INTRODUCCION

 

Aveces me preguntan: "¿Cuánto tiempo le lleva escribir un libro?" Por supuesto, eso depende de una cantidad de factores, como el tema, la longitud del libro y la investigación necesaria para confirmar los hechos. También depende de la audiencia a la que está dirigido; las personas que han de leer el libro. Este libro es diferente. Me llevó 53 años escribirlo. Es correcto; no es un error tipográfico: cincuenta y tres años.

Este libro es diferente de muchos de los más de setenta libros que ya he escrito. En él expondré los principios de la ganancia de almas que he descubierto en más de medio siglo de compartir el amor y la verdad de Cristo en países de todo el mundo. A lo largo de las décadas, he aprendido que testificar no es complicado, que ciertamente no es la función de unos pocos superinteligentes gigantes espirituales, y que la testificación no es uno de los dones espirituales enumerados en las Escrituras.

Testificar es 1¿ función de cada creyente. Cuando vamos a Cristo y somos transformados por su gracia, y redimidos por su poder, no podemos quedarnos callados. Anhelamos contar la historia del Cristo viviente a otros. Nuestro corazón arde dentro de nosotros para compartir lo que Jesús hizo a nuestro favor. Testificar es el resultado natural de conocer a Jesús. Así, acompáñenme en esta jornada mientras caminamos en los pasos de Jesús y descubrimos los principios universales de cómo compartir nuestra fe.

Capítulo 1

¿POR QUÉ TESTIFICAR?

En lo profundo del corazón de Dios hay un deseo de que todas las personas sean salvas en su Reino. Anhela que cada uno de sus hijos experimente el gozo de la salvación y la vida eterna. Él ha liberado todos los poderes del cielo para redimirnos. Sin ti, habría un espacio vacío en el cielo, y por eso nada es más importante para el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo que tu salvación.

El apóstol Pablo deja esto bien en claro cuando afirma: "Esto es bueno y agradable delante de Dios, nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad" (1 Tim. 2:3, 4)1. ¿Captas la importancia de esta, declaración? Dios tiene un anhelo intenso, un deseo profundo, un propósito supremo en todo lo que hace. Él quiere que tú y yo seamos salvos y vivamos a la luz de esta verdad. Pedro declara que Dios no quiere "que ninguno perezca" (2 Ped. 3:9). La salvación del hombre es la prioridad del cielo. Jesucristo, el eterno, coexistente, sabio y todopoderoso Hijo de Dios es nuestro Abogado. A su orden, los ángeles vuelan desde las cortes celestiales para hacer retroceder las fuerzas infernales que batallan contra nosotros cada día. Diariamente, el Espíritu Santo impresiona nuestra mente y conduce nuestra vida.

Para llevar a cabo nuestra salvación, Jesús vino a esta tierra a revelar el inmensurable amor del Padre por la humanidad. Él vivió la vida perfecta que nosotros deberíamos haber vivido, soportó la condenación por nuestros pecados, y murió la muerte que nosotros debíamos morir. En Cristo vemos el carácter del Padre. Jesús destruye el mito de que Dios no nos ama. Hace mucho tiempo, Lucifer, un ser de deslumbrante brillo, tergiversó el carácter de Dios. Sus mentiras distorsionaron la imagen de.Dios ante el universo entero (Juan 8:44). Jesús vino para corregir la información, demostrando que Dios no es un juez vengativo o un tirano lleno de ira. Él es un Padre amante que desean reunir todos sus hijos en su casa.

El centro de toda testificación

Contar la historia de la redención es la misión de la testificación. Esta comienza con una declaración de la fidelidad de Dios y termina con el triunfo de su amor. Por medio de los creyentes, Dios alcanza a sus hijos perdidos. En nuestras vidas y palabras, la gente ve su carácter lleno de gracia. Nuestra testificación a otros llega a ser el mayor gozo de la vida. Al crecer más a la semejanza de Jesús, el servicio resulta de forma natural, y el egoísmo muere por falta de cultivo. Cuanto más compartimos su amor, tanto más crece nuestro amor a él.

