Capítulo 12

UN MENSAJE DIGNO DE COMPARTIR

 

 

El 11 de septiembre de 2001 está grabado para siempre en el corazón de los norteamericanos, y tal vez de muchos otros, quienes se despertaron con la indescriptible tragedia de ese día. Presenciaron la manera en que los edificios del World Trade Center [Centro de Comercio Mundial] se desmoronaron a causa de un ataque terrorista, que mató a más de tres mil personas. Pero, inmediatamente después de ese desastre, surgió una historia notable y milagrosa de heroísmo. Es la historia de dos sobrevivientes, como se relata en el libro Creature of the Word: The Jesus-Centered Church:

Unos pocos de los que fueron enterrados por los escombros sobrevivieron milagrosamente a la caída de las torres. Dos de esas personas fueron Will Jimeno y John McLou-ghlin, un par de empleados de la Autoridad Portuaria que reaccionaron ante los ataques y estaban en el piso inferior cuando la torre sur comenzó a caer. Corrieron al hueco de un ascensor y sorprendentemente sobrevivieron al colapso de los cien pisos a su alrededor, pero quedaron sepultados por docenas de metros

de escombros. Atrapados, sin agua, respirando aire lleno de humo, tanto Will como John tenían pocas esperanzas de sobrevivir.

No obstante, mientras quedaron allí acostados, debajo de una montaña de escombros, algo ocurrió en el interior de un contador en Connecticut que nunca habían visto.

Dave Karnes, que había pasado 23 años de servicio activo en el cuerpo de Marines, estaba mirando la escena en el televisor, así como el resto de nosotros. Pero más que meramente permitir que lo perturbara, él decidió hacer algo acerca de ello. Se fue a ver a su jefe y le dijo que demoraría un poco en volver.

Dave se fue a una peluquería, pidió que le cortaran el cabello muy corto, luego pasó por su casa para ponerse su uniforme militar de fajina, esperando que el uniforme le permitiera el acceso al área bloqueada que rodeaba al Ground Zero ["Zona cero", donde se encontraban las Torres Gemelas], Atravesó Manhattan a 190 kilómetros por hora y llegó allí hacia el fin de la tarde. Mientras los rescatistas eran llamados a abandonar la pila de escombros por causa del peligro, Dave pudo quedarse por el poder y las credenciales que procedían de su uniforme militar. Se encontró con otro marine, y ambos caminaron juntos por la montaña de escombros, procurando salvar a los perdidos.

Después de una hora de búsqueda, oyeron el débil sonido de golpes hechos a unos caños y gritos. Will y John habían estado ya atrapados

durante nueve horas, totalmente incapaces de liberarse por sí mismos. No obstante, en medio de los escombros, un marine, que había estado esa mañana trabajando con una planilla en Connecticut, los encontró. De las 20 personas extraídas de la montaña de restos del World Trade Center, Will Jimeno y John McLoughlin fueron los números 18 y 19. Y todo porque Dave Karnes se quitó su traje, se puso ropa de traba-, jo, y entró a la desesperación y la oscuridad del Ground Zero.

Del mismo modo (pero en un grado infinitamente mayor), Dios se quitó su manto real, descendió a nuestra cultura oscura y degradada y fue nuestro siervo. Estábamos sepultados en las profundidades y bajo los escombros de nuestra propia tontera, con cero posibilidades de sacarnos de nuestro propio pecado.1

En estas páginas, hemos descrito el rescate divino que Jesús proveyó para nosotros. La testificación es la historia de cómo él dejó el ámbito de la gloria y la majestad del cielo para redimirnos. La testificación se refiere a la manera en que Cristo nos arrancó de la basura de este mundo y nos liberó de una muerte segura.

Nos hemos concentrado en Jesús como nuestro ejemplo de amor sacrificado al relacionarse con la gente, revelando el carácter de Dios, y explicando las verdades eternas de su Reino. Su testimonio no fue solo el testimonio de sus palabras. Fue el testimonio de su vida. Sus actos revelaron la veracidad de sus palabras. Su vida fue un testimonio de que lo que enseñaba era verdad. Cuando Jesús ministró abnegadamente a los que lo rodeaban, los corazones fueron tocados. Las barreras del prejuicio fueron quebrantadas, y multitudes respondieron a su llamado a la salvación.

Toda testificación efectiva fluye de un corazón que está lleno con el amor por Cristo y su Palabra. Los creyentes del Nuevo Testamento eran apasionados acerca de su testificación porque eran apasionados acerca de Jesús. La verdad acerca de Jesús era verdad presente que ardía en su corazón. En Cristo, veían el cumplimiento de las profecías. En su vida y enseñanzas presenciaron la gloria de Dios. Al describir la experiencia de la iglesia primitiva, el apóstol Pedro dice que estaban establecidos en "la verdad presente" (2 Ped. 1:12). Verdad presente es una expresión que el apóstol usa para definir la verdad que es relevante y urgente para esa generación. Cristo había venido. No había nada más importante para estos creyentes del Nuevo Testamento que proclamar que Cristo, quien era el cumplimiento de la profecía; Jesús, el Mesías, era la consumación de las esperanzas y los sueños de todoá los creyentes fieles a lo largo de los siglos. Por medio de la vida, la muerte y la resurrección de Cristo, la salvación estaba disponible para todos.

