Capítulo 7

COMPARTIR LA PALABRA

 

Beto era miembro rudo de una pandilla agresiva en una gran ciudad. A menudo pasaba los sábados por la noche yendo de un bar a otro, bebiendo y buscando peleas para entretenerse. No era infrecuente que rompiera una botella de cerveza en un mostrador y se pusiera a pelear a botellazos con un miembro de otra pandilla. Su meta era herir al otro antes de que lo hirieran a él. Beto era rudo, realmente rudo. Pero su metro ochenta, su aspecto corpulento, músculos desarrollados y apariencia de no tener miedo a nada solo enmascaraban un doloroso anhelo de encontrar paz y un verdadero propósito para su vida.

Un día, un amigo adventista lo invitó a una de nuestras reuniones evangelizadoras. Hacia allí fue en su motocicleta Harley-Davidson, con su campera de cuero negro, jeans desgastados y botas de motociclista: no tenía la apariencia de sentir algún interés espiritual. Pero había algo acerca de Beto que iba más allá de las apariencias. Eran sus ojos. Parecían indicar hambre de algo mejor.

Beto estaba buscando algo que satisficiera el anhelo de su corazón, y noche tras noche ansiosamente escuchaba la Palabra de Dios que era proclamada con poder. Su corazón fue tocado. Su vida cambió. El Cristo de la Palabra llegó a

ser su Salvador personal. Las profecías de las Escrituras le dieron una nueva confianza en un Dios que guía el futuro. Las enseñanzas de la Biblia cambiaron su vida. El Espíritu Santo lo transformó del airado miembro de una pandilla a un creyente cristiano amante y lleno de gracia.

El poder de la Palabra

La inspirada Palabra de Dios contiene principios que dan vida. Cuando aceptamos por fe las cristocéntricas enseñanzas de la Biblia, nuestras vidas se transforman. El poder creativo de la Palabra de Dios ilumina nuestra oscuridad. Nos cambia. Cuando Dios habló la palabra en la Creación, nuestro planeta llegó a existir. Él creó este mundo por su palabra todopoderosa. El salmista afirma: Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca.

Porque él dijo, y fue hecho;

Él mandó, y existió (Sal. 33:6,9).

La palabra de Dios essreativa. Lo que él dice existe porque su palabra es poderosa, crea lo que afirma. La palabra audible, que procede de la boca de Dios, crea materia tangible. Tú y yo podemos declarar lo que es, pero sólo Dios puede manifestar lo que no es y lo que no está. Cuando Dios habla, su palabra hace que así sea. Hablando de la concepción de Sara y Abrahán siendo ancianos, Pablo afirma esta verdad admirable: "Dios [...] llama las cosas que no son como si fueran" (Rom. 4:17, RVR 95). Antes de que Sara concibiera un hijo, la palabra de Dios declaró que ella quedaría embarazada en la ancianidad. Este pronunciamiento divino llegó a ser una realidad, porque la palabra de Dios tiene el poder de realizar lo que Dios afirma.

Aquí hay una verdad maravillosa, que transforma la vida: el poder creativo de la palabra hablada está en la Palabra escrita. El apóstol Pablo declaró: "La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón" (Heb. 4:12). La Biblia es la Palabra viviente de Dios. Por medio del ministerio del Espíritu Santo, llega a estar viva en nuestro corazón y a cambiar nuestra vida. Otros libros pueden ser inspiradores, pero la Palabra de Dios es inspirada. Otros libros pueden iluminar la mente, pero la Palabra de Dios no solo nos ilumina, también nos transforma. Elena de White capta el asombroso poder de la palabra de Dios en esta declaración: "En la palabra de Dios está la energía creadora que llamó los mundos a la existencia. Esta palabra imparte poder; engendra vida. Cada orden es una promesa; aceptada por la voluntad, recibida en el alma, trae consigo la vida del Ser infinito. Transforma la naturaleza y vuelve a crear el alma a imagen de Dios".1 Piensa por un momento en esta declaración. Cuando compartimos la Palabra de Dios con otros, la Creación ocurre otra vez. El poder de la Palabra satisface las almas sedientas y alimenta los corazones hambrientos. Re-crea el alma a la imagen de Dios.

