Capítulo 8
DEL MAR TORMENTOSO A LAS NUBES DEL CIELO

Las historias de la fidelidad de Daniel y sus amigos -el rehusar comer alimentos no limpios, la liberación del horno ardiente y el rescate del foso de los leones- son bien conocidas y amadas por personas de todas las edades. No obstante los informes de criaturas extrañas que emergen del mar, especialmente la bestia espantosa con diez cuernos, puede ser un poco mucho para los niños. No obstante, aunque Daniel 7 puede no ser una historia que usted busque para contarles a los niños al ir a la cama, es intensamente interesante y relevante para nuestro caminar diario con Dios. Los símbolos y las metáforas, correctamente comprendidos, dejan bien en claro que Dios triunfa sobre el mal.

Previamente, Daniel fue un intérprete de sueños dados a otras personas. Ahora, él está luchando coh sus propios sueños y visiones perturbadores, y necesita ayuda angélica para superar estas inquietantes revelaciones. El capítulo 7 continúa la sección aramea de Daniel y describe una escena de cuatro animales, que se corresponden con los cuatro reinos metálicos del capítulo 2. Sin embargo, el género distintivo y el contenido de Daniel 7 están más estrechamente relacionados con la sección profética del libro. De este modo, el capítulo 7 actúa como una bisagra entre las secciones narrativa y profética, y constituye el corazón del libro de Daniel.

La visión está fechada en el primer año del reinado de Belsasar, por el año 553 a.C., el primer año de la corregencia de Belsasar con su padre, Nabonido. En ese momento, el Imperio Babilónico se estaba debilitando, y un nuevo poder mundial estaba asomando en el horizonte. Dios le dio esta visión a Daniel para animar a su pueblo y mostrarle que la historia humana se mueve de acuerdo con el plan de un Dios omnipotente. Poderes monstruosos y temibles pueden atacar y perseguir al pueblo de Dios, pero el Tribunal celestial arreglará todas las cosas, y el Hijo del Hombre y los santos gobernarán por siempre

Los cuatro animales

En la visión de Daniel 7, Daniel vio cuatro grandes animales que subían del "gran mar" tormentoso (vers. 2). En la profecía bíblica, el agua generalmente representa pueblos y naciones (Isa. 17:12,13; 57:20; Jer. 46:6-8; Apoc. 17:15) y los vientos o las tormentas simbolizan guerra o conquistas (Jer. 25:31-33; 49:36,37; Zac. 7:14; Apoc. 7:1). Estas imágenes ayudan a Daniel a describir gráficamente el surgimiento y la caída de imperios, como están representados por los cuatro animales que suben del mar. Siendo que la Biblia aplica la frase "mar grande" al Mediterráneo, una concepción alega que estos poderes eran reinos mediterráneos. Esto parece plausible, siendo que todos los poderes del mundo representados en la visión están situados alrededor, o aun, en el Mar Mediterráneo.1 Otra concepción toma "gran mar" como un símbolo de las naciones del mundo, o la humanidad en todas las épocas, sin referencia a un cuerpo específico de agua.2

Es interesante que algunos hayan sugerido que los vientos que soplan y las bestias que emergen del "gran mar" para gobernar sobre la Tierra sean una inversión del propósito original de Dios para la Creación. En lugar de que el hombre/humanidad (adám) gobiernen sobre las bestias (Gén. 1:26-28), las bestias dominan sobre la Tierra. Además, todas las bestias en esta visión son criaturas compuestas, lo que expresa una violación del orden natural. Pero, al llegar la visión a una culminación, un hijo de hombre recibe el dominio para gobernar sobre la Creación, de acuerdo con el plan original de Dios.3 Debe destacarse que tales concepciones sobre el simbolismo no son necesariamente mutuamente excluyentes, ni cambian los referentes históricos de los símbolos.