El mensaje de Jesús de los últimos días

Así como Cristo levantó a Juan el Bautista para preparar al mundo para su primera venida, también envió un mensaje especial para preparar al mundo para su segunda venida. En este capítulo estudiaremos el mensaje final de Jesús para un mundo moribundo. Descubriremos su mensaje de "verdad presente" para una generación al final del tiempo que se prepara para su retorno. Exploraremos el mensaje de su amor eterno, su gracia abundante y su verdad eterna en el último libro de la Biblia. Más específicamente, estudiaremos los mensajes de los tres ángeles de Apocalipsis 14:6 al 12.

El libro del Apocalipsis es la revelación de Jesucristo (Apoc. 1:1). Cada profecía del último libro de la Biblia descubre gemas de verdad acerca de Cristo. Esto es especialmente cierto en el mensaje final de Jesús en Apocalipsis 14. Los primeros cinco versículos del capítulo describen al pueblo redimido de Dios, muy por encima de los conflictos y las pruebas de la tierra, viviendo en el cielo con Jesús para siempre. Los últimos ocho versículos del capítulo describen la segunda venida de Jesús y la siega final de la tierra. La sección central, versículos 6 al 12, están estratégicamente situados entre estos dos eventos. Contiene el mensaje de Dios para el tiempo final, para preparar a los habitantes de la tierra para que estén listos para el regreso del Señor y la vida eterna con él.

Apocalipsis 14:6 y 7 afirma: "En medio del cielo vi volar otro ángel que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los habitantes de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo. Decía a gran voz: '¡Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado!'" (RVR 95).

Aquí hay un mensaje urgente. El ángel vuela por el medio del cielo para que todos lo vean. Es eterno; el ángel tiene el evangelio eterno. Y es universal; el mensaje ha de ser proclamado a toda nación, tribu, lengua y pueblo.

El evangelio eterno

La frase "evangelio eterno" habla del pasado, del presente y del futuro. Cuando Dios creó la humanidad con la capacidad de tomar decisiones morales, anticipó que harían elecciones erradas. Una vez que sus criaturas tuvieron la capacidad de elegir, tenían la capacidad de rebelarse contra su naturaleza de amor. El plan de salvación fue concebido en la mente de Dios antes de que nuestros primeros padres se rebelaran en Edén (Apoc. 13:8).

Elena de White dice: "El plan de nuestra redención no fue una reflexión ulterior, un plan formulado después de la caída de Adán. Fue una revelación 'del misterio que por tiempos eternos fue guardado en silencio' [Rom. 16:25, VM]. Fue una manifestación de los principios que desde las edades eternas habían sido el fundamento del trono de Dios".2La frase "evangelio eterno" habla de un Dios que ama tanto a los seres que había creado que, aunque sabía plenamente las consecuencias de sus elecciones, él hizo provisión para su rebelión futura antes de que pecaran. El evangelio es la increíble "buena noticia" de que Jesús nos librará de la penalidad y del poder del pecado. Por fe en su sangre derramada y en el poder de su resurrección somos liberados de la culpa y de las garras del pecado. Como dice el apóstol Pablo: "No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo" (Rom. 6:12). Aunque a veces en nuestra humanidad caemos, ya no estamos bajo el dominio del pecado. El plan de Cristo de librarnos del dominio del pecado no fue una reflexión posterior. Dios no fue tomado por sorpresa.

Hay otro sentido en &1 cual el evangelio es eterno. Para una generación hambrienta de amor genuino y auténtico, de anhelo de relaciones significativas, el evangelio habla de aceptación, perdón, pertenencia, gracia, y poder transformador. Habla de un Dios que se interesa tan profundamente que hará todo lo posible para redimir a sus criaturas. Él las quiere con él para siempre.

A todo el mundo

De acuerdo con el mensaje urgente del tiempo del fin, el del primero de estos tres ángeles, el "evangelio eterno" ha de ser proclamado a cada nación, tribu, lengua y pueblo. Aquí hay una misión tan grandiosa, tan enorme y tan abarcadora, que consume todo. Demanda nuestros mejores esfuerzos y requiere una dedicación total. Nos conduce de una preocupación por nuestros intereses propios a una pasión por el servicio de Cristo. Nos inspira con algo más grande que nosotros, y nos saca de los estrechos confines de nuestra agenda terrenal a una visión más grandiosa.

