Lección 7 MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

RESEÑA

La adoración es un tema importante, y la lección hace el provocativo comentario de que fuimos creados o mentalmente programados para adorar. Pero, debido a que el pecado ha distorsionado nuestro “sistema de cableado”, nuestras expresiones de adoración ahora pueden estar desviadas o equivocadas. Es posible adorar algo falso, o adorar algo verdadero de la manera equivocada. Adorar objetos más allá de Dios es un problema, pero no es un problema tan sutil como dirigir la adoración a Dios de una manera que él rechaza (Mar. 7:1–13; Jer. 7:4).

El tema de la adoración realmente se pone interesante cuando trasciende las cuestiones de los tambores y los proyectores de video y engloba cuestiones de la vida o la muerte. Apocalipsis 14, junto con su eco del Antiguo Testamento en Daniel 3, muestra cuánto hay en juego con el tema de la adoración. Este ángulo es relevante no solo para el estudio y la preparación del tiempo del fin, ya que además puede inspirar determinación en aquellos cristianos que actualmente sufren persecución.

Al saber que tenemos una necesidad ontológica fundamental de adorar, que esta dimensión del espíritu humano ha sido afectada por el pecado y que la adoración puede ser un asunto de vida o muerte, deberíamos convencernos de que debe formar parte de la educación adventista. Aunque la adoración puede (y debe) ser extremadamente personal, no es inmune a las críticas. Jesús afirmó que Dios debe ser adorado “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24, énfasis del autor). Esta lección aborda este tema esta semana.

COMENTARIO

Texto bíblico

Todos los cristianos creen que Dios es digno de adoración; y hasta allí llega el consenso. Cómo adorar, cuándo adorar, dónde adorar, con qué frecuencia adoramos son algunos de los temas planteados para reflexionar y estudiar. Los dos extremos que debemos evitar son llegar a la conclusión de que hay una única manera uniforme de adorar a Dios que abarca cada detalle minucioso. Cultura, circunstancias, disponibilidad (p. ej., ¿tiene cada creyente acceso a un templo?), y, hasta cierto punto, el carácter y la personalidad del adorador afectarán el aspecto de la adoración. El otro extremo, por supuesto, es pensar que la adoración es simplemente una cuestión de preferencia personal y que Dios aceptará ampliamente todas las formas de adoración. La pregunta que debemos hacernos es: ¿Qué nos dice la Biblia sobre las formas aceptables de adoración? ¿Cómo sabemos que Dios tiene preferencias con respecto a la adoración? Simple: nos lo dijo.

Una mujer pone la adoración sobre el tapete

Cuando Jesús se dirigió a la mujer en el pozo, la conversación avanzó hacia el incómodo tema de las relaciones anteriores fallidas y las actuales ilícitas (Juan 4:18). Como haría cualquiera de nosotros, ella eludió ese tema delicado y redirigió el enfoque, en este caso, a las controvertidas preocupaciones nacionales. Por otro lado, Jesús muestra sabiduría y tacto cordial al no insistir con esos temas originales, sino que permite que la mujer los redirija. Jesús está interesado en convencer, no en avergonzar. Volviendo a su conversación, la mujer aprovecha su oportunidad de oro para que un profeta resuelva una cuestión candente sobre los lugares de adoración adecuados (4:20). Después de proponerle las opciones y de recibir la clásica respuesta de parte de Jesús de: ni una ni la otra (4:21; 9:3), ella se decepciona y se entusiasma al mismo tiempo. Él prosigue con una advertencia muy relevante: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (4:23, 24). Tres frases de estos versículos nos dicen que Dios tiene preferencias en términos de adoración:

  1. La expresión calificativa “verdaderos adoradores”.

  2. El hecho de que el “Padre […] busca” una clase específica de adoradores “que lo adoren”.

  3. La frase enfática de que los que lo adoran “es necesario que adoren” de una manera particular.

Estos argumentos deberían sacarnos de nuestro subjetivismo y de nuestra tendencia a confiar en la sinceridad como la única prueba de adoración aceptable. Tener intenciones sinceras es una condición necesaria para la “verdadera” adoración, pero no debe considerarse la única condición. En retrospectiva, estamos agradecidos de que la mujer samaritana haya abordado el tema de la adoración, porque de este modo quedaron registrados los pensamientos de Jesús sobre el tema. Estos son pensamientos importantes para nosotros, porque la adoración es un tema decisivo, si no el tema decisivo en los acontecimientos finales de la historia de la Tierra.

En apoyo de la idea de que Dios es concreto acerca de cómo adorarlo, solo necesitamos leer detenidamente las disposiciones del Santuario en los libros de Éxodo y Levítico. Estas porciones de las Escrituras también son instructivas sobre el tema de la adoración. La gran cantidad de instrucciones, la especificidad de cómo deben llevarse a cabo y los fuertes castigos si se llevan a cabo de manera inadecuada respaldan la noción de que Dios realmente se preocupa por cómo debe ser adorado.