Al estudiar los símbolos proféticos presentados en la visión, debemos recordar que el ángel no explica todos los símbolos, y que "no hay comentarios interpretativos sobre los primeros tres animales, y no hay representación en la visión simbólica del castigo del cuerno. Hay más simbolismo que interpretación, y más interpretación que simbolismo; cada uno se presenta como su propia revelación".4 De este modo, el paralelismo con Daniel 2 llega a ser un auxiliar indispensable para llenar las brechas y completar el cuadro amplio. Las primeras tres bestias se describen como "semejantes" a sus contrapartes animales (Dan. 7:4-6). Sin embargo, la cuarta bestia aparece como la entidad misma que representa.

León. Una representación adecuada del Imperio Babilónico, que tenía numerosas representaciones de leones alados. La combinación del rey de los animales con el rey de las aves es una descripción exacta del Imperio Babilónico en la cumbre de su gloria. Un león sin alas transmite debilidad y puede simbolizar los años de declinación de Babilonia bajo los sucesores de Nabucodonosor. Que el león reciba el corazón de un hombre puede simbolizar la humillación y la restauración de Nabucodonosor (Dan. 4), o el rey establecido, gozando del producto de sus conquistas.

Oso. Como habitante de las montañas, el oso es una apropiada representación del Imperio Medopersa. Se originó en la zona montañosa de Media y la elevada planicie del Irán. Este oso específico tenía un lado más alto que el otro porque el equilibrio del poder entre los medos y los persas se inclinaba del lado de los persas. Las tres costillas pueden identificarse con las tres conquistas principales del Imperio Medopersa: Lidia, Babilonia y Egipto.

Leopardo. La ferocidad y la velocidad de un leopardo con cuatro alas provee un símbolo apropiado para el imperio de Grecia, establecido por Alejandro Magno. Las cuatro cabezas representan los cuatro generales que se dividieron el imperio después de la muerte de Alejandro: Seleuco (Siria y Babilonia), Lisímaco (Tracia y Asia menor noroccidental), Tolomeo I Soter (Egipto) y Casandro (Macedonia).5

Bestia indescriptible. Esta bestia sin paralelo representa el Imperio Romano. Desde la conquista de Macedonia en 168 a.C., hasta la conquista de Egipto en el año 30 a.C., las conquistas de Roma rápidamente la establecieron como el gobernante del mundo antiguo. Los dientes de hierro representan la naturaleza destructora de este reino, que recuerda las poderosas piernas de hierro de la imagen de Daniel 2. De este modo, el hierro aparece en relación con el cuarto reino en ambas profecías, lo que identifica así el mismo poder en ambas visiones.

Otra característica de este animal es que tiene diez cuernos. Siendo que el ángel explica que los diez cuernos son diez reyes que salen de este reino, los referentes más plausibles son las tribus bárbaras que gradualmente se apoderaron de la Roma Imperial. Expandiéndose sobre el continente, estas tribus finalmente evolucionaron hasta formar las naciones europeas modernas. Esta es una de las listas posibles de tales tribus: ostrogodos, visigodos, francos, vándalos, suevos, alamanes, anglosajones, héru-los, lombardos y burgundios.6 Finalmente, la aniquilación del poder perseguidor viene con la observación de que a las otras bestias su vida se les extendió por un período (Dan. 7:12). Esto muy probablemente se refiera a los ámbitos residuales de poder o de influencia que cada imperio mundial tuvo después de que pasara el tiempo de su dominio.

El cuerno pequeño

Aunque los poderes mundiales previos representados por las bestias descritas arriba eran de naturaleza política, el poder simbolizado por el cuerno pequeño es diferente:

Hablaría palabras pomposas contra el Altísimo, Perseguiría a los santos del Altísimo, Intentaría cambiar los tiempos y la ley. Luego los santos serán entregados en sus manos Por tiempo, tiempos y medio tiempo (Dan. 7:25).

Este poder realiza tres actividades, que son de naturaleza religiosa: 1) habla contra Dios; 2) persigue a los santos; 3) intenta cambiar los tiempos y la ley, aunque solo Dios pude cambiar los tiempos y las épocas (Dan. 2:21).

