Capítulo 8

MINISTRAR COMO JESÚS

 

Han Zicheng sobrevivió a la invasión japonesa, la guerra civil China, y la Revolución Cultural, pero él sabía que no podría soportar la tristeza de vivir solo. En un helado día de diciembre, el tbuelo chino de 85 años reunió algunos trozos de papel blanco y escribió un pedido de ayuda en tinta azul: "Busco alguien que me adopte, un viejo solitario en sus ochenta. De cuerpo fuerte. Puedo comprar, cocinar, y cuidarme solo. No tengo ninguna enfermedad crónica. Me retiré de un instituto de investigación científica en Tiaajin, con una pensión de 6 mil yuanes [unos 950 dólares] por mes -escribió- No quiero ir a un geriátrico. Mi esperanza es que una persona o familia de corazón bondadoso me adopte, me alimente en mi vejez, y sepulte mi cuerpo cuando me muera".1

Pegó una copia en una parada de ómnibus en su vecindario congestionado. Una mujer joven vio el aviso y le sacó una foto con su teléfono. Cuando la puso en las redes sociales, se volvió viral. Han recibió muchas llamadas, pero desafortunadamente, antes de que él pudiera ser adoptado, murió con el corazón quebrantado por la soledad. Al pensar en la historia de Han, pensé que millones de personas desesperadas en nuestro mundo están aguardando un abrazo amoroso. Anhelan una palabra bondadosa, una nota de ánimo y el gozo de saber que alguien se preocupa por ellos.

Jesús es el modelo de amor abnegado

El ministerio de Jesús de amor abnegado reveló la naturaleza del Reino de Dios. Sus palabras tienen impacto porque su vida altruista estuvo en armonía con sus dichos. Sus enseñanzas dejaron una marca porque resultaron en acciones amantes. Si las acciones de Cristo no hubieran estado en armonía con sus palabras, hubieran tenido muy poca influencia sobre la gente que lo rodeaba. Los oficiales del templo informaron al jefe de los sacerdotes y a los fariseos: "¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!" (Juan 7:46). Comentando este pasaje, Andrew Pink añade:

¡Qué testimonio de parte de incrédulos! En lugar de arrestarlo, ellos habían sido atrapados por lo que habían oído. ¡Noten otra vez cómo esto magnifica a Cristo como 'la Palabra'! ¡No fueron sus milagros lo que los había impresionado más, sino su hablar! 'Jamás hombre alguno habló como este hombre'. Realmente su testimonio fue verdadero, porque ¡Aquel a quien habían escuchado era más que un 'hombre': 'la Palabra era Dios'! Ningún hombre habló alguna vez como Cristo porque sus palabras eran espíritu y vida (Juan 6:63).2

Las palabras de Jesús estaban respaldadas por sus actos. Si él no hubiera vivido como vivió, no podría haber hablado como habló. Esto es ciertamente verdad cuando se refiere a nuestro testimonio cristiano. Nuestras palabras tienen poder cuando son apoyadas por una vida piadosa.

Este capítulo subraya la importancia de un servicio abnegado que se centra en otras personas. Un servicio que deja una impresión duradera en sus vidas. Examinaremos el fluir del amor del corazón de Jesús como su medio más efectivo de testificar.

El amor responde a las acusaciones de Satanás

Hace mucho tiempo, en el vasto ámbito celestial del espacio, Lucifer se rebeló contra Dios. Alegó que Dios era injusto, era parcial y no era amante. Sin embargo, Jesús vino a la tierra, demostró el inmenso amor de su Padre y refutó las acusaciones de Satanás. Cada milagro de sanidad revelaba el amor del Padre. Cada vez que una persona poseída por demonios era liberada, ese hecho hablaba del amor del Padre. Cada vez que Jesús alimentaba a los hambrientos, consolaba a los afligidos, perdonaba a los culpables, fortalecía a los débiles, o resucitaba a los muertos se revelaba el amor del Padre. .

Hoy la iglesia es el cuerpo de Cristo, atendiendo las necesidades de la gente en nombre de Jesús, revelando su amor y ministrando a la comunidad. Por medio de la iglesia, el mundo observa y el universo espera ver el carácter lleno de gracia de Dios. Así como Cristo testificó acerca de la veracidad de sus palabras por sus actos abnegados, así llama a su iglesia a avanzar más allá de las trivialidades piadosas y a ocuparse en servir.

