Notas EGW

Lección 7
LA ADORACIÓN EN LA EDUCACIÓN





Sábado 7 de noviembre

Cuando se reúnan próximamente para adorar y buscar al Señor, su única meta debiera ser honrar a Aquel cuyos requerimientos son equidad y justicia. Su voluntad, manifestada en su Palabra, debe ser cumplida al pie de la letra. La norma de la justicia, revelada en las vidas de su pueblo, debe destacarlos. Debemos mantener la mira puesta en la gloria de Dios, y tratar siempre de ser cristianos en el más amplio sentido de la palabra…

Comulguen a menudo cada día con Dios, y escuchen la voz que dice: ‘Estad quietos, y conoced que yo soy Dios’. Salmos 46:10. A medida que las responsabilidades aumenten debido al progreso del mensaje, las tentaciones también aumentarán. Cuando el volumen de la tarea que hay que realizar ejerza presión sobre el alma, humillen sus corazones delante del Señor. Hagan fielmente su parte en la obra, y permanezcan fieles a su responsabilidad individual ante Dios. Él no hace acepción de personas. El que obra justicia, es justo (Cada día con Dios, p. 76).

No hay palabras suficientemente fuertes para describir el mal del culto formalista, pero tampoco hay expresiones adecuadas para presentar la profunda bendición del culto genuino. Cuando los seres humanos cantan con el espíritu y el entendimiento, los músicos celestiales se unen en el canto de acción de gracias. Aquel que ha derramado sobre nosotros los dones que nos permiten ser obreros juntamente con Dios, espera que sus servidores cultiven sus voces para poder hablar y cantar en una forma que todos puedan comprender. No es necesario cantar con voz fuerte, sino con clara entonación y pronunciación correcta. Que todos dediquen tiempo al cultivo de la voz, para que la alabanza a Dios pueda ser cantada con tonos claros y suaves, sin voz destemplada que ofende los oídos. La habilidad de cantar es un don de Dios que debe ser usado para su gloria.

s las reuniones elegid a varias personas para que participen en el canto, acompañados por instrumentos musicales bien interpretados. No debemos oponernos al uso de música instrumental en nuestro trabajo. Esta parte del servicio debe conducirse con habilidad, porque es alabanza a Dios mediante el canto (Testimonios para la iglesia, t. 9, p. 116).

En la mente de muchos, no hay más pensamientos sagrados relacionados con la casa de Dios que con el lugar más común. Algunos entran en el local de culto… con ropas sucias. Los tales no se dan cuenta de que han de encontrarse con Dios y los santos ángeles. Debe haber un cambio radical al respecto en todas nuestras iglesias… A causa de la irreverencia en la actitud, la indumentaria y el comportamiento, por falta de una disposición a adorarle, Dios ha apartado con frecuencia su rostro de aquellos que se habían congregado para rendirle culto…

Dios ha de ser el tema del pensamiento y el objeto del culto; y cualquier cosa que distraiga la mente del servicio solemne y sagrado le ofende (Testimonios para la iglesia, t. 5, 471).


Domingo 8 de noviembre - Todos Adoramos algo

La actitud debida cuando se ora a Dios consiste en arrodillarse. Se requirió este acto de culto de los tres hebreos cautivos en Babilonia… Pero ese acto constituía un homenaje que debe rendirse únicamente a Dios, Soberano del mundo y Gobernante del universo; y los tres hebreos rehusaron tributar ese honor a ningún ídolo, aunque estuviera hecho de oro puro. Al hacerlo así, se habrían estado postrando en realidad ante el rey de Babilonia. Al rehusar hacer lo que el rey había ordenado, sufrieron el castigo y fueron arrojados al horno de fuego ardiendo. Pero Cristo vino en persona y anduvo con ellos en medio del fuego, y no recibieron daño.

Tanto en el culto público como en el privado, nuestro deber consiste en arrodillarnos delante de Dios cuando le ofrecemos nuestras peticiones. Este acto muestra nuestra dependencia de él (Mensajes selectos, t. 2, p. 360).