En este punto, surge la pregunta acerca de qué poder representa el cuerno pequeño. Una cuidadosa mirada a la historia muestra que solo un poder cumple las especificaciones: el Papado. Por lo menos ocho líneas de evidencia han sido aducidas para corroborar esta enfoque.7

Primera, el cuerno se originó en la cuarta bestia, o Roma (Dan. 7:8). Pero es diferente del Imperio Romano aun cuando comparte algunos atributos de la Roma imperial.

Es interesante: el Papado adoptó una cantidad de títulos y atribuciones asociados con los emperadores romanos.

Segunda, surge después de que los otros diez cuernos ya estaban establecidos, lo que indica que el cuerpo pequeño surge de un Imperio Romano decadente. La historia presenta esto, al mostrar que el Papado se originó de las ruinas de Roma. El vacío de poder causado por la expulsión de las tres tribus bárbaras fue llenado por el obispo de Roma con la ayuda de Justiniano, quien declaró que el obispo de Roma era la cabeza de todas las iglesias, y dándole ciertos poderes civiles.

Tercera, cuando el cuerno pequeño ascendía al poder, tres cuernos fueron arrancados delante de él. En el siglo VI d.C., el emperador romano, aliado con el obispo de Roma, derrotó a los ostrogodos, los vándalos y los visigodos, tres tribus arias que se oponían al obispo de Roma. Esto pavimentó el camino para que el obispo de Roma consolidara su poder.

Cuarta, este poder llegó a ser un poder perseguidor, un hecho reconocido por el Papado mismo, sobre la base de que tales actos son legítimos basados en la autoridad presumiblemente dada por Cristo.8

Quinta, este poder intentó cambiar la Ley de Dios. El Papado cambió el cuarto Mandamiento, del sábado del séptimo día al domingo. Aunque esto fue un proceso gradual y complejo, la iglesia de Roma finalmente ratificó el cambio sobre la base de que ella tenía la autoridad para hacerlo. Además, el término "tiempos" se refiere a la historia humana y su sucesión de reyes y reinos (Dan. 2:21). En la cumbre de su poder, el Papado actuó para promover o deponer reyes.

Sexta, este poder habla contra el Altísimo, al cometer blasfemia. Algunos títulos y atribuciones del Papado -tales como la autoridad sacerdotal de perdonar pecados, de excomulgar y de excluir a personas o grupos de participar en cosas espirituales- claramente caen en la categoría de blasfemia contra Dios.

Séptima, el vínculo entre el cuerno pequeño de Daniel 7:8 y el cuerno pequeño de Daniel 8:9 muestra que ambos símbolos representan virtualmente el mismo poder y realizan las mismas acciones descritas en 8:9: perseguir y falsificar el ministerio de Cristo en el Santuario celestial.

Octava, note la duración de la persecución: "tiempo, tiempos y medio tiempo" (7:25). La palabra "tiempos" debe entenderse como dual, es decir, dos veces. La palabra ara-mea "tiempo" {'iddarí) también puede traducirse como "año".9 El año lunar judío estaba compuesto por 12 meses de unos 28 días cada uno, lo que formaba un año de 354 días. Cada 3 años, se añadía un mes adicional para alinear el año lunar con los años solares de 365 días. Un año profé-tico tiene meses que son de 30 días cada uno.10 Por lo tanto, los 3 años y medio equivalen a 1.260 días proféticos. Esta conclusión encuentra su confirmación definitiva en los 1.260 días simbólicos de Apocalipsis 11:2 y 3, y los 42 meses de Apocalipsis 13:5. Estos períodos se extienden desde 538 d.C. (la liberación de Roma del control de los ostrogodos y el decreto de Justiniano que constituía al obispo de Roma como cabeza de todas las iglesias), hasta la deposición del Papa en el año 1798.