No hay nada más inspirador, que dé más satisfacciones o que recompense más que ser parte de un movimiento divino, providencialmente levantado por Dios para realizar una tarea mucho más grande que la que algún ser humano podría realizar por sí mismo. La comisión dada por Dios descrita en Apocalipsis 14 es la mayor tarea alguna vez otorgada a la iglesia.

Temed a Dios

El anciano apóstol Juan, prisionero en Patmos, continúa su apelación urgente en Apocalipsis 14:7: "Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas". La palabra griega en el Nuevo Testamento traducida como "temer" en el versículo 7 es fobeo. El sentido en el que se usa aquí no es el de tener miedo de Dios; es en el sentido de reverenciarlo, respetarlo, percibir su majestad. Transmite la idea de una lealtad absoluta a Dios y una entrega total a su voluntad. Es una actitud de la mente que está centrada en Dios en vez de estar centrada en el yo. La esencia de la Gran Controversia gira alrededor de la sumisión a Dios. Lucifer estaba centrado en sí mismo. Rehusó someterse a ninguna autoridad fuera de la suya propia. Más bien que someterse a aquel que estaba sobre el trono, Lucifer deseaba gobernar desde el trono.

El mensaje del primer ángel nos llama a hacer de Dios el centro de nuestra vida. En una época llena de materialismo y consumismo, cuando los valores seculares han hecho del yo el centro, la apelación del cielo es a volverse de la tiranía del egocentrismo a la paz de la salvación y el servicio.

Dar gloria a Dios

Nota el contraste. Temer a Dios habla de nuestras actitudes. Dar gloria a Dios habla de nuestros actos. Temer a Dios tiene que ver con lo que pensamos. Dar gloria a Dios tiene que ver con lo que hacemos. Temer a Dios trata sobre la dedicación interior a hacer de Dios el centro de nuestra vida. Dar gloria a Dios trata acerca de cómo nuestras convicciones interiores se traducen en un estilo de vida que honra a Dios en todo lo que hacemos.

El apóstol Pablo explica lo que significa dar gloria a Dios en su apelación urgente a la iglesia de Corinto. "Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios" (i Cor. 10:31), Cuando nuestro corazón está centrado en Dios, nuestro único deseo es darle gloria a él en cada aspecto de nuestrá vida: la alimentación, el vestido y nuestros entretenimientos; todos reflejarán nuestra dedicación a Dios. Le damos gloria si revelamos su carácter de amor al mundo mediante vidas dedicadas a hacer su voluntad.

Un juicio en el tiempo del fin

El pasaje dice: "Temed a Dios, y dale gloria, porque la hora de su juicio ha llegado" (Apoc. 14:7). Los problemas en el gran conflicto entre el bien y el mal serán finalmente resueltos. El universo verá que Dios es tanto misericordioso como justo. Es tanto amante como recto. Es tanto compasivo como equitativo. El Juicio revela que Dios hizo todo lo posible para salvar a cada ser humano. Revela ante un mundo anhelante y un universo expectante que Dios hará todo lo posible para salvarnos. No hay nada más que podría haber hecho para redimirnos. El Juicio descorre las cortinas y revela el drama cósmico de la gran controversia entre el bien y el mal. Revela el carácter de amor abnegado de Dios en contraste con la ambición egoísta de Satanás. En el Juicio, todos los males serán corregidos. La justicia triunfará sobre el mal. Los poderes del infierno serán derrotados. La injusticia no tendrá la última palabra; Dios la tendrá. Todas las inequidades de la vida habrán desaparecido para siempre.

Adorad al Creador

Apocalipsis 14:7 termina con la apelación: "Adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas". Este es un llamado fuerte y claro a adorar al Creador en un tiempo en que la mayor parte del mundo científico y religioso ha aceptado la teoría de la evolución darwiniana.

La creación habla de nuestro valor a la vista de Dios. Habla de nuestro valor para él. No estamos solos en el universo, ni somos un punto en el polvo cósmico. Él nos creó y nos formó. No evolucionamos. No somos una mutación genética. La Creación está en el centro de toda verdadera adoración, y el sábado del séptimo día, como fue establecido en la Creación, es la señal eterna de la autoridad creadora de Dios (Gén. 2:1-3; Éxo. 20:8-11; Eze. 20:12,20).

El sábado habla del cuidado de un Creador y del amor de un Redentor. Nos recuerda que no somos huérfanos cósmicos en este globo rocoso giratorio. Nos señala a un Creador que nos creó con un propósito y nos amó demasiado como para abandonarnos cuando nos alejamos de ese propósito. El sábado nos recuerda a aquel que ha provisto todas las cosas buenas de la vida. El sábado es un símbolo eterno de nuestro reposo en él.