Cristo nos llama a comprometernos con el mundo, no a distanciarnos de él. Somos llamados a iluminar la oscuridad con la luz del amor de Cristo. La luz disipa la oscuridad. El apóstol Pablo lo afirma hermosamente: "Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo" (2 Cor. 4:6).

¿Captaste la importancia de la enseñanza de Pablo? La luz del amor de Dios resplandece desde nuestras vidas a los que están en la oscuridad. Por medio de nosotros, la gloria de Dios llega al mundo con un conocimiento de su carácter amante.

La Biblia también usa la imagen de la sal para ilustrar el rol de la testificación cristiana en nuestro mundo. La sal no les dará mucho sabor a los alimentos si permanece dentro del salero. Solo cuando la sal es añadida a la comida puede darle sabor y conservarla. Hace unos pocos años, leí el libro de Rebecca Manley Pippert titulado Out of the Salt Shaker [Fuera del salero]. En él, ella presenta la evan-gelización no como un evento sino como un estilo de vida. El tema central del libro es sencillo: si has de producir un impacto en el mundo que te rodea, involúcrate en la vida de la gente. Los cristianos que permanecen juntos en los cómodos confines de sus iglesias y tienen poco contacto con el mundo tendrán pocas oportunidades de influir sobre ese mundo para Cristo.

Un día estaba bromeando con mi esposa y le dije: "Estoy tentado a escribir un nuevo libro, titulado 'Por qué estoy dejando la iglesia'". Ella respondió de inmediato: "¿En-., qué estás pensando?" Le contesté: "Mira, no puedes ganar almas sí permaneces en el edificio de la iglesia. Tienes que interactuar con tu comunidad. Yo estoy dejando el edificio de la iglesia para salir y testificar al mundo". Si la iglesia llega a ser una orden monástica en vez de un movimiento misionero, no logrará su destino eterno y dejará de realizar la comisión de Cristo.

Un movimiento misionero

El movimiento monástico de la Edad Media consideraba al mundo como malo. Los monjes creían que el camino a la santidad era abandonar las cosas de este mundo. Algunos de ellos fueron a grandes extremos para evitar el contacto con el mundo.

En su intento de alcanzar la santidad y estar separado de este mundo, Simeón Estilita vivió en lo alto de una serie de pilares durante 37 años, en una pequeña aldea cercana a Alepo, Siria. Como monje ascético, pasaba sus días meditando, orando y contemplando lo divino. A menudo la gente se reunía alrededor de los pilares donde estaba. Miraban fijamente a este "hombre santo" y a veces le pedían consejo. Su fama se extendió por toda el área circundante, y otros monjes imitaron su estilo de vida. Creían que la unidad con Dios se alcanzaba por medio de la separación del mundo.

Aunque las Escrituras nos llaman a cada uno a la oración, la meditación en la Palabra y la separación del mal, el propósito de pasar tiempo con Cristo es que podamos ser testigos a los demás. Los monjes a menudo perdían de vista este aspecto vital de la fe cristiana. Dejaban de comprender que el poder de un testimonio cristiano es más potente cuando* los creyentes están conectados con su comunidad.

La gran oración intercesora de Jesús en Juan 17 lo dice de este modo: "No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal" (vers. 15). Alguien ha dicho que los cristianos son como un bote en el agua. Todo está bien si el bote está en el agua y no hay agua dentro del bote. Los cristianos están en el mundo para influenciar al mundo para Cristo, pero cuando el mundo está en los cristianos, absorbiendo su tiempo, su atención y sus energías, algo anda mal.

Jesús se lanzó a este mundo pecador y rebelde para revelar el amor de Dios y redimir a la humanidad. Él consideraba a cada persona con los ojos de la compasión divina. De un oficial militar romano dijo: "Ni aun en Israel he hallado tanta fe" (Mat. 8:10). Es sorprendente que animó a un escriba judío, diciendo: "No estás lejos del reino de Dios" (Mar. 12:34). Mientras que los discípulos pueden haber querido debatir con este escriba, Jesús eligió creer lo mejor acerca de él. Él veía a cada persona como un candidato para el Reino de Dios.