Pero muchos hacen preguntas lógicas acerca de la testificación. ¿No está haciendo Dios todo lo que él puede para salvar a las personas sin mi testificación? ¿Por qué debería compartir mi fe? ¿Hace alguna diferencia la testificación en la salvación de un individuo?

En respuesta a la primera pregunta, es cierto que Dios no está limitado a la testificación de los seres humanos. Él se ha revelado de diversas maneras. David nota las maravillas de la creación:

Los cielos cuenta la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.

Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría.

No hay lenguaje, ni palabras, Ni es oída su voz (Sal. 19:1,2).

El diseño, el orden y la simetría del universo revelan un Dios diseñador de inteligencia infinita.

Además, el ministerio del Espíritu Santo en nuestro corazón crea un deseo de conocer a Dios. Este anhelo de eternidad dentro de nosotros es evidencia convincente de la existencia de Dios (Ecl. 3:11). Y, por supuesto, hay providencias especiales que nos llevan a reflexionar sobre la realidad de la presencia de Dios. Cada vez que experimentamos un amor inmerecido o una bondad inesperada somos testigos de una revelación del carácter de Dios. Él es persuasivo, procura atraernos a sí mismo.

Si esto es cierto, ¿por qué testificar? ¿Por qué no dejar que Dios haga su obra y la concluya? El desafío de depender de la naturaleza como testigo involucra el problema del pecado. Arruinada por el mal, la naturaleza plantea mensajes confusos. Aunque revelan el diseño de Dios, también revelan destrucción y devastación. Huracanes, inundaciones, incendios forestales, tifones y otros desastres naturales azotan nuestro planeta. Miles de personas mueren repentinamente. ¿Qué dicen estas tragedias acerca de Dios y la gran controversia entre el bien y el mal? Esta pregunta sin duda complica el testimonio de la naturaleza. La belleza y la destrucción están juntas. El mundo natural incluye ambos aspectos de nuestra realidad; no obstante, no alcanza a revelar la razón por la cual el bien y el mal son coexistentes.

La naturaleza y nuestra experiencia de vida envían mensajes cruzados acerca de la bondad de Dios. En esto reside la razón para nuestra testificación. La historia de Jesús, como aparece en la Biblia, reconcilia las incongruencias de la naturaleza y nuestras luchas internas. Aunque la naturaleza y las providencias de la vida presentan evidencias de la existencia de Dios, no describen claramente su carácter amante. Su testimonio es incompleto. Dios siempre ha entendido este vacío, y planificó cuidadosamente para que la más clara revelación de su carácter se pudiera encontrar en la vida de Cristo, como se revela en la Biblia. Cuando compartimos la verdad acerca de Jesús'con otros, les ofrecemos la mejor oportunidad de conocer y comprender el amor de Dios por ellos. En el conflicto cósmico entre el bien y el mal, la Escritura presenta las respuestas finales a las preguntas más importantes de la vida.

Además de esta verdad fundamental acerca de la testificación, contamos la historia porque sabemos que testificar es el medio del Cielo para traer gozo al corazón de Dios y capacitarnos para crecer espiritualmente. Cuanto más lo amemos, tanto más compartiremos su amor, y cuanto más compartamos su amor, tanto más lo amaremos. Al compartir la Palabra de Dios con otros, somos atraídos más cerca de él. La Palabra que transforma la vida no solo cambia a aquellos con quienes estudiamos la Biblia, sino también nos cambia a nosotros.

Hay un pasaje muy poderoso en El camino a Cristo que analiza la relación entre la testificación y nuestro propio crecimiento espiritual:

Si trabajas como Cristo ideó que sus discípulos trabajen, y ganas almas para él, sentirás la necesidad de una experiencia más profunda y un conocimiento mayor de las cosas divinas, y tendrás hambre y sed de justicia. Abogarás con Dios, tu fe se robustecerá y tu alma beberá

en abundancia de las corrientes que fluyen de la fuente de salvación. El encontrar oposición y pruebas te llevará a la Biblia y a la oración. Crecerás en la gracia y en el conocimiento de Cristo, y desarrollarás una rica experiencia.

