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La creación —Primera parte El sábado

 

Actualmente, el sábado como día de reposo se encuentra bajo un fuerte ataque en la sociedad secular y las comunidades religiosas. Las corporaciones globales, por ejemplo, '3a han intentado cambiar el calendario en muchos países europeos al designar el lunes como el primer día de la semana y el domingo como el séptimo día. Además, la reciente encíclica papal sobre el cambio climático, que llama al sábado «el sábado judío», alienta al mundo a observar un día de descanso para aliviar el calentamiento global.1 En algunos países asiáticos, hay una semana laboral de seis días de lunes a sábado, mientras que en algunos países musulmanes, en deferencia al viernes como día de adoración sagrada, se emplea una semana laboral de seis días de sábado a jueves. Además, se han implementado leyes dominicales para proteger la santidad del primer día de la semana. Todas estas tendencias socavan el sábado bíblico.

En los próximos dos capítulos nos enfocaremos en dos instituciones que tienen su origen en la creación: el sábado y la santidad del matrimonio. Y los vamos a utilizar en nuestro estudio para poner en práctica los principios de hermenéutica que hemos aprendido.

El sábado en el Génesis

Génesis ofrece una descripción simple y elocuente del último día de la creación. «El séptimo día concluyó Dios la obra que hizo» (Génesis 2: 2). Muchos creacionistas resaltan la obra de Dios durante los seis días de la creación, pero no reconocen que la obra de Dios no terminó el sexto día: fue el sábado que terminó su trabajo creativo. Por eso, declaró que «el sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado» (Marcos 2: 27). Jesús tenía autoridad para declarar esto porque él creó el sábado como una señal eterna y como un sello del pacto de Dios con su pueblo. El sábado no era solo para el pueblo hebreo sino para toda la humanidad. Está relacionado con los cuerpos celestes que gobiernan el año, los meses, los días y las estaciones. Sin embargo, lo que lo distingue de todas las demás medidas de tiempo es el hecho de que el ciclo semanal no tiene fundamentos en la naturaleza, sino que se basa en la semana de la creación del Génesis, encontrando su lugar y significado en la Palabra de Dios.

El texto continúa describiendo tres actos que Dios realizó luego de crear el día de reposo. Primero, «descansó», dando el ejemplo divino de su deseo de descansar con nosotros. Segundo, «bendijo» el séptimo día. No fue el principio del «descanso» lo que Dios bendijo, sino un día específico. En la narrativa de la creación, los animales son bendecidos (Génesis 1: 22), y Adán y Eva son bendecidos (Génesis 1: 28), pero solo el sábado es bendecido como día. Tercero, Dios lo «bendijo» y «lo santificó» (Génesis 2: 3). Esto significa que lo apartó como un día santo para la comunión con su creación. Como Creador, esta era su prerrogativa, no la nuestra. Ningún otro día en la Biblia recibe estas designaciones, solo el sábado.

El sábado en el desierto

El regalo del maná en el desierto sirvió para realzar el regalo mayor del sábado (Éxodo 16: 25). En el relato de este milagro, que ocurrió antes de recibir el Decálogo en el Sinaí, se utiliza el sustantivo sabbat por primera vez. El Señor ordena: «Mañana es sábado, el día de reposo consagrado a Jehová [...]. Mirad que Jehová os dio el sábado, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Quédese, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día. Así el pueblo reposó el séptimo día» (Éxodo 16: 23, 29-30). Recolectar doble cantidad del maná el viernes, en obediencia al mandato de Dios, era un recordatorio semanal de la palabra del Señor con respecto al sábado. Si no se recolectaba doble el viernes, no habría nada para ellos el séptimo día.2 Por designio divino, la provisión de maná por parte de Dios reforzaba la santidad del sábado (vers. 23), absteniéndose del trabajo y disfrutando de veinticuatro horas de descanso (vers. 23, 29-30).

La experiencia en el desierto también representó un campo de pruebas para la relación del hombre con Dios. ¿Confiaría la humanidad en el Señor del sábado o confiaría en sus propios deseos? Cuando salieron en sábado para recoger el maná (vers. 25-27), Dios los reprendió: «¿Hasta cuándo seguirán desobedeciendo mis leyes y mandamientos?» (Éxodo 16: 28, NVI). Deshonrar el sábado equivalía a negarse a obedecer las leyes y mandamientos de Dios. ¿Y cuándo se establecieron estas leyes y mandamientos? Se establecieron en la creación. En particular, el cuarto mandamiento muestra que el conocimiento del sábado es anterior a la experiencia ep el desierto de Israel y a la entrega de los Diez Mandamientos en el Sinaí.

