). Por lo tanto, el anciano profeta no era ningún extraño para el rey. Sobre la base de la actitud y el comportamiento de Belsasar en general, al parecer este rey pudo haber relegado a Daniel al margen por conveniencia política (y religiosa).

Al comparecer ante el rey, el anciano profeta ya no utilizó un lenguaje deferente, como anteriormente lo hizo con Nabucodonosor. Después de aclarar que rechazaba las recompensas que el rey prometió a cualquiera que interpretara la escritura, Daniel se dirigió al rey en los más duros términos. Por encima de todo, Daniel culpó a Belsasar por no aprender de la experiencia de Nabucodonosor, especialmente cuando el último fue expulsado del trono por un período de siete años (Dan. 4). Por consiguiente, Belsasar sabía lo que tenía que hacer: “Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazón, sabiendo todo esto” (5:22). Por lo tanto, la escritura en la pared implicaba juicio para Belsasar y Babilonia: MENE, MENE (“contado”), TEKEL (“pesado”), UPARSIN (“y dividido”). Elena de White dice que esas letras “resplandeci´an como fuego”, y que al rey y los demás “les parecio´ estar emplazados ante el tribunal del Dios eterno, cuyo poder acababan de desafiar” (PR 386). La sentencia estaba dada, el rey de Babilonia y el reino estaban condenados. A pesar de la interpretación desfavorable, el rey cumplió con su palabra, recompensó a Daniel, y le dio el tercer lugar en el Imperio Babilónico, aunque solo por pocas horas.

Esa misma noche, el enemigo desvió el río Éufrates (que atravesaba la ciudad) a un pantano, y cuando bajó el nivel del agua los soldados entraron en Babilonia por debajo del muro de la ciudad, a través del lecho del río. Belsasar fue asesinado, y la poderosa Babilonia cayó en manos de los medos y los persas en octubre de 539 a.C. La caída de la histórica Babilonia (así como el oro dio paso a la plata) simboliza la derrota final de la Babilonia del tiempo del fin.

En Apocalipsis, la caída de la Babilonia del tiempo del fin se relaciona con la sexta plaga, que termina con el secamiento del Éufrates con el fin de preparar el camino para los reyes del oriente (Apoc. 16:12). Al final, la ciudad victoriosa (Babilonia) es derrotada, y la ciudad derrotada (Jerusalén) triunfa para siempre.

APLICACIÓN A LA VIDA

¿Cómo puedes evitar que la falta de Belsasar (de no aprender de las experiencias pasadas de su predecesor Nabucodonosor) se repita en tu vida hoy? ¿De qué manera puedes evitar caer en la misma trampa de no aprender de la experiencia de los demás? ¿Por qué es importante saber lo que Dios hizo en la historia pasada de su pueblo? ¿Qué ocurre con los que se olvidan del pasado? ¿Cómo podemos aprender de los actos pasados de Dios?

En tu opinión, ¿cuál fue el pecado más ofensivo de Belsasar? Explica tu respuesta.

Imagínate en el lugar de Daniel. Después de ser ignorado, finalmente, te llaman para resolver el problema que los astrólogos, los caldeos y los adivinos no pudieron resolver. ¿Cómo te habrías sentido? ¿De qué modo habrías tratado al rey? ¿Habrías aceptado las recompensas prometidas por el rey? Explica.

Belsasar ignoró al Dios verdadero y alabó a los dioses de oro y plata, bronce y hierro, madera y piedra. ¿Qué “dioses” actuales representan una amenaza para tu relación con el Dios verdadero? ¿El dinero? ¿El estatus? ¿La educación? ¿La carrera?

Daniel acusa al rey de no glorificar “al Dios en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos tus caminos” (Dan. 5:23). ¿Cuán significativa es esta descripción de Dios para ti? ¿Qué sientes con un Dios así? ¿Amor? ¿Odio? Analicen.

¿De qué manera el juicio de Belsasar y la caída de Babilonia pueden darte la seguridad de que, al final, las fuerzas del mal serán derrotadas? ¿Qué imagen del juicio y del carácter de Dios puedes vislumbrar a partir de este relato?