Lección 12 MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

RESEÑA

El sábado es mucho más que 24 horas de descanso del trabajo: es un regalo de tiempo teológicamente rico e íntimo que nos brinda nuestro Creador. Independientemente de lo que sepamos sobre el sábado, sin duda siempre habrá más por descubrir.

Pero ¿qué tiene que ver el sábado con la educación? Piensa en los momentos en que más has aprendido acerca de Dios. Los estudios, los sermones, la camaradería, los oradores especiales, los cantos, los seminarios, los cultos de recepción del sábado, las reuniones campestres, las comidas a la canasta, ¿cuántos de estos momentos tuvieron lugar en las horas sabáticas? Si reflexionamos un poco, para muchos de nosotros, el sábado ha sido una “universidad a través del tiempo”, en la que hemos sido aceptados, educados y continuamos siendo investigadores residentes en los caminos y el Reino de Dios.

El sábado también garantiza tiempo para volver a aprender lo que olvidamos. La prueba del sábado referida al maná era realmente una prueba de confianza y obediencia para volver a familiarizar a Israel con su Dios después de una permanencia desconcertante en Egipto. Jesús utilizó el sábado para reestructurar la santidad en el sentido de aliviar el sufrimiento humano, en lugar de priorizar las tradiciones que acrecentaban las prohibiciones para el sábado (Mat. 12:11, 12). Su reprensión brillante pero breve: “El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo” se presenta como un monumento de reeducación y corrección (Mar. 2:27). Jesús es “Señor aun del día de reposo”, y podemos aprender de él al estudiar sobre el sábado (Luc. 6:5).

COMENTARIO

Un testimonio sobre las motivaciones

Piensa por un momento en cómo educar el corazón y la mente para que sean obedientes a Dios, incluyendo el mandamiento del sábado. Con el paso del tiempo, parece haber un cambio, un buen cambio, en la estrategia al motivar a la gente para obedecer las leyes de Dios.

Podemos enfatizar las consecuencias negativas de la desobediencia (miseria, esclavitud, castigos y muerte). También podemos usar motivaciones positivas, en las cuales la obediencia se presenta de manera tan atractiva que la gente sentirá que se está perdiendo una gran aventura si descuida las leyes de Dios.

Me di cuenta de esta dicotomía dentro de las motivaciones al hablar con cristianos no adventistas. Cuando se enteraron de que yo era “aniquilacionista” (que no cree en un lugar de tormento eterno), dos cristianos diferentes, que no estaban familiarizados entre sí, hicieron el mismo comentario en dos ocasiones diferentes, como si leyeran un guion común: “¿No pierdes fuerzas para evangelizar y ganar almas al no valerte de un infierno que arde eternamente?” Recuerdo cuán impactado quedé con ese comentario y, luego de contener la sorpresa, les hice saber que creía que el carácter de Jesús y su plan de redención eran suficientemente atractivos como para realmente atraer a las personas a Dios. Un poco avergonzados, ambos dijeron rápidamente algo así como: “Por supuesto, sí, eso también funcionaría”. Pensé para mis adentros: “Sí, eso espero”. Pero su respuesta instintiva a mi aniquilacionismo básicamente era: “¿Cómo puedes lograr que la gente entre en el cielo sin subir la temperatura del infierno?” Fíjate cómo la teología afecta inexorablemente la evangelización.

Logré entender, quizá por primera vez, que la evangelización adventista del séptimo día y, por extensión, la educación, se ven impelidas exclusivamente a descubrir el corazón de Dios para presentarlo de tal forma que la gente se sienta atraída, en lugar de verse forzada psicológicamente. Sí, forzada psicológicamente. Porque, francamente, si la tortura que arde eternamente es la realidad de los perdidos, me da igual quién sea Dios a estas alturas, ¡solo dime las palabras mágicas o las doctrinas ortodoxas que tengo que creer para poder escapar de la pesadilla del azufre eterno! ¿Quién sabe hasta qué punto las iglesias llenan sus bancos sobre la base de ese argumento? Pero la educación adventista no pone esa pieza en su caja de herramientas para utilizarla con sus alumnos. Por supuesto, la muerte final y el remordimiento son argumentos negativos legítimos, y en algunos casos pueden invocarse para que alguien comience a pensar seriamente en su futuro. Pero, por cada argumento negativo, hay una docena de aspectos positivos que nos impulsan a actuar por lo que recibiremos, no por lo que evitaremos. Piensa en un matrimonio feliz: ¿son el miedo al dolor y las complejas consecuencias del divorcio los que mantienen unidos a los cónyuges o han encontrado otra fuente que los mantiene unidos? Apliquemos estas reflexiones para comprender la importancia del sábado.