El sábado en los mandamientos

El acto creador de Dios y su interés de relacionarse con nosotros, encarnado en el mandamiento del sábado, están plasmados en el corazón del Decálogo. Su deseo por la experiencia del sábado se expresa en el cuarto mandamiento, que también es el más largo, en el que describe el qué, cuándo, cómo y por qué de la observancia del sábado (Éxodo 20: 8-11).

Primero, Dios nos dice qué debemos hacer. El llamado a la observancia del sábado tiene un doble significado. Por un lado, nos recuerda la semana de la creación para establecer la razón de ser del sábado. Por otro lado, reconociendo la tendencia del hombre a olvidar, se nos advierte que recordemos el sábado. Santificado, apartado y bendecido: el sábado, el séptimo día de la creación, funciona como un día especial de adoración y un momento íntimo de comunión con el dador de toda la vida.

Segundo, el mandamiento especifica cuándo debemos recordar: «Pero el séptimo día es de reposo para Jehová, tu Dios» (vers. 10). Esta medida del tiempo, ordenada por el Creador cuando estableció el cido de siete días de la semana, se reserva cada séptimo día en conmemoración de la creación.

Tercero, el mandamiento describe cómo debemos guardar el sábado. No debemos hacer ningún trabajo (vers. 10), es decir, detener las actividades laborales diarias que ocupan nuestro tiempo. El séptimo día está reservado para Dios, dejando los seis días restantes para el trabajo. La orden de abstenernos de trabajar se extiende al hogar. Toda la familia, al igual que los sirvientes, el ganado y los invitados, deben disfrutar de la paz del sábado. Todos deben descansar y, como parte de la familia de Dios, disfrutar de la bendición colectiva en Jesús.

Finalmente, el mandamiento nos dice por qué debemos guardar el sábado: «Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día» (vers. 11). El primer sábado, Dios modeló su deseo para ese día pasándolo con Adán y Eva, los humanos creados a su imagen. Con este fin, «bendijo Dios el séptimo día y lo santificó» (Génesis 2: 3). Desde el principio, Dios deseaba mantener una relación con su creación. El sábado anuncia esta* prioridad mostrándonos a un Dios que se aleja del gobierno del universo para pasar tiempo con sus seres creados.

El sábado en el Nuevo Testamento

Al principio de su ministerio, Cristo destacó su relación con el sábado. «Vino a Nazaret, donde se había criado; y el sábado entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer» (Lucas 4: 16). Más tarde, Jesús declaró: «No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos, sino a darles cumplimiento» (Mateo 5:17, NVI). Esta ratificación de la ley calmó a los judíos celosos de la ley de su época, pero no le impidió desafiar las pesadas regulaciones que habían creado para guardar el sábado. Su desafío muchas veces lo demostró en la forma de milagros, expulsando demonios (Marcos 1: 21-28; Lucas 4: 33) y sanando en sábado (Mateo 8: 14-15; Lucas 6: 6; 13: 10-17; 14: 1-4; Juan 5: 1-9; 9: 1-41). La curación del paralítico en el estanque de Betesda y la posterior orden de que se levantara a caminar, «demostró la realidad y la integridad de su curación [del paralítico] caminando y llevando a casa el camastro en el que había estado acostado».3 Jesús confrontó a los fariseos para justifica esta curación milagrosa: «¿Es lícito en los sábados hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla?» (Marcos 3: 4).

En Mateo 24: 20, Jesús anticipa la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C., exhortando a sus oyentes: «Orad, pues, que vuestra huida no sea [... ] en sábado». Por implicación, Jesús ratifica el sábado y su santidad incluso hasta el año 70 d. C.4 El sábado debía ser un tiempo de descanso, adoración y reflexión pacífica sobre las maravillosas obras de Dios.

Incluso en la muerte, Jesús descansó en el sepulcro durante el sábado, y resucitó el primer día de la semana. Las mujeres que ungieron a Jesús para sepultarlo «descansaron el sábado, conforme al mandamiento» (Lucas 23: 56). El acusativo sabatón indica que descansaron «durante todo el sábado» (Biblia de Goodspeed). Lucas es específico en mencionar el sábado en su relato de la Pasión, refiriéndose a tres días distintos: el día de preparación, el sábado y el primer día de la semana.5

En los Evangelios, el ejemplo de Jesús es instructivo para sus seguidores de hoy. Demostrando el verdadero espíritu del sábado, sanó y expulsó demonios, revalidándolo como un día de alegría, celebración y libertad de la culpa y las cargas de la enfermedad. Nunca habló de abolir el sábado. Más bien, les dijo a sus discípulos: «Si me amáis, guardad mis mandamientos» (Juan 14: 15).