El Juicio celestial

Con el juicio en el cielo, la visión alcanza su culminación. El foco inicial sobre la Tierra y el surgimiento de los poderes mundiales se traslada ahora al cielo. Debe clarificarse que el evento descrito aquí no es la segunda venida de Jesús. Más bien, es un evento que sucede en el cielo, cuando un "hijo de hombre" aparece en la presencia del Anciano de Días. En la línea de tiempo profético, este juicio comienza después de las acciones realizadas por el cuerno pequeño y antes de la segunda venida de Jesús; por ello, se lo designa como el "Juicio Previo al Advenimiento".

Al desarrollarse la escena celestial, se abren los libros, y un tribunal, presidido por uno llamado "el Anciano de Días", comienza sus deliberaciones. Con el tiempo, se otorga un Reino eterno al "hijo de hombre". En vista de una descripción tan majestuosa de la grandeza celestial, la gloria pasajera de los reinos eternos empalidece en comparación con el que está sentado sobre el trono llameante. "No importa cuán alto sea el trono humano, este trono es más alto. No importa cuán pomposo o pernicioso el trono humano, este trono más alto lo destruye con un poder resplendente y santo. Hay un trono más elevado, y es ocupado por un Ser que es totalmente bueno, justo y recto, un Ser que estuvo en el Trono en el tiempo pasado, está en el Trono hoy y estará en el Trono para siempre. Un Ser que finalmente juzgará a todos los tronos humanos y recompensará a los fieles".11

Se describe al protagonista inicial en la visión en términos de su apariencia personal, su trono y sus alrededores;12 el personaje primero y central en la escena celestial es el Anciano de Días. Este título singular de Dios aparece solo en Daniel y evoca varias referencias bíblicas a la naturaleza eterna de Dios (Isa. 9:6; 40:28), contrastándola con la naturaleza fugaz de los reinos terrenales. Siendo que él es claramente distinto del "hijo de hombre", el Anciano de Días debe identificarse con Dios el Padre.

No menos importante e igualmente central en la visión es el "hijo de hombre". Él surge como "un ser celestial, individual, escatológico, con rasgos mesiánicos".13 Él es un individuo porque es presentado como un líder de los "santos". Es escatológico porque recibe un "dominio eterno" (Dan. 7:14). Es "celestial" porque viene con las nubes del cielo. Sus rasgos mesiánicos se muestran por el hecho de que tiene dominio y se relaciona de una manera especial con el Anciano de Días.14

En las imágenes de la visión, el "hijo de hombre" viene para tomar el dominio que una vez perteneció a las bestias. Pero, mientras que las bestias eran entidades malvadas que subían del mar, el "hijo de hombre" es un ser celestial que viene con las nubes del cielo. En el Antiguo Testamento, Yahvé mismo cabalga sobre las nubes (Sal. 68:4; 104:3)- Aquí, el "hijo de hombre" emerge como un segundo poder que comparte la esencia del Anciano de Días y sin embargo se mantiene como un personaje diferente. Su relación con el Anciano de Días evoca el pacto davídico, en el que el rey aparece como el vicerregente (hijo) de Yahvé (Sal. 2:7; 110). Esto presenta al "hijo de hombre" como un rey mesiánico/davídico. No sorprende, haciendo una clara alusión a Daniel 7, que Jesús repetidamente se llame a sí mismo "Hijo del Hombre" (Mat. 16:27; 25:31; 26:64; Juan 3:13: 6:62), un título que también aparece en Apocalipsis (1:13; 14:14) y uno de los que mejor caracterizan la relación de Jesús con el Padre.

La naturaleza del Juicio se transmite en la cláusula "El juez se sentó y los libros fueron abiertos" (Dan. 7:10). Esta es una escena no diferente de la de un tribunal humano; cuando el juez entra, el tribunal se sienta, y se examinan los hechos y los registros del caso. Siendo que este juicio involucra el examen de libros, apropiadamente se lo ha llamado el "Juicio Investigador". Los libros mencionados en conexión con el Juicio muy probablemente sean los registros de alguna clase "en los cuales están consignados los nombres y los actos de los hombres".15 La Escritura menciona el "libro de los vivientes" (Sal. 69:28), un "libro de memorias" (Mal. 3:16, NVI; Neh. 13:14; Sal. 56:8) y un libro de Dios (Éxo. 32:32; Sal. 56:8). Además, las imágenes del "hijo de hombre" que viene en las nubes del cielo están claramente vinculadas con el sumo sacerdote, rodeado por una nube de incienso, entrando en el Lugar Santísimo en el Día de la Expiación.16