Los tres hebreos fueron llamados a confesar a Cristo frente al horno de fuego. El rey les había ordenado postrarse y adorar a la imagen de oro que él había erigido, y los había amenazado que si no lo hacían serían arrojados vivos al horno de fuego, pero ellos contestaron: “No cuidamos de responderte sobre este negocio. He aquí nuestro Dios a quien honramos, puede librarnos del horno de fuego ardiendo, y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que tu dios no adoraremos, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado”. Daniel 3:16-18. Confesar a Cristo de este modo no era algo baladí, porque sus vidas estaban en juego…

Si a vosotros se os pide que paseéis en el horno de fuego en el nombre de Cristo, Jesús estará a vuestro lado. “Cuando pesares por las aguas, yo seré contigo; y por los ríos, no te anegarán. Cuando pasares por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”. Isaías 43:2 (Nuestra elevada vocación, p. 360).

“La importancia del sábado, como institución conmemorativa de la creación, consiste en que recuerda siempre la verdadera razón por la cual se debe adorar a Dios”, porque él es el Creador, y nosotros somos sus criaturas. “Por consiguiente, el sábado forma parte del fundamento mismo del culto divino, pues enseña esta gran verdad del modo más contundente, como no lo hace ninguna otra institución. El verdadero motivo del culto divino, no tan solo del que se tributa en el séptimo día, sino de toda adoración, reside en la distinción existente entre el Creador y sus criaturas. Este hecho capital no perderá nunca su importancia ni debe caer nunca en el olvido” (J. N. Andrews, History of the Sabbath, cap. 27). Por eso, es decir, para que esta verdad no se borrara nunca de la mente de los hombres, instituyó Dios el sábado en el Edén y mientras el ser él nuestro Creador siga siendo motivo para que le adoremos, el sábado seguirá siendo señal conmemorativa de ello (El conflicto de los siglos, p. 433).


Lunes 9 de noviembre - Y LO CUENTEN A SUS HIJOS


Padres, elevad la norma del cristianismo en la mente de vuestros hijos; ayudadles a entretejer a Jesús en su experiencia; enseñadles a tener la más alta reverencia por la casa de Dios y a comprender que cuando entran en la casa del Señor deben hacerlo con corazón enternecido y subyugado por pensamientos como estos: “Dios está aquí; esta es su casa. Debo tener pensamientos puros y los más santos motivos. No debo abrigar orgullo, envidias, celos, malas sospechas, odios ni engaño en mi corazón; porque vengo a la presencia del Dios santo. Este es el lugar donde Dios se encuentra con su pueblo y lo bendice. El Santo y Sublime, que habita la eternidad, me mira, escudriña mi corazón, y lee los pensamientos y los actos más secretos de mi vida”.

Hermanos, ¿no queréis dedicar un poco de reflexión a este tema, y notar cómo os conducís en la casa de Dios, y qué esfuerzos estáis haciendo por precepto y ejemplo para cultivar la reverencia en vuestros hijos? Imponéis grandes responsabilidades al predicador y le hacéis responsable de las almas de vuestros hijos, pero no sentís vuestra propia responsabilidad como padres e instructores ni obráis como Abraham en cuanto a ordenar vuestra casa después de vosotros, para que guarden los estatutos del Señor (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 466, 467).

Nuestro Salvador no alentaba a nadie a asistir a las escuelas rabínicas de su tiempo, para evitar que sus espíritus fuesen corrompidos por el estribillo: “Dicen”, o “Se ha dicho”. Entonces, ¿por qué aceptaríamos como suprema sabiduría las palabras inciertas de los hombres, cuando disponemos de una sabiduría mayor e infalible?

Lo que he visto de las cosas eternas y de la debilidad humana ha impresionado hondamente mi mente y ha influido en el trabajo de mi vida. No veo nada en que el hombre merezca alabanza ni gloria. No veo motivo de confianza ni de alabanza en las opiniones de los sabios de este mundo ni en las de los llamados grandes. ¿Cómo pueden los que carecen de iluminación divina formarse una idea exacta de los planes y caminos de Dios? O niegan a Dios e ignoran su existencia, o circunscriben su poder con sus mezquinos conceptos.

Prefiramos que nos enseñe Aquel que creó los cielos y la tierra, que ordenó las estrellas en el firmamento y señaló al sol y a la luna su obra respectiva.

Está bien que la juventud considere que debe alcanzar el más alto desarrollo de sus facultades intelectuales. No queremos poner límites a la educación que Dios ha hecho ilimitada. Pero de nada nos sirve lo que logramos si no lo empleamos para honra de Dios y beneficio de la humanidad (El ministerio de curación, p. 355).