El espíritu de trabajo desinteresado por otros da al carácter profundidad, estabilidad y amabilidad como las de Cristo, y trae paz y felicidad a su poseedor. Las aspiraciones se elevan. No hay lugar para la pereza o el egoísmo. Quienes así ejerciten las gracias cristianas crecerán y se harán fuertes para trabajar por Dios. Tendrán claras percepciones espirituales, una fe ñrme y creciente, y un acrecentado poder en la oración. El Espíritu de Dios, que mueve su espíritu, pone de manifiesto las sagradas armonías del alma en respuesta al toque divino. Los que así se consagran a un esfuerzo desinteresado por el bien de otros ciertamente están obrando s.u propia salvación.

El único modo de crecer en la gracia es haciendo desinteresadamente la obra que Cristo ha puestq en nuestras manos: ocuparnos, en la medida de nuestras capacidades, en ayudar y beneficiar a quienes necesitan la ayuda que podemos darles. La fuerza se desarrolla por medio del ejercicio; la actividad es la misma condición de la vida.2

Este pasaje penetrante ofrece cuatro lecciones sobre la ganancia de almas:

1. Ganar almas nos conduce a sentir la necesidad de una experiencia espiritual más profunda.

2. Ganar almas nos conduce a suplicar a Dios hasta que nuestra fe se fortalezca.

3. Ganar almas nos da una profundidad, estabilidad y amabilidad semejantes a las de Cristo.

4. Ganar almas nos da percepciones espirituales claras, una fe estable y creciente, y un acrecentado poder en la oración.

Además de llevarnos más cerca de Dios, la bendición de la testificación es doble: provee un medio para que otros sean salvos y alimenta nuestras almas debilitadas.

La testificación y el corazón de Dios

La motivación para la testificación proviene de apreciar la pasión de Dios por salvar a los perdidos. Ningún capítulo de la Biblia ilustra mejor esto que Lucas 15. Aquí, el autor evangélico corre la cortina para mostrar el corazón de Dios y revela tres fotografías de su amor. Él es el incasable pastor que busca la oveja perdida hasta que la halla. Es la mujer triste quien, sobre sus rodillas, busca la preciosa moneda perdida de su dote. Es el ansioso padre, que escruta el horizonte esperando el regreso de su hijo perdido., En cada relato, cuando se encuentra lo perdido, hay un gozo tremendo. Todo el cielo se regocija cuando los hombres y las mujeres aceptan la salvación que Cristo compró en el Calvario.

En la primera historia, la de la oveja perdida, Jesús en- * seña tres lecciones significativas. Primera, el amor de Dios busca con afán al perdido. Lucas 15:4 declara que el pastor va por la oveja perdida. Dios nunca se cansa de buscar a sus ovejas. Él no deja fácilmente que sus ovejas se pierdan. Él procura encontrarlas dondequiera que estén vagando. Con amor incansable, él las busca. Segunda, notamos que

el pastor busca a la oveja hasta que la encuentra. El amor de Dios persevera. No renuncia fácilmente. No podemos cansarlo. Él nunca abandonará su búsqueda. En los tiempos de Cristo, si un pastor del Antiguo Cercano Oriente perdía una de sus ovejas, se esperaba que él devolviera el rebaño con la oveja perdida, o con el cadáver del animal perdido. Tenía que demostrar que él había hecho todo lo posible para encontrarla. Cada oveja era valiosa para el pastor. Él conocía su rebaño tan bien que se daba cuenta de inmediato cuando faltaba una oveja. Para Cristo, no somos una masa de humanidad sin identificación; somos individuos creados a su imagen y redimidos por su gracia.