Pero, surge la pregunta en cuanto a quién será juzgado. Primero de todo, que "se hizo justicia a los santos del Altísimo" (Dan. 7:22) indica que debe incluir al pueblo de Dios. De hecho, uno de los propósitos principales de este juicio es repasar las decisiones de aquellos que profesaron haber aceptado a Cristo, determinando si entrarán al Reino de Dios. De este modo, cuando Cristo regrese, vendrá a distribuir sus recompensas (Mat. 16:27), que habrán sido decididas en este Juicio Investigador.17

Esta comprensión del Juicio descrito en Daniel 7 es peculiar de los Adventistas del Séptimo Día. La mayoría de los cristianos no tienen espacio para un Juicio Investigador, mayormente porque creen que al morir una persona es juzgada inmediatamente y va ya sea al cielo o al infierno. Por lo tanto, el Juicio Previo al Advenimiento para hacer tales decisiones tiene poco sentido para ellos. Sin embargo, el testimonio bíblico claramente enseña un Juicio Investigador anterior a la segunda venida de Cristo.

Al reflexionar sobre este Juicio, podemos sentirnos temerosos e inseguros acerca de nuestra salvación. A este respecto, recordemos que Dios ha provisto un Abogado poderoso y compasivo para representarnos en el Tribunal celestial: el Hijo del Hombre. Él ha cubierto nuestros pecados con su sangre y nos defenderá en el Tribunal celestial. Habiendo sido cubiertos con la justicia de Cristo, este Juicio es una vindicación de nuestra salvación. Así, en lugar de temer el Juicio, debemos darle la bienvenida con gozo y celebración.

Finalmente, el contexto de la escena del Juicio indica que el cuerno pequeño también está involucrado en el Juició. Después de todo, la vindicación de los santos del Altísimo ocasiona la condenación del poder representado por el cuerno pequeño.

El propósito principal del Juicio Investigador previo al Advenimiento es la confirmación final de la salvación y la vindicación del pueblo de Dios (vers. 22). Pero, más allá de la vindicación de los santos y la condenación del cuerno pequeño, el Juicio Previo al Advenimiento también corrobora la justicia de Dios en su trato con la humanidad. Cuando los seres no caídos del Universo examinen los registros de los santos durante el Juicio Previo al Advenimiento, concluirán que Dios en realidad ha sido justo y misericordioso en cada caso. De esta manera, el carácter de Dios, que ha sido el centro de la gran controversia entre Cristo y Satanás, será exonerado.18

Conclusión

La escena final de Daniel 7 presenta "a los santos del Altísimo" (Dan. 7:25) gobernando para siempre en estrecha asociación con el "hijo de hombre". El Reino eterno de Dios está establecido tanto en Daniel 2 como en Daniel 7. Daniel 2 culmina con el Reino de Dios que llena la Tierra, y Daniel 7 describe al Rey que gana la victoria sobre el mal y establece su Reino eterno.

Realmente, Dios pelea las batallas del Conflicto Cósmico junto a su pueblo, y lo sostiene en momentos de desafíos espirituales y sufrimientos. Cuando se reúna el tribunal celestial, se hará el juicio en favor del pueblo de Dios. Al final, cuando el Reino de Dios destruya todos los reinos terrenales, reinaremos con el Señor por siempre (Apoc. 22:5).


Referencias

I William H. Shea, Daniel 7-12, The Abundant Life Bible Ampllfíer, ed. George R. Knight (Nampa, ID: Pacific Press, 1996), p. 25.

zFrancis D. Nichol, ed. Comentario bíblico adventista (Boise, ID: Publicaciones Interamericanas, 1984), t. 4, p. 820.