Otra mujer pone la adoración sobre el tapete

Por otro lado, hay al menos un ejemplo en el que un hombre adoraba a Dios espontáneamente en un momento de libre expresión. Esto, a su vez, ofendió a su cónyuge, que creía que estaba haciendo el ridículo. Se registra que David “danzaba con toda su fuerza delante de Jehová” mientras el arca era llevada a Jerusalén (2 Sam. 6:14). Este momento estuvo lleno de sacrificios y de “júbilo y sonido de trompeta” (6:13-15). Su única justificación ante su esposa ofendida, Mical, era que su acto fue “delante de Jehová” (6:21); eso es todo. Su centro de atención estaba en celebrar y adorar delante de Dios. Incluso, agrega: “Y me rebajaré más todavía, hasta humillarme completamente” (6:22, NVI). Esto compensa una imagen potencialmente sesgada de Dios que algunos podrían extraer de las innumerables disposiciones relacionadas con el Santuario, y nos recuerda que hay un aspecto espontáneo y subjetivo de la adoración que también agrada al Señor.

La lección resalta estas preocupaciones de equilibrio al utilizar el énfasis de Jesús de que el Padre debe ser adorado “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24). Debemos tener ambas cosas: la verdad de lo que Dios requiere y además un corazón y una mente totalmente comprometidos y receptivos al Espíritu Santo. Pero ¿existe la posibilidad de que lo que denominamos Dios cristiano no sea el Dios de la Biblia, sino un dios de fabricación propia? Quizás adorar a Dios “en verdad” signifique estar seguros de que tenemos una verdadera imagen de Dios en nuestra mente.

Lecciones de la sociología

¿Cómo surgen las ideas acerca de Dios en cada sociedad? Una teoría, que se basa mayormente en la filosofía del padre de la sociología moderna, Émile Durkheim, propone que, en primer lugar, las sociedades desarrollan un conjunto de rasgos y valores que creen que asegurarán su supervivencia. En segundo lugar, simbolizan sus rasgos y sus valores con un animal. Ese animal se conoce como un tótem, y el tótem es la representación de los rasgos y los valores de una tribu. Todos usamos lenguaje totémico hasta cierto punto. En Occidente, la gente dice cosas como “fuerte como un buey”, “sabio como un búho” o “astuto como un zorro”. La tercera etapa ocurre cuando, poco a poco, la tribu comienza a adorar al animal que es una representación simbólica de sus propios rasgos y valores. Ahora la cuestión queda clara: si las sociedades terminan adorando a una deidad que es simplemente una manifestación colectiva de sus propios rasgos y valores, entonces la religión no es más que una tribu de personas que se adoran a sí mismas. La gente puede pensar que este proceso solo se aplica a alguna tribu primitiva fuera de la cultura occidental, pero no debería apresurarse tanto en sus conclusiones. Puede haber mucha verdad en el adagio de que “Dios puede habernos creado a su imagen, pero hemos decidido devolverle el favor” (George Bernard Shaw). Lucifer, en el Edén, pintó una imagen de Dios como una deidad restrictiva, mentirosa (“No moriréis”), insegura (amenazada ante la posibilidad del ascenso del hombre) (Gén. 3:1-6). Pero bien podríamos decir que Lucifer estaba pintando una imagen bastante precisa de sí mismo.

Educar a los adventistas, jóvenes y ancianos, para evitar la tendencia de atribuir a Dios características que no son suyas debe ser una prioridad. La prohibición de hacer cualquier “imagen” (Éxo. 20:4, 5) debe incluir imágenes mentales falsas que podrían “grabarse” en el corazón y la mente de los jóvenes para luego adorarlas. Dios nos ha recordado sabiamente que sus caminos no son como los nuestros (Isa. 55:8, 9), y que “Dios soy, y no hombre” (Ose. 11:9).

APLICACIÓN A LA VIDA

Estos son algunos ejemplos y esquemas de adoración que deberían generar debate para adorar a diario.

1. Se ha dicho que “la adoración es la sumisión de toda nuestra naturaleza a Dios. Es el despertar de la conciencia por su santidad; el alimento de la mente con su verdad; la purificación de la imaginación por su belleza; la apertura del corazón a su amor; la entrega de la voluntad a su propósito; todo esto junto en adoración” (William Temple). ¿Cómo podemos experimentar cada uno de estos aspectos en el vivir cotidiano?

2. “Y había salido Isaac a meditar al campo” (Gén. 24:63). Tú también estarías meditando si tu cónyuge, a quien no has visto nunca, está a punto de llegar en camello. Debido a que la palabra meditar es una hapax legomenon (una palabra que aparece solo una vez en la Biblia), no estamos seguros de su significado. Sin embargo, al estar en la naturaleza solo con Dios y frente a un acontecimiento tan importante, parece apropiado adorar y meditar en Dios. ¿Qué lugares, horarios y métodos propicios han encontrado los alumnos de tu clase para adorar?

3. Curiosamente, la primera vez que aparece la palabra adoración en la Biblia es cuando Abraham les dice a sus siervos que él y su hijo irán “hasta allí” para adorar (Gén. 22:5). La historia de la salvación se repite en la experiencia que Abraham e Isaac comparten en la cima del Monte Moria. ¿Cómo puede el plan de salvación enriquecer y dirigir nuestra adoración personal?