Palabras de esperanza

De acuerdo con la profecía de Isaías, Jesús no quebraría la "caña cascada" ni apagaría "el pábilo que se extingue" (Isa. 42:3, RVR 95). En otras palabras, Jesús bondadosamente sanaría a la gente herida. Y, durante su ministerio terrenal, no condenó a las personas. Piensa en las penetrantes palabras de condenación que Jesús podría haber dicho en contra de la mujer tomada en adulterio, o a la samaritana junto al pozo. Piensa en la reprensión que le podría haber dado a Simón Pedro después de su negación, o la severa crítica que le podría haber hecho al ladrón en la cruz. Pero Jesús no hizo nada de esto. Sus palabras fueron de esperanza. Fueron palabras de gracia, misericordia y perdón. Nos amonesta: "Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno" (Col. 4:6). Como lo dijo muy clarad-mente Elena de White: "El amor se despierta únicamente por el amor".2 Ella añade: "El maravilloso amor de Cristo enternecerá y subyugará los corazones cuando la simple exposición de las doctrinas no lograría nada".3 Cuando las palabras amables se combinan con actos reflexivos que atienden las necesidades humanas prácticas, los corazones no convertidos son transformados.

Atender necesidades

El método de evangelización de Jesús era encontrar una necesidad y atenderla. Su triple ministerio abarca-dor de predicar, enseñar y sanar transformaba vidas. Los evangelios revelan a Jesús mientras atendía las necesidades "autopercibidas" por las personas, de modo que podía tocarlas en el punto de su necesidad espiritual más profunda. Las necesidades autopercibidas son las necesidades que una persona percibe que tiene en un momento determinado en el tiempo. Además de nuestras necesidades percibidas, cada uno de nosotros tiene anhelos eternos profundamente plantados. El Espíritu Santo pone deseos espirituales dentro de nuestro corazón. Al atender las necesidades percibidas de la gente, sus prejuicios se rompen, se forman relaciones, y ganamos el derecho de ser escuchados. Jesús atendió las necesidades percibidas de la gente, de modo que ellos estaban dispuestos a escuchar las verdades eternas que él compartía.

Considera el Evangelio de Juan. En Juan 1:37, dos discípulos se encontraron con Jesús. Inmediatamente, Jesús les preguntó: "¿Qué buscáis?" (vers. 38). Estas dos palabras llegaron a ser el procedimiento de su ministerio. Siempre atendía a la gente donde se encontraba, nunca donde se encontraba él. Comenzaba con sus necesidades físicas, mentales, sociales y espirituales, no con las de él mismo. En Juan 2, en la celebración de las bodas en Caná de Galilea, Jesús atendió necesidades sociales, evitando la vergüenza del anfitrión al acabarse el vino. En Juan 3, Jesús se encontró con el hambre de una fe auténtica en el corazón de Nicodemo. La religión formal no satisfacía las necesidades del fariseo. Jesús sintió su anhelo interior, e hizo una apelación espiritual directa. En Juan 4, Jesús trató a la samaritana con respeto y dignidad, atendiendo su necesidad emocional de estima propia. Aunque ella era una mujer de mala reputación que había tenido cinco maridos, Jesús vio más allá de su situación inmediata. En forma bondadosa, le habló a sus anhelos más íntimos. Por primera vez en su vida, ella sintió el amor genuino.

En Juan 5, Jesús atendió necesidades físicas erí la curación milagrosa de un hombre desesperadamente enfermo que había yacido sin esperanza junto al estanque de Betes-da durante 38 años. El nombre Bethesda significa "casa de misericordia". A cada lugar donde iba Jesús, él ministraba misericordia. Lucas, el médico del Nuevo Testamento, cita a Pedro, quien dijo de Jesús que "anduvo haciendo bienes" (Hech. 10:38). Demasiado a menudo nosotros solo "andamos", pero Jesús nos invita a cambiar nuestro paradigma. La vida es acerca de mucho más que andar. Involucra "andar haciendo bienes".

Otro ejemplo de esto se encuentra en Juan 6, cuando Jesús partió el pan y alimentó a cinco mil personas hambrientas. Jesús estaba preocupado por sus oyentes, y atendió sus necesidades sentidas. No es sorprendente que la multitud quedara entusiasmada y quisiera hacerlo rey (vers. 14,15).

¿Que hizo que la popularidad de Jesús estuviera tan alta en este momento? El mundo nunca había visto a alguien con tal amor abnegado. Nunca había experimenta-* do a uno que podía atender necesidades físicas, mentales, emocionales y espirituales. Aquí en Juan 6, Jesús predicó el poderoso sermón del Pan de vida. Por primera vez, muchos de sus oyentes comprendieron que él estaba llamándolos a un compromiso espiritual profundo, un compromiso que hizo que muchos se alejaran, no dispuestos a rendir su vida a Jesús (vers. 66).