En la iglesia primitiva, la práctica de guardar el sábado continuó. La frase que se encuentra en Lucas 4: 16: «Conforme a su costumbre», utilizada cuando Jesús fue a la sinagoga al regresar a su ciudad natal de Na-zaret, también se usa para Pablo: «Llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres sábados discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras que era necesario que el Cristo padeciera y resucitara de los muertos. Y decía: "Jesús, a quien yo os anuncio, es ef Cristo"» (Hechos 17: 1-3). En Corinto, Pablo «discutía en la sinagoga todos los sábados, y persuadía a judíos y a griegos» (Hechos 18: 4). En su tercer viaje, llegó a Éfeso y «en la sinagoga, habló con valentía por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios» (Hechos 19: 8). Más tarde, se retiró y entró en la escuela de Tiranno, donde «continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús» (vers. 10).

La imagen de Jesús y los apóstoles observando el sábado es un patrón recurrente en el Nuevo Testamento. Incluso después de que los cristianos abandonaron las sinagogas, no hay indicios de que adoraran en un día diferente. Que no hubo controversia sobre la naturaleza vinculante del sábado se evidencia por la omisión de directrices acerca del sábado en el Concilio de Jerusalén. Aparentemente, este no era un problema en la lucha del nuevo movimiento para integrar a judíos y gentiles. «El silencio durante el Concilio sobre este tema es un testimonio elocuente de la continua observancia del sábado por parte de cristianos judíos y gentiles».6

El sábado hoy

Los estudios contemporáneos sobre el sábado alegan tres motivos principales para afirmar que el sábado ya no es vinculante: 1) el enfoque histórico-crítico; 2) el argumento del antiguo pacto-nuevo pacto, en base al antiguo Israel en contraste con la iglesia establecida por Cristo; y 3) algunas afirmaciones relacionadas con el sábado bíblico en el

Antiguo y Nuevo Testamento, pero reenfocándolo como un sábado es-catológíco para toda la humanidad.

El enfoque histórico-crítico niega a priori la autoría inferida del Pentateuco y atribuye los pasajes del sábado que aparecen en los dos primeros libros de la Biblia a la tradición israelita posterior, a varias escuelas (J, E, D, P), a editores o redactores. Para Willy Rordorf, entonces, el sábado judío de Génesis 1-2, Éxodo 20 y Deuteronomio 5 «se originó después de la ocupación de Canaán y [...] la evidencia la tenemos en documentos que datan del período monárquico temprano», pero «no se ha otorgado crédito por tal invención a los israelitas».7 En tal sentido, los eruditos han buscado el origen del sábado fuera de Israel, asumiendo que fue prestado de alguna otra civilización antigua, ya sea babilónica, kenita, árabe o ugarítica. «A pesar de los extensos esfuerzos de más de un siglo de estudio sobre los orígenes del sábado afuera de los israelitas, aún sigue envuelto en el misterio. Ninguna hipótesis se ha ganado el respeto de un consenso académico».8 ¿Podría ser inútil la búsqueda de los orígenes del sábado fuera de las Escrituras porque el sábado se originó en la creación y fue ordenado por Dios mismo, el que dispuso el ciclo de siete días?

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Algunos teólogos también sostienen que el sábado era parte del pacto israelita o judío, pero que fue «anulado» por Jesús con sus curaciones durante ese día y reemplazádo en el Nuevo Testamento con el Día del Señor.9 Afirman que esto se puede verificar en el Nuevo Testamento mismo. Pero como se señaló anteriormente, no hay evidencia de que Jesús o los apóstoles cambiaron el sábado. Su observancia del mismo, así como su insistencia en guardar los mandamientos, dan testimonio de la honra del sábado.

Otros afirman que el sábado formaba parte de la ley ceremonial, pero no de la ley moral.10 Donald A. Carson, entre otros, no relaciona el sábado con el Génesis, sino con Éxodo 20. En su opinión, Jesús el Mesías es la fuente de autoridad del nuevo pacto que libera a los cristianos del sábado judío para celebrar un nuevo día de redención.11 Pero, como ya vimos, tanto la creación como el regalo del maná indican que el sábado se instauró antes del Sinaí. Algunos niegan que el domingo fue una creación de la Iglesia de Roma. Sin embargo, tal afirmación ignora la posición adoptada por el padre de la iglesia Tomás de Aquino, así como por varios eruditos modernos: «La Iglesia de Roma es la principal responsable de la institución de la observancia dominical».12 Los cristianos protestantes que afirman basarse únicamente en los fundamentos de la Escritura (sola Scriptura), en oposición a la tradición y los consejos eclesiásticos, no tienen respuesta para este dilema. *