Jesús: la Palabra viva

El tema central de la Biblia es Jesús. Los profetas del Antiguo Testamento testificaron de él. Cada libro de la Biblia es una revelación de su amor. Mientras hablaba a los fariseos, Jesús declaró: "Ustedes estudian con diligencia las Escrituras porque piensan que en ellas hallan la vida eterna. ¡Y son ellas las que dan testimonio en mi favor!" (Juan 5:39, NVI). El Antiguo Testamento habla del Cristo que vendrá, y el Nuevo Testamento revela al Cristo que ya vino. Toda la Biblia "testifica" de Jesús. En la Escritura, Jesús es el Cordero moribundo, el Sacerdote viviente, y el Rey venidero. Él es quien nos justifica, nos santifica, y un día nos glorificará. Jesús es nuestro Salvador y Señor perdonador, misericordioso, compasivo que transforma la vida. Jesús es el Gran Obrador de milagros. Él es un transformador de vidas. "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas" (2 Cor. 5:17, RVR 95).

La Biblia no es meramente un manual práctico de la vida cristiana; es la Palabra viva de Dios que transforma vidas. Considera algunos de los símbolos bíblicos de la Palabra, como la luz, un fuego, un martillo, semillas y pan. Estas diferentes imágenes tienen una cosa en común: revelan el poder de la Palabra de Dios para transformar nuestra vida. Cuando compartes la Palabra de Dios con la gente en tu esfera de influencia, es como una luz que los guía a través de los oscuros valles de su vida. Es como un fuego que arde dentro de su alma. Es como un martillo que rompe su duro corazóíi. Es como una semilla que silenciosamente crece y produce el fruto del Espíritu en su vida. Es como el pan que alimenta su hambre espiritual.

Símbolos de la Palabra de Dios

El salmista David declara: "Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino" (Sal. 119:105). También añade: "La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los sencillos" (vers. 130, RVR 95). La luz siempre involucra la eliminación de la oscuridad. Si estuvieras en un sendero oscuro de noche sin una luz, fácilmente podrías desviarte del camino. Una linterna poderosa marcaría toda la diferencia en el mundo.

Del mismo modo, la Palabra de Dios ilumina el camino de los seguidores de Cristo. Los guía a casa. Jesús es la "luz del mundo" (Juan 8:12) que ilumina nuestra oscuridad por medio de su Palabra. Cuando compartimos la Palabra de Dios con otros, disipa la oscuridad que envuelve su vida e ilumina su sendero al Reino de Dios.

Mi esposa y yo vivimos a poco más de un kilómetro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día "La esperanza viva". A menudo, después de un programa evangelizador, vamos a casa caminando. Nuestra jornada a casa nos lleva a lo largo de senderos no iluminados del bosque. Algunas veces, hemos caminado por ese sendero en oscuridad casi total, y es todo un desafío mantenernos en el camino correcto. Hemos aprendido por experiencia que tener una linterna marca la gran diferencia. Cuando la luz ilumina el sendero, el camino a casa es bastante placentero. Sin la luz, andamos a tientas en la oscuridad. Jesús anhela llevarnos a casa, así que ha provisto sus palabras como una lámpara para iluminar el camino.

Jeremías 23:29 compara la Palabra de Dios tanto con un fuego como con un martillo. Se compara con un fuego porque consume. Cuando compartimos la Palabra de Dios con otros, el fuego de la Palabra de Dios arde dentro de su alma, consumiendo el error. Como el oro refinado en fuego, la escoria es consumida. El proceso de refinación no siempre es placentero, pero es necesario eliminar toda la escoria en su carácter. La Palabra de Dios es como un martillo. El término martillo parece ser un término extraño para referirse a la Biblia. Los martillos se usan para clavar cosas. También rompe cosas. El martillo de la Palabra de Dios rompe en pedazos los corazones duros. Piensa en los cambios dramáticos que ocurrieron en la vida de los endemoniados, del centurión romano, del ladrón en la cruz, y de una hueste de otras personas en el Nuevo Testamento.

La Palabra de Dios golpea su corazón hasta que esos corazones duros se rompen por el martillo del amor.

En uno de los símbolos más comunes en las Escrituras, la Biblia se compara con semillas. En Lucas 8:11, Jesús declara: "La semilla es la palabra de Dios". Hay vida en una semillita. Cuando la semilla de la Palabra de Dios es plantada en el suelo de la mente, produce una abundante cosecha en la vida. Jesús a menudo usó el símbolo de la semilla para describir el crecimiento de su Reino. La Palabra de Dios esparcida como semillas por todo el mundo producirá una cosecha abundante. Jesús amplía este tema en una de sus parábolas agrícolas. "Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra. Duerma y vele, de noche y de día, la semilla brota y crece sin que él sepa cómo" (Mar. 4:26,27, RVR 95).