3Joyce G. Baldwin, Daniel, Tyndale Oíd Testament Commentaríes (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1978), libro 23, p. 159; John E. Goldingay, Daniel, Word Blblical Commentary (Dallas: Word, Incor-porated, 1998), t. 30, p. 190; Robert R. Wilson, "Creation and New Creation: The Role of Creation Imagery in the Book of Daniel", en God Who Creates: Essays in Honour of W. Sibley Towner, eds. William P. Brown y S. Dean McBride, Jr. (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2000), pp. 190-203.

4Goldingay, Daniel, p. 156.

5Shea, Daniel 7-12, p. 93.

6Shea, Daniel 7-12, pp. 134-137.

7Shea, Daniel 7-12, pp. 137-142,

8 Para algunas fuentes, ver Nichol, ed., Comentario bíblico adventista, t. 4, pp. 857, 858.

9 Francis Brown, Samuel Rolles Driver y Charles Augustus Briggs, Enhanced Brown-Driver-Briggs Hebrew and English Lexicón (Oxford: Clarendon Press, 1977), 1.1, p. 105.

10 Cf Jacques B. Doukhan, Daniel: The Vision of the End (Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 1987), 21, Ns 41; Louis F. Hart-man y Alexander A. Di Lella, The Book of Daniel: A New Translatlon with Notes and Commentary on Chapters 1-9, Anchor Yale Bible (New Haven, CT: Yale University Press, 2008), t. 23, p. 215.

II Wendy L. Widder, Daniel, The Story of God Bible Commentary, eds. Tremper Longman III y Scot McKnight (Grand Rapids, MI: Zon-dervan, 2016), p. 168.

12 Andrew E. Steinmann, Daniel, Concordia Commentary (Saint Louis, MO: Concordia Publishing, 2008), p. 352.

"Arthur J. Ferch, "The Apocalyptic son of Man in Daniel 7" (Disert. doctoral para el PhD, Andrews University, 1979), p. 192.
Referencias

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zFrancis D. Nichol, ed. Comentario bíblico adventista (Boise, ID: Publicaciones Interamericanas, 1984), t. 4, p. 820.

3Joyce G. Baldwin, Daniel, Tyndale Oíd Testament Commentaríes (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1978), libro 23, p. 159; John E. Goldingay, Daniel, Word Blblical Commentary (Dallas: Word, Incor-porated, 1998), t. 30, p. 190; Robert R. Wilson, "Creation and New Creation: The Role of Creation Imagery in the Book of Daniel", en God Who Creates: Essays in Honour of W. Sibley Towner, eds. William P. Brown y S. Dean McBride, Jr. (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2000), pp. 190-203.

4Goldingay, Daniel, p. 156.

5Shea, Daniel 7-12, p. 93.

6Shea, Daniel 7-12, pp. 134-137.

7Shea, Daniel 7-12, pp. 137-142,

8 Para algunas fuentes, ver Nichol, ed., Comentario bíblico adventista, t. 4, pp. 857, 858.

9 Francis Brown, Samuel Rolles Driver y Charles Augustus Briggs, Enhanced Brown-Driver-Briggs Hebrew and English Lexicón (Oxford: Clarendon Press, 1977), 1.1, p. 105.

10 Cf Jacques B. Doukhan, Daniel: The Vision of the End (Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 1987), 21, Ns 41; Louis F. Hart-man y Alexander A. Di Lella, The Book of Daniel: A New Translatlon with Notes and Commentary on Chapters 1-9, Anchor Yale Bible (New Haven, CT: Yale University Press, 2008), t. 23, p. 215.

II Wendy L. Widder, Daniel, The Story of God Bible Commentary, eds. Tremper Longman III y Scot McKnight (Grand Rapids, MI: Zon-dervan, 2016), p. 168.

12 Andrew E. Steinmann, Daniel, Concordia Commentary (Saint Louis, MO: Concordia Publishing, 2008), p. 352.

"Arthur J. Ferch, "The Apocalyptic son of Man in Daniel 7" (Disert. doctoral para el PhD, Andrews University, 1979), p. 192.