Finalmente, cuando encuentra la oveja perdida, el pastor lo celebra. "Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido" (vers. 6). El buen pastor no descansa hasta que encuentra su oveja perdida, y cuando la encuentra, hay un gozo tremendo. Este tema del gozo es consistente con todas las parábolas de Lucas 15. Cuando encuentra la moneda perdida, la mujer exclama con gozo: "Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido" (vers. 9). Cuando regresa el hijo pródigo, su padre grita de gozo y pregara una fiesta (vers. 22-24). Cada una de estas parábolas concluye dramáticamente con el gozo de encontrar lo perdido. Aunque muchas cosas entristecen a Dios y traen lágrimas a sus ojos, su corazón se llena de gozo cuando nosotros participamos en la ganancia de almas. Cuando nos unimos a él en esta búsqueda franca de encontrar a los perdidos, su corazón se llena de un gozo indescriptible.

¿Has pasado horas para encontrar un regalo apropiado? Tal vez el que buscas es para un cumpleaños, un aniversario, o un regalo de Navidad. Cuando finalmente encuentras el regalo perfecto, estás emocionado. Es apropiado para la persona y el evento. Apenas puedes esperar para compartirlo. Con gran expectativa, llega el día, el regalo es desenvuelto y esa persona especial queda encantada. Sin premeditación, arroja sus brazos a tu alrededor y te dice: "¡Muchísimas gracias!"

¿Quién tuvo la alegría mayor? ¿Tú o quien lo recibió? Por supuesto, ambos quedan entusiasmados, pero hay una satisfacción excepcional cuando damos algo valioso a otra persona. Un presente generoso crea un lazo sólido y singular entre las personas.

Cuando compartimos el regalo más preciosó de todos, Jesucristo, un gozo puro llena nuestros corazones. Hay una satisfacción profunda en saber que hemos marcado una diferencia eterna en la vida de alguien. Elena de Whi-te describe esa experiencia en El camino a Cristo:

El más humilde y el más pobre de los discípulos de Jesús puede ser una bendición para otros. Pueden no darse cuenta de que están haciendo algún bien especial, pero por medio de su influencia inconsciente pueden derramar bendiciones abundantes que se extiendan y profundicen, y cuyos benditos resultados jamás se conocerán hasta el día de la recompensa final. Ellos no sienten ni saben que están haciendo alguna cosa grande. No se les exige cargarse de ansiedad por el éxito. Sólo tienen que seguir adelante con tranquilidad, haciendo fielmente la obra que la Providencia de Dios indique, y su vida no será inútil. Sus propias almas crecerán cada vez más a la semejanza de Cristo; son colaboradores de Dios en esta vida, y así se están preparando para la obra más elevada y el gozo sin sombra de la vida venidera.3

Sigue siendo una verdad eterna que "más bienaventurado es dar que recibir" (Hech. 20:35).

Tu círculo de influencia

Piensa en alguien de tu esfera de influencia que podría estar dispuesto a conocer más acerca de Jesús. Un hijo o una hija, tal vez un cónyuge, un compañero de trabajo, un vecino, o un amigo. Imagínate el rostro de esa persona, y pídele a Dios que genere una oportunidad para que puedas conducir la conversación en una dirección espiritual. No creas que tienes que crear una oportunidad si esta no aparece. La misión es de Dios. Nosotros no creamos oportunidades, él lo hace. Nuestra función es ser sensibles a las oportunidades y cooperar con él para entrar por las puertas que él abre.

Una historia que escuché recientemente ilustra el valor de interesarse especialmente por alguien. Marilyn Hellen-burg enseñaba Inglés en el Instituto Estatal Universitario Kearney. Un semestre ella tuvo un estudiante llamado Kwan. El día de comienzo de las clases, ella les pidió a los alumnos que escribieran un breve párrafo acerca de ellos mismos. Kwan escribiór'Pienso que Inglés es latoso. Mi entretenimiento principal es molestar a los profesores tontos, y los profesores de Inglés son los más tontos de todos".

Kwan estuvo molestando toda la hora de la clase. No le importaban en lo más mínimo los sentimientos de los demás estudiantes. Mientras Marilyn oraba esa noche, se sintió impresionada profundamente de que debía ver a Kwan a través de los ojos de Dios. Él fue creado por Dios, era valioso para él, y Dios lo amaba. Ella oró pidiendo que ella pudiera ver a Kwan como lo veía Cristo.

A medida que el semestre avanzaba, la profesora He-llenburg trató de todas las maneras posibles hacer que Kwan se sintiera aceptado en la clase. Pero ninguno de sus intentos dio resultado. Él seguía con su beligerancia y sus molestias.

Un día, antes de leer un poema, ella le anunció a la clase: "Kwan, este poema te lo dedico a ti". El poema era "Más listo que tú", escrito por Edwin Markham.

Él trazó un círculo y me dejó afuera: Hereje, rebelde, despreciable.

Pero el Amor y yo tuvimos ingenio para ganar: ¡Trazamos un círculo que lo incluyó!

Un día, después de clase, Kwan se quedó para hacer una pregunta: "¿Por qué no me deja tranquilo?" Antes de que Marilyn pudiera responder, él siguió: "No puedo permitir que la gente se acerque demasiado. Mi deporte es tratar de herirlos antes de que me hieran a mí. He sido rechazado tantas veces, que no lo soporto más".

En su composición final, Kwan escribió: "Hay tres clases de profesores. Los que son interesantes pero tontos, lo que son inteligentes pero aburridos, y los que son tanto aburridos como tontos, como mi profesora de Inglés".

Cuando Marilyn leyó esta composición final en la quietud de su oficina, estalló en lágrimas. "Señor, he tratado de alcanzar a este muchacho, y ya no puedo más. Mis esfuerzos han sido vanos. He gastado tanta energía emocional en él; estoy exhausta".

Al devolverle su trabajo final, ella le dijo un último pensamiento: "Kwan, yo no puedo jugar deportes mentales contigo. Me intereso en ti porque Dios te creó. ¡Tú eres su hijo!". Sin más comentarios, ella se dio vuelta y entró en su oficina, puso la cabeza entre las manos y comenzó a sollozar. Unos momentos más tarde, alguien golpeó la puerta. Era Kwan, que se había emocionado por ese corazón bondadoso. Simplemente dijo: "Nadie nunca se había preocupado por mí; si esto tiene algo que ver con su Cristo, quiero saber más de él".

¿Qué marcó la diferencia? La profesora Marilyn He-llenburg creía profundamente que cada uno de sus alumnos fue creado a la imagen de Dios y que tenían, a la vista de él, un potencial ilimitado. Ella creía en el potencial de Kwan, lo vio a través de los ojos de Cristo y oró por él.

La gente en crisis o transiciones a menudo está abierta a las realidades espirituales. Tal vez se les diagnosticó una enfermedad seria, experimentaron la ruptura de una relación o perdieron el trabajo. Estas encrucijadas presentan oportunidades de dar un testimonio personal acerca de la fidelidad de Dios, de compartir una promesa de su Palabra u ofrecer una breve oración. Estos gestos sinceros edifican amistades y, como siempre ha sido el caso, ganamos a nuestros amigos para Cristo, no a nuestros enemigos. Primero ocurre una amistad, luego un compañerismo cristiano y, finalmente, resulta un amigo adventista del séptimo día. Cuando esa es la meta de tu vida, Dios te guía en una jornada excitante de descubrir perdidos y conducirlos a una relación de salvación con él.

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1 A menos que se indique lo contrario, las referencias bíblicas corresponden a la versión Reina-Valera 1960.

2  Elena de White, El camino a Cristo (Buenos Aires: ACES, 2014), pp. 67, 68.

lbíd., pp. 70, 71.