Martes 10 de noviembre - EN ESPÍRITU Y EN VERDAD


[Jesus] deseaba elevar los pensamientos de su oyente por encima de cuanto se refería a formas, ceremonias y cuestiones controvertidas. “La hora viene —dijo él— y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”…

Mientras la mujer hablaba con Jesús, le impresionaron sus palabras. Nunca había oído expresar tales sentimientos por los sacerdotes de su pueblo o de los judíos. Al serle revelada su vida pasada, había llegado a sentir su gran necesidad. Comprendió la sed de su alma, que las aguas del pozo de Sicar no podrían nunca satisfacer. Nada de todo lo que había conocido antes, le había hecho sentir así su gran necesidad. Jesús la había convencido de que leía los secretos de su vida; sin embargo, se daba cuenta de que era un amigo que la compadecía y la amaba. Aunque la misma pureza de su presencia condenaba el pecado de ella, no había pronunciado acusación alguna, sino que le había hablado de su gracia, que podía renovar el alma…

Al oír la mujer estas palabras, la fe nació en su corazón, y aceptó el admirable anunció de los labios del Maestro divino (El Deseado de todas las gentes, pp. 159, 160).

El mensaje de Cristo a la samaritana con la cual había hablado junto al pozo de Jacob, había producido fruto. Después de escuchar sus palabras, la mujer había ido a los hombres de la ciudad, y les había dicho: “Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizá es este el Cristo?” Ellos fueron con ella, oyeron a Jesús, y creyeron en él. Ansiosos de oír más, le rogaron a Jesús que se quedase con ellos. Por dos días él se detuvo allí, “y creyeron muchos más por la palabra de él”. Juan 4:29, 41.

Y cuando sus discípulos fueron expulsados de Jerusalén, algunos hallaron seguro asilo en Samaria. Los samaritanos dieron la bienvenida a estos mensajeros del evangelio, y los judíos convertidos recogieron una preciosa mies entre aquellos que habían sido antes sus más acerbos enemigos (Los hechos de los apóstoles, pp. 87, 88).

Los siervos de Dios han de ser voluntarios militantes, listos para prestar servicio en seguida de ser avisados. Hermanos míos, de hora en hora se os presentarán oportunidades de servir a Dios. Estas oportunidades llegan y pasan constantemente. Estad siempre listos para sacar el mejor partido posible de ellas. Aquella oportunidad de decir a algún alma menesterosa la palabra de vida puede no volver a presentarse; por lo tanto, nadie se atreva a decir: “Ruégote que me des por excusado”. No perdáis oportunidad de dar a conocer a otros las inefables riquezas de Cristo; porque una oportunidad, una vez descuidada, puede pasar para siempre fuera de nuestro alcance (Obreros evangélicos, pp. 204, 205).


Miércoles 11 de noviembre - LA HERMOSURA DE LA SANTIDAD

Cuando el Espíritu Santo conmueva las mentes humanas, todas las mezquinas lamentaciones y acusaciones entre el hombre y su prójimo serán desechadas. Los brillantes rayos del Sol de Justicia resplandecerán en los ámbitos de la mente y el corazón. En nuestro culto a Dios no habrá más distinción entre el rico y el pobre, entre el blanco y el negro. Todo prejuicio será disipado. Cuando nos allegamos a Dios integramos una sola hermandad. Somos peregrinos y extranjeros aquí, destinados a una patria mejor, la celestial. Allí todo orgullo, toda acusación, toda vana ilusión tendrán para siempre un fin. Todo encubrimiento será descubierto y podremos verlo “tal como él es”. Allí nuestros cantos alcanzarán el tema inspirador, y la alabanza y la gratitud se elevarán hacia Dios.

Nuestra casa de oración podrá ser humilde pero no por eso será menos conocida por Dios. Si adoramos en espíritu y en verdad y en la hermosura de la santidad, ella será para nosotros la misma puerta del cielo. Cuando se repiten las asombrosas lecciones de las obras de Dios y cuando la gratitud del corazón se expresa en oración y canto, ángeles del cielo inician una melodía y se unen en alabanza y agradecimiento a Dios. Estas prácticas rechazan el poder de Satanás (En los lugares celestiales, p. 290).

Aunque Dios no mora en templos hechos por manos humanas, honra con su presencia las asambleas de sus hijos. Prometió que cuando se reuniesen para buscarle, para reconocer sus pecados, y orar unos por otros, él los acompañaría por su Espíritu. Pero los que se congregan para adorarle deben desechar todo lo malo. A menos que le adoren en espíritu y en verdad, así como en hermosura de santidad, de nada valdrá que se congreguen. Acerca de tales ocasiones el Señor declara: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón lejos está de mí. Mas en vano me honran”. Mateo 15:8, 9. Los que adoran a Dios deben adorarle “en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren”. Juan 4:23 (Profetas y reyes, p. 35).