Texto bíblico

Hay 89 capítulos en los cuatro evangelios. Es relativamente fácil ver cuántos de esos capítulos hablan de la percepción que Jesús tenía del sábado. Hay 11 casos. Esto se traduce en una proporción de uno de cada 8 capítulos de los evangelios que hablan del sábado. Esa cifra sustancial se vuelve más relevante al recordar dos hechos: (1) Jesús hizo tantas cosas que, si se hubiese escrito todo, Juan “piens[a] que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir” (Juan 21:25). (2) Los primeros evangelios probablemente fueron escritos unos treinta años después de la muerte de Jesús. Ahora, reunamos esos dos hechos. La mayoría de los cristianos asume que la institución del sábado terminó en la Cruz. Pero, si fuera así, ¿no sería extraño que 1⁄8 de los evangelios hable sobre las reformas sabáticas de Jesús? Si el sábado como institución hubiera desaparecido hacía treinta años con el sacrifcio de Cristo, especialmente en vista de que había mucho otro material sobre la vida de Jesús que podría haberse registrado, ¿por qué sería relevante este énfasis sobre el sábado para la incipiente iglesia? Una respuesta rápida es decir, al menos, que los primeros cristianos todavía guardaban el sábado. Aunque esto es cierto, esa posiblemente sea la conclusión menos interesante, porque quizás haya algo de mayor importancia que eso. Aquí hay algunas conexiones fascinantes entre el sábado, la salvación, Jesús y su Reino. (Lo siguiente fue extraído de G. Robinson, The Origin and Development of the Old Testament Sabbath—A Comprehensive Exegetical Approach, pp. 413, 414.):

1. Las genealogías de Mateo y de Lucas están organizadas según un arreglo sabático o séptuple, o sobre la base de múltiplos de 7. Mateo, por ejemplo, ofrece 3 grupos de 14 generaciones en las que Abraham, David y Jesús son los puntos culminantes. Jesús es la continuación y la culminación del esquema de salvación, que comenzó en Israel. Lucas refiere 77 generaciones, comenzando desde la Creación hasta Jesús. La vinculación de Jesús con la Creación a través de la genealogía muestra que su salvación es para toda la humanidad; una verdad fundamental que simboliza el sábado.

2. El hecho de que Jesús sea “Señor del sábado” (ver Mat. 12:8, NVI) significa que el sábado pertenece al Mesías, así como pertenecía a Yahvéh en el Antiguo Testamento. En el Antiguo Testamento, el sábado era una señal del pacto que Dios tenía con Israel, para que supieran que aquel que es el Señor del sábado es Dios (Eze. 20:20) y que él es quien los santifica (Eze. 20:12; Éxo. 31:13). El extranjero que guardaba el sábado también tenía garantizado recibir un “lugar en mi casa” y un “nombre perpetuo” (Isa. 56:5), que será una casa de oración “para todos los pueblos” (56:7). “En este sentido, el sábado sin duda se da por el bien […] del hombre, para su salvación”. Jesús refuerza estos mismos argumentos al preguntar retóricamente si el sábado es un tiempo para “salvar la vida” (Mar. 3:4) y liberar a los que sufren de la “ligadura” (Luc. 13:16). El sábado está íntimamente relacionado con la salvación en el Antiguo Testamento (Deut. 5:15), y lo mismo ocurre en el Nuevo Testamento, en el concepto de Jesús.

3. Así como el Templo en el Antiguo Testamento funcionaba como el lugar del perdón, la liberación y la salvación, Jesús, al ser mayor que el Templo, es ahora el lugar de la salvación. Es conmovedor ver la salvación que Jesús ofrece en sus curaciones (la palabra para “salvar”, sozo, a menudo se utiliza para referirse a la curación física; p. ej., Mat. 9:22; Mar. 6:56; Luc. 17:19). Jesús elige demostrar sus actos de curación/salvación en el día de reposo (p. ej., Mar. 3:4; Luc. 13:10; Juan 5:1, 9). En cada uno de estos casos, y otros más, se podría haber esperado hasta otro día que no fuese sábado; pero quizá Jesús tenía la intención de “mostrar la inminencia del Reino de Dios (Luc. 4:16-19; 7:22)”, y relacionó a propósito el sábado con la salvación a fin de que el sábado continúe siendo “la señal del reino mesiánico”.

APLICACIÓN A LA VIDA

Las ideas presentadas en la parte de “Comentario” son la punta del iceberg en lo que respecta a la importancia del sábado en las Escrituras. Los adventistas dedicamos demasiado tiempo tratando de educar a otros para que obedezcan el mandato del sábado con el mismo puñado de textos. Por consiguiente, somos propensos a pasar por alto la amplitud de la teología del sábado a lo largo de toda la Escritura. Finalmente, para que nadie desestime todo este análisis sobre el sábado pensando que son argumentos bíblicos que los adventistas exageran para encontrar más apoyo sabático, la teología que acabamos de ver, donde Jesús, el Reino mesiánico, la nueva Creación y el sábado están entretejidos, no fue escrita por ningún adventista del séptimo día. No tenemos que ser adventistas del séptimo día para ver estas conexiones; solo se necesita una Biblia y una mente abierta.

Algunos consejos prácticos para aprender más sobre el sábado, además del hecho de que aún debemos guardarlo:

  1. Lee y escucha material teológico más avanzado publicado por el Instituto de Investigación Bíblica de la iglesia o la Sociedad Teológica Adventista. Aunque solo comprendas el cuarenta por ciento de lo que lees, seguirás aprendiendo, y tu comprensión aumentará con la exposición continua.
  2. Forma un Grupo pequeño de lectura para analizar materiales más desafiantes acerca del sábado. De esta manera, pueden ayudarse mutuamente.