Más recientemente, Nicholas T. Wright afirmó que «el tiempo lineal (que forma parte de la buena creación de Dios) continúa, pero ahora se cruza con un nuevo fenómeno, un nuevo tipo de tiempo [...]. Así que el tiempo ahora parece capaz de comprimirse y luego expandirse nuevamente. Podríamos llamarlo "tiempo espiritual". [...] Todo esto girando en torno a Jesucristo».13 Para Wright, «ahora que el cielo y la tierra se han unido en Jesucristo, y ahora que ha amanecido el nuevo día, vivimos (desde ese punto de vista) en un sábado perpetuo».14 El sábado como el séptimo día, o como e\ primer día, o como cualquier día específico, deja de existir y se convierte en parte de la «historia» cristiana. Transpuesto a un principio de descanso, el sábado se separa del día específico (histórico) que Dios designó.

Sin embargo, desacoplar el descanso del sábado del séptimo día tiene implicaciones para la naturaleza escatológica del sábado y su relación con los acontecimientos proféticos de los últimos días. Pierde su carácter distintivo como prueba divina y como señal del remanente que guarda los mandamientos (Apocalipsis 12: 17; 14: 12; cf. Ezequiel 20: 12).

Tenemos el desafío de defender el séptimo día de la semana como el día bíblico de descanso, instituido por Dios en la creación y sostenido en toda la Escritura. La observancia del sábado que honra al Dios Creador, autor de los Diez Mandamientos, es el sello distintivo de los santos del pueblo del tiempo del fin que «guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús» (Apocalipsis 14: 12). De hecho, el sábado demuestra nuestro amor y fidelidad, convirtiéndose en una señal visible de que pertenecemos al único Dios verdadero.15


Referencias

1. Pope Francis, Laudato Si' (Ciudad de) Vaticano: Prensa del Vaticano, 2015), § 172.

2. Gerhard F. Hasel, El sábado en el Pentateuco, en El sábado en las Escrituras y en la historia, ed. Kenneth A. Strand (Doral, Florida: IADPA, 2014), pp. 26-27.

3. Walter F. Specht, «El sábado en el Nuevo testamento», en El sábado en las escrituras y en la historia, p. 119.

4. Ibíd., p. 124.

5. Ibíd., p. 127.

6. Ibíd., p. 137.

7. Willy Rordorf, Sunday: The History ofthe Day ofRest and Worship in the Earliest Centu-ries ofthe Christían Church (Filadelfia: Westminster, 1968), pp. 18-19.

8. G. F. Hasel, «Sabbath», en Anchor Bible Dictionary, t. 5, ed. David Noel Freedman (Nueva York: Doubleday, 1992), p. 851.

9. Rordorf, Sunday, pp. 70, 215, 237; cf. Paul K. Jewett, The Lord's Day: A Theological Guide to the Christian Day of Worship (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1972), pp. 16-18.

10. H. M. Riggle, The Sabbath and the Lord's Day, 6a ed., rev. ed. (Anderson, IN: Gospel Trumpet Company, 1928), p. 148.

11. D. A. Carson, ed., From Sabbath to the Lord's Day: A Biblical, Histórical, and Theological ¡nvestigation (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1982).

12. Samuele Bacchiocchi, From Sabbath to Sunday: A Historical ¡nvestigation ofthe Rise of Sabbath Observance in Early Christianity (Rome: Pontifical Gregorian University Press, 1977), pp. 310-311; cf. Vincent J. Kelly, Forbidden Sunday and Feast-Day Occu-pations (Washington, D. C.: Catholic University Press of America, 1943), p. 2; véase John Gilmary Shea, «The Observance of Sunday and Civil Laws for Its Enforce-ment», The American Catholic Quarterly Revieur 8 (enero de 1833), p. 39: «El domingo es un día de la semana apartado para la adoración pública obligatoria al Dios Todopoderoso ... [esto] es puramente una creación de la Iglesia Católica».

13. N. T. Wright, Scripture and the Authority of God: How to Read the Bible Today (Nueva York: Harper Collins, 2011), pp. 162-163.

14. Ibíd., p. 167.

15. Frank M. Hasel, «What Does it Mean to be a Seventh-day Adventist? A Short Theological Reflection», Adventist Review 196 (mayo de 2019), p. 49.