La casa es el santuario para la familia, y la cámara o el huerto el lugar más retraído para el culto individual; pero la iglesia es el santuario para la congregación. Debiera haber reglas respecto al tiempo, el lugar, y la manera de adorar. Nada de lo que es sagrado, nada de lo que pertenece al culto de Dios, debe ser tratado con descuido e indiferencia. A fin de que los hombres puedan tributar mejor las alabanzas a Dios, su asociación debe ser tal que mantenga en su mente una distinción entre lo sagrado y lo común. Los que tienen ideas amplias, pensamientos y aspiraciones nobles, son los que sostienen entre sí relaciones que fortalecen todos los pensamientos de las cosas divinas. Felices son los que tienen un santuario, sea alto o humilde, en la ciudad o entre las escarpadas cuevas de la montaña, en la humilde choza o en el desierto. Si es lo mejor que pueden obtener para el Maestro, él santificará ese lugar con su presencia, y será santo para el Señor de los ejércitos (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 464).


Jueves 12 de noviembre - LA IDOLATRÍA EN LA EDUCACIÓN

No deben rebajarse las normas en cuanto a lo que constituye la verdadera educación. Deben elevarse muy por encima de donde ahora están. No son los hombres aquellos a quienes hemos de exaltar y adorar; es a Dios, el único Dios verdadero y viviente, a quien debemos nuestro culto y reverencia (El evangelismo, p. 102).

La sustitución de los mandamientos de Dios por los preceptos de los hombres no ha cesado. Aun entre los cristianos, se encuentran instituciones y costumbres que no tienen mejor fundamento que la tradición de los padres. Tales instituciones, al descansar sobre la sola autoridad humana, han suplantado a las de creación divina. Los hombres se aferran a sus tradiciones, reverencian sus costumbres y alimentan odio contra aquellos que tratan de mostrarles su error. En esta época, cuando se nos pide que llamemos la atención a los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, vemos la misma enemistad que se manifestó en los días de Cristo. Acerca del último pueblo de Dios, está escrito: “El dragón fue airado contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra los otros de la simiente de ella, los cuales guardan los mandamientos de Dios, y tienen el testimonio de Jesucristo”. Apocalipsis 12:17.

Pero “toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada”. En lugar de la autoridad de los llamados padres de la iglesia, Dios nos invita a aceptar la Palabra del Padre eterno, el Señor de los cielos y la tierra. En ella sola se encuentra la verdad sin mezcla de error. David dijo: “Más que todos mis enseñadores he entendido: porque tus testimonios son mi meditación. Más que los viejos he entendido, porque he guardado tus mandamientos”. Salmo 119:99, 100 Todos aquellos que aceptan la autoridad humana, las costumbres de la iglesia, o las tradiciones de los padres, presten atención a la amonestación que encierran las palabras de Cristo: “En vano me honran, enseñando doctrinas y mandamientos de hombres” (El Deseado de todas las gentes, pp. 363, 364).

Al hacer que los hombres violaran el segundo mandamiento, Satanás se propuso degradar el concepto que tenían del Ser divino. Anulando el cuarto mandamiento, les haría olvidar completamente a Dios. El hecho de que Dios demande reverencia y adoración por sobre los dioses paganos se funda en que él es el Creador, y que todas las demás criaturas le deben a él su existencia. Así lo presenta la Biblia. Dice el profeta Jeremías: “Jehová Dios es la verdad; él es Dios vivo y Rey eterno: …los dioses que no hicieron los cielos ni la tierra, perezcan de la tierra y de debajo de estos cielos. El que hizo la tierra con su potencia, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su prudencia… Todo hombre se embrutece y le falta ciencia; avergüéncese de su vaciadizo todo fundidor; porque mentira es su obra de fundición, y no hay espíritu en ellos; vanidad son, obras de escarnios: en el tiempo de su visitación perecerán. No es como ellos la suerte de Jacob: porque él es el Hacedor de todo”. Jeremías 10:10-16.

El sábado, como recordatorio del poder creador de Dios, le señala a él como Hacedor de los cielos y de la tierra. Por lo tanto, es un testimonio perpetuo de su existencia, y un recuerdo de su grandeza, su sabiduría y su amor. Si el sábado se hubiera santificado siempre, jamás habría podido haber ateos ni idólatras (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 348, 349).