El comentarista Matthew Henry, al exponer este pasaje, hace esta aguda observación: "[La semilla] brotará; aunque parezca perdida y enterrada bajo los terrones, encontrará o se abrirá paso por entre ellos. La semilla arrojada a la tierra brotará. Dejemos que la palabra de Cristo tenga el lugar que debería en un alma, y se mostrará, como la sabiduría de arriba lo hace en-una buena conducta".2 El punto que presenta el Dr. Henry es claro. La Palabra de Dios puede parecer enterrada en algún lugar de la mente, cubierta por los terrones del pecado, pero, si es acariciada, brotará a una vida nueva. Cambiará radicalmente nuestra actitud, nuestra conversación y nuestro estilo de vida. Una semilla da vida. Podemos no ver que la semilla crece, pero crece debajo del suelo. Al sembrar la semilla de la Palabra de Dios en la vida de las personas que están en nuestra esfera de influencia, puede parecer que está sucediendo poco en su vida. Algunas veces aun puede parecer que la semilla se desperdició, pero ¿notaste la declaración de Jesús? Aquí está el punto del Maestro. Nosotros sembramos la semilla, y Dios hace crecer la semilla. Nuestra responsabilidad no es hacer crecer la semilla; es sembrarla.

La Biblia también usa el término pan para describir la Palabra de Dios. Jesús dijo: "Yo soy el pan de vida" (Juan 6:35). Añade: "No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mat. 4:4). El p,an era un alimento vital en la antigüedad y es hoy uno de los alimentos básicos de nuestro planeta. Es un elemento esencial en nuestra dieta. Una persona pude sobrevivir mucho tiempo solo con pan y agua. Al usar la ilustración del pan, Jesús está declarando que él es esencial para la vida.

Luego del milagro de la alimentación de los cinco mil, en su bien conocido sermón del Pan de vida, Jesús declara: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna" (Juan 6:54). Esta parece una declaración extraña. ¿De qué podría estar hablando Jesús? No estaba hablando de comer literalmente su carne y beber su sangre. Alimentándonos con su Palabra, sus enseñanzas llegan a ser una parte verdadera de nuestra vida. Ser alimentados por la Palabra es lo que quería decir Jeremías cuando declaró gozosamente:

Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí; oh Jehová, Dios de los ejércitos (Jer. 15:16).

La Palabra de Dios, como un trozo de pan integral, satisface nuestra hambre escondida. ¿Has notado alguna vez que los productos altamente refinados no satisfacen ni son llenadores? La Palabra de Dios es el sustento de la vida. Nutre nuestra alma. Y por supuesto, las Escrituras son como el agua pura y refrescante. Satisfacen completamente. No hay nada que sea tan gratificante como el descubrimiento de la verdad acerca de Jesús en cada enseñanza de la Escritura. Cuando compartimos las hermosas verdades de Jesús y las promesas animadoras de su Palabra, otros a nuestro alrededor son bendecidos abundantemente.

Discernir la receptividad en otros

Cuando las personas están pasando por una transición en su vida, es más probable que estén abiertas al evangelio. Pueden estar afrontando desaños de salud, una crisis de trabajo, un problema de relaciones, o alguna otra dificultad en su vida. Pide a Dios que te ayude a ser sensible a las personas que te rodean y te dé la sabiduría para discernir si están abiertas a la Palabra de Dios.

Jenny recién se había mudado a otra ciudad. Su esposo había fallecido, y ella se estaba desilusionando con su fe. A su puerta llegó una tarjeta que invitaba a estudiar la Biblia. Un año antes de la llegada de la tarjeta, ella pudo no haber estado muy interesada en un estudio profundo de la Palabra de Dios: Ahora ella estaba pasando por una transición en su vida y buscaba algo mejor. Tenía un hambre escondida cjue no podía ser satisfecha con una fe superficial. Ella respondió enviando la tarjeta por correo, y estudió las lecciones ofrecidas. Hoy se regocija en la verdad de la Palabra de Dios.

Como he enfatizado a lo largo de este capítulo, lo fantástico acerca de la Palabra de Dios es que lleva consigo el poder de realizar lo que ofrece. La Palabra de Dios es viva. Otros libros pueden ser inspiradores, pero la Biblia es inspirada y contiene el poder del Dador de la vida. No contiene meramente verdades, es la verdad en su esencia. Las verdades vivientes de la Biblia no solo declaran lo que es, sino realizan lo que ellas afirman en las vidas de aquellos que creen (ver Heb. 3:19; 4:12).

La Escritura nos asegura que, por medio de la Palabra de Dios, llegamos a ser "participantes de la naturaleza divina" (2 Ped. 1:4), nuestra alma se salva mediante la palabra implantada (Sant. 1:21), y recibimos una "herencia con todos los santificados" (Hech. 20:32). Cuando por fe aceptamos la Palabra de Dios como la viva Palabra de Cristo, todo lo que Jesús nos prometió llega a ser nuestro.. Su Palabra es "útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2 Tim. 3:16).

Nuestra meta principal al compartir la Palabra con otros es comunicar una visión exaltada de la Palabra inspirada de Dios, y animarlos a compartir las promesas y las enseñanzas de la Palabra con otros. Nuestro papel no es convertir a la gente; ese es el rol del Espíritu Santo. Nuestra función es compartir las enseñanzas transformadoras de la Palabra de Dios, y permitir que el Espíritu Santo impresione esas enseñanzas en la vida de los otros.

Las promesas de la Palabra de Dios son como cheques de viajero. A veces, cuando las personas se van de vacaciones a un país extranjero y no quieren arriesgarse a llevar consigo dinero en efectivo, compran cheques de viajero de un banco. Estos cheques están libres de riesgo. Si pierdes uno o te lo roban, son respaldados por el banco. Cuando compras los cheques, los firmas, y cuando los entregas en una compra, los firmas de nuevo.

Las promesas de Dios están respaldadas por todas las riquezas de su gloria. Las riquezas inagotables del cielo nunca se acaban. Pero lo mejor es que sus beneficios ya han sido comprados para nosotros en la Cruz. Todo lo que hacemos es aceptar las provisiones de sus promesas por fe, y aun la fe misma es un regalo que él nos da.

Aquí hay algunas promesas para fijar en tu mente:

• "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (i Juan 1:9).

• "No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana, pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar" (i Cor. 10:13).

• "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Fil. 4:13).

• "Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús" (Fil. 4:19).

• "Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos pedido (1 Juan 5:14,15).

Escribe cada una de estas promesas en una tarjeta y léelas varias veces cada día para memorizarlas. Pide a Dios que te ayude a compartirlas con alguien que lo necesite, alguien cuyo corazón se sienta atraído a él.

Finalmente, comparte con uno de tus amigos cristianos cómo Dios te ha usadé esta semana. Por ejemplo, hace varios años, yo estaba aconsejando a Carmen, una mujer que estaba luchando para abandonar el cigarrillo. Ella había comenzado a fumar en su adolescencia. Ahora, en su vida adulta, ella parecía no tener esperanza de abandonar la adicción. Ella tenía poca confianza en que pudiera dejarlo. Todos sus esfuerzos anteriores solo la habían dejado más desanimada.

Estudiamos juntos el Nuevo Testamento, concentrándonos mayormente en las curaciones milagrosas de Jesús. En un momento, leí 1 Juan 5:14: "Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye".

Le pregunté a Carmen dónde dice el texto que está nuestra confianza. ¿Está en el poder de nuestra voluntad? ¿Está en nosotros mismos? No, nuestra confianza está en él. Encontramos nuestra fortaleza en Jesús. Señalé que el texto no dice: "Esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa de acuerdo con su voluntad, excepto dejar de fumar, él nos oye". Ella sonrió. Cuando le pregunté: "¿Es la voluntad de Dios que dejes de fumar?", ella respondió: "Pastor, por supuesto que lo es". Ella se ^ferró a la promesa de Dios por fe. Fiel a su palabra, Jesús la liberó. Sí, ella tuvo una lucha, pero la gracia fue mayor que el pecado. La fe triunfó sobre la duda. El poder de Dios llenó su vida, y ella llegó a estar libre del tabaco.

Hay poder, poder transformador, en la Palabra de Dios. Al compartir la Palabra de Dios con otros, experimentarás gozo al ver una nueva creación cuando el mismo Espíritu Santo que inspiró la palabra transforme vidas por medio de la Palabra.


 

1  Elena de White, La educación (Buenos Aires: ACES, 2009), p. 126.

2  Matthew Henry, Matthew Henry's Commentary on the Whole Bible [Comentario de la Biblia completa de Matthew Henry], t. 5, p. 198.