El verdadero reposo sabático es el reposo de gracia en los amantes brazos de aquel que nos creó, aquel que nos redimió, y aquel que está por venir otra vez por nosotros. Es el eslabón eterno entre la perfección del Edén en el pasado, y la gloria de los cielos y la tierra nuevos en el futuro. Los mensajes de los tres ángeles presentan el evangelio en el ambiente del tiempo del fin, que atiende las necesidades del corazón de una generación posmoderna, desesperada por pertenecer, de tener identidad, comunidad, propósito, equidad, justicia y compasión.

La verdad presente marca una diferencia

Toda verdad presente es "presente" porque marca una diferencia en nuestra vida en el presente. Los cristianos del Nuevo Testamento que creyeron que las profecías del Antiguo Testamento testificaban de Cristo como el Mesías fueron radicalmente transformados. Creyeron que el mensaje de la vida de Cristo, su muerte, su resurrección y su ministerio sumosacerdotai establecieron una diferencia eterna. La razón por Ja qué fueron tan apasionados acerca de la testificación es que el mensaje que compartían dejó una marca en su propia vida. Los mensajes de los tres ángeles son verdad presente urgente para esta generación. Revelan las verdades eternas de Dios a un mundo de confusión religiosa. Hablan con tono de trompeta de la gracia de Dios, la obediencia a su ley, la importancia eterna del sábado, su pronto regreso y su apelación final a toda la humanidad. En una generación que busca la verdad, procura encontrar un propósito y se esfuerza por encontrar significado, el mensaje de Apocalipsis 14 habla con relevancia creciente.

Para muchos en esta generación, la verdad es relativa. No hay absolutos. No hay brújula moral.

En una encuesta hecha a comienzos de 1991, se preguntó a los entrevistados: "¿Está de acuerdo fuertemente, un poco de acuerdo, un poco en desacuerdo o en fuerte desacuerdo, con la siguiente declaración?: 'No hay tal cosa como verdad absoluta; diferentes personas pueden definir la verdad de maneras con-flictivas y sin embargo ser correctas'". Solo el 28 % de los que respondieron expresaron una fuerte creencia en la "verdad absoluta"; y lo que sorprende más: ¡solo el 23 % de los nacidos de nuevo, o cristianos evangélicos, aceptaron tal idea! ¡Qué expresión más reveladora! Si más del 75 % de los seguidores de Cristo dicen que nada puede conocerse con certeza, ¿pareciera eso indicar que no están convencidos de que Jesús existió, que él es quien pretende ser, que su Palabra es auténtica, que Dios creó los cielos y la tierra, o que la vida eterna espera al creyente? Eso es lo que parecen indicar los resultados de la encuesta. Si no hay verdad absoluta, entonces por definición nada puede ser absolutamente cierto. Aparentemente, para la mayoría, todo es relativo. Nada es certero. Podría ser. Podría no ser. ¿Quién lo sabe con seguridad? ¡Haz tu elección, y espera lo mejor!3

Los adventistas del séptimo día han sido levantados* por Dios en esta última generación para proclamar el evangelio eterno en la gloriosa luz de los mensajes bosquejados en Apocalipsis 14. Tenemos un destino proféti-co. No somos sencillamente otra denominación entre las muchas iglesias. Somos un movimiento levantado por Dios para proclamar su mensaje final a toda la humanidad. Tenemos un mensaje urgente del tiempo del fin para compartir, el mensaje del pronto retorno de nuestro Señor. No es por accidente que fuiste traído al escenario de la historia humana en este tiempo. No es casualidad que hayas sido guiado por Dios para comprender las verdades eternas del Apocalipsis. Como tan bien lo dicen las Escrituras: "A todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará" (Luc. 12:48).

Tú y yo hemos sido llamados por Dios en esta hora crítica de la historia de la Tierra para ser testigos de él. Somos embajadores de su gracia y heraldos de su verdad. Tenemos un propósito mucho más grande para vivir que solo tomar nota del paso del tiempo en esta vieja tierra. Somos testigos del Cristo eterno. ¿Te unirás conmigo en dedicar tu vida a algo mucho más grande que tú mismo? ¿Te unirás conmigo para compartir las buenas nuevas de este mensaje del tiempo del fin con el mundo que nos rodea?


 

1  Eric Geiger, Matt Chandler, y Josh Patterson, Creature ofthe Word: The Jesus-Centered Church [Criatura de la Palabra: la iglesia cristocén-trica] (Nashville, TN: B&H Publishing Group, 2012), pp. 64, 65.

2  Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 13,

3 "Situational Ethics" [Ética situacional], ilustraciones para sermones, carta de James Dobson en 1991 citando estadísticas de What Ameri-cans Believe [Lo que creen los norteamericanos], encuesta de Geroge Barnas, tomad de http://www.christiangl0be.c0m/lllustrati0ns/a-z/s/ situationaLethics.htm [consultado el 5 de noviembre de 2019],