La preocupación de Jesús por las necesidades "percibidas" de la gente constituía buenas relaciones públicas para la iglesia cristiana. Sin embargo, su misión era mucho más que la de una organización filantrópica. Jesús había venido con el propósito de "buscar y [...] salvar lo que se había perdido" (Luc. 19:10). Después de sanar a veintenas de personas un sábado por la noche, Jesús se levantó temprano a la mañana siguiente, buscando al Padre en oración. Aunque había muchas más personas para sanar, Jesús dijo: "Vamos a los lugares vecinos para que predique también allí, porque para esto he venido" (Mar. 1:38).

No hay nada más importante para Jesús que salvar a las personas perdidas. Él no alivió las enfermedades para que las personas tuvieran más energía para vivir vidas de indulgencia egoísta. Él alivió el sufrimiento físico para revelar el amor del Padre y para proveer evidencia tangible de su capacidad de sanar corazones. Todos los milagros de Jesús sirvieron para ilustrar su poder divino de librar de la esclavitud del pecado.

El hombre con la llave de oro

Mi esposa y yo tuvimos el gozo de vivir en Inglaterra desde 1985 hasta 1990. Aquellos fueron de los años más felices de nuestra vida. Tradicionalmente, las familias inglesas son extremadamente cercanas. En aquellos años, las veladas a menudo las pasaban ayudando a los niños con sus deberes escolares, o jugando sencillos juegos de mesa. Un juego tradicional que los niños ingleses gozaban mucho era uno en el que hay que recortar figuras de escenas de teatro y de música. En el juego, había muchos personajes, y los niños podían armar sus escenas de teatro junto con la orquesta, coros y actores.

Cada juego contenía un "hombre con la llave de oro". El hombre con la llave de oro podía abrir cualquier puerta y tenía acceso a ia solución de cualquier problema. Jesús es algo así. Él es el hombre con la llave de oro, que provee soluciones para nuestras necesidades más profundas y los problemas más importantes. Para él, las puertas cerradas, las habitaciones cerradas con llave, y las cámaras más oscuras no son problema. Su amor es la llave de oro que transforma vidas. Su amor nos conduce desde los confines de nuestros propios intereses claustrofóbicos al gozo irremplazable de atender las necesidades de otros* Elena de White ofrece este resumen preciso del ministerio de Cristo: "Solo el método de Cristo será el que dará éxito para llegar a la gente. El Salvador trataba con los hombres como quien deseaba hacerles bien. Les mostraba simpatía, atendía sus necesidades y se ganaba su confianza. Entonces les pedía: 'Sigúeme' ",4

Piensa durante algunos minutos en alguien de tu esfera de influencia que tenga una necesidad real que podrías atender. Tal vez es una madre sola que necesita que alguien le cuide los niños por una velada. ¿Qué podrías hacer para darle "una noche libre a esa mamá"? ¿Cómo podrías entablar una amistad con ella? ¿Puedes invitarla a tu casa para una comida? ¿O tal vez cambiarle el aceite a su automóvil?

¿Hay algún viudo que vive del otro lado de tu calle? ¿Está solo y necesita amistad? ¿Qué cosas prácticas podrías hacer para él? ¿O qué hay de esa pareja joven que acaba de mudarse a un departamento en tu edificio o a-.« una casa en tu cuadra? ¿Cómo puedes ayudarlos a ingresar más fácilmente en la comunidad?

Piensa en las personas en tu esfera de influencia que necesitan tener mejor salud. Tal vez deseen dejar de fumar, adoptar una dieta más sana, perder peso, reducir el estrés, hacer más ejercicio o mejorar su estilo de vida. ¿Cómo podría tu iglesia desarrollar un programa regular y abarca-dor de salud en la comunidad? Las oportunidades de servicio son interminables, y el Espíritu Santo te guiará en tus esfuerzos para aliviar el sufrimiento de la humanidad.

Si estamos ansiosos de caminar en los pasos de Jesús, deberíamos considerar maneras concretas de atender las necesidades de la comunidad en su nombre. Si hemos de ser seguidores de Jesús, amemos como él amó, ministremos como él ministró, y sirvamos como él sirvió.

 


1  Emily Rauhala, "The Lonely Grandpa" [El abuelo solitario], Winnipeg Free Press, 12 de mayo de 2018.

Andrew Pink, "Chapter - Christ ¡n the Temple (Concluded)" [Capítulo - Cristo en el templo (Conclusión)], Bible Explore.com, tomado de: http://www.godrules.net/library/pink/NEWpink_a27.htm [consultado el 30 de enero de 2020].

2  Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 13.

3  Ibíd., p. 767.

4  Elena de White, El ministerio de curación